domingo, 26 de mayo de 2013
Resignación
Cuando uno está acorralado, sus opciones pasan por explotar y romperlo todo o aceptarlo con estoicismo. En ocasiones, aceptar tus circunstancias y encontrar un modo positivo de pasar por ellas es una victoria incluso mayor que planear y vencer. O quizás estoy intentando convencerme a mi mismo.
Ayer me decía un compañero que lo que necesito es sexo. No le falta razón. Pero me ha recordado a una conversación que tuve con una amiga en Bulgaria, en un pueblo a orillas del volga mientras tomabamos kebapche y cerveza. Mi amiga me decía "aquel verano... demasiado sexo ". A mi me hizo gracia. Le dije "nadie tiene demasiado dinero, trabaja demasiado poco o practica demasiado sexo", dado que yo no comparto la moral cristiana que estigmatiza los placeres mundanos como algo negativo. ¿Como demonios vamos a saber valorar los placeres de la otra vida si no conocemos los de esta? Para mi sorpresa, mi amiga no negó ni aceptó lo que le dije, sino que me contestó "aún así no era un sexo animal, entiendeme. Yo no soy de esas chicas ".
La coletilla. Yo no soy de esas chicas. Sobraba, claro. Pero es lo que he dicho siempre de que las mujeres están educadas para ser mucho más sensibles a la presión del grupo que los hombres. En cambio ese "no era un sexo animal" me ha dejado pensando esta mañana. Porque eso es lo que decía mi colega. Yo no quiero un encuentro animal. No quiero esforzarme, sudar, desahogarme. Eso ya lo hago corriendo o nadando. Yo quiero un sexo emocional. Quiero mirar a los ojos a una persona, abrazarla, sentir. Quiero romper las compuertas de la presa de emociones en la que vivo, callandome y haciendo como que no pasa nada, como aquellas mujeres de la serie aquella americana, "mujeres desesperadas". Quiero desnudar lo que se esconde detrás de mi sonrisa, enseñar los dientes y que la persona que tenga delante me sonría y me enseñe los suyos. Quiero correr con la manada, mirar a la derecha y encontrar a alguien que está a mi lado y me guiña un ojo.
Pero no puedo. Así que vuelvo al postulado del primer parrafo. ¿Explotar o conformarse? Dado que no puedo vencer al mundo ahora mismo -y notese que es un "ahora mismo". El Norte no olvida. -, me venceré a mi mismo. Me agacharé y cogeré fuerzas, preparandome. ¿Resignación? No es una derrota. Me niego a ser derrotado. Y como el agua, que siempre encuentra un camino, la vida encontraré como colarse por las rendijas de la carcel en la que vivo, en parte hecha por mi mismo, en parte hecha por mis circunstancias. No estoy muerto. Y como cantaban Iron Maiden, no soy un numero.
Pero puedo actuar como si lo fuera. Y a ver cuantos idiotas se creen que, porque agache las orejas y siga a su dueño, el perro deja de tener dientes.
P.D: No puedo permitirme emocionarme tanto por una conversación casual con una chica especial. Disciplina. Siempre.
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