sábado, 26 de septiembre de 2015
Se equivocó la paloma
Se equivocaba. Creía ir al norte y fue al sur. O al revés. No me acuerdo de como era el poema, pero tengo esta frase metida en la cabeza. Mi madre era muy de cantautores de la transición (le cogió muy de cara) y, como buena adolescente, le encantaba la poesía. El caso es que se equivocó la paloma. Y así y todo... que equivocación tan fantástica.
Me encanta que de tu boca salga lo que piensa mi cerebro. Me encanta que te rías con esa risa de ratón pequeñito, jijiji, timida. Me encanta que seas como los niños pequeños y te emociones hasta dar saltitos cuando aprendes algo y puedes compartirlo. Me encanta que tengas sueños sin pies ni cabeza y me los cuentes. Me encanta que me digas que envejezco bien y te rías de mis arrugas de sonreír.
Pero sobre todo, me encanta interactuar contigo. Me encanta inspirar tus dibujos, me encanta que empapes mis escritos. Me encanta que discutamos una idea y la diseccionemos, como un par de cientificos con un bisturi, mientras nos tiramos trozos el uno al otro y nos reimos. Me encanta que te escandalices, o me escandalices, o nos escandalicemos. Me encanta sentir tu espalda apoyada contra la mia mientras nos contamos cuentos y miramos al cielo.
Y tengo miedo. Tengo un miedo atroz de liarla, de hacerme daño, de hacerte daño. Pero... ¿no es el miedo lo que nos empuja a dar un paso adelante e intentarlo? ¿Qué tenemos que perder? El ¿y por qué no? perpetuo. El juego de miradas. Tengo fé. Tengo hambre. Igual me hago un bocadillo. Sin queso claro. Quizás algo de lomo adobado con mucho limón. Gua, eso estaría genial.
O quizás no. O quizás el miedo es solo la excusa para quedarme parado, para esperarme, para ser táctico. No lo sé. A veces en mi vida las decisiones se toman solas. Otras veces soy yo quién las toma. Casi siempre es una mezcla de las dos, el hombre propone y Dios dispone o algo así. Yo intento ser fiel a mi mismo, dar lo mejor y tener fé. Y si la paloma se equivoca, que coja el GPS y se organice. Aunque si soy yo, ni el google maps para tontos me salva. Aunque, ¿sabéis una cosa? Al final lo interesante no es el sitio al que llegamos, sino el camino que hacemos hasta llegar.
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