miércoles, 2 de septiembre de 2015

¿Quién me creo que soy?


El otro día tuve una situación un poco extraña. Extraña incluso para mi, claro. Tengo una amiga que está fuera de su país trabajando. Esta amiga, con la que tengo trato desde hace años, lleva semanas y meses obsesionada con conseguir dinero para volver a su país para las vacaciones de su hijo. Se siente culpable por haberse ido, pero antes se sentía culpable por no vivir su propia vida.
Me ha pedido dinero. Para un regalo para su hijo por su cumpleaños. Y yo he salido por la vía de tarifa. En parte porque no tengo confianza con ella como para mandarle ese dinero, pero en parte porque creo que el amor de un hijo no se compra. Que un regalo de cumpleaños no supone esa diferencia enorme. Yo he sido niño, con padres separados, y he hecho mucho chantaje. Y he medido el amor de mis padres en juguetes. Lo sé. Lo he hecho y me imagino lo que duele. Pero luego he madurado y he visto las cosas como son.
Cuando uno está al otro lado, es muy difícil ser objetivo. Ayer hablaba con un lituano, sobre como su hijo se enfada porque se va fuera. He vivido muchas despedidas de esas. Pero los niños no son tontos y aprenden. Hay que confiar en ellos. Hay que darles espacio para que demuestren lo que valen. Así que, si no le he prestado el dinero a mi amiga, aparte de por confianza es sobre todo porque no creo en ese metodo.
¿Y quién soy yo para tomar esa decisión por una persona? Bueno, pues el que pone el dinero. El otro día comentaba con Joe sobre el tema del respeto al Islam. Hay una cuestión fundamental que no se puede olvidar: el que tiene el poder toma la decisión. Asume la responsabilidad, pero toma la decisión. La democracia puede (y muy a menudo se convierte) en la dictadura de las minorias y no está hecha para ser eso. Si permitimos que el niño, que debe ser educado por el padre, tome las decisiones por él estaremos haciendo mal. Y si permitimos que la persona que va a ser invitada obligue a invitar, entonces también estaremos haciendo mal.
Creo que soy alguien que merece la pena. Un buen amigo. Una buena persona. Y creo que lo soy porque me escucho a mi mismo, escucho a los demás y soy honesto. Eso creo que soy.

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