lunes, 14 de septiembre de 2015
Rabia
Es curioso como somos sistemas químicos. Dormir mal, sentirse desplazado en tu entorno... y ahí lo tienes. Rabia. Deseando pelearse con alguien, deseando tener problemas. Llevo fatal las frustraciones. Sobre todo las que me provoco yo mismo, claro.
Decisiones. Ya desde Inglaterra sabía que iba a tomar decisiones equivocadas. ¿O no? Toda decisión que tomamos siendo sinceros con nosotros mismos es correcta. Broes before hoes. Pero duermo en el suelo en un colchón hinchable. Hace cinco días recibí un mensaje que me permitiría, probablemente, disfrutar del dulce olvido, enterrado en carne amiga, satisfecho y gozoso. ¿O no? Nadie garantiza el éxito y es facil manipularme. Pongo la cabeza en el tajo y dejo que la cuerda de la guillotine vibre, y luego me enfado porque la gente decide algo que no quiero que decidan.
Infantil. Infantil como un niño que quiere que lo mimen, que pide atención y cosas que hacer. Infantil como un niño que hace planes, ignorante de que el mundo tiene su propio ritmo en el que no están incluidos mis caprichos. Infantil como un niño hambriento, siempre hambriento, que se acuesta tarde porque quiere ver que pasa y se levanta temprano esperando que el día le sorprenda.
Y llega la rabia. Y se cura con unos tenis y kilometros por correr, con una piscina y musculos que se estiran hasta casi romperse, con dientes apretados y canciones en la cabeza. Sabedor de que lo que me quema por dentro no se va a apagar, sabedor de que la nostalgia y la soledad sigue ahí. Preguntaba Mar si aún medro en la melancolía. Demonios. Es el movimiento del pendulo, ese giroscopo que te hace ponerte derecho mientras la brujula apunta al norte. Sé lo que quiero. Sé quién soy. Pero sigo dejandome engañar constantemente por lo que creo que quiero, por lo que creo que me gustaría ser, por lo que creo que valoro. Y sigo equivocandome. Se equivocó la paloma, se equivocó.
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