miércoles, 16 de abril de 2014

El valor de los niños


En tu interior lo sabes. Con la certeza que te da conocerte a ti mismo y reconocer el entorno, como un viejo pescador que escucha el viento, mira al cielo y sabe que va a haber oleaje. No hay duda. Decía nuestro maestro de esgrima que, si miras bien los ojos de tu adversario, eres capaz de adelantarte a sus movimientos, porque antes de al brazo el ataque va a la mirada.
Decía Benjamin Franklin que la sociedad que renuncie a su libertad para obtener seguridad, no merece ni la una ni la otra. En mi vida eso es así. Cada día que me levanto me gano el derecho a ser quien soy. Yo nunca dejo de pelear. Es cierto que hay peleas más activas que otras... pero no me quiero aposentar. No quiero que me regalen nada.
Los niños en ese sentido son impresionantes. Se caen y se levantan de un salto. Hay que agarrarlos para que no hagan cosas que ya de arriesgadas pasan a peligrosas. Si tienen fé, tienen fé con todo. Si odian odian a muerte, si aman definen la palabra amor. En cuanto nos hacemos adultos dejamos que el miedo nos condicione, que la presión social nos limite. Marcamos nuestras barreras, vivimos en una carcel que nos construimos nosotros mismos.
Debía haber sabido que eso es lo que iba a encontrar. Hay tan pocos niños ahí fuera, tan pocos... y los que hay se esconden, porque saben lo que le hace la sociedad a los niños. Los disciplina. Los mete en colegios, en escuelas, en equipos, en grupos. Deja que la doctrina del grupo se imponga al criterio individual. No deja de ser curioso como, a pesar de vivir en la sociedad del individualismo, el instinto gregario, de manada, se impone con tanta brutalidad. Individuales, sí, pero dentro de determinados limites. Y no preguntes porqué.

Así que vuelvo a la casilla de salida. He dormido, he jugado, he pensado. Y vuelvo a meterme las manos en los bolsillos, coger la maleta, un libro y empezar a moverme. ¿A donde? No sé. Ya me iré apañando. Yo no necesito mucha seguridad y sí mucha libertad. Y me molesta bastante la tendencia que tenéis a ponerle nombre y fecha de caducidad a las cosas. Vivid. Ya habrá tiempo de pensarlo después. Que decís eso de "es mejor arrepentirse de lo que hago que de lo que no hago", pero a la hora de la verdad queréis que os aseguren que todo saldrá bien antes de intentar nada. Y así os va.

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