martes, 14 de mayo de 2013
El eterno conflicto
Entre ser y aparentar, entre compartir y dominar, entre formas distintas de ver el mundo. Llevadas desde el respeto y la tolerancia son factibles, pero deben ser contrastadas con otras fuerzas. Demasiado tiempo en un espacio demasiado estrecho en lo emocional provoca tensiones y las tensiones terminan generando cansancio, apatia, ganas de olvidarlo todo y simplemente entretenerse en estimulos. No pensar, no sentir. Solo percibir.
Te levantas de una siesta-interruptus y miras a tu alrededor en la habitación. Hace frío y está oscuro. Te duelen las piernas, intentas levantarte y no sale bien del todo. Maldita sea. Con la consciencia viene la percepción. Frío, hambre, tristeza. Ganas de matar aumentando. ¿Cuando fue la ultima vez que creaste algo? ¿Cuando fue la ultima vez que saliste del ciclo de presión-liberación-presión-liberación? ¿Cuando fue la ultima vez que fuiste tu mismo?
Pero la mascara no funciona. Sentimientos se cuelan entre las rendijas, el monstruo que escarba por debajo de la puerta empieza a ponerte nervioso con sus gruñidos. El ansia te puede y, de repente, miras por la ventana y te preguntas cuando fue la ultima vez que miraste a alguien a los ojos y tuvisteis unas conversación. No tu pose, ni tu figura, ni tu cuerpo, sino el tu real que se esconde entre las palabras y las formas. El que no puedes evitar ser, por más que lo intentes.
¿Quieres la verdad? ¡No estás preparado para la verdad! Grita Jack Nicholson en tu consciencia. Puede ser, puede ser que lo que se esconde al otro lado del espejo tenga miedo, tenga frio, esté solo. Puede que ese pequeño niño interior tuyo solo quiere que lo quieran, como todo el mundo. Que lo acepten.
Pero ya está bien. La autocompasión es una espiral oscura de la que no se sale y aquí, en la Tierra Oscura de Mordor donde se extienden las Sombras, el que cae no se levanta. Así que empuña una sonrisa, desenfunda los dientes y amenaza al mundo. Dado que no va a haber quien te quiera, quierete a ti mismo. Y entierrate en sensaciones, anestesiate, hasta que vuelvas a aquella idea del hogar que definiera el Ché Guevara. El hogar son tus amigos, tu familia, tu gente.
P.D: Grande Nietzsche, grande. El eterno retorno.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario