lunes, 20 de mayo de 2013
Valiente
Curioso, que sea casi el apellido de Raquel, Valente. Pero ahora miro atrás y recuerdo esa mirada de la adolescente, esa actitud. Esa forma de no temerme, de no temerle, de no temer. Esa naturalidad cuando le pregunté "¿no te preocupa lo que puedan pensar los demás?" y me contestó "a ver, yo estoy bien contigo. Lo demás me da igual ".
Ya no quedan locas así. Ya no quedan niñas, mujeres, bichos, que no le tengan miedo a ser ellas mismas, que no le tengan miedo a equivocarse, que no me teman. No me mires con esos ojos, que no sé lo que esconden. ¿Por qué tanta vehemencia?
Estoy loco. Funciono a impulsos de la lengua, y solo una disciplina sorprendente en alguien tan anarquico me permite socializar. ¿Socializar? Esa palabra queda demasiado grande, lo que yo hago con mi entorno es como comparar una avalancha de rocas distribuyendose aleatoriamente por una ladera con una sinfonia de musica clasica.
Y aún así, funciona. Aún así me sorprendo cuando doy con gente que me conoce y me aprecia, con gente que me valora. Con gente que pierde su tiempo, un tiempo precioso, en aprender a interpretarme, a manejarme, a compartirme. A leer ese idioma imposible que es el que se extiende de mi cabeza al mundo. Y algunos de ellos y ellas, incluso, llegan a entrar en ese mundo. Se comunican.
No os mentiré. Algunos de ellos y ellas están aún peor que yo. Por eso los quiero, porque compartimos una pasión, una actitud, una locura. Porque, como escribiera Kerouac (aún tengo que leerlo, Aliusha), solo queremos quemar el mundo. Porque somos jovenes a la manera que dijera Nietzsche, como dinamita. Y porque, a veces, ser valiente y ser idiota es lo mismo. Pero siempre es mejor vivir y equivocarse a pasarse la vida encogidos a la sombra de nosotros mismos...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario