viernes, 25 de abril de 2014
En mi isla
Decía Milton que ningun hombre es una isla. Bueno, no lo somos. Pero estamos. Yo concretamente he hecho de mi vida en Ferrol una cosa totalmente insular, casi autista. Pero eso no es demasiado malo.
Hace tiempo intenté tender puentes. Acercarme a vuestras otras islas, ver lo que se cocía por allí. Escuché vuestra musica y vi vuestras fiestas, asomando la cabeza por encima de la valla. Luego volví a mi jardin y cogí un libro. Estoy comodo con mi silencio. Quizás no sea muy divertido... pero es mío.
Es un proceso complicado aprender a estar solo. Yo aún estoy en ello. Se supone que llega un momento en que uno decide que quiere y que no quiere. Bueno, yo la segunda parte la tengo casi clara. Porque vivimos en mundos muy diferentes, aunque pasemos doce horas al día sentados en los mismos sitios. Hay cosas que para vosotros son perfectamente naturales y para mi son excepcionales, y viceversa. Por eso cuando tenéis un detalle, un detalle hermoso y simpatico, no sois consciente de que no funciona. Es uno de los pasos más dificiles de la empatia, dejar de pensar "que me gustaría que me hicieran a mi" y pensar "que le gustaría que le hicieran a él".
Aún así es un gesto muy hermoso y os honra. Sobre todo porque sois muy buenas personas y me queréis.
Pero yo estoy cansado. La escuela me quema, oir su nombre me amarga, y me asesina. Y cuando os miro, recien salidos de allí, no puedo pensar en otra cosa. Necesito un periodo de latencia, un espacio en blanco entre parrafos. Un suspiro. No se puede construir un edificio en un solar ocupado por otro, o se modifica el que hay o se destruye y se construye uno nuevo. La mente, por estanca que sea, termina filtrando información de un compartimento a otro. Ojalá fuera tan facil pasar de "mi colega de uniforme" a "mi colega de la calle", como cambiarse de ropa.
También es curioso como me cuesta construir cosas. Será el cansancio. Ya hace mucho que hablaba con alguien, compartiamos tres ideas y eramos amigos. Ahora hay que ir paso a paso, experimentandose, equivocandose, arreglando. Las cosas se han puesto complicadas en esta isla, será porque afuera hace marejada y llueve siempre. El gris se mete debajo de la piel y provoca necrosis, que curioso como se cae ese trozo. Pensaba que le tenía más cariño pero, una vez se rompe el vinculo, el pasado se convierte en historia. Deja de ser "era", que aun puede ser, y se convierte en "fue", como fotos en un album de tu madre, historias que conoces, quizás empatices, pero ya no vives.
Todo es una fase. Todo pasa. Y en un momento dado hablas con alguien, o ves un gesto, y es como si nunca os hubierais dicho hasta luego. Reconozco a casi todos mis compañeros de espalda, por la forma de andar. No puedo quejarme. Hace poco alguien me pinto una sonrisa y, tras apuñalarme sin piedad y dejarme destrozado, sin esperanza, acabado, luego vino a recordarme que existe esperanza, que la vida puede ser algo más que deambular. Con una mano quita y con la otra da. Pero al final, cuando sube la marea, queda poca tierra en esta isla. Apenas la suficiente para mi y mis tonterias. Ese es el momento para sacarse una cerveza, mirar al horizonte y disfrutar de lo que uno es. De las historias, de la gente, de los recuerdos, de los momentos. De lo que ha venido y de lo que vendrá. Y no darle más importancia al ahora, a este espacio en blanco de mi vida, esta pausa de años, que espero pronto termine y el motor vuelva a arrancar.
Eso sí, no me pidais que fuerce y sea lo que no soy. Porque sé que lo hacéis con la mejor intención, pero yo no puedo, ni quiero, ser como vosotros. ¿Qué me haría feliz? Quizás. A uds os hace. Pero yo, si bien aprendo muchas cosas y las adapto a mi forma de ser, no puedo cogerlas todas ni hacerlas a vuestra manera. Hay que traducir al idioma isleño, lo que en el continente, el mainland, es el pan vuestro de cada día. Pero si fuera del continente, no soñaría como lo hacemos aquí afuera.
Con una mano quita, con la otra da.
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