miércoles, 30 de septiembre de 2015
Falling in love
Me gusta la expresión. "Caer enamorado". Porque realmente es lo que hace uno, caer. Se siente debil, pierde la autoestima, se vuelve adicto a una droga que segrega la otra persona. Es ridículo. Sobre todo porque sucede unilateralmente, en parte debido a las carencias afectivas, en parte debido a las proyecciones que uno derrama sobre esa persona. Principalmente, es una mutilación emocional autista, una obsesión gratuita.
Pero mola muchísimo.
Aún así tiene ciclos y procesos. Yo estoy en un momento crítico. Ya he pasado la fase de necesidad. También la de desencanto. Ahora estoy en la de odio. Esto no deja de ser como el periodo de abstinencia de una droga, pero en mi caso tiene facil remedio. El viernes me vuelvo a Madrid y el reloj suena. Clic clic. Reloj que espero sirva para cortar esto y desprenderme de las sensaciones de indefensión, de soledad, de tristeza. De rabia. Porque durante un momento he abierto la puerta y he dejado que todo pase como una tromba, y lo que ha quedado dentro está encogido tiritando. Pero enseguida volveran a sonar los clarines y habrá que ponerse en pie y pelear, y todo lo demás quedará atrás. Así ha sido siempre y así tiene que ser. Es muy bonito ser un loco enamorado, pero eso no paga facturas y a mi siempre me ha ido mejor con la cabeza fria y con distancia de por medio.
Así que aire. Mejor encerrarme en mi mismo, darme dos bofetadas, seguir adelante. Porque sé que, si ella no me hace caso, seguramente es por mi bien. Y así a la humillación de saberme idiota, sumo la de provocar lastima.
No. No soy quién soy para verme así. ¿Orgullo? El orgullo es reconocerse a uno mismo. Nadie merece que nos anulemos. Y si se cae, es para levantarse.
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