jueves, 23 de mayo de 2013

Touching the bottom


No puedo más. He llegado abajo del todo. Acabo de salir de una comida en la que me estaba quemando hasta el aire. He ido al dentista y no he sido capaz de hacer bromas y ser yo mismo.
Ya ni me reconozco. Solo me quedan las drogas. Drogas de musica, drogas de libros, drogas de videojuegos, drogas de miniaturas. Lo que sea. Quiero encerrarme y no ver el sol. Necesito relacionarme con gente pero... Pero no quiero arriesgarme a lo mismo. No quiero seguir escuchando quejas, no quiero seguir escuchando tristezas, no quiero. No quiero. Solo quiero que me dejen en paz. Comer, dormir, reconstruirme. Estar tranquilo, disfrutar de mis cosas, ser yo mismo.
He pensado en recurrir a la prostitución. Pero cada uno recibe lo que da, y yo ahora mismo doy mucha pena así que lo que voy a recibir es eso. No soporto dar lastima. No soporto que alguien me acompañe a la puerta y me diga "¿Estás bien? ¿De verdad?". Lo agradezco y lo valoro como lo que es, pero aún no he avanzado lo suficiente por la senda de aceptarme como para reconocer que estoy jodido delante de nadie. Eso es cosa mía. No quiero dar pena.
Y sin embargo me doy pena. No me río, no construyo, no creo. Estoy cansado. Quizás eso es todo lo que tengo, cansancio físico, cansancio emocional, cansancio intelectual. Cojo un libro y me meto en él. Preparo la maleta y siempre me olvido algo. No me concentro. Estoy irascible, dolorido, hambriento, triste. Estoy muy jodido, demonios, y no veo como voy a salir de esta. He recordado aquel episodio de Generación X en el que Dagmar comentaba que, tras encerrarse y hartarse de porno y comics, reducía al ser humano a glandulas, metano y otras sustancias quimicas y se sentía duro y frío, como un trozo de carbono, y envidiaba a los adolescentes que miraban a los ojos sin miedo y creía que nunca podría ser capaz de relacionarse con otro ser humano. Ayer pasé una hora y media hablando por teléfono con Luis pero me supo a poco. No recuerdo nada de lo que he hecho, dicho o escrito esta semana. Mis días son una rueda continua, como un hamster y no veo el final del camino, porque ya no creo en él. Ya no creo en arco iris. No creo que conozca a una chica que me salve de mi mismo, ni siquiera creo que haga una amiga. No creo que aprenda ninguna verdad trascendente sobre la vida. Esta ciudad ha acabado con mi esperanza y con mi ilusión, con ese irreductible nucleo de infancia que me mantenía en funcionamiento cuando todo lo demás fallaba. Cuando a mi alrededor todos eran caras largas y tristes yo sonreía. Porque me gustaba una colina, porque me gustaba el mar, porque me gustaba una sonrisa.
Ahora solo tengo hambre y cansancio. Solo quiero dormir y que me dejen en paz. Que los días pasen a toda velocidad hasta que vuelva a ser yo mismo, a vestirme como quiero, a escuchar musica, a tomar decisiones. A aplicar la voluntad de poder, a tomar té y hacerme preguntas y jugar con ellas como un gato con un ovillo de lana. A hacer algo más que pulsar botones en una consola, que repetir gestos mecanicos, que ir cavando un foso cada vez más grande alrededor mío y no dejar que nadie lo atraviese.
Pero no sé como.

1 comentario:

  1. Ánimo Ale, y mucha fuerza picha para seguir palante, que tu eres un crack

    ResponderEliminar