martes, 14 de mayo de 2013

Ser extranjero está sobrevalorado


Durante mucho tiempo he considerado que mi conciencia de extranjero, mi personaje nomada y extraño era algo positivo de mi. Mi incapacidad de adaptación, mi eterno estar y no estar.  Mi perspectiva nueva y fresca, mi empatia artificial, mi capacidad de adaptación.
Pero estoy cansado de vagar. Aquí ser diferente es un defecto. Siempre eliges tribu, la standard o la antistandard. ¿Y qué pasa si no quiero participar? Si no quiero alinearme. Entre el amor y el odio, elijo la indefinición. Elijo la paradoja, que asusta e incomoda, y me aisla del mundo como efecto secundario de mi ansia de espacio personal y desarrollo.
Y mientras, sigo reencontrandome en Nietzsche. Sigo disfrutando de su discrepancia de optica, de su pasión escritora, de su autodestructora ansia de... ¿de qué? De paradoja, de amor y de soledad, de negación y afirmación. De curiosidad. Es leerlo y sentir una cosa... no sabría decirlo. ¿Quizás fé de converso? Quizás sea un extranjero, pero no soy el único extranjero. Y leo a Nietzsche hablar de los espiritus libres, de los valerosos, de los solitarios y pienso en tanta gente que he conocido y que me ha aportado tanto. ¿Donde estarán? ¿Qué habrá sido de ellos? Victimas de una guerra contra el tedio y la monotonia, contra el paradigma social, contra la vida. Pienso en sita Aliusha, en Elena la griega, en Jenny la artista, en Rabanal, en Ralitsa, en Gareth, en Boris. En tanta gente que conocí en otra epoca de mi vida, cuando era joven y salvaje y hermoso. O quizás nunca lo fui, pero lo aparentaba, con esa apariencia que tanto cunde en determinadas circunstancias.
Ahora estoy cansado. Sobre todo emocionalmente, y me duelen los huesos cuando me despierto y me siento viejo. Pero no durará para siempre. Hay algo en mi, un nucleo de irreductible cabezoneria, que dice que esto solo es una ola. Que volveré. ¿Quizás sea el eterno retorno del que hablaba el amigo Friedrich? Porque podemos negar nuestras circunstancias, pero nuestra naturaleza se afirma una y cien veces, en forma de irresistible crueldad que ejercemos sobre nosotros mismos a través de nuestro entorno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario