martes, 21 de mayo de 2013
Fraggle rock
Ayer hablé sobre el Art Hostel, mi agujero en el mundo. Hace lo que parecen muchos años, pero apenas eran tres, conocí a una chica fantástica por internet que me enseñó muchas cosas. En mi línea de aquella epoca, decidí que lo adecuado era coger un avión y ver si era de verdad. En mi linea de siempre, fui yo mismo y abrí mi mente y aproveché. Aprendí, conocí, aventuré. Gané muchas cosas y perdí otras. Conducí mi vida en una dirección nueva.
Ese viaje, que trajo unas consecuencias sorprendentes, me descubrió un lugar. Mi colega Dari decía que para qué iba a Bulgaria, si Bulgaria era "un agujero en el mundo". Es verdad. Pero es mi agujero. El Art Hostel es el tipo de sitio en el que yo podría vivir. O donde iría cada fin de semana. Es mi equivalente al bar de Friends. Un lugar donde puedes conocer a alguien de cualquier lugar del mundo, hablar con educación y respeto, escuchar musica, contar historias, aprender. Donde ninguna idea es demasiado descabellada, donde nadie arquea una ceja. Puedes sentarte entre cojines y discutir sobre literatura eslava, puedes escuchar a Bob Marley mientras acaricias a un perro al que nadie conoce, puedes emborracharte hasta caer redondo y plantear a tus compañeros de mesa si existe el amor. Y al día siguiente, puedes sentarte en el jardin con un libro, admirando los grafitis y bebiendo té, quizás solo, quizás junto a una familia de paso, preguntandote que te traerá el día y la noche mientras las ideas hierven en tu mente como la sopa dentro del caldo.
Sí. Boris, Rali y la familia del hostel ha hecho un lugar mágico. Y me gusta llegar allí sin esperanzas ni expectativas y simplemente dejarme ir, a la deriva, en medio de la decadencia y la oscuridad. Mi fraggle rock particular.
Más cosas de las que quiero hablar. Esta es una pregunta que me gustaría hacerle a Rali. ¿La gente cambia? Yo considero que evolucionamos en lineas vectoriales, y a veces nuestra evolución desarrolla una curva. Pero generalmente tendemos a ser consecuentes. Esa consecuencia nos hace previsibles y esa previsibilidad es la que permite proyectar imagenes de futuro. ¿Esto saldrá bien o mal? Demonios. Mirate tu. Mira tu entorno. Y casi escuchas el cri-cri de los grillos adivinando el golpe.
Hace poco reflexioné sobre ello. Hace un año, en un concierto, vi a un chico cargando muchachas a hombros en un concierto heavy. Cosas de la vida, ese chico ahora es colega mío. Como he dicho alguna vez, la vida tiene sus ritmos y determinadas cosas son inevitables. Y me gusta que sea así, porque le da un cierto trasfondo a mi firme creencia en el destino.
El siguiente punto del orden del día es la motivación sobre la actividad. Cuando haces algo que quieres, te sale mejor que cuando simplemente debes hacerlo. Es natural y todos lo sabemos. ¿Por qué eso es así? Porque el cuerpo tiene su propio reloj interno. E intentar contradecirlo es absurdo, no podemos forzarnos más allá de determinado punto. Podemos simular el sexo pero no el amor. De igual forma, podemos cantar pero no podemos sentir. Y para funcionar más allá del movimiento mecanico tenemos que sentirnos bien. No basta con sobrevivir. Hace falta vivir.
El próximo punto, ser un hobbit a la sombra del ojo, lo dejo para tiempos mejores. No tengo ganas de homenajear a Tolkien. En cuanto a la ultima nota, más inspirado escribiré otro artículo sobre ello. Ahora estoy cansado. Cansado de enfadarme, cansado de esforzarme, cansado de ser optimista, cansado de querer ver un arco iris allá donde las lagrimas se confunden con lluvia. Que le den al mundo. Quiero romper algo.
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