jueves, 3 de abril de 2014

Al otro lado del río


Hace frío aquí arriba. Mucho. O quizás hace frío por dentro. El año pasado corría en camiseta bajo la lluvia y ahora necesito una sudadera hasta cuando brilla el sol. Y en cambio, no estoy mal. He alcanzado una especie de calma fatalista, la idea de que ya da igual. Es el momento en que, cansado de nadar, dejas que tu propio impulso y la corriente te arrastre los ultimos metros hasta golpear la pared. ¿Podrías dar unas cuantas brazadas más? Quizás sí. Pero... ¿merece la pena? ¿Para conseguir qué?
Estoy en la otra orilla.Miro enfrente y veo una sonrisa de cocodrilo. ¿Qué me dice? No lo sé. ¿Podría interpretarla si quisiera? Quizás. Se parece mucho a cuando ves un texto en otro idioma y tu cerebro está demasiado atascado para intentar traducirlo, así que directamente lo desechas. Si quiere algo contigo, el cocodrilo tendrá que mojarse y atravesar el río. Pero ya sabes que eso no pasa. Por ti, poeta atormentado, nadie se moja los pies. Es algo que te han enseñado dos años viviendo en Mordor, y solo recibiendo la visita de Luis y de tu madre. Que quizás sean dos más de las visitas que te merecías.
Como decía antes, aquí hace frío. Seguramente por eso no viene nadie.

Allá en el agujero, donde las horas se convierten en días y los días en semanas, hay tensión. La gente está cansada, irritable. Hay discusiones y problemas. A ti te cuesta recordar como se deletrea tu nombre. Y aún así sigues, al golpito. Ves cosas que no entiendes. Cosas que no puedes entender. Pero levantas la cabeza del agujero y ves que tu pais tampoco está mucho mejor. Hoy discutía con una compañera que, curiosamente, la parte de la administración que parece estar más controlada, con menos corrupción y más sentido común parece ser la militar. Supongo que porque es la que más "depurada" fue durante la transición, sin perder su identidad. Y eso cada día está más perdido porque dejamos de buscar la excelencia. Nos conformamos con ir tirando, con que no pasara nada, con encadenar un día al siguiente. Futbol y Belen Esteban o su equivalente.
¿Y yo? Einsam und traurig. El pasado que vuelve a tirarte mordisquitos, pero ya no duelen. Ya no. He hecho las paces conmigo mismo. Allea jacta est, el destino está echado. Y poco a poco me planteo objetivos pequeñitos. Una partida de videojuegos. Unos muñequitos que pintar. Y algunas reflexiones pendientes que irán fluyendo, poco a poco, a medida que las paginas de Jot Down sigan hechizandome y meciendome, como antaño hicieron las olas en mi cuna de acero. Ya falta menos. Ya falta menos.

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