jueves, 10 de septiembre de 2015
Sobre la cultura de la excelencia
Decía Simon que es importante crear un ambiente de trabajo en el cual la gente "florezca". Cuando uno se siente bien, se siente comodo, le gusta lo que hace... da un poquito más. Intenta inventar cosas, busca nuevas formas, se inspira. Hace lo que puede. La motivación intrinseca surge, porque uno se siente parte del proceso.
Hay gente con la que eso no funciona. O gente que no es parte del proceso. Hoy he tenido un momento de eso y ha sido muy desagradable, cuando alguien te dice "yo no tengo que hacer meritos". Como si la idea misma de que alguien quisiera hacer un trabajo extra por el gusto de hacerlo no fuera posible.
Sé que soy una persona distinta. A lo largo de mi vida me lo he encontrado siempre. No soy tan altruista ni desinteresado ni noble ni bueno como parece creer la gente que me conoce. Al fin y al cabo, soy un niño grande. Pero me niego a creer en un mundo que se mueve solo por intereses, en un mundo sin valores. A mi me enseñaron a dar más y a ser más. Y en eso consiste mi orgullo. En que quizás no seré el mejor, pero si soy la mejor versión posible de mi mismo. Y sigo trabajando para mejorar.
Aquellos que no quieran eso, pueden salirse de mi camino. Y me da pena, porque convivir a veces consiste en chocar. Pero quiero evitar la cultura de la mediocridad.
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