miércoles, 2 de abril de 2014

Soltandose de la manita (II)


Aún no he dicho que era tan especial de Mar ni porqué me hizo como me hizo. Al igual que cuando entré en la Marina fue como si activara una parte de mi que siempre estuvo latente, cuando Mar y yo empezamos a hablar me pasó algo parecido. Debido a que nos encontrabamos poco, le pedí el correo. Un fin de semana de Mayo fui a Antequera para una feria. Iba con mi amiga María y quizás me encontrara a mi ex novia, Alisa. Eso no pasó. Alisa tenía novio y no iba ni a saludarme, aunque yo viniera desde trescientos kilometros e hiciera meses que no nos veiamos. Curiosamente, no nos hemos vuelto a ver nunca.
Como iba diciendo, estaba en Antequera y un poco decepcionado. Y apareció Mar en el msn. Su primer comentario fue recomendarme una pagina porno. No hubo cejas arqueadas por mi parte, claro, sino una consideración objetiva. Hace falta un ariete muy grande para modificar mi centro de equilibrio. Así que hablamos de todo y de nada y la información fluyo. Percepciones, opiniones... todo desde una perspectiva totalmente abierta, usando los prejuicios como plataforma desde la que saltar a otros puntos de vista.
Eso fue lo que supuso Mar para mi. La aceptación de mi forma de ser. Encontrar una chica que pensara como yo, alguien con quien jugar, con quien aprender, con quien dudar. Alguien con quién podía hablar de esa chica que me gusta y luego besarla. Alguien con quién ver una peli romantica y mofarnos, mientras nos abrazamos. Alguien con espinas... pero alguien tierno. Muy fuerte y a la vez fragil.

Os voy a contar una historieta. Ibamos por la calle, abrazados, y me preguntó. "Oye Ale... si encontraras una chica con la que estuvieras mejor que conmigo... no más guapa ni más inteligente ni más nada, sino con la que compartieras más y estuvieras más a gusto. ¿Me dejarías?". Yo lo pensé un momento y le dije. "Claro. Sería idiota si no lo hiciera". Ella me dio un empujón, me abrazó más fuerte (tenía una forma de abrazar increible, como si te fuera a romper) y me dijo: "¿lo ves? ¡Es que es totalmente logico! No entiendo a la gente que piensa de otra manera".
Mar fue la demostración de que se puede vivir de acuerdo a un codigo nihilista basado en la fuerza y la confianza, sin tener que estar apresado por la seguridad. Fue la confirmación de muchas cosas que yo he pensado durante años pero todo el mundo me decía que estaba equivocado. Y a la vez, fue mis primeros pasos a la hora de experimentar una relación sin ideas preconcebidas, sin clausulas pactadas ni prejuicios. Y fue maravilloso, aunque nos hicimos un daño terrible.

Ha habido más cosas. Yo me equivoqué. Aprobé mi examen y de repente quise cambiar mi vida. Volverme un chico adulto, responsable. Y Mar era muy joven. Tenía que salir con chicos de su edad, yo me iba a Ferrol en unos meses... me distancié. Y cometí el unico error del que me arrepiento en años y años. Hice lo que debía. No me escuché a mi mismo. Y perdí a una de las personas más especiales que han pasado por mi vida y alguien que fue muy importante, basandome en un prejuicio idiota. Toda mi relación con Mar estaba basado en lo que eres, no en lo que pareces. En como te comportas, no en la etiqueta que lleves. Y yo me salté esa norma basica, la unica que teniamos, y la perdí. Pasaron semanas y meses. Y cuando quise recuperarla, ya era demasiado tarde. Cruzamos lineas que no debiamos cruzar. Ella me ofendió. Y guardó rencor por algo que no habría tenido mayor importancia, de haberlo resuelto cuando y como lo debimos resolver. Pero había demasiado orgullo, había demasiada arrogancia, había demasiada certidumbre, había demasiado miedo. Y uno de los dos tenía que cruzar a la orilla del otro. Yo lo intenté pero no había nada al otro lado.

Hasta que de repente hubo algo. Volvimos a hablar. Con mucho cuidado, procurando no hacernos daño, poquito a poco. De casualidad, como tantas cosas. Un antiguo compañero me comentó que había conocido a una chica en el gimnasio. Esa chica le había hablado de mi porque se acordaba de mi mote de marinero. Yo conozco a muchas Marías, pero solo a una Mar. Le mandé un email sin esperar respuesta. La recibí. Y hablamos, pero la prisa nos pudo. De repente ella dijo cosas que yo nunca pensé que se atreviera a decir. Yo dije lo que siempre había pensado. Y con todas las cartas sobre la mesa, de repente ella descubrió serpientes debajo de esas cartas. Me las tiró a la cara. Las serpientes no eran tales, y cuando hablamos hubo magia. Nos desnudamos con palabras. Siempre habiamos estado espalda contra espalda y de repente nos mirabamos a la cara. Yo no quise hacer esto. Tu no quisiste decir lo otro. Eramos unos crios. Y ese peso que tenias en la espalda, ese episodio de tu vida que nunca quisiste que acabara así... acaba en un farewell. Una despedida deseando buena suerte, con la cabeza alta, un apretón de manos. Y cuando la piel se separa, sientes una sonrisa dentro de ti que te indica que has hecho lo correcto. No lo que todo el mundo pensaría que es lo correcto, sino lo que en tu interior sabes que es. Lo más honesto contigo mismo. Has sido tu. Y en ese acto, redimes tantos actos miserables, sucios, oscuros y reprobables. Y puedes perdonarte a ti mismo algo que nunca te habrías perdonado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario