lunes, 28 de septiembre de 2015

Cuando tu trabajo es el tronco de tu vida


Esto es un poco triste, pero me doy cuenta de que, por más que haya intentado evitarlo, mantengo la maldición familiar. No somos esclavos del trabajo en mi familia, pero somos gente que necesita hacer cosas, y necesita hacerlas bien. Yo he salido un poco trapo por ser de Cádiz, y mi estandar de calidad está bastante más bajito que el de mi madre por ejemplo. Corrupción y esas cosas. También soy más bajito que cualquiera de mis primos.
El caso es que me gusta hacer algo que se me dé bien. Me gusta trabajar, como me gusta estudiar. De pequeño me enseñaron a cumplir con mi deber, de forma que cuando alguien vea mi trabajo diga "esto lo hizo Ale" y lo diga con orgullo. Me gusta que mi gente pueda contar conmigo, porque yo cuento con mi gente.
¿A qué viene todo esto? A que estoy pensando en mi actitud y mi presente y veo que han cambiado muchas cosas. Que ha cambiado mi enfoque. Pero ha cambiado sobre todo porque me siento seguro. Y cuando llegas al final del camino y miras por lo que has pasado para llegar... joder. Vaya tela. Cuantas semanas y meses de inseguridad, de tristeza, de soledad. De insatisfacción. De levantarte triste pensando que vas al trabajo, de no querer llegar. De ansiedad, de ir al baño cinco y seis veces en la mañana. De no dormir por las noches. Y todo en parte por una relación con una persona, pero en parte por un enfoque equivocado por mi parte. Por no querer asumir que, a veces, el trabajo no nos hace felices sino es solo "algo que hacemos".
Pero ya todo está mejor. El tiempo en Inglaterra me ha servido para replantearme cosas, para revalorizarme y para hacer las paces conmigo mismo. Para cerrar una etapa. Ahora estoy preparado para esforzarme y aprender, asumiendo que habrá errores, pero contento con quién soy y como hago las cosas. Haciendo eso que decía Jose de "llevarlo a mi terreno", asumiendo que tengo virtudes y defectos que deben formar parte de mi personalidad profesional y no ser aplastados por esta. Y asumiendo, a su vez, que no es cuestión de sobreesforzarse sino de realizar un esfuerzo de calidad. No echar más horas que nadie, sino que las que echo realmente merezcan la pena. Estar centrado y satisfecho, pero no aspirar a la perfección porque eso solo provoca frustraciones innecesarias.
Hay que seguir sonriendo. Joe decía que soy de los pocos que a las siete de la mañana sonríen. Quiero seguir haciendolo.

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