domingo, 20 de septiembre de 2015
Asomandose a historias
Hoy he ido a un bar a ver el partido de la selección. No tenemos tele en casa y, realmente, para encender la tele una docena de horas al año es una tontería tener un cacharro más en casa.
De repente me he visto en una sesión de Maquinavaja. Inmigrantes, jubilados, delincuentes. Not bad. Al poco de estar ahí ha pasado una mujer, muy atractiva, algo mayor ya. Rubia y elegante, sabedora de que es guapa. Poco después entró. Con un chaval algo más joven, duro, cara de mucho tiempo en la carcel o en sitios peores. Eslavos los dos, no reconocí el idioma. A las siete de la tarde pidieron una cerveza y una copa. Discusión fuerte. Ella, serena, le mantiene el tipo. A él se le pasa la rabia y vuelve a hablar normal. Parece algo normal.
¿Qué clase de vida tendrán? Me pregunto. Ella me recuerda a Alisa. Y no me extraña plantearme que esa sería la vida que ella habría tenido de seguir con la carrera que llevaba. Que aún puede llevar. Y es una lastima como gente inteligente, fuerte, capaz, creativa, se vé arrastrada por topicos historicos, por complejos, por inseguridades a ser un desperdicio. Bueno, eso también me vale a mi. Pero por suerte a mi me enseñaron desde muy pequeño a no depender de nadie, a ser yo mismo.
Me gusta asomarme a historias. Sobre todo a historias interesantes, de gente que hace cosas, que puede hacer cosas. Pero a veces, cuando miro y asocio cosas, prefiero no mirar. Prefiero venirme a casa, poner el partido por internet y escuchar algo de musica. Reirme con mi compi de piso. Dejar que llueva afuera y la lluvia pegue contra el cristal. Porque a veces, uno vé historias, proyecta escenarios y finales y decide que no quiere tener nada que ver con eso. Que bastante tengo con lo mío, que no estoy para salvar vidas ni mundos.
A veces, una sonrisa desconocida corta. Y corta mucho.
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