jueves, 2 de mayo de 2013

El racismo te pudre el alma


Verán, damas y caballeros, aquí el caballero que escribe es un tanto carácteristico. Doy por hecho que todo el que lee esto es porque me conoce personalmente, o como mucho internauticamente. Que no hay aquí ningún desconocido que no sepa de que le estoy hablando, por dios. Pero por si acaso voy a acotar la explicación. Soy un pibe rubio, pequeñito, con un arquetipo físico exagerado -muy pálido, muy rubio. Vamos, pinta de ruso - y con un arquetipo fonetico exagerado -vamos, que tengo un acento de Cádiz sumamente notorio -. Ambos rasgos permiten identificarme con grupos sociales y/o etnicos con los que estaré de acuerdo o no, pero llevo el uniforme y no me puedo quejar si me confunden.
Ahora bien, una de mis paradojas es que, a pesar de tener una identidad exterior muy clara, mi identidad interior no lo está en absoluto. No me considero gaditano. Tampoco me considero pangermanico ni pan-nada (pan con nueces, que está de categoria. Pero eso no lo soy, eso me lo como). Y hasta hace no demasiado tiempo, le decía a un compañero que me encantaba su forma de sentirse vinculado a un lugar y una cultura, por la sensación de nostalgia que le producía la ausencia y por el placer del reencuentro. Lo de siempre, si extrañas es porque quieres y el amor siempre es bueno.
Pero hay malentendidos. Veréis, yo llevo más de quince años viniendo a Galicia, no como el que va a la aventura, sino como el que viene a su segundo hogar. Mis abuelos son de aquí y yo me he criado escuchando gallego. Hace unos años, cuando hice el curso de marinero, me reencontré con un viejo amigo y me acoplé a su pandilla. Y por un proceso de asociación sus amigos fueron mis colegas y, pues que queréis que os diga, siempre he sido un enamorado de esto. Me gusta el clima, me gusta la comida, me gusta el paisaje, me gusta la gente. Me gustan sus modales, su actitud, su forma de ser. Me gusta su hospitalidad, su naturalidad, su sencillez. Incluso su sentido del humor negro y fatalista. Pero yo no soy gallego. Tampoco soy gaditano. Me temo que, como dijera aquel chaval en el instituto cuando apenas tenía diecinueve años, yo soy un "ciudadano del mundo". Eso no te supone un problema, hasta que das con gente que pone vallas al campo.

Veréis, hace tiempo leí un artículo de Perez-Reverte en el cual defendía la riqueza del mestizaje, contraria a esa defensa artificial del terruño. Decía que la naturaleza es sabia, que  España ha sido siempre lugar de encuentro, y que quién dude de los efectos que el mestizaje produce se pasee por Río de Janeiro o Cádiz y vea lo guapos y guapas que nos salen los niños. A mi me llamó la atención por la mención a Cádiz -nunca la he considerado un sitio especialmente importante-, pero venía por su historia y su forma de ser.
Pero ya ni eso nos queda. Cuando vine a Ferrol hace un año pensé en comprar la casa aquí y echar raices. Entonces aún pensaba que podría echar raices, pero aunque quisiera hacerlo ya sé que no lo haré aquí. Lo siento en las miradas. En los dialogos. El andaluz que viene un mes es un tipo interesante, curioso, una novedad. Como un cachorro. Pero cuando el cachorro se hace mayor y hay que sacarlo a pasear ya no tiene gracia. Que se vuelva a su tierra. Te llama la tierra.
Y llega la confirmación, no dicha pero pensada. Tu no eres de aquí. Tu no eres uno de nosotros. Ojo, que tengo la suerte de tener a mi lado personas de mente muy abierta. De gente que ha viajado, ha vivido y ha aprendido. Gente generosa que comparte. Pero a eso voy. No consiste en un regalo. La experiencia de la compañia mutua es humana. No tiene explicación que, tras un año aquí saliendo, relacionandome, conociendo gente... no tenga ni un puñetero amigo, ni colega gallego. Estoy empezando a conocer gente, pero sigue existiendo esa barrera. Ese "no eres uno de nosotros ". Que te hace pequeñito, te impide crecer, experimentar, relacionarte.
Y yo no quiero envenenarme. Perez-Reverte alza el puño contra el mundo porque es su naturaleza, y si no lo dice revienta. Pero yo me encojo de hombros y reduzco mi mundo, me quedo con lo que me gusta y dejo fuera todo lo demás. No os necesito. Si dios quiere en un par de semanas me iré para abajo. No porque "la tierra me llame", sino porque aquí me estáis pudriendo el alma con vuestra mirada estrecha, vuestros valles encogidos y vuestra falta de espíritu. Parece mentira. Una tierra que es mi segunda madre, una tierra que reparte a sus hijos por todo el mundo y no es capaz de acogerme y hacerme sentir querido.
Eso es lo que os ha legado el galleguismo. Y que os aproveche. Decían mis abuelos que el gallego, fuera de Galicia, no te servía de nada. Que mejor aprendiera inglés, francés, alemán, porque total en Galicia me podía entender en español con cualquiera. Menos mal que se murieron antes de ver esto. Porque a ver con qué cara le miro yo al buen hombre y le digo que hay sitios y gente que no me aceptan porque tengo acento andaluz. Aunque bueno, si Dios quiere ya lo comentaremos algún día, que algo me dice que él ya se lo vió venir la ultima vez que hablamos del tema, y me dijo que le parecía increíble que, después de toda una vida, resulta que el gallego que él hablaba no era el de verdad y que, en cambio, el que se estaban inventando cuatro colegas si que lo era.
Menos mal que nos tenemos los unos a los otros, exiliados arrastrados por la deriva, que podemos hablar, reirnos y abrir nuestra mente. Porque a todos estos nacionalistas que desean que el mundo sea la aldea de su tribu donde todos lleven el mismo uniforme, les aconsejo de todo corazón que le peguen un vistazo a lo que le pasó a nuestro amigo el bigotes. Y de lo que le sirvió pegarle fuego al mundo.


P.D: Decía Unamuno que el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando. Parece mentira que en una epoca en la que un avión a Polonia te cuesta menos que unos buenos zapatos y en la que cualquier cosa que quieras leer está a tu alcance en internet, mantengamos actitudes e ideas propias de finales del siglo XIX y hablemos de destino manifiesto, de superioridad cultural, de culturas serviles y de fanatismo religioso. Es que... vaya tela.

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