sábado, 12 de abril de 2014

Sentirse afortunado me hace humilde


Fue algo curioso. Raro. De repente estaba ahí todo el mundo. Todo salía bien. Y me sorprendí, no acabo de ver porqué. Ahí estaba Clemence, que se estaba quedando en mi casa de couchsurfer. Cris, una buena colega. Roman, que no sale de noche. Migue, el originador de la historia. Charlie y su novia, Victor y su familia. Hasta Vero pasó, Vero, a la que no había visto nunca fuera de la escuela.
Tanta gente que no tenía gran cosa en común, excepto yo. Y todo el mundo estaba bien, y hacía sol y nos contabamos historias y nos reiamos y todo estaba genial.
Como le dije a Migue, no voy a hacer un Messi. Me lo merezco. Recojo lo que siembro y, si soy buena persona, mis colegas, mis amigos, serán gente de bien. Pero me sentí un poco sobrecogido, asustado. Como puede salir todo tan bien? Y fue genial. Y acabé a las tres de la mañana con Migue y Clemence, borracho como una rata y tan contento.
A veces suceden cosas así. Ha sido una despedida de Ferrol fantastica. Decía Clemence el miercoles que, cuando echas de menos a alguien, es bueno porque significa que te lo has pasado muy bien. Yo los echo de menos. Echo de menos el que haya alguien en mi casa y encontrarme sorpresas, echo de menos el sentido del humor, las risas, las historias, la compañia. Han sido días muy especiales y me siento genial por ello. Durante unos días decían los compañeros que estaba contento. ¿Y como no estarlo? Estaba volviendo a ser yo.

Ahora me da un poco de cosita. Estoy en casa de mi madre y empieza una nueva fase, y no sé muy bien que esperar. Resolver un par de historias, descansar. Ayer aún tenía esa mezcla de melancolia y resaca de felicidad, la que hace que no pares de sonreír y le cuentes a todo el mundo la misma historia, como te sentiste al juntar a tanta gente y estar tan bien con ellos, gente que es tan buena, que aporta tanto. A los que somos como yo, que le pasen cosas buenas en la vida los descoloca. Pero me siento genial.

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