martes, 8 de septiembre de 2015
Vicio y vertigo
Que fácil lo hace, maldita sea. Tengo mis guardias, mis puertas, mis defensas. Le digo adios al amor. Tengo una cara de poker sumamente respetable.
Y llega la maldita, arranca a correr y me salta encima. Y nos caemos de espaldas en el suelo y me río a carcajadas. Así. Una y otra vez. Es un ariete contra mi cordura. Y me encanta, que le voy a hacer, me encanta. Salta todas mis barreras y me deja hecho un flan.
Pero hay que saber parar. Hay que desengancharse. No tengo quince años, por el amor de Dios. No puedo ponerme a soltar risitas como un niño idiota ni salir corriendo y dejarlo todo. Tengo una vida que vivir en tiempo presente. Así que me toca centrarme, olvidar esto y aparcarlo para más tarde, hacer como que no existe. Ella es una maestra en eso. Dentro de media hora ni se acordará de haber hablado conmigo. O eso me repito a mi mismo hasta que parece verdad, igual que hace ella a unos tantos kilometros. Que absurdo.
Lo que no quita que me vuelva loco y me encante. Supongo que eso es el amor. Mierda.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Este me gusta 😊😉
ResponderEliminar