sábado, 25 de mayo de 2013

Esgrima verbal


Hace mucho que no aparecía por este blog, o quizás mucho es un termino que se refiere más a la intensidad de su presencia que a la frecuencia. Es la mayor damnificada por mi perdida de fé en mi adaptación a Ferrol, por mi rechazo a la misma. Cada uno da lo que recibe y yo he alcanzado mi tope de asimilación y empatia: a partir de ahora voy a devolver intolerancia con intolerancia. Aún así, ella es un daño colateral. Su nombre siempre me ha sonado a "verdad", en esa extraña relación que hacemos entre un concepto y su sonido. Probablemente venga del latin esa relación, idioma que tengo pendiente aprender.
Pero no solo es una cuestión semantica. Ante ella soy yo mismo y no puedo ser otra persona. No me sale. Mis defectos quedan sobre la mesa y no me averguenzo de ellos. Sus defectos también están ahí, pero no son un obstaculo en la comunicación.
Mi propio miedo es un obstaculo a la comunicación. Cuando un hombre y una mujer se comunican, siempre tiene lugar una forma de esgrima verbal. En este caso es una esgrima particularmente intensa, porque los filos están a la vista y no hay protecciones. Soy tan sincero con ella como lo puedo ser con nadie y eso me asusta. Tampoco tengo un soporte emocional, una red de colegas, aficiones y familia que me permita amortiguar los golpes que puedo recibir. Siendo así, cada corte hiere y daña muy profundamente. No consigo jugar cuando las apuestas están tan altas.
Aún así, juego. Porque el valor consiste en ser idiota, y uno es valiente cuando nadie mira, porque se está mirando uno a si mismo y es un público importante. Juego con cuidado, recordando aquello que nos explicara Jacobo el otro día en esgrima. La distancia de seguridad. La distancia de seguridad es la suficiente para que, dando un paso, alcancemos al rival. Y que este necesite dar un paso para alcanzarnos. Dentro de esa distancia, si tenemos tiempo y reflejos podemos sobrevivir. Pero una vez esa distancia se acorta y uno atraviesa la barrera invisible, ahí puede pasar de todo.
Y la necesito. Una vez acabe este curso, ella tendrá su vida de la que yo no seré parte. Porque no le hago falta ni se la he hecho ni se la haré. Y yo, estaré en otro sitio, peleando con otras cosas. Siempre se me ha dado bien sobrevivir, supongo que porque soy demasiado idiota para reconocer cuando me tengo que rendir. Aún así las cicatrices de la ultima vez que atravesé la barrera quedan y sé que tengo que tener cuidado. Porque ella aporta muchisimo y es uno de esos refuerzos sin los que uno no puede pasar. Ella tiene esa espalda en la que me podría apoyar y, rodeados de filos, mantener nuestra posición, pero al igual que se me da bien sobrevivir, se me da bien estropear las cosas con cuanta tía conozco. Así que tengo dos enemigos, uno que es mi sombra, al que como mucho puedo aspirar a mantener a raya pero nunca vencer, y otro delante mía, acero en mano, que cuando sonríe parte el cielo por la mitad y cuyas gallegadas son la banda sonora de este curso. De los pocos motivos para venir aquí que tengo, porque algún día quiero poder comentar "ah sí, la conozco ", porque citando a Su Majestad, me llena de orgullo y satisfacción. Porque mola moito, a pesar de si misma. Y porque durante la guardia me animó, como hace siempre, y me dio un motivo para sonreír y creer.
Así que este punto es suyo. Pero volveré a empuñar acero pronto y ya veremos quién rié el último.

P.D: Y sí, sigo siendo un vampiro social. Pero no me vale cualquiera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario