lunes, 27 de mayo de 2013

Sabes que has perdido el norte


Cuando dejas de escucharte a ti mismo y permites que el ruido a tu alrededor distorsione tus sentidos. Cuando permites que los arboles te impidan ver el bosque. Cuando te das cuenta de que da igual cuanto te esfuerces, este carro no avanza, y en ese momento levantas la cabeza y ves que estás empujando una pared.
Entonces es el momento de plantearte que eres y como eres. Y qué quieres ser. ¿Realmente merece la pena tanto esfuerzo? ¿Se valorará? Y aunque se valore... ¿qué pierdes en el proceso? Tienes que aprender a no escuchar. Pero eres una victima de tu curiosidad, de tu inseguridad. ¿Y si...?
Y si nada. Hay que recordar la ecuación de la eficacia, que obtienes a cambio de tu esfuerzo. La fé no sirve de nada si está aislada y mira a donde te ha llevado la cabezoneria. Además la fé se basa en certezas, no en posibilidades, y si dudas te caes. Y cuando surge la pregunta y se responde con un "no lo sé... necesito tiempo para pensarlo... " la respuesta es no. ¿Es una visión muy radical de la vida? Solo me ha traido problemas cuando he permitido que determinadas personas que no lo debían tener permitido atravesaran el circulo. Siempre por algun "y si..." de fondo.

Y hablando de personas, esto es un poco triste. Pero hay gente con la que te llevas y gente con la que no. En este momento de incertidumbre, de daño por tomarme las cosas demasiado en serio, de dudas sobre si valgo o no valgo, me vendría de maravilla poder hablar con doña Laura. Pero hay gente con la que, aunque por carácter os llevaríais genial, realmente nunca llegais a fraguar una amistad. No es la primera vez que me pasa. Así que me toca seguir solo e intentar reencontrarme a mi mismo, volver a ese nucleo de maldad, sentido del humor, curiosidad y... yo. Volver al camino de guisantes que dejo en este blog para encontrarme quien soy, hablar con gente que me aprecia y me conoce, preguntarme porqué. Más allá del mito, más allá del personaje, hacia la verdad desnuda.

Y en este momento de oscuridad vuelves a asomarte a mi vida. ¿Quién te ha dado permiso para asomarte? Con tus ojos estrechos de elfa y tu alma inmensa llena de preguntas sin responder, con tu gusto por dar y recibir dolor, con tus sueños susurrados entre lineas, con tu crueldad infinita de niña pequeña. Dado que no creo en el futuro, quizás estoy huyendo hacia el pasado. Quizás es, como decía esa canción de Blind Guardian, un secreto del pasado y del futuro, algo que fue y será, y quizás esa persona que me escuche, que me comprenda, que comparta conmigo esté ahí fuera esperandome. O quizás no. Diese Rosen kosten blut... so sprach der Meister saft und gut...

No quiero mirar al azul. Aún no es el momento, aunque sonrio cuando cierro los ojos y pienso en él. Pero, al igual que no acudo al amor mercenario porque cada uno recibe lo que da, y yo no puedo dar nada si no estoy bien, no quiero acudir ante él arrastrandome. Así no. Así que aguantaré y volveré a alzarme, una y otra vez y todas las que hagan falta, porque sé que desde algún lugar él me está mirando. Y nunca soportó, ni consintió, que su nene estuviera triste. Así que arriba, ostias.

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