sábado, 19 de septiembre de 2015

Besos con hambre

En lo profundo de la noche, entre la musica de infinitos coches que vienen, van, historias que nacen y mueren, musica, sueños, un recuerdo ha rascado la pata contra la puerta de mi mente. Afuera está oscuro y he entornado el dintel. Demasiado tarde, ya lo tengo encima.
Era verano. Hacia calor, yo llevaba una maleta y estabamos en un semaforo. Yo dejé caer la maleta y me apoyé en su cuello delgado, fragil. Lo besé, y al no recibir rechazo la miré a los ojos con una pregunta que ambos respondimos a la vez. Cuando sus labios encontraron mis labios su lengua buscó la mía y el mundo ardió. Hambre, fuego, miedo, curiosidad. Todo en un instante explosivo, feroz, desnudo. Cuando nuestras cabezas se separaron volvimos la vista, avergonzados de cuanto habiamos mostrado y el semaforo y el mundo volvieron a existir. Y al cruzar, escondiendo una sonrisa, mi mano encontró la suya y eso estuvo bien.

No es el único recuerdo intruso. Cazan en parejas, depredadores ocelotes. Recuerdo un banco frente al Bar Stop, tambien un langido día de sol. Preguntas lanzadas como dardoa, miradas
sardonicas, miedo trepidante que hace temblar las manos, escondidas en trucos de magia.  Una ceja arqueada. 'Sabes que me apetece ? Me apetece darte un beso de verdad.' Una media sonriaa que invita, un desafío. Hazlo. Y cuando mis labios se apoyan en los tuyos, otra pregunta escondida en una caricia, tu boca se abre depredadora y es comer o ser comido. Y durante tres deliciosas embestidas de la lengua, tres liquidos nudos en los que desentierras mi alma y, aceitosa la derramas, sellas el pacto que habrá de perderme. Ese dulce deslizar de las palabras, esa sonrisa llena de dientes. Con ese beso, mi veneno favorito, abriste la vena en la que te derramaste y desde entonces, siempre quise callarte con besos, y despertarte con preguntas.

Fue el verano de dos mil once. Y aún estabamos naciendo. Malditos sean los recuerdos de dedos largos, que me agarran la camisa y me preguntam porqué. Malditos sean, pero venid a arroparme y contadme el cuento de las noches llenas de estrellas, del reflejo de unos dientes y unos ojos. De besos con hambre.

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