miércoles, 1 de mayo de 2013

Hablas a mi alma


Viejo amigo loco, Nietzsche. A veces leo tus palabras y son como la bocina de los coches, como el sonido de la lluvia, como el vaso vacio. En cambio existen otros momentos, otras palabras, que son como una llama ardiendo en medio de la noche, como la foto de un viejo amigo, como el sentimiento al parar de correr. Están ahí, dentro de mi y a mi alrededor, siendo yo y siendo otra cosa a la vez. Le hablas a mi espiritu, a mi conciencia, de una forma tan intima y violenta que me recuerdas quién y que soy.
Ayer fue un buen día. Gracías por las pequeñas mercedes, cuando pensamos que vamos a explotar, que no podemos más, que el mundo es un infierno, el mundo relaja un poco la presión y tomamos un poco de aire. Ayer Joey me salvó de mi mismo, como suele, mediante ese sencillo aceptar las cosas que tiene él. Una frase que acabo de leer y me ha fascinado se refería a Epícuro y hablaba de la modestia de la voluptuosidad. ¡Demonios! La cabeza me ha vuelto a ella y he salido corriendo. La renuncia a los placeres, la busqueda por la busqueda. El invertir el ritmo normal de medios y fines, la separación del mundo prosaico, la enfermedad del espíritu que me come por dentro. La semilla de la locura, que se manifiesta en no saberse solo en la soledad de la noche. El hambre de la no sensación, la sensación de soledad en medio de la muchedumbre, el ansia de olvidar y ser olvidado. La pesada niebla, que como una capa envuelve las gruas que veo desde mi ventana y me recuerdan a un tiempo presente, antes de que las tareas cotidianas, el ordenador y el trabajo. La curiosidad que vuelve a mi como una ola y ahora quiero aprender latin, quiero escribir un poco de esa novela, quiero pintar miniaturas, quiero jugar videojuegos. Quiero hacer cosas con mi mente, en este descanso de mi cuerpo para luego querer hacer cosas con la gente y socializar. Quiero vivir, y ese ansia de vivir, esa hambre interior que me viene esquivando las ultimas semanas me quema por dentro, me devora, me abraza. Es el familiar rugido del motor cuando arrancas el coche y lo encuentras ahí, preparado para moverse y descubrir el mundo, cumplir sus tareas y quedar satisfecho. Es la identidad, la realidad que es uno, indisociable de lo que hace, porque mediante esas acciones se reconoce uno mismo como simbolos visibles, factibles, de su naturaleza. Es la actitud, la forma de identificarse, esos aspectos femeninos de mi carácter siempre cambiante, esquivo, propenso a evitar las definiciones. y a la vez categorico y enfatico. "Soy o no soy... pero mucho de ambos ".
Hoy me siento vivo. En parte por Joey y en parte por Nietzsche, en parte porque me han soltado la correa y en parte porque, que demonios, hasta los zombis necesitan ver un bosque a veces.

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