miércoles, 2 de abril de 2014

Soltandose de la manita (I)


Fue en Sofia. Todo empezó el veintitres de abril de dos mil once. Hacía diez meses que muriera mi hermano y la mayor parte de ese tiempo me lo había pasado haciendo cosas para no pensar. Primero, trabajando, comiendo pipas en plazas con colegas hasta acabar rendido y durmiendo. Luego, afrontando una navegación, con miedo. Todo me recordaba a él. Todo me recordaba a mí.
Cogí un avión y me fui a Alemania. Intenté encontrar consuelo erroneamente. Luego vinieron más viajes, mientras trabajaba e intentaba no pensar. Milan con Deivid y Luis. Otra navegación, no sé si a Cartagena o a donde. A Grecia con Luis. Siempre enamorandome y desenamorandome, siempre sufriendo, siempre drogandome con emociones para intentar sentir algo. Buscando mi sentido a través de otras, intentando dejar de ser "el que cuida de Jose" para pasar a ser "la pareja de". Siempre tuve problemas con el protagonismo, estaba más comodo siendo el poder detrás del trono.

Y así llegué a Sofia. Iba a encontrarme con Raya, mi penultimo proyecto, sin expectativas, simplemente por no parar de moverme. La cosa prometía pero no salió bien. Y una noche, sentados en un banco charlando, me dijo algo que me rompió. "Ale, tu buscas algo que yo no puedo darte".
Raya era un catalizador. Una de esas personas que te dicen "mira esto" y de repente tu mente reacciona y saca quince conclusiones diferentes. Al día siguiente, sentado en el hostel con una cerveza y un cuaderno, empecé a escribir. Escribí y escribí. Y lloré. Lloré como una magdalena, porque fue cuando me di cuenta de lo que pasaba. Fue cuando entendí lo que llevaba semanas y meses negandome a mi mismo. Que la vida había cambiado y que ya nunca podría volver a ser la misma, y que o la arreglaba en primera persona del singular (yo) o no la iba a arreglar nadie por mi. Cuando por fin acabé de escribir y llorar, volví a ser consciente de donde estaba. Sonaba Frank Sinatra en los altavoces, "you are always on my mind". Me acerqué a la camarera que ponía la musica y le agradecí su sentido de la oportunidad. Y su buen gusto.

Al día siguiente, tras haber paseado con Raya y haber dejado las cosas claras (el orgullo y la dignidad son cosas muy mías), me emborraché con esa misma camarera. Hablamos sobre todo, filosofia, viajes, la vida, parejas... esa camarera me salvó de mi mismo. Yo quería hundirme y ella no me dejó. Sus respuestas eran lo suficientemente sinceras como para saber que la vida era dura, pero a la vez tenían ese punto de coraje que te decía "ok, es una mierda. Pero merece la pena." Esa camarera aún es mi amiga hoy, y aún sigue ejerciendo su magia. El verano de dos mil doce me dijo "Ale, la felicidad es tu estado natural. Mientras te mantengas equilibrado y en ella, nada te impedirá ser tu". Este fin de año compartimos historias y volvió a salvarme de mi mismo. Es curioso como viajé a Sofia buscando una novia que me permitiera olvidarme de mi identidad, y encontré a una amiga que me la recuerda constantemente. Pero así es la vida.

Precisamente esa semana, según volví de Sofia, me quedé en Madrid en casa del Pala. Iba a hacer unos examenes de alemán en la Escuela de Idiomas Militar y no sabía que quería hacer con mi vida. Raya y Martin me convencieron para que me presentara a suboficial, pero yo lo dejé en manos del barco. Y el barco me falló. Me dijeron que iría a navegar y que me olvidara de prepararme las pruebas. Tenía tres meses por delante y aún no había tocado un libro, ni empezado a entrenar.
En esas estaba, cuando apareció en mi facebook la amiga rusa de la niña que no habla. Alina. El primer día que hablamos nos reimos y me preguntó "Ale, tu que pareces un tío viajado... ¿qué te parece Cádiz?".
Recuerdo que le dije "Cádiz es una ciudad maravillosa, si tienes quince años o sesenta". Que coincidió mucho con su forma de pensar. Y a partir de ahí, a flashes, nos fuimos haciendo amigos. Es curioso como Aliusha, que también apareció de pasada -era la amiga de una conocida, con un novio de mi ciudad -, ha terminado convirtiendose en una de mis mejores amigas, alguien con quién siempre puedo contar, fuerte, creativa, inteligente. Ese viaje a Bulgaria fue una idea maravillosa, aunque curiosamente fallé en el examen del perfil, probablemente por el rebote con el barco.

Ya estaba medio decidido. Estudiaría una carrera y saldría de la Armada en cuanto tuviera una salida interesante. Entonces se metió por en medio mi madre. Habló con un amigo suyo, ese amigo habló con otro amigo y, de repente, mi jefe vino a verme y me dijo que no sabía lo de mi situación y que me quedaba en Cádiz. Yo flipé. ¿Qué situación? Si, tenía problemas en casa, logico, pero no mayores de los que tenía la semana anterior. El caso es que, con el tiempo, he aprendido a no preguntar cuando me pasan cosas buenas y coger lo que la vida me da. Yo en ese entonces aún estaba haciendome. Entendedme. Mi psicologa me había dicho "Ale, ahora que tu hermano no está, piensa en positivo. Planteate todo lo que siempre quisiste y no pudiste porque tenías una misión". Pero yo no quería nada. Mi vida era mi misión. Y entonces, de repente, tenía otra misión. Ok. Vamos a sacar la oposición y luego ya veremos. Aliusha estaba conmigo, ¡más dinero!. Y puse mi vida en pausa. Dejé de intentar encontrar a alguien, dado que Raya (y Radi) habían desaparecido, Inna parecía interesante pero... lo primero era lo primero.


Y entonces apareció la adolescente. Mar. Entonces se llamaba María. Yo salía del trabajo, iba a clase cuatro horas de matematicas y fisica y luego intentaba aprender a nadar. Tenía algo de vida social algun ratito, muñequitos y cosas así. En clase estudiaba. Era una academia donde iban gente que se atascaba con matematicas y fisica en la carrera o chavales que preparaban selectividad, pero a nivel de sobresalientes. Esta chica siempre se me acercaba a hablarme. Un día que estaba medio libre me quedé después para acompañarle a casa. Charlamos. Comentamos sobre la gente, formas de pensar, formas de vivir. Ella me preguntó. "¿Acaso las intenciones no cuentan para nada?". Yo le cité a Deivid. Hace más quien quiere que quien puede. Y le dije que las intenciones, cuando son sinceras, cuentan más que algunos hechos. Creo que fue en ese momento cuando supimos que ibamos a ser amigos, aunque no tuvieramos ni idea de como era eso posible. Y aunque parezca mentira, ella me hizo. Al igual que nací en Bulgaria, me hice en Cádiz, paseando junto a una niña de dieciseis años que tenía todo mucho más claro que yo.


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