viernes, 18 de diciembre de 2020
Amistades como gallegos
Procesadores de realidad
lunes, 7 de diciembre de 2020
¿Qué problema con el heavy?
domingo, 29 de noviembre de 2020
La admiración necesita distancia
domingo, 15 de noviembre de 2020
Proyectos a medias
jueves, 22 de octubre de 2020
Hay un adulto en la sala
Seducir no es conquistar
lunes, 19 de octubre de 2020
Diosas sexuales
viernes, 16 de octubre de 2020
Un proyecto vital
miércoles, 14 de octubre de 2020
Así muere la democracia, entre el sonido de los aplausos
Un día de la Hispanidad indignado
sábado, 10 de octubre de 2020
Lo que quieres querer
viernes, 9 de octubre de 2020
Todavía hay sangre en la arena
You are only human o The flight of Icarus
Me acerqué y me mordieron
jueves, 8 de octubre de 2020
El fantasma en medio
viernes, 2 de octubre de 2020
La teoría del alambre de espino
jueves, 1 de octubre de 2020
Relaciones a brochazos
domingo, 27 de septiembre de 2020
Sobre Noland y Pepa Pig
jueves, 24 de septiembre de 2020
Sobre el contrato scial
Porque somos una democracia al nivel de Uganda
lunes, 21 de septiembre de 2020
Infiltraciones culturales
domingo, 20 de septiembre de 2020
Un cruce entre tecnología y sociedad
jueves, 17 de septiembre de 2020
Arte vampírico
Un pendiente
viernes, 11 de septiembre de 2020
Cuando perdemos las mínimas formas
martes, 18 de agosto de 2020
En nuestra cabeza, siempre tenemos razón
La atención se mide en gestos
El hogar son ellas
martes, 11 de agosto de 2020
De vuelta a mi mismo
Ayer tuve un día un poco revoltoso emocionalmente. Y al caer en la cama, de repente, se me ocurrió que no puedes dejar que el miedo guíe tus acciones. Y que ese es el problema. Una vez quieres que todos estén bien y te preocupas por todos... dejas de preocuparte de ti mismo. Dejas de disfrutar. Dejas de jugar, de probar, de reírte, de equivocarte. De entender que la única forma de avanzar es probar cosas y la única forma de vivir, es ser fiel a ti mismo. El deber, la obligación, la responsabilidad... están bien cuando son voluntarios. No cuando eres prisionero de decisiones que has tomado o te han obligado a tomar.
Tampoco somos hojas en el viento. Vivimos en un entorno de relaciones en el cual, a veces, debemos ser menos egoístas y pensar en el grupo. Pero esa es una decisión consciente, voluntaria.
Ayer me di cuenta de que puedo ser yo mismo y eso no está mal. Puedo ser divertido e idiota, profundo y filosófico. Puedo ser hambriento y sarcástico, dar con una mano y quitar con la otra y no tengo porqué vivir anestesiándome con hobbies que terminan siendo un trabajo y con miedo a dejar de hacer cosas. Ayer entendí que puedo, simplemente, sentarme con un té y un libro y el mundo puede esperar.
Ayer fue un buen día. Quien lo diría.
PD: Hasta luego, monstruito. Se te echará de menos. Gracias.
jueves, 6 de agosto de 2020
Dinamicas de poder y micro abusos
Porqué nos gusta el victimismo
Mantente frío
miércoles, 5 de agosto de 2020
Relaciones como intercambios
sábado, 1 de agosto de 2020
Cargando una vela
A Jesucristo lo negaron tres veces
miércoles, 22 de julio de 2020
Stand in the middle with you
Hay momentos en tu vida en que te paras, miras a tu alrededor y te preguntas que has conseguido en estos últimos meses, semanas, años. Lo que sea. Momentos en que buscas algo que justifique tu posición actual y que te hacen preguntarte como y cuando acabaste aquí.
Cada puerta que tomas, cierra otras que ya no puedes tomar.
Y hay un momento en que te preguntas si merece la pena. Incluso a Jesús, sus discípulos lo negaron. Aquel que esté libre de duda que tire la primera piedra. Y hay veces en que las cosas no van como deberían y no entiendes porqué, o entiendes que el porqué es algo que prefieres no saber. Porque va a doler. Porque puede que haya algo roto dentro de ti o en tu entorno que no puedes o no quieres arreglar y eso será terrible. La ignorancia es una excusa segura; una vez rasgado ese velo, la realidad tiene una cara muy fea.
Y sin embargo... no hay como esquivarlo. En algún momento vas a tener que pararte y mirarlo a la cara. Y esperemos que la respuesta que te dé no sea tan oscura como ahora mismo te la imaginas.
viernes, 3 de julio de 2020
Que difícil es llenar vacíos
Es curioso. Algunos pensamos que somos autosuficientes y que no necesitamos a nada ni a nadie. Otros, pensamos que tenemos vacíos que hay que rellenar y que la gente nos salvará de nosotros mismos. Y curiosamente, casi nadie somos totalmente una cosa o la otra.
A veces, tenemos heridas que hemos olvidado pero que se abren sin darnos cuenta. A veces, nos sentimos mal y no entendemos porqué.
A veces, nos olvidamos que también somos humanos. Que somos una mezcla de impulsos y carencias. Tenemos miedo a perder lo que somos y relajarnos, aunque sabemos que eso nos hace daño. Tenemos prisa por llegar a algún sitio y ser alguien, pensando que eso nos salvará. Tenemos dudas de equivocarnos y hacer lo que no debemos.
Ningún niño entiende porqué sus padres no están.
Y saber eso, curiosamente, no nos hace más débiles ni más frágiles. Cuando asumimos que vivimos solo una vez y que lo que no hagamos no existirá, perdemos peso. Somos más ágiles, más fuertes, más reales. Percibimos más. Decimos aquello que tememos quede sin decir y al demonio con las consecuencias. Dejamos atrás la preocupación, porque vemos las cosas en perspectiva y entendemos que, ese monstruo tan terrible, no es más que la sombra de una lampara.
Cuando somos libres somos más auténticos. Y solo podemos ser libres escuchándonos a nosotros mismos.
Así que sí. Es difícil llenar vacíos, pero es más difícil vivir sin saber que los tenemos y preguntándonos por donde se nos escapa el agua, el aire. La vida.
Hoy es un día para celebrar. Es viernes. Que se note.
En la noche te visitan los futuros
En la noche te visitan los futuros entrevistos. En la cama, mientras abajo la gente sigue con su vida y los coches pasan, las preguntas circulan por tu mente a toda velocidad. ¿Y si en vez de hacer esto hubieras hecho lo otro? ¿Y si esto que planeas no te sale? ¿Y si...?
En esos momentos te sientes perdido. Y te preguntas por todo. Quizás no estás donde quieres estar. Quizás no eres quien quieres ser. Decía Milan Kundera que la vida es una obra de teatro sin ensayos quizás citando a Shakespeare, pero sabes que cuando suene el despertador show must go on y tendrás que ponerte otra vez tus botas de ti mismo. Y de repente, te da un miedo atroz afrontar otro día sin saber que traerá.
Relájate. Inspira. Espira. Deja que el miedo pase a través de ti y, cuando el miedo se haya ido, solo quedarás tu. Mira tus opciones. Repasa los pasos que has hecho hasta llegar aquí. ¿Hay alguno que quieras y puedas cambiar? Hazlo. ¿No lo hay? Continua. Mira el camino que llevas y a donde te lleva y, si no es a donde quieres ir, párate. Mira a tu alrededor. Seguro que hay cosas que te ayudan a responder las preguntas que te atacan.
Deja fuera el ruido. Que nadie te diga lo que tienes que pensar o ser. Tampoco quieras pensar o ser nadie más que tu mismo, con tus defectos y virtudes. La vida te ha dado muchísimas herramientas para desarrollarte y ser la mejor versión posible de ti misma.
¿Gruñes? ¿Te parece positivismo absurdo? Un paraguas es un objeto absurdo hasta que empieza a llover. No desprecies nada que pueda ayudarte; cálmate. Ese ruido desbocado que escuchas es tu corazón.
Sin darte cuenta te has quedado dormido. Te despiertas con un sabor incomodo en el paladar. Recuerdos. Gente de tu pasado y de un futuro que ya no existe. Cada puerta por la que entras deja atrás otro montón de puertas por las que no entrarás y ahora, mirando a tu alrededor, notas algo que parece una cadena en tu cuello. ¿Por qué me he metido en esto?
Porque querías. Y porque quieres. Porque cuando te has parado a analizarlo, resulta que merece la pena y es algo bonito. Y aunque hay días malos, este camino no es un castigo que te ha caído sino una decisión consciente tuya. Miras tus botas de ti mismo y de repente no te parecen tan grandes ni tan pesadas y te das cuenta de que puedes.
Pero antes, una pausa. Entrenamiento. Ducha. Afeitarse. Que el día no te vea con mala cara, ponte tu sonrisa de salir a pasear. Guarda los cuchillos debajo, porque no todo el mundo entiende una caricia como una invitación y muchos creerán que eres una victima. Sorprendeles. Disfruta de tu té, disfruta de tu tiempo. Disfruta el ahora.
Y antes de salir, mira atrás. La cama hecha y el hogar, ese que te has hecho a ti mismo, tu cueva donde refugiarte y a donde volver. Y tu puerto base desde el que salir a navegar, a ver que hay más allá del horizonte. Repasa tus objetivos y comprueba que todo va como quieres. ¿Un tropezón? A veces pasa. Jesucristo eligió a sus discípulos y uno le traicionó y otro renegó de él. ¿Qué hay de malo en equivocarse? Perdónate a ti mismo. Y mira a la cara a esos futuros que vienen a visitarte y entiende porqué atravesaste esta puerta y no ninguna de las otras quince, y porqué ahora atraviesas esta y no otra.
Tu ocupas tus botas. Que se note.
P.S: Dedicado a mi mejor parte.
miércoles, 10 de junio de 2020
Cuando te pican el billete
Hoy, por circunstancias que no pondré aquí, pienso en muerte. Pienso en ese momento en que te pican el billete, o parece que te lo van a picar y de repente te das cuenta de que todo se acaba. De que no habrá "otro día" o "la próxima vez". Se acabó.
En ese momento todo lo que eras, has sido o podrás ser deja de existir. De repente, eres un organismo, un mecanismo biológico que ya no funciona.
Siempre te queda la certeza del deber cumplido. Las cosas buenas. Has creado algo que te sobrevive, has cumplido tu misión. Has ayudado a gente, has contribuido con tu familia. Has sido alguien digno y mereces respeto.
¿Es suficiente eso? ¿Puede ser suficiente? Cuando te cierren los parpados y te pongan la moneda debajo de la lengua, ¿qué pensarán los que se quedan? ¿será suficiente?
Para mi no lo ha sido. Ya hace tanto... y sin embargo, una parte de mi sabe y siente que sí. Que fue bueno y que mereció la pena, que me diste todo lo que tenías y que yo te correspondí. Las historias no están hechas para durar para siempre. El recuerdo de ellas, los sentimientos que provocan... eso sí. Y algunas historias existen y existirán para siempre, aunque cambiemos los nombres y los idiomas y los escenarios y todo.
Hoy no puedo evitar pensarlo y darme cuenta de qué poco sé y que fácil se ve todo desde lejos. Qué fácil es decir palabras vacías o racionalizarlo. Que fácil justificarse. Inconscientemente, tu mente repasa todos los momentos. ¿Hice algo que no debía? ¿Estuve a la altura? Y da igual cuantas vueltas le des, nunca vas a llegar a una respuesta que te satisfaga.
¿Sabéis por qué? Porque no la hay. Porque cuando alguien se va, nunca vas a ser lo suficientemente bueno, nunca habréis compartido lo necesario. Nunca será suficiente. Siempre quedarán cosas por decir, cosas por vivir, cosas por compartir. Cuando alguien se va para el otro lado, cuando alguien se va para no volver, el hueco que deja es imposible de llenar. Y nos quedamos más solos, más tristes, más abandonados y solo podemos apretar los dientes e intentar apoyar a los que nos quedamos. ¿Nuestra pena? Luego. Para cuando esté todo bien. Una vez hayamos tapado todos los agujeros del casco y estemos seguros de que el barco flota, podremos dejar salir nuestra pena.
Pero para eso, aun falta mucho tiempo. Y mientras tanto, hay que dejar que la presión salga por algún lado. Este blog es mi carta en una botella para el hobbit del futuro. No te quiero dar malas noticias tío, pero aún nos queda bastante que aguantar y, por muy fuertes que nos creamos que somos, algunas cosas nos superan. Nos van a superar y nos superarán.
Cuando te pican el billete.. no es tan fácil seguir adelante.