domingo, 13 de abril de 2014
Y te voy a decir una cosa
Dejas huellas ensangrentadas allá por donde pasas, santa Alia del cuchillo. Eres una serpiente de coral que se mete bajo la piel, eres una mariposa que come trocitos de carne de la mano de quien se las quiera dar. Eres un fantasma, un imposible, vano fantasma de sombra y de luz. Eres real. Eres tu. Eres una sonrisa llena de dientes, du tuts mir weh. Eres veneno lento, suave, delicioso. Apareces a la luz de la aurora, te deshaces con el viento. Caminas sobre una escalera hecha con los huesos de aquellos que devoraste y luego escupiste, hasta que te aburres y decides tirarte al vacio. Buscas... qué buscas ?
Tu antes molabas. Antes no tenías miedo de nada, como los niños, o lo aparentabas. Ahora de repente temes a tu sombra. ¿Te mordieron duro? ¿La soledad pica? Un luchador se levanta para caerse. Pero eres sinuosa, elegante, misteriosa. Eres un rayo de luz que se cuela por la ventana, imposible de atrapar. Te escapas entre los dedos, arena del reloj. Tienes tantos años como quieres tener, tantas historias como te apetece coleccionar. Eres la she wolf de Megadeth. Como bien dices, eres el parasito que habita dentro de quienes le dejan habitar. Por qué? Porque eres un vampiro social.
¿Yo te influí? No funciona así. Cada uno da lo que recibe. Luego recibe lo que da. Yo estaba aprendiendo, dando mis primeros pasitos, acababa de nacer. ¡Y tu parecias tan segura de todo! Te metiste debajo de la piel, dulce castigo, veneno imposible, y pronto todo era tu. Pero el sol seguía quemando la piel, la sal seguía secandola y la lluvia la refrescaba. Y tuve que correr, tuve que correr para darme cuenta de que no podía escaparme, de que no quería escaparme. Soy demasiado idiota para darme cuenta de donde están mis limites, para darme cuenta de cuando algo deja de ser arriesgado para convertirse en peligroso. Y soy demasiado noblote. Soy un perro de cabeza alta, sargento alerta, que no quiere regalos que no pueda devolver, que no quiere abrazos que no se gane, cuyo peor miedo es dejar de ser él mismo. Que raro, ¿verdad?
Así que, que Dios te bendiga. Sigue creando, sigue escribiendo, sigue mordiendo. Sigue haciendo temblar el suelo que pisas, aunque peses un suspiro. Sigue atrayendo miradas y riendote de todo y de todos. Sigue preguntando. ¿Y por qué? Sigue siendo tu. Y en cuanto a mi, en cuanto a un plural de la primera persona... Preguntas.
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