jueves, 9 de mayo de 2013

A veces, hay que tocar fondo


Cuando crees que no puedes aguantar más, que ya está bien, que vas a explotar. Cuando pasas por las lagrimas, la soledad, el dolor, el miedo, el frío. Entonces levantas la cabeza, por orgullo, por cabezoneria, porque eres demasiado idiota como para rendirte, y encuentras el sol. Y una sonrisa. Y alguien responde a esa sonrisa. Y cuando te das cuenta tienes al lado a un amigo, y al lado de ese amigo resulta que hay otro. Y de repente ya no estás tan solo y no hace tanto frío, y aunque sea por un rato te olvidas de la xenofobia, de la tristeza y de la sensación de vacío. Y notas como un calor por dentro, como una caricia en el alma, y te gustaría gritar al mundo entero que gracias. Que esa vocecita dentro de ti, que dice que no sabes si te lo mereces, se calle y se vaya a la mierda. Que si te quieren y te tratan bien es porque, que demonios, algo tendrás. Y que desde abajo del todo la unica dirección que te queda es hacía arriba. Así que a por ello. Que mañana es viernes y tengo chollo, gracías a un amigo que me ha dado algo que vale más que el regalo en sí, algo que vale el cariño y el apoyo que espero corresponderle en proporción, porque como dijera Deivid, un amigo no te dice que lo es, sino te lo demuestra. Y yo no sé ni que decir. Así que solo diré gracías. Muchas gracías, Vituco. Esta te la guardo.

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