lunes, 13 de mayo de 2013

Se pasa la vida


Hace unos días que no aparezco por aquí. En verdad la explicación es sencilla: ya no levanto olas. Leo, escribo, pinto, sueño. Pero ya no aspiro a convertir esos sueños en realidad ni vivo historias que merezcan la pena ser contadas. He pasado a los cero grados, ni frío ni calor.
En cambio, esta mañana un compañero me ha recordado que esto existe. En parte porque vivo en High School Musical y asisto, día sí y día también, a situaciones esperpenticas. En parte, porque mi actitud hacía dichas situaciones condiciona mi forma de actuar. ¿Soy un cobarde por no participar? ¿O simplemente estoy hastiado? Hay un punto en el cual la neutralidad es un acto deleznable, como cuando los suizos permitieron pasar trenes y trenes cargados de judios camino de Alemania.

Creo que no. Que no estoy actuando mal, digo. Dado que solo vivimos una vez, no tengo tiempo para perderlo con quién no va a cambiar. En todo caso tendré que soportarlos mientras sean artistas invitados de mi mundo, pero en cuanto cambiemos de escenario ellos pasarán y, como decía el canto Bene Gesserit sobre el miedo, solo estaré yo.

Lo que me lleva a escribir este artículo son otras dos cosas. Por un lado, mi consciencia del tiempo y mi certeza de que las amistades, como las oportunidades, se pasan. Herr Joe, que es un tío que entiende y sabe de la vida, dice que no me tome las cosas tan a pecho. Herr Joe tiene razón, pero yo no puedo evitar ser lo que soy. Intento relajarme, take it easy, live and let live... y sé que si estuviera en otras circunstancias, con más tiempo y espacio y más yo, probablemente no le daría importancia. Pero como estoy tan concentrado, tan encerrado en tan poco espacio, tan rabioso, se la doy. Y valoro las cosas en su justa medida y doy lo que recibo. Así que es una lastima, pero puede que dentro de algún tiempo alguien se lleve una sorpresa cuando me llame, me diga de quedar o me pregunte que tal estoy.

El otro tema que me lleva a este artículo es una conferencia que nos han dado hoy. Un árbitro de primera nos ha hablado sobre su profesión. Lo de primera lo digo con segundas, tanto arbitra en primera división como se vé un hombre comprometido con lo que hace. Sabedor de que su profesión conlleva una serie de riesgos y exigencias, nos ha recalcado mucho las del plano físico, elige hacer lo que quiere aunque sabe que para ello debe renunciar a otras cosas. Intenta mantener un equilibrio emocional, formar un equipo, mantener una disciplina. Cosas que son muy de nuestro trabajo, pero vistas desde fuera. Y la verdad, viendolo y escuchandolo me he sentido mal. Una de mis compañeras le preguntó que cuanto cobra, lo que me ha hecho plantearme cuantos de mis compañeros tienen ese grado de implicación, ese grado de dignidad, ese punto de... orgullo. Incluso yo mismo, que tampoco soy perfecto, me pregunto si tendré esa capacidad para asumir las cosas. Como dijera él, si perdía su trabajo, que es aquello que le gusta, no diría que es una tragedia pero la verdad que mal vamos. Que demonios. Es una tragedia. Nos definimos por lo que hacemos hasta cierto punto y algo a lo que dedicamos tanto esfuerzo, energia, dedicación... pero hay que asumirlo. Que la vida existe hasta que se acaba y lo unico que nos queda es el orgullo de hacer lo más que podemos siempre, de creer en nosotros mismos y de querer y ser queridos. Y eso es hermoso, que demonios. Así que, aunque me encuentre sobreviviendo, me gusta poder asomar la cabeza fuera del agua y ver que ahí fuera hay gente que vale y que sabe lo que quiere. Me siento bien. Gracías, gente. Seguid ahí.

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