domingo, 31 de marzo de 2013

Dejando Madrid por la popa


Pasamos en un momento. Tengo los pies en agua caliente, recuperando tobillos. Apenas he asumido la despedida de Cádiz, gloriosa, cuando me veo en el tren con un libro y mucho camino por delante. Recorro Madrid petate al hombro y llego al hostal, recordando lo que significa divertirme para mi. Una noche de historias, de paseo, de conocimiento, de alcohol, de sensaciones. Una noche que pasa de un salto y ya estás en el coche, disfrutando de lo que viene siendo un amigo, disfrutando de conversaciones interesantes, disfrutando de la distancia y de la tranquilidad. De esa paz que se consigue cuando tienes la sensación de "misión cumplida", y tomas aire. Y según avanzas al norte y el agua sigue su camino, implacable, y llueve y llueve y llueve... vas teniendo la sensación de que lo que dejas atrás es falso. Que nunca existió. Y te planteas lo que dice Jose, sobre que no se puede vivir el presente y a la vez fantasear con el futuro. Y tiene razón, pero hacer sinsentidos es la forma de escapar a la inexorable logica en la que vivimos. Así que a por otro asalto, y cuando nos demos cuenta ya estamos otra vez en la pelea.

viernes, 29 de marzo de 2013

Llueve


Llueve en el sur, como llovía en el norte. Camino empapado con esta absurda capucha de tela (que me da un aire monacal muy elegante, eso sí) y me doy cuenta de que hay una tercera sensación. Cuando te despides de alguien puedes tener la impresión de que te ha robado la energia, y no desear volver a ver a esa persona. Puedes sentirte estatico, crecido, más de ti mismo. Yo pensaba que solo existían esas, pero hoy me he encontrado con una sensación encontrada. La de que han pasado cosas que no entiendo y eso no es ni bueno ni malo, pero que en general está bien. Todo está en orden. Me siento agradecido por las pequeñas mercedes, aunque algunas de ellas sean ciertamente grandes cosas.

Porque hoy he aprendido mucho. He reflexionado y sentido el cambio en mi interior, dandome cuenta de que todo viaje afuera comienza con un viaje adentro. He pensado sobre el sentido de asumir una perdida y como hacerlo puede llevarte a disfrutar de tu tristeza. Me he dado cuenta, y así se lo he comentado, que en algunos de nosotros conviven varios personajes y a veces nos gustan todos los personajes de esa persona, por motivos diferentes.

También he reflexionado sobre mi. Sobre como me he llevado menos bofetadas de las que me merezco, pero más de las que me gustaría. De como la perdida de inocencia conlleva una perdida de juventud y como eso es una gran tragedia. Ya no sonrío tanto. Y quizás al no hacerlo, al abandonar el payaso que era mi escudo contra el mundo, me vuelvo más cinico, más cruel, más solitario. Pero a la vez me vuelvo más apto para un mundo que no te da a elegir, porque de la tragedia se obtiene fuerza y, como decía Nietzsche, el poder se justifica a si mismo.
También he reflexionado sobre como la gente que me quiere ha tenido que aprender a conformarse con lo que les doy, que es lo que me sobra de mi mismo. Porque lo que ves es lo que soy y no puedo volar si no tengo alas. Y porque hoy en día soy un sistema que falla, un barco que hace agua y que demasiado hace manteniendo su flotabilidad y su capacidad de maniobra para encima pedirme algo más. Soy una sombra de mi mismo. Mantengo una fachada porque sé que más adelante puede que necesite esa fachada, pero por dentro he cambiado. Antes había mucho espacio y yo era una persona pequeñita vagando por ese escenario. Ahora he crecido, y al hacerlo tengo menos margen, pero más sustancia. He hecho preguntas y he obtenido respuestas, algunas que me han gustado y otras que no.

También he recordado a alguna gente. He respondido a la pregunta de ¿es la unica persona interesante en un mundo de sombras o realmente lo sería fuera de este contexto? También he confrontado el miedo al caballero romántico, que deja que fluyan las palabras como la sangre de la herida que espero que me mate. He mirado a los ojos a alguien que me intimidaba, que me impresionaba, y he sentido que daba un paso al frente y atravesaba mi "zona de confort", para ser yo mismo y compartir, de tu a tu. Me siento más rico. Me he dado cuenta de que no tengo graves problemas existenciales, sino que el edificio está bien construido. Solo hay que hacerle pequeños ajustes, como a todo.  Y mañana volveré al camino y todo esto quedará atrás, y habrá sido hermoso. Gracías.

Y la ultima pregunta. ¿Realidad o fantasia? ¿Hecho objetivo o percepción subjetiva? Y sobre todo,¿importa? Porque ni todo es blanco ni negro, porque todo estereotipo esconde un hecho real que fue o hubo sido, porque el mestizaje es riqueza. Porque me he bañado en palabras hasta sentirme agotado, y ahora la ambrosia llena mi estomago y no recuerdo haber pasado hambre nunca. Lo dicho. Gracías.

Ya me vuelvo


Qué rapido ha pasado todo. Esta mañana he sido subitamente consciente, al despertarme, de que pasado mañana estaré en el norte. Y me ha resultado extraño como se me han venido los días encima y como todo ha pasado tan rápido. Lo cual es señal de que me ha gustado, por supuesto. Si te quedas con ganas de más, es que la cosa va bien.
También es curiosa la sensación de movimiento. Otra vez fui a correr por la mañana. Llovía y me sorprendió el olor del mar, que sabe a verde. El mar en el norte sabe a gris. Disfruté del trote y luego disfruté de sorprenderme a mi mismo. De una forma curiosa estoy llenando mis horas de minutos y mis días de horas. Me gusta. La sensación de ser un pecio a la deriva, de dejarme llevar y no preocuparme por nada, me está resultando más cómoda y agradable de lo que esperaba. Bien. Que sigan las buenas sorpresas, pero la verdad es que me da un poco igual. Ya cuento para atrás horas en vez de días y no me disgusta. Que venga lo que tenga que venir, que este ratito de tomar aire antes de sumergirme sabe bien.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Por hablar


Hoy he disfrutado de buena compañia y he aprendido cosas. Existen amistades cimentadas en tiempo compartido, en experiencias compartidas, en conocimiento. Y esa experiencia nos sirve para recurrir a ella cuando hay que explicarse. Lo que dije alguna vez sobre el idioma común. No sé si son los valores los que conforman tu lenguaje, o tu lenguaje lo que conforma tus valores. Pero el resultado es el mismo, o compartes o no compartes, o existe dialogo o monologo.
¿Qué por qué escribo esto? Porque me ha pasado una cosa curiosa. Ya he dicho alguna vez que yo pienso demasiado. En ocasiones ese "pensar demasiado" me lleva a tomar decisiones que no me corresponden a mi, al arrebatarle la iniciativa a otra gente. "Voy a llamar a no sé quién para quedar. No, a esa persona no le gusta... ". Cuando no lo sé. En este tipo de circunstancias yo suelo preguntar, por si acaso. A veces te llevas una sorpresa, y aunque no fuera así considero una grave falta de cortesía colocarme entre una persona y sus decisiones. En cambio hace un rato me pasó. Alguien decidió por mi. Planteé la siguiente cuestión: ¿no me presentas a tu colega?
Es interesante que normalmente suele sucederme al revés. Constantemente me presentan gente que no me interesa. Siempre existe un punto de curiosidad y cuando menos de educación. Yo no presumo de ser un chico muy bien educado -nadie presume de eso-, pero soy consciente de que, si espero un trato correcto, debo dar un trato correcto. Aún así os confieso, gente que me leéis, que la inmensa mayoría de la gente que hay ahí fuera es tan interesante como un partido de fútbol de armadillos. Por supuesto el hecho de que esta persona me llamara la atención no significa que sea interesante: solo que potencialmente lo era. Pero me ha molestado verme privado de mi capacidad de decisión en este sentido por alguien que ha juzgado por mi.
Pero bueno, es lo que tiene. Hace unas horas me enamoré del paisaje de esta ciudad, instantes después de chocar con su actitud provinciana y arrogante, grosera, descarada. La mujer inteligente sugiere, no muestra, el artista creativo no juega, produce. Pero mientras se pueda discutir si los tornillos son hexagonales o cuadrados, la torre se nos caerá encima. Y yo seguiré, mochila al hombro, con mis libros, mis recuerdos y mis curiosidades. Y mis sueños.

Y miro al norte


Y se me va la cabeza. Corro por la playa, esquivando monticulos de sal como no había visto nunca en mi vida. Todo cambia, aunque en esencia es igual, hasta que incluso esa esencia es devorada por las fauces del cambio y no reconocemos nada. El sudor se pega a mi camiseta pero no gotea, ¿quizás porque no estoy lo suficientemente cansado?
El problema de vivir en el tiempo presente es cuando la melancolía romántica se cuela en los huecos de la armadura. Cuando estiras las piernas en el agua salada y sientes los pinchazos de los musculos al relajarse, ese dolor placentero y dulce y la recuerdas. Cuando recuerdas su actitud, su forma de ser, su voz, su sonrisa. Otro dolor placentero, la nostalgia, ese placer morboso que nos autodestruye.
Doy la espalda al mar y mis pies doloridos se hunden en la arena mientras avanzo. Me permito una sonrisa de lobo, ¿cuantas veces vinieron por este camino los problemas? Del mar arriba. Y me giro y miro atrás y me siento bendecido por esta tierra, seca y aspera, hecha de sal y sueños, que ya hace tanto supe que ya no era la mia. Y con un suspiro agradecido, vieja amante a la que quise y aun quiero, me volví y seguí subiendo hacia la siguiente estación de este proceso de reorganización de mi vida, solo, en el que voy dejando pasar las hojas del calendario.

Y curiosamente la echo de menos. Pero la echo de menos como ella hace las cosas, sin darle mucha importancia. A lo gallego. Existe una norma no escrita en mis tratos con mujeres. Ellas no me hablan, no me buscan, no me llaman, hasta que la tensión de la separación es insufrible. Ese punto en el cual existe la duda de si se romperá, de que dado que yo hace mucho que no les hablo, si ellas no hacen algo puede que nunca haya una siguiente vez. Es un juego extraño y desagradable para mi y uno de los motivos por los que conozco a tanta gente y me relaciono con tantos. Nunca pongas todos tus huevos en la misma cesta. Porque al contrario que la mayoria de la gente, yo me nutro del contacto social de una forma compulsiva. Es una de mis enfermedades mentales y una que no me gusta. Siento mucho más la ausencia que otras personas, si bien he aprendido a dosificarme mi droga de trato humano. En esta mi ultima encarnación estoy aprendiendo a tener paciencia, sobre todo gracías a ella. Mi colega Jose decía el otro día que parece ir despacio. Eso me encanta, porque yo siempre parezco ir demasiado rápido. Es mi equilibrio y en este momento, esta pausa para tomar aire, dormir y reflexionar, agradezco que esté en mi vida a su aire. A su estilo y manera. Y aunque la tensión del momento me desgaste y viva el presente, sabiendo que vivo aquí y ahora y que todo eso es parte de otra vida, recuerdo y sonrío. Porque a veces, y esto lo aprendí de Raquel la Portuguesa, hay una tristeza que es hermosa. Y por eso dedico un momentito a mirar al norte.

martes, 26 de marzo de 2013

Una carrera por Carraca


Hace algunos años fui un par de veces al muelle de Carraca de guardia. Cogía el tren y, con mi petate al hombro, hacía ese tramo andando. No sé cuanto será, puede que tres kilometros, pero se me hacían eternos. Recuerdo quedar con gente para que me acercara en coche desde la estación de trenes hasta el barco y recuerdo la sensación de que era una distancia enorme y un tramo aburridisimo.
Después entré en la Esubo. Ibamos a correr por allí. Dejabamos a la izquierda el puente y seguiamos por una pista de tierra. En aquella epoca estaba lesionado y cada día que iba a correr era un sufrimiento. Contaba los pasos y soñaba con que acabara esa tortura, ansiaba no volver cojeando y apretaba los dientes para intentar un poco más, mientras los compañeros pasaban a mi lado con miradas entre la conmiseración, la lastima, el desprecio y el aliento. No sé cuales me molestaban más.
Hoy quise ir a visitar el barco. No tengo coche en Cádiz ni quería poner a nadie en el compromiso de acercarme. Ayer decidí que, si me levantaba bien, trotaría. Y esta mañana me he levantado una hora antes de que sonara el despertador, he comido algo del bizcocho de mi hermana, me he puesto las zapatillas de diez euros del Decathlon que tengo en casa y he empezado a rodar. Según iba para la estación de tren me he sentido fatal. No me movía comodo, respiraba mal... ¿Qué estaba pasando?
Llegué al tren y saqué el ebook. Habré empezado demasiado fuerte. Leí un poco, observé a una mujer maquillarse, observé el paisaje. Ha llovido bastante en Cádiz este invierno y está bastante verde, para el habitual desierto marrón que suele ser. Me gusta así. Subí la escalera mecánica y me quité la sudadera. Mejor pasar un poco de frío por la camiseta al empezar que no sentirme acalorado antes de hacer nada. Arranqué. Al principio las zancadas eran extrañas, comicas. Luego empecé a sentirme muy comodo. Un paso sucedía a otro y no tenía claro el ritmo, al no tener una manada de referencia no me orientaba. Pero seguí. De repente estaba doblando la esquina y pasando enfrente de la Esubo. Sonaba el teléfono, demonios. Contesté, estoy esperando envíos de cosas importantes. Lo resolví, lo dejé y volví a trotar. Ahora iba incluso mejor. Me planteé llegar al puente. Lo pasé sin problema, ágil. Empezaba a sudar y mi respiración se alteraba, pero era poca distancia. Vi el portico a lo lejos y me planteé llegar. Sin problema. Según llegué al portico estaba algo acelerado y ahí era donde acababa mi circuito, pero me sentí decepcionado. ¿Solo eso? No había ni siquiera empezado a correr. Eso era un calentamiento un poco enérgico. Estiré y esperé. Seguí esperando, así que me puse la sudadera para que no me cogiera el frío.

Entonces me di cuenta de lo que había pasado y de lo que había hecho. Me había superado a mi mismo. Una barrera que me inquietó durante meses estaba ahí, atrás. Lo había hecho, sin darle importancia, y podía seguir adelante. Como cuando aprendí a nadar, me di cuenta de que había conseguido traducir a mi lenguaje interno, esa musica personal que suena en nuestro interior y que somos nosotros, las notas de las canciones de otras personas, otros lugares, otras situaciones. Me di cuenta de que había aprendido, según esa teoria que le comentaba antes a Román:  Cuando dejas de seguir las definiciones de los demás y situas las tuyas propias, significa que has interiorizado el acto y el proceso que lleva al acto. Por así decirlo, cuando cruzas la barrera de las palabras y pasas del "ellos" al "nosotros".
Así que me siento bien. He vencido en esa pequeña prueba personal, que no significa nada. Mañana me levantaré e iré a rodar por la playa. No por las pruebas, ni por mi salud, ni para demostrarme nada... iré a rodar porque me apetece. Porque quiero disfrutar de la sensación de movimiento, porque quiero celebrar que estoy vivo y que mi vacio interior no ansia ser llenado. ¿Por qué? Porque puedo. 

Paseando por mi desierto


El "paramo" castellano me ha dejado algunas reflexiones interesantes sobre la esperanza, la soledad, la oscuridad y la compañia. También se ha llevado mucho de mi aprensión, mi tristeza, mis prisas. Se me han soltado musculos de la espalda que no sabía que tenía contraidos, he dormido como hacía meses que no dormía. He empezado el viaje hablando durante horas de la escuela y la vida allí con Jose, como si tuviera prisa por soltarlo y no supiera que hacer. Pero una vez todo ha fluido he dejado de ser lo que debo y he empezado a ser lo que soy. Sin pretensiones ni exigencias, simplemente dejandome llevar. Que es un poco lo que siento ahora mismo. Durante estas ultimas semanas y meses he llenado este blog de palabras como un loco que escribe en la pared de su celda, deseando encontrar alguien que le escuchara, rogando por tender una mano que lo salvara de si mismo. Durante todo este tiempo me he hecho preguntas, he narrado experiencias, he sufrido y luchado.
Ahora solo estoy tranquilo. Durante este fin de semana he disfrutado de las catedrales de León y Burgos, del monasterio de Silos, de un par de procesiones. De comida de verdad, de gloriosa compañia, de descanso. He ido de tapas o pinchos o como le llamen, he admirado paisajes, he reflexionado. Hemos hablado sobre la libertad y la seguridad, sobre como existe un aspecto sinergico en nuestra personalidad que se fusiona con el entorno. Antes de irme de permiso, en la cumbre de la ansiedad, he disfrutado de una conversación que me ha dejado agotado, como lo hacían las mías con la adolescente para ella.
Y ahora estoy al otro lado. No espero nada, no deseo nada. He alcanzado el paraiso para los budistas, aunque sé que solo me encuentro en el ojo de la tormenta. A mi alrededor todo ruge, bulle, se rompe, cambia. Pero a mi no me afecta porque estoy en un periodo de transición. Puedo quedar con los colegas y escuchar, puedo sentarme entre dos Milfs que juegan a tener quince años y poner caras y risitas, puedo sentirme fuera de mi cuerpo y no preocuparme por nada. Sobre todo esa es la sensación principal. No preocuparme por nada.
Sé que volverán las oscuras golondrinas. Pero en este momento, esta pausa para tomar aire, solo quiero correr, nadar, leer, dormir, soñar. Y olvidar y ser olvidado.

jueves, 21 de marzo de 2013

Girl, I feel like a sergeant


Buenos días damas y caballeros (alumnos y no alumnos). Estoy oficialmente de vacaciones. Ya es inevitable. Me pongo ropa de civil, llevo mi colgante, me dejo las cosas de afeitar en casa... sí, estoy oficialmente de vacaciones. Y me he despedido por todo lo alto. Ayer la mayor parte de las cosas que eran responsabilidad mía las hice yo, sin interferencias. También me caí haciendo una ginkana con el equipo armada y me esguincé el tobillo, así que pasé medio día cojeando a lo cuerpo triste.
Pero me siento bien. He acabado el libro de Murakami, tengo todas mis asignaturas aprobadas, los mandos están contentos conmigo. Me he repuesto a tiempo para hacer el desfile de la bandera y lo he hecho bien. Ha sido hasta divertido cuando he escuchado a Kimberly decirme "Ayer lo vi ahí, destilando autoridad". Fue muy gracioso.
También fue interesante poder hablar con ella. Mientras lo hacía me di cuenta de una cosa curiosa. Existe una parte de nosotros que es indisoluble y no se modifica, nuestro autentico nucleo, nuestra naturaleza profunda. Por encima de esa parte está nuestra conducta fluida, que dirigimos voluntariamente e impulsamos en ocasiones hacía una actuación más o menos forzada. Esas son las mascaras que nos ponemos.
Pero más allá de esas dos naturalezas, que son personales e intransferibles, existe otra reacción externa a nosotros. Es a lo que me refiero cuando digo que en una relación hay persona A, persona B y relación, que tiene entidad propia. En algunos casos, la dinamica de dicha relación condiciona nuestra conducta. Me encanta eso. Cuando hablo con ella no puedo ponerme mascaras ninguna. Yo soy una persona muy tendente a dejarse llevar. No intento controlar la vida apretando las riendas, sino que la dejo fluir e intento cabalgarla con delicadeza. Suavemente. No puedes dirigir el viento, pero puedes orientar tus velas. Por eso me encanta tanto hablar con ella, por lo que me hace a mi mismo. Hoy me decía que no tiene nada que pueda admirar yo. Tiene tantas cosas que no sé ni por donde empezar. Una de las mejores cosas que puede decirse de alguien es que convierte en mejores personas a la gente que tiene alrededor. Y ella lo hace. Con su sencillez, con su dulzura, con su elegancia, con su esfuerzo. Hace que la gente quiera hablar con ella o tenerla en su vida porque es una influencia muy positiva. Todo lo contrario a esas personas venenosas que te chupan la energia, que te tiran abajo y te desmoralizan. Por eso, aunque no le he dicho que la echaré de menos porque ya hay demasiada gente que se lo ha dicho por mi (y todo aquello de lo que se abusa se banaliza y pierde valor ), lo haré. Porque hablar contigo es un atajo a mi alma y porque, en este extraño terreno en el que el sexo parece la unica forma de calor humano y compartir, a veces un gesto o una palabra te llenan tanto.

Y hoy, tras pasar por todo esto, me siento bien. Me siento sereno, me siento estable, me siento poderoso. Me siento con ganas de aprender cosas, de viajar, de querer, de ser. Me siento vivo y un poco triste porque se acabe esto. Y me siento genial por ello mismo.

Un abrazo. Portaros mal y a ver que tal se nos da. ¡A por ello!

martes, 19 de marzo de 2013

Farewell to childhood


Existe un momento en la vida, para todos, en el que decimos adios a la infancia. Ese momento tiene una forma muy concreta: bajas los brazos. Para mi, la infancia se representa con el sentimiento y la sensación de que hay un futuro mejor. Con la fé incondicional en ese futuro, con la capacidad para soñar y abstraerse, con la curiosidad infinita. La infancia interior, para mi, es imprescindible para vivir plenamente.
Aún así, como digo, hay un momento en que le decimos adios. En mi caso, fue hace un par de semanas y me he dado cuenta ahora. Como cuando uno está corriendo, no es hasta que se enfria que empieza a notar los dolores. Y al cabo del tiempo, como una mutilación, te duele una parte del cuerpo que ya no está ahí. Aún así una parte de mi, indomita e irreductible, testaruda, se niega a asumir que la esperanza se haya ido para siempre. Está dormida, esperando su momento y volverá.
Pero volvamos a la perdida de la infancia. Es más bien una perdida de la ilusión. ¿Qué es el amor? El amor es una sensación compartida, a la vez que el sentimiento más egoista e inmisericorde que existe. Al menos en mi, claro. Yo creo que el amor es como el mar, todos lo miramos pero cada uno vemos una cosa diferente. Un poco como el test de Rorschach, en el que uno vé una vaca y otro un descapotable pero solo hay unas malditas manchas, el amor es una palabra que engloba demasiadas cosas me parece a mi.
Para mi el amor es música. A veces es Iron Maiden, otras veces es Sepultura, algunas veces es Jamiroquai. A veces es Rammstein. Ahora mismo escucho Sting y recuerdo. Pero solo recuerdo, porque he renunciado a toda esperanza. Me he rendido. Es una sensación extraña la de bajar los brazos, pero es lo que me ha pasado. Supongo que por cansancio. Decía Balzac creo que fue que "conformarse es suicidarse cada día". Que gran frase. Pero yo soy un maldito muerto viviente. Ya he respondido a la pregunta "qué soy". Antaño fui un vampiro. Ahora, apenas soy un zombi que arrastra los brazos por la vida en busqueda de cerebros que le permitan tirar un poco más, un poco más... estoy embrutecido. He perdido la capacidad de sentir la belleza en un paisaje, en una idea, en una persona. Solo me quedan los impulsos, los estimulos más animales capaces de atravesar la capa de espuma que envuelve mi alma, que ya no sé ni por donde debe andar. He renunciado a ser la rana que se burla de la princesa mientras se rie con los colegas, porque ya casi no quedan colegas (otra de las consecuencias de hacerse adulto). Ahora veo porno y me consumo por dentro, mientras la frustración da paso a la ira y solo el deporte me permite olvidarme de mi mismo un rato.
Bueno. Ya pasarán las nubes y saldrá el sol. Y, ¿quién sabe? Quizás volveremos a jugar con las palabras. Pero toda herida, toda lesión, deja una marca en el alma y nunca se curan del todo. Save me tonight? Ya me temo que estoy más allá de la salvación.

lunes, 18 de marzo de 2013

Time goes by


Uno de mis defectos más curiosos es mi conciencia del tiempo. Me sucede desde hace unos años, cuando tuve un trabajo estable, empecé a navegar y me di cuenta de lo que vale el tiempo presente. De que no puedo perder una tarde haciendo algo que no me gusta, que escuchar gilipolleces me provoca urticaria, que lo que quiero lo quiero aquí y lo quiero ahora. A la vez, en la segunda mitad de los veinte uno aprende que lo que no viene ahora... quizás venga luego. O no. O quizás tampoco fuera tan importante. Anda, ponte otra y vamos a seguir charlando, que afuera llueve, hace frío y no me apetece decirte adios. ¿Como decías que te llamabas? No, eso no tiene mucho sentido. Yo no pregunto los nombres: me dan miedo.
Hoy me pasó. Estaba teniendo una conversación interesantisima y me dio lastima interrumpirla. Pensé en decirle a mi interlocutor: quedamos luego de esto. En el mundo real. Pero decidí dejarlo. ¿Para qué? Efectivamente, cuando yo dejé de impulsarla la rueda se paró. Sé que he sido bendecido con la capacidad de crear magia, hacer conversaciones interesantes, contar historias, vivir. Vivir con mayusculas, produciendo vida. Pero a veces estoy cansado y me pregunto si quiero seguir así. Si la vida es una línea que va de A a B... ¿por qué seguir malgastando mi tiempo?
Pero luego llego a casa, me miro en el espejo y sonrío. Tengo treinta años y sigo aparentando veintipocos. Y los seguiré aparentando, salvo que algo suceda, durante años. Sonrío demasiado para envejecer. Quiero vivir demasiado como para permitir que la rutina sea otra cosa que un contrapeso a lo que es "mi vida" real. La que sucede en palabras, en conversaciones, en historias. En encuentros, en musas, en romances, en viajes, en peliculas, en libros. Así que el tiempo va, pero como todo en la vida, nosotros elegimos como tomarlo. El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional. Y dejaré de sentirme joven cuando yo decida, y ni un minuto antes, aunque esté aprendiendo a disimularlo de una maestra.

A proposito del pecado


Interesante tema. Como me gusta cuando hablas así. Como me gusta cuando hablas.
Concentremonos, por favor. ¿Qué quería escribir sobre el pecado? Me resulta fascinante como el pecado es una forma de medida social. En el tribalismo humano, el pecado es un delito individual cometido contra el grupo, que debe ser reconocido por el mismo individuo y castigado a sí mismo. Entonces, ¿por qué nos resulta tan atractivo?
Por la negación. Desde pequeño nos enseñan a disciplinarnos negandonos nuestros deseos. Como individuos sociales, tenemos que limitar nuestros intereses personales a los del grupo. Primero la familia y posteriormente grupos más grandes nos condicionan. Esto se hace y esto no. Y lo extremo, lo que nunca se debe hacer, lo que ni se menciona... eso es pecado.
Por eso el pecado es tan atractivo. Por eso en esta sociedad donde se relativiza todo el pecado ha perdido parte de su encanto. Ya no hay que temer la exclusión social, porque hasta cierto punto todos estamos excluidos. La fragmentación de los grupos humanos nos ha dejado a la deriva y el pecado, que antaño fuera con mayusculas, ahora es solo... eso, pecado. Otra excentricidad más.
Y en cambio, cuando lo dices tu adquiere otra dimensión. Musa de mis deseos, me pregunto si siento algo real o me engaño a mi mismo con un sentimiento. Me encanta. Pragmatismo al extremo contra alguien que pone los pies en el suelo solo para tomar impulso, no sé como interpretarte, no sé como leerte. Y sé que no tiene importancia, porque apenas nos cruzamos instantes. Tu tienes una vida de la cual esto es solo un paso más, un escalón a pasar, y yo soy una luciernaga dentro de una botella, chocandome contra el cristal mientras intento encontrarle un sentido y voy perdiendo mi fuerza. Me soltarán y volveré a brillar. Pero lo que fuimos seremos y el recuerdo queda.

Hoy me he casi sorprendido de la futilidad de los contactos sociales. De las conversaciones que quedan interrumpidas por un grito y no se reanudan. De las posibles amistades que son nada. ¿Y me dicen que soy cruel por afirmar que uno trabaja con lo que tiene? What comes around, goes around. Y mientras, observo tus ojos de blue y pienso en cuantos oscuros y deliciosos pecados, para ti mujer con firmes raices sociales, supongo yo, nomada imposible, tejedor de sueños, niño que deja pasar el tiempo.

domingo, 17 de marzo de 2013

Historietas del finde


Hacer reseña de la historia del cuaderno verde y la historia del hamster incendiario.

Capacidad de decisión


Le decía a Ligia que, en un mundo dond etoda decisión es uan respuesta condicionada, no puede haber libertad verdadera. Si hago lo que me dicen, no asumo la responsabilidad y no crezco. Es un tema interesante que deja caer de pasada Ken Follet al final de "El invierno del mundo", como hay gente que necesita una autoridad (Dios, El Partido, Jose Ramón de la Morena ) que les coloque una linea de "bueno" y "malo" para sentir que el mundo está en equilibrio y funciona. Eso está bien. To lead and to follow. Las estructuras piramidales funcionan muy bien para determinadas tareas, pero para mí nunca han servido. Lo cual es curioso teniendo en cuenta donde trabajo. Pero como digo algunas veces, la escuela no es la vida. Es una parte de ella, además una parte bastante irreal. Aún así, volviendo al tema del título, la capacidad de decisión es indisoluble de la responsabilidad y de la iniciativa. Necesitamos poder elegir, para luego hacernos cargo si sale mal.

Y dentro de la serie de revelaciones actual, que comenzó hace unos días o semanas, ya no sé, dandome cuenta de que alguien tiene un lado oscuro (lo cual no me disgusta), ahora he descubierto cosas sobre mí. Dije hace tiempo que Carol era mercurial. Lo peor es que yo también lo soy. Vicen intentó consolarme y decirme que no, pero en eso me temo que Vicen se equivocaba. Tengo un lado femenino demasiado desarrollado. Yo doy y quito, juego a desvanecerme y necesito el cambio. La rutina también, para equilibrarme, pero mi naturaleza, mi misma esencia, es dinamica. Necesita variar.
También me he dado cuenta de que carezco de determinadas herramientas sociales. Al no importarme lo que piensen los demás de mi pocas veces, sobre todo cuando estoy comodo, pienso lo que digo. Eso da lugar a situaciones incomodas.

Pero ahí no hay duda sobre mi iniciativa y capacidad de decisión. Y por tanto mi responsabilidad. En el momento en que eliminas el factor "decide", eliminas el factor "pero asume las consecuencias". Y con ello devuelves al hombre al estado de niño en el colegio, apenas una pieza en un engranaje.

¿Qué soy?


Me lo pregunto mirandome al espejo desde hace un rato. Llevo mucho tiempo fingiendo no ser nada, fingiendo ser lo que esperan que sea, fingiendo que no me importa, fingiendo... que ya no sé ni quién soy. Creo que solo es cansancio. Necesito resetearme y volver a la configuración de fabrica.

sábado, 16 de marzo de 2013

Flujos de información


Consulto el movil y el facebook y calculo tiempo entre respuesta y pregunta, mido si alguien me escribe o si no lo hace. Como un chamán que observa el vuelo de los pajaros, intento leer entre lineas o adivinar. Mi talento para leer a la gente, con contadas excepciones, no sirve para nada a distancia porque la interpretación y uso que hace cada uno de las herramientas es distinto.
Push the tempo. Hay un momento para correr y un momento para tumbarse. Hay un momento para estar rodeado de gente escuchando ruido y un momento para sentarse a mirar el mar. También dentro de mi cabeza.
En cuanto a las actitudes de la gente, hace un rato recordé un artículo de las Reales Ordenanzas que me encanta. Ahora, gracías a un profesor, lo tengo impreso en casa y he podido leerlo. Dice "estará en disponibilidad permanente para el servicio". Esa es la expresión. Cuando la gente habla de intenciones, mejor debería referirse a disposiciones. ¿Te gustaría llamarme o estás dispuesto a llamarme? A eso me refiero. Aquella épica pregunta, es que las intenciones no cuentan para nada, debería referirse mejor a las actitudes. A la capacidad para hacer algo, más que al mero deseo. Muchas veces nos pasamos la vida deseando que llueva. ¿Por qué? Mejor ir afuera con un cubo y conseguir agua.
Será la fiebre o los antigripales, pero estoy en una nube. Portaros mal, hasta pronto.

viernes, 15 de marzo de 2013

Hambre


Gracías señor por ponerle nombre y apellidos a ese oscuro objeto de deseo. ¿Me engaño a mi mismo? Seguramente. Pero te temo y me temo. Te observo y me alegra el día. Tu sola presencia me hace vibrar, tu forma (tan netamente solida, tan imposiblemente real). Tu certeza, tu fortaleza. Eres como una montaña, hermosa e inalcanzable.
Me deshago. Te observo y siento ebullir en mi interior cuanta pasión enterrada escondo. Las mascaras se caen y ante mi mismo me observo como lo que soy. Un ser imperfecto, esquivo, hecho de realidades contrastadas y oscuridades fugitivas, mentiras que conducen a promesas que conducen a mentiras, en una matriushka de historias y personalidades que me esconden de mi mismo. Ante ti, no puedo ser nadie más que yo. Yo y mis impulsos.
Y te temo. Por eso no te puedo hablar con libertad y solo desde la distancia las palabras suceden a los pensamientos, que explotan en una voragine de sensaciones, colores y sonidos en negro sobre blanco. Por eso te sonrío tras unos días y quiero tocarte, pero temo no poder parar una vez empiece.  Palabras. Tengo una vida hecha de palabras, que son simbolos, que son conceptos, que son ideas. Estamos hechos de ideas que dan forma a la arquitectura de nuestro mundo. Nuestras relaciones, nuestros deseos, nuestras inquietudes.
Deseo. Te observo desde dos metros y me dejo hipnotizar por la forma de tu cuerpo. Observo tus dientes de reojo cuando sonríes, observo tu nariz que me hipnotiza, observo tus ojos sabios, ojos profundos, ojos eternos. He intuido tus garras y me gusta desengañarme, poco a poco, como si tu personalidad se desnudara ante mi en una danza sensual. Caigo. Caigo en una espiral en la que tu surges, me deslumbras, me iluminas. Eres ese faro que está a lo lejos, que me enseña el camino pero que, si algún día lo alcanzo, será mi muerte. Y yo como una luciernaga atraida por la luz vuelo una y otra vez hacía ti, detenido en el último momento por un instinto de conservación demasiado fuerte. Soy una partícula de metal entre dos polos de irresistible atracción magnetica.
Y vuelvo a mi rutina. Vuelvo a la oscuridad y a enredarme, al claro de luna, al espacio que queda entre la palabra y el aliento que tomas para formarla. Vuelvo a ser un fantasma, un imposible. Disfruto de mi ambiguedad, de ser sí y no y todo lo contrario. Pero mientras, desde dos metros, te observo y sé que te deseo con un ansia feroz. Y me regocijo en ese deseo.
Siento, luego estoy vivo. Gracías.

jueves, 14 de marzo de 2013

Una nota sobre cosas importantes


Hoy tuve una conversación con una amiga en la que me recordó algunas de las cosas importantes. Me preguntó cuanto importa un beso. Le dije que un beso importa tanto como una historia, y una historia importa casi más que cualquier otra cosa. Las Grandes Cosas, como son el Deber, la Familia, el Clan (que no es la familia, sino otra cosa), el Honor (va por ti, Luis), están fuera de toda discusión. Pero después de ellas, un beso es algo importantisimo. Si vamos a vivir vidas que sean literatura, vamos a empezar a pesar los momentos en función de su valor como historias. Y vamos a disfrutar de la vida, demonios, que pasa demasiado rápida para perderla lamentando o enfadados.

Nietzsche tenía razón


Hay un par de cosas que escribiera el colega en aquel enorme "El Anticristo" que hoy he comprobado que son ciertas. A saber, que el poder se justifica a si mismo, y la unica virtud que permite alcanzar el poder es la fuerza en cualquiera de sus formas. Sobre todo la fuerza de personalidad, que se manifiesta en presencia de espíritu, capacidad de hacerse entender... presencia. En la capacidad para hacerse escuchar y respetar. Esto es una interpretación, dado que Nietzsche no lo dijo tan claramente a pesar de ser un autentico poeta. Pero si quieres conseguir algo en la vida tienes que ir a por ello. Tienes que agarrarlo del cuello, alzar tus dientes y morder fuerte la garganta. Tirar hacía atrás arrancando y dejar que la sangre, roja y empalagosa, densa como melaza, te empape la cara, el pelo, todo tu. Bañarte en esa victoria y aullar feroz. Porque si no lo haces así, creeme compañero, la próxima rafaga de viento te lo quitará.
Estoy enfadado. Estoy muy enfadado porque estoy hasta las mismisimas pelotas de aguantar la envidia y la tristeza de personas pequeñas. De gente que no se acepta a si misma y espera que los demás lo hagan, mediante comentarios susurrados, mediante gestos a medias. Gente incapaz de plantar cara a quién consideran fuerte, pero que en cambio van a degüello de quién ven educado y parado. No pienso consentirlo más. Me callo, y como lo hago creen que voy a consentir cuanto abuso se les antoje. Y eso no funciona así. ¿Por qué se me respeta a pesar de que no alzo la voz? Porque saben que puedo hacerlo. Porque saben que, llegado el momento, me bañaré en la sangre de todos ellos y mi ausencia de empatia me permitirá hacerlo riendome. El ser humano, que no deja de ser un animal, reacciona instintivamente ante las amenazas. Yo soy pequeño. Yo soy callado. Pero en materia de fuerza de voluntad pura, conozco a poca gente que me pasara por encima. Y eso es algo que alguna gente parece olvidar.
Pues se acabó. ¿Por las malas? Pues por las malas. Como dijera Clint Eastwood "Mis cojones contra los vuestros y perderéis. " Ya he visto a donde me lleva el respeto y la tolerancia.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Gente fuera de la escala


Decía Jesucristo, uno de mis personajes literarios favoritos (comentario dedicado a Luis y demás colegas cristianos creyentes. Id preparando las parrillas para brujas y herejes. Dios es amor, colega ), aquello de "no juzguéis si no queréis ser juzgados ". Una de dos, o a la gente le encanta que le juzguen y son masoquistas profundos, o es que no son muy conscientes de cuantos muertos propios tenemos cada uno en el armario.
¿Que a qué viene esto? ¿Ya está el cerdo comunista este en modo anticlerical? Dios nos libre. Que por cierto, coñas aparte, a mi la Iglesia me parece una institución bastante interesante, con sus pros y sus contras. Pero esto viene a que el otro día alguien me recordó una caso de hace bastante tiempo que me molestó. Una pareja se había separado. Ella era colega mía, la conocía poco pero habiamos intimado bastante. Una chica muy interesante, muy intensa, inteligente, simpatica, vital. A fecha de hoy es una de mis mejores amigas, conocida como Aliusha. Su novio de entonces, Fran, lo conocí una noche y me cayó bastante bien. Cosa MUY rara, que los dos extremos de una pareja me gusten. Pero ese fue el caso.
Sigo. Como iba diciendo, se habían separado y eso es una putada. Yo, que dedico tanto tiempo a juzgar cosas como al scrabble en arabe, me vi más informado de lo normal porque Aliusha me contaba. Sin llegar a echar una peonada, compartí mis opiniones con la chica. Que tras tanto tiempo aún siguen clasificadas, así que os quedaréis con las ganas de saber cuales son, panda de cotillas.
Todo esto viene a cuento de que, durante esa epoca, estaba yo con mis colegas en Loreto comiendo pipas y viendo pasar la vida cuando salió el tema a colación. Se debatió la situación y se dió un veredicto, sentenciando a sita Aliusha. Que sería lo que fuera, pero era colega mía, así que pedí respeto. Yo suelo pedir pocas cosas, así que cuando las pido se me dan.
¿Y a qué viene esto otra vez? Pues a que la situación de Aliusha, desde un punto de vista "a ras de suelo", podía ser analizado tal y como esa persona hizo. Pero a Aliusha no la puedes juzgar como una persona "normal". Ni a algunas otras personas de mi vida. Porque se mueven por impulsos totalmente diferentes, porque su concepción del mundo se basa en otras ideas. Porque sus esquemas morales juegan en otra liga. En cierto sentido maravilloso y terrible se han librado del ansia de culpabilidad, de la represión y del dogmatismo social que encierra ese invento que se montaron a cuenta de nuestro colega (recuerda picha, Jesús es amor), para decidir que el miedo a lastimar a otras personas no les va a impedir ser felices. Porque el egoismo, que tan hipocritamente condena nuestro entorno social mientras se ceba a desarrollarlo, es sano en su justa medida. Porque aquello de "mi libertad acaba donde empieza la del otro" se queda corto a la hora de definir donde está la libertad del otro. Y porque, si realmente queremos vivir sin miedo, tenemos que hacerlo asumiendo plenamente las consecuencias de nuestros actos. Y por eso yo tengo la suerte de honrarme con el trato de determinados amigos y amigas que hacen la vida grande.
Gracías, gente, por enseñarme que se puede vivir sin miedo y compartir conmigo. Querría más, pero esa es señal de que estamos haciendo las cosas bien. Gracías.

martes, 12 de marzo de 2013

Play rough (like children do)


Una cosa que siempre me ha sorprendido de los enanos es su capacidad para reducir todo al mínimo común múltiplo. Plantearse todo sin prejuicios, desde una perspectiva fresca y nueva y aceptar las cosas como son, sin perder demasiado tiempo en plantearse nada más allá del siguiente estímulo. Me fascina.

Hoy, según llegaba a la escuela, estuve charlando con un compañero sobre chicas interesadas. Ese tipo de muchacha que se pega al que tiene el coche tuneado, el reloj de oro o que, directamente, la invita a copas (sí, aunque parezca mentira, a veces funciona). Yo conté el caso en el que me lié con una chica que inconscientemente piensa así. No es algo ofensivo para ella. Es una cuestión cultural. Una vez una mujer me explicó que, dado lo facilmente que una mujer sube la autoestima de un hombre mediante el sexo, este debe hacer algo para gratificar ese sentimiento. Mi amiga hablaba de bombones, flores o cualquier otro sacrificio religioso a la hembra fertil que nos proporciona sexo. En ese caso era más importante el gesto que el valor en sí, pero como todo exvoto el valor del mismo era directamente proporcional a su importancia.
Volviendo al caso del que hablaba, esta chica ha recibido interesantes viajes de otros pretendientes. La han mantenido. Le han hecho regalos caros. Y la verdad, no me sorprende porque la chica realmente lo vale. Entonces me pregunté, si yo no le regalé nada... ¿qué demonios debió de ver en mi? Yo no soy un chico joven y guapo. No tengo dinero ni una posición. Por no tener, ni siquiera tengo apellidos importantes ni planes de futuro. Solo soy lo que veis.
Estoy en plena fase de autoanalisis. Tras una serie de fracasos siempre viene un periodo de incertidumbre, de inseguridad. ¿Qué estará mal conmigo? He renunciado al mercado. He renunciado a la esperanza. O como le decía esta tarde a un compañero, he renunciado a mi pene. No fisicamente, por Dios que eso tiene que doler mucho (además ya demasiado aguda tengo la voz como para ponerme a manipular mi aparato reproductor), sino desde un punto de vista espiritual. Así cuando alguien critique comportamientos femeninos por mi parte - y tengo unos pocos -, tendré una excusa a mano.
Pero ya basta de autoflagelación. Porque recordando a esta chica, me he dado cuenta de una gran virtud mía. Mi capacidad para actuar como los niños. Para valorar a una persona más allá de su contexto, de su aspecto, de su presencia, de todo. El otro día me decía una chavala muy especial que me recuerda en un tren, hablando con ella y observandola como si quisiera leerla. Y que creía que yo era muy bueno haciendo eso, leyendo a la gente. Es cierto. Se me da bien observar a alguien y descubrir muchas cosas sobre esa persona, porque parto de una visión sin prejuicios. Juego duro, como juegan los niños. Y a esa chica, esa gloriosa chica de portada de revista, estuvo conmigo porque la desafiaba. Porque mi actitud, mi intelecto, mi respeto por mi mismo... era algo que ella tenía que conquistar. Y a mi me encantaba esa lucha, me encantaba ese orgullo, esa picardia, esa inteligencia afilada. Alguna vez lo he intentado pero no funciona. La chica más guapa del mundo me aburre si no supone un desafío a mi curiosidad, a mi sentido del humor, a mi visión del mundo, a mi actitud. Quizás por eso le gustaba. Porque su físico, a pesar de encantarme, era secundario con respecto a todo lo demás. Porque yo, como los niños, vivía (y vivo) aquí y ahora. Y porque, al igual que los niños, yo juego rudo.

lunes, 11 de marzo de 2013

Certeza de la muerte


El otro día fui acusado, supongo que justamente, de piropeador. El problema del piropeador es que consideran que el piropo es gratuito y carente de valor. En esta sociedad de mercado, dinamica, donde todo se compra y se vende, muchas veces el valor relativo de las cosas depende de su escasez. Recuerdo la cara de una muchacha cuando le expliqué como, cuando yo veía a la adolescente, ella me contaba que se liaba con otros chicos. Y a mi no me importaba, porque cuando estaba conmigo era el 100% de ella lo que estaba conmigo. Yo valoro la calidad sobre la cantidad. O hablando de otra manera, no valoro la cantidad a menos que sea infima y la proyección de futuro continue siendo infima.
A lo que iba, que me pierdo. Para mi el piropo es una caricia con palabras y me parece hermoso poder entregarlo, sobre todo porque nada me garantiza que durante las próximas horas siga vivo, en cuyo caso no quiero dejarme nada en la recamara. Esto, que puede parecer un tanto fatalista, es por el contrario algo terriblemente vital y hermoso. Yo no me rindo. Viviré hasta el último momento, apuraré la copa hasta el fin, tanto para lo bueno como para lo malo. Aprenderé de ambas experiencias. Y precisamente por eso, porque sé que la muerte puede venir en cualquier momento, la celebro viviendo como si no hubiera un mañana.
Aquí quiero aclarar una cosa. El concepto de hedonismo ha sido tan parodiado que muy poca gente entiende que pueda convivir una forma de vida responsable con el hedonismo. Yo voy a vivir hasta el último minuto de mi vida, pero voy a vivir con dignidad. Voy a respetarme a mi mismo. Haciendolo respeto a los demás. A veces cruzaré lineas invisibles que la gente pone a su alrededor y les haré daño... la mayoria de las veces no será queriendo. Otras sí, pero por regla general dejemoslo en que no me importa. Yo no sigo vuestras reglas, excepto las que me obligan a hacerlo y solo cuando lo acepto voluntariamente. No creo en la sumisión incondicional, porque no es responsable al eliminar las condiciones.
Yo creo en el experimento. Creo en el conocimiento y en el desarrollo propios, personales. Nacemos solos y moriremos solos, y lo que hagamos en medio supondrá una diferencia respecto a como nos veamos a nosotros mismos ante la ultima puerta. Así podremos sonreír cuando nos pongan en la balanza o llorar, pero de una forma o de otra yo voy a intentar, dentro de mis posibilidades, vivir sin miedo. Fracasaré, pero siempre es mejor fracasar intentando vencer que quedarse parado esperando a que la vida te pase por encima. Y si un día alegras la vida a alguien con un piropo, ese momento compensará las otras quince veces en que la gente no te tomó en serio. El chocolate no es ni bueno ni malo, somos nosotros los que decidimos como tomarlo.

Señora Casal


Yo juego a quererte. Tu juegas a que yo crea que te importa. Confundo las palabras...

No me sonrías. ¿Cómo podría pasar de ti? Eres una diosa. Eres dulce, eres inteligente, eres tierna. Me caes bien como amiga, te aprecio, te respeto. Pero te deseo. Te deseo como desea el río al mar, como el rayo a la tierra, como el sol a la luna. Adoro tus manos, tus ojos, tu nariz, tus labios, tus piernas. No te he tocado y sé que tu piel arde. Te quiero en mi vida. Te quiero en mi cama.
Pero estoy solo, perro solitario, seguiré solo. Quiero estar solo. Llego a casa y ahí está. Sentado sobre un trono de calaveras hechas con mis fracasos, uno detrás de otro, y me sonríe con dientes llenos de sangre. Mi enemigo, mi enemigo que tiene mi rostro y me sonríe, sabedor de que no me atreveré a enfrentarlo. El miedo a equivocarse, el miedo al ridículo, el miedo a sufrir.
Disfruto de la oscuridad. Hijo de la luna, me gusta vivir en el contraste, me gusta cambiar, me gusta moverme. Me gusta la lluvia en esta tierra oscura y me gusta el sol que reseca en aquella tierra luminosa. Me gusta la musica y el silencio estruendoso, me gustan las historias que emocionan, me gusta la gente y odio a la humanidad. Me gusta la moto, me gustas tu.
Y mientras pierdo el tiempo abrazandome a mi mismo, vagabundeo. Leo libros sobre sentimientos y me pierdo, con el mapa del tesoro que lleva a la felicidad que está dentro de mi. ¿Qué es la felicidad? La felicidad es ser consecuente.
No leo libros de autoayuda, no leo guias de seducción, no leo manuales de estudio. Lo sé. Acumulo conocimientos como el tío Gilito acumulaba dolares, para tirarme sobre él y nadar en su interior. Sé donde nació Lenin. Sé que significa la cruz de los tercios. Y sé que estoy solo.
Pero todo es pasajero. Las cosas vienen y van, en esta rueda de la vida, y si somos inteligentes la experiencia nos hará más grandes, más duros, más fuertes, más listos. Yo te veo y aprendo. No puedo jugar contigo, aunque adoro verte jugar. No puedo jugar contigo porque no sé jugar, me lo tomo todo en serio y ese, probablemente, sea mi peor defecto. Pero aprendo de ti a tomarme las cosas con naturalidad, a no pensar demasiado y no forzar, a aceptarme a mi mismo. Te veo pelear con tus "defectos" - defectos que yo adoro, por cierto -, y me haces sonreír y venirme arriba. Tu eres grande, no solo por lo que eres sino por lo que representas.
En cuanto a mi, lo que te decía esta tarde. Tengo que aprender a no darle tanta importancia a los gestos. Me sale inconsciente. Intento... por así decirlo busco un acto de fé. Una confirmación, una prueba. Como las chicas cuando te preguntan ¿pero qué somos?. Los sentimientos no tienen nombre. Cuando te pasa algo bueno, cuando compartes, conectas, te ries, aprendes, sueñas... disfrutalo. No seas avaricioso. Mi miedo va a seguir aquí, esperandome, y ya he acumulado fracasos suficientes este mes como para él y media docena más. Pero soy demasiado idiota para darme cuenta, así que seguiré jugando.

sábado, 9 de marzo de 2013

Lo que es justo, es justo


Sé que nunca lo pongo por aquí, pero hoy quiero hacerlo. Quiero darle las gracías a mi madre y a mi hermana, que están volcadas conmigo aunque yo pase de ellas. A Deivid, a David el Gitano, a Paquito, al Buda, a Vicen, a Joey, a Luichi, a Ale con el que juego a muñequitos. A toda esa gente de la que no hablo nunca, porque siempre están ahí aunque no hagan ruido. Que sé que puedo contar con ellos siempre, aunque en mi caso "siempre" signifique unos días al año. Que me comprenden, aunque no me entiendan y la mitad de las veces no sepan ni de que puñetas estoy hablando, pero que se preocupan por mi y quieren que esté contento y me vaya bien. Aunque muchas veces no estemos de acuerdo, me alientan en mis locuras y me consuelan en mis fracasos, se enorgullecen de que sea parte de sus vidas y presumen de ello. Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. En mi caso, más que una gran mujer hay un gran grupo de gente maravillosa. Es lo que elegí hace tantisimos años, cuando opté por salirme de la línea establecida por la evolución y decidir reinventar el fuego. Así que ahora les dedico esto. Quizás no seais los que tengáis las ídeas más sugerentes, quizás no seáis los que me deis las conversaciones más profundas o con quién pueda compartir todas mis inquietudes. Pero cuando os llamo por teléfono o cuando hablamos por internet siempre me hacéis sentir querido. Y eso es algo que se agradece, muchisimo.

Falling leaves


Es curioso. Me gusta el clima de aquí. Me gusta la sensación de aislamiento, me gusta oir la lluvia cayendo, me gusta ir a correr y ver colinas verdes y mar que ruge gris. Me gusta escuchar el viento golpeando mi ventana y me gusta la sensación de paz que te produce llegar a casa y encontrartela oscura y silenciosa, aguardando por ti como un gato al acecho.
Y en cambio, precisamente esa oscuridad, ese clima, me está apagando. Decían el otro día una gran frase en Juego de Tronos:"todo lo que va antes de un pero no vale una mierda. " Estoy totalmente de acuerdo. Pero... Pero me hago daño a mi mismo. Quiero encontrar alguien que me salve y no me doy cuenta de que eso no existe. Quiero literatura, quiero historias, pero todo es prosaico. No hay aventuras entre la niebla, porque en la oscuridad se confunden y todo es drama de la colina, el hacha y la sangre negra que parece pez.
Pero es lo que hay. En esta fase de la vida viene así. El concepto del "hogar" es un tanto extraño. Como decía el Ché, el hogar es la gente que quieres y la que te quiere. Para mi el hogar también es identidad. El otro día Rali me dijo que la próxima vez que vaya a Sofia me sacarán de la ciudad y me enseñarán la naturaleza. Me encantaría volver a Vitosha. Pero me encantaría aún más estar con ella, con su novio, con Boris. Con luchadores, con artistas, con soñadores. Con lo que yo soy y lo que son ellos. Con la Konigin Jenny. Con mi psicologa. Con Jose. Con Joey.
He intentado ser maduro, para aspirar a una persona. He intentado ser frio y desapasionado, he intentado relajarme y jugar, he intentado controlar los tiempos. Push the tempo. No funciona. Soy un niño emocionalmente. No sé querer ni que me quieran, más que en el formato-bebé que aprendí con el pequeño Jose y con Karen. ¿Pero sabéis qué? Me da igual. Ahora me enfado y no respiro. No quiero que me quieran. No quiero que me entiendan. Solo quiero que el tiempo pase rapido y volver a encontrar calor. Solo quiero quedarme con las tres cositas buenas de este tiempo, con lo que he aprendido de la grande, con lo que me he divertido haciendo cosas, con los colegas que he hecho. Y que todo lo demás pase y quede enterrado, como si nunca existió.
Un saludo. Intentad elegir vuestros errores y, como algunos os entrarán por el flanco, aprended de ellos y disfrutarlos. Hasta otra ocasión, no dejéis que las expectativas os aniquilen.

viernes, 8 de marzo de 2013

Un sueño curioso


Yo soy un poco supersticioso. Tengo esas cosas. Antes de estar embarcado no lo era mucho, así que no sé si es un caso de acercarme al estereotipo del arrr-marinero o mis experiencias lo que me han llevado a ser así. Pero partiendo de que yo no juzgo las cosas, sino que tiendo a cogerlas como vienen y no comerme la cabeza demasiado, reconozco que soy supersticioso.
El caso es que ha sucedido una de esas cosas que, en un mundo cientifico y racional, no tienen como explicarsela uno. Pero a mi me suceden de vez en cuando, así que no les busco lógica porque, desde la suficiente distancia, la vida tiene ritmo y armonia.
A lo que iba. Resulta que yo hace dos años, cuando suspendí la oposición en la última prueba, decidí meterme en una carrera y sacarmela de una bendita vez. Me matriculé en psicologia, para hacer posteriormente recursos humanos, y como no tenía ni idea de que asignatura cogerme lo consulté con una penfriend del facebook. La chica se llama Karen, vive en Granada y es una tía interesantisima. Me recomendó que, si me iba a coger solo una, fuera psicobiologia. Que resultó ser un tochazo horrible de biologia y la de Dios. Entonces aprobé la oposición y tuve que dejar la carrera, y el libro lleva pudriendose en casa de mi madre casi dos años.
El caso es que el miercoles, charlando con una colega sobre porque elegimos nuestros estudios, salió el tema. Y le comenté que podría ayudarme a estudiarlo, si algún día me vuelvo a poner.
Al día siguiente, Karen me mandó un mensaje que leí por la noche. "Ayer soñé contigo. Pero no te preocupes, no es nada cerdo. "
Mi primera reacción fue preguntarme desde cuando me preocupa que una chica piense algo cerdo conmigo. Claro, esa fue en automatico. Luego me entró la curiosidad y le pregunté por el sueño. Curiosamente, Karen había soñado que estudiabamos algo de la carrera juntos. El mismo día que comenté con la muchacha ese tema, que no había tratado en meses. ¿Es una casualidad? No lo sé. Yo pienso que no. Yo pienso que existe un sentido de la armonia en la vida. Igual que a veces sabemos que nos equivocamos con determinadas personas y que deberiamos evitarlas, otras veces sucede todo lo contrario.
Yo esta semana he llegado a una conclusión curiosa sobre mi vida social en la escuela. Me rindo con respecto a las chicas. Ahora que lo pienso, creo que no tengo ninguna amiga femenina en Marina. Eva es lo más parecido que he tenido nunca, pero lleva meses desaparecida. Supongo que yo no estoy hecho para la vida social de Marina. Demasiada agresividad, demasiada poca paciencia con el frikeo y la diferencia, demasiada estanqueidad de la vida privada. O quizás se me escapa alguna cosa. El caso es que a la vez que llegaba a esa conclusión, me planteaba si realmente siempre fue así. Y si siempre fue así, ¿por qué intentar contradecirlo? Si no pertenezco, ¿por qué forzar las cosas? Somos como somos y recibimos lo que sembramos. Teniendo eso en cuenta, echarle un pulso al universo es un gesto fútil. Que ojo, existen gestos futiles que tienen un gran significado y deben realizarse. Porque en ocasiones la futilidad es muy relativa. Pero en este caso es como querer atravesar una pared a cabezazos. Hay formas más fáciles que evitan ese dolor.
Así que me quedo con esto. Con lo positivo, que es que Karen y yo somos penfriends sí o sí. Y con la distancia y la soledad... bueno, son cosas que pasan. No tiene sentido perder demasiado el tiempo con ello, así que a otra cosa. Un saludo, gente! Disfrutad del finde.


Magisterio

Hoy ha sido un día extraño en la escuela. Los viernes suelen serlo, para que nos vamos a engañar. El lunes, en la charla de la semana tuvimos un momento un tanto extraño que ha traido cola. Resulta que algo se interpretó como un pique por falta de compañerismo. Los profesores, que no son tontos y llevan tiempo viendolas venir de un lado y de otro, intuyen que algo no va bien y no se equivocan. Así que hoy tuvimos una sesión grupal sobre compañerismo. Dos compañeros, uno de ellos gran colega mío, prepararon una exposición y plantearon un debate. Fue... interesante. Es el tercer debate en dos días. Yo en algunas cosas soy muy nazi, y por ejemplo considero que las opiniones politicas que tenga un militar se las debería callar. Aún más habiendo cíviles delante. Tampoco me gustan los aplausos de uniforme, que me parecen una falta terrible a la sobriedad y al estoicismo que se le supone a un militar. Pero bueno, eso son criterios esteticos míos que no tienen nada que ver con el tema de hoy, que me resultaba interesante.
Mi compañero Carlos planteó cuestiones que son muy interesantes. En primer lugar, que el respeto a los demás pasa por el respeto a uno mismo, y que no se puede exigir algo que no se da. Y en segundo lugar, que si uno no reflexiona y dedica un tiempo a plantearse quién es, de donde viene y a donde va, nunca va a saber exactamentedonde anda. Son cuestiones importantes por las que la gente ha pasado de puntillas, porque como siempre todo el mundo estaba demasiado ocupado en hablar y demasiado poco ocupado en escuchar. Pero ese no es mi problema.

Voy a comentarles algo sobre el magisterio. Siempre he admirado profundamente a mis profesores. Considero que una de las cosas más difíciles que hay en la vida es enseñar a los demás, porque no solo tienes que enseñar algo: también tienes que hacerlo atractivo. Cuando hablamos de conocimientos, experiencias y principios la cosa es aún más difícil. Es imposible enseñar algo así cuando no lo experimentas y vives de acuerdo a ello. Hoy escuchaba a mis compañeros y pensaba en mi abuelo, en como me hizo a su imagen y semejanza... simplemente siendo él mismo. No me sentaba en sus rodillas y me daba clases magistrales, no. Yo lo veía y lo admiraba, y quería ser como él. Es tan fácil como eso. Como dije esta tarde a un compañero, una persona que es rica no necesita decir que es rica. El mundo lo sabe solo observandolo.
Dado que admiro mucho dicha profesión y que la considero tan difícil, libreme Dios de opinar sobre si mis profesores aciertan o se equivocan. Pero ahora estoy de civil y puedo opinar, y voy a hacerlo sobre el tema. Me parece fantástico que se vuelquen en esto. Me parece fantástico que quieran que la brigada funcione y que cojan para ello a gente como Carlos, al que yo veo como un ejemplo. El problema principal es que para poder enseñar, el alumno tiene que querer aprender. Y tiene que reconocer que no sabe. Entre mis compañeros hay gente que no puede desarrollar la confianza ciega que se necesita para el verdadero compañerismo, porque no confían en si mismos. Para ellos el esperar lo peor de los demás es una solución natural. La hipocresia les surge espontaneamente, porque consideran que hay cosas que no se pueden decir.
Así que tan encomiable misión está condenada desde inicio. Con gente así lo más a lo que uno puede aspirar es a minimizar perdidas. A que no salpiquen, a que aprendan a callarse. ¿Pero que confíen? No lo van a hacer. Es como querer explicarle el color blanco a un ciego. Y sin honestidad no hay confianza y sin confianza no hay compañerismo. Porque yo nunca tengo la fé absoluta de que mi compañero mira por mi y yo por él. El compañerismo se basa en la lealtad, que definiera mi comandante de brigada con aquella gran frase: "Si a mi alguien me viene hablando mal de ustedes, yo le tengo que partir la cara porque sois mis chavales. Y si alguien os viene hablando mal de mi, espero que le partáis la cara."

Otra cosa muy interesante que escuché hoy es que no conocemos nuestros limites. A mi lado alguien apuntó que no tenemos limites. Eso es falso. Claro que los tenemos, pero normalmente paramos mucho antes. Por comodidad, por pereza, por miedo. Realmente podemos optar a la grandeza, la cuestión es: ¿cuanto de nosotros estamos dispuestos a dejar por el camino?
Ahora bien, yo en ese sentido lo combino con lo que dijo Carlos. Con mirarnos en el espejo y respetar a la persona que tenemos delante. Hay un mínimo al que no podemos renunciar. Hay una actitud... que es lo que nos define, lo que tenemos que ser. Y conformarnos con menos que con eso es traicionarnos y traicionar a la gente que confía en nosotros y espera grandes cosas. Así que nada de encogerse y decir "no puedo". Dí mejor "no quiero". Que yo lo hago bastante, no creerse. Llego a un punto y digo: aquí me quedo. Y me dedico a hacer otras cosas que considero más interesantes. Pero eso es decisión de cada uno.

Para concluir, os diré que me lo pasé bien. Me gustó la charla. Y aunque yo no dije nada, ni Victor, ni Vero, ni tanta gente que podría levantarse y dar lecciones magistrales, yo me lo pasé bien. Porque realmente las virtudes morales tienen un problema, y es que son difícilisimas de enseñar. Por eso admiro tanto a quién decide intentarlo. Yo he sido profesor de niños y no sé si podría enseñar en la escuela. Pero me parece admirable su trabajo.

jueves, 7 de marzo de 2013

Objetivo y metodo


Todo en la vida es así. No existe una meta que no incluya en si mismo una forma de conseguirla, y dicha meta es lo que da sentido al camino. Si bien en ocasiones el camino se justifica a sí mismo.

Llevo media tarde pensando sobre esto y ahora, antes de ir a dormir, no soy capaz de escribir algo coherente. Quería citar el principio de incertidumbre de Heissenberg, que dice que el hecho de observar altera el fenomeno observado. Y por tanto, todo es dinamico y nada es real. En cambio Einstein postulaba aquella gran frase que dice:"dios no juega a los dados con el universo", afirmando que determinados procesos son objetivos, independientemente del observador. ¿Como aplicar eso a nuestra vida diaria?
Dejadme dormir, ¡malditos! Y ya en otro momento os cuento. Pero por ahora

continuará...
(estaba deseando escribir eso).

miércoles, 6 de marzo de 2013

Entre el deseo y la frustración


El budismo nos enseña que la felicidad surge de la negación del deseo. Pero ningún occidental aceptará una idea como esa sin un mínimo de rebeldia. ¿Qué demonios negación del deseo? I want it all. And I want it now. Por eso mismo cuando intentamos equilibrarnos, cuando intentamos renunciar a unas cosas y vivir de acuerdo al ooommm, siempre surge algo dentro de nosotros que ruge. Así que, como otras veces, terminamos siendo una tendencia más que una constante. Terminamos alternando entre el deseo y la frustración, satisfechos a veces, hastiados otras, ansiosos otras. Dudando si crecer será la solución a los problemas, o si existe alguna solución o solo una serie infinita de problemas que iremos solucionando, como parches que se ponen en una camisa que cada vez está más rota.
No lo sé. Quizás solo estoy un poco demasiado cínico. Pero ahora mismo quiero morder algo.

El cristianismo te persigue


No puedes ir a la escuela contento. Asumelo. Vas contento y parece que estás desafiando al universo, como diciendo "hoy hace un buen día. ¿A qué no eres capaz de jodermelo?".
Y mientras estás allí, pones una sonrisa y aguantas el tirón. A veces gruñes. A veces amenazas con romper cabezas. Hoy sin ir más lejos he pegado un par de gritos, lo cual en mi caso es el equivalente de otras personas a entrar en modo berserk y sacudir hachas de guerra mientras destruyes mobiliario y patrimonio. Pero en general mientras estás allí aprietas los puños y aguantas el tirón, porque nadie de ahí se merece echarte abajo. Por orgullo, esa palabra que es tan grande para algunas cosas y termina siendo la ultima trinchera en la que refugiarte cuando todo lo demás (la virtud personal, el buen humor, la satisfacción del deber cumplido, la curiosidad ) se ha visto superado.

Pero no iba a hablar de eso. Hoy he estado leyendo citas de Ralph Waldo Emerson, un poeta americano que he descubierto wikipideiando cuando debería estar estudiando. Me gusta mucho ese tío. Dice cosas muy parecidas a las que pienso yo. Sin ir más lejos, podriamos establecer una relación directa entre su modo de pensar y el mío. Y lo curioso es que el hombre era un ferviente creyente cristiano. Curiosamente uno de mis mejores amigos de aquí, un hombre asombroso con una forma de pensar también muy parecida a la mía, es otro convencido creyente.
Y me pregunto. ¿Realmente he conseguido huir del cristianismo? A veces me pregunto si, en mi vida madura, he vuelto al cristianismo por pereza. Por ser un sistema de valores en el que me encuentro comodo, uno que entiendo y conozco. Pero creo que no. Creo que en mi caso virtudes como la fortaleza, el valor, el espiritu de sacrificio y la lealtad surgen tanto de mi cultura personal como de mi cultura colectiva. También pienso que existe un cierto equilibrio en la idea de Dios. No en la idea de Dios como un ser omnipotente que rige el destino de los seres humanos, sino en Dios como un concepto que se expande desde nosotros. Yo considero que cuando nosotros ayudamos a los demás, cuando nos sentimos equilibrados, cuando crecemos, cuando disfrutamos de la vida o cuando superamos alguna dificultad... entonces nosotros somos Dios. Mi Dios tiene nombre y apellidos. Creo que fue Hristi la que me dijo una vez que "tu eres tu propio Dios". Pero no soy tan arrogante. Mi Dios se llama José Fernandez Sanromán y es quién me enseñó a amar.
No sé si mi idea del cristianismo es muy ortodoxa. Yo no creo en la monogamia. Tampoco creo en la sumisión. En muchos aspectos soy un condenado pagano de las pelotas. Pero considero que mis virtudes basicas surgen de un nucleo cristiano. Y aunque no sea más que ese nucleo, soy a mi estilo y manera una persona muy religiosa. Soy supersticioso. Creo en la fé, en la virtud de la palabra dada, en causa y efecto, en la retribución. Creo en encontrar un equilibrio y mantenerse en él pues, como decía Rali:" la felicidad es tu estado natural". Y creo en los desafios y el valor para crecer.
Supongo que soy una mezcla extraña de pagano y cristiano y, como siempre, no soy ni una cosa ni otra sino una mezcla absurda de varios conceptos. Pero en general me gusto a mi mismo. Y aunque la oscuridad se cierra y me siento triste y deprimido, sé que ya falta menos para el fin de semana y para poder aullar y correr y ser yo mismo. Disfrutadlo. Un abrazo gente.

Al otro lado del silencio


Soy poco aficionado a la musica en español. Principalmente porque el tipo de musica que me gusta a mi suena mal en español, o es hecha sin el suficiente detalle. Sin embargo recuerdo esa canción cuyo estribillo era "¿qué hay amigo, al otro lado del silencio?". Un tema interesante ese, el miedo a lo desconocido.

Don't fear the reaper


Hace unos años descubrí esta canción por medio de una versión de Judas Priest, en el directo "Meltdown 98". El tema era una broma con el mote del cantante, Tim "Ripper" Owens, y un clásico de la historia del rock maravilloso. Suave, dulce, oscuro, intenso. Me encanta esa canción.
Y me encanta ella, claro. Precisamente quería dedicarle esta reflexión. Ayer quedé con una muchacha a dar una vuelta y fui yo mismo. No fingí, no actué. Existe un cierto miedo al fracaso en mi, una inseguridad, una certeza de no estar a la altura. Y un impulso autodestructor terrible. Por eso siempre me las apaño para estropear las cosas. Pero ayer no lo hice. Ayer fui yo mismo, sin que la certeza del fracaso me importara lo más minimo. Y fui sorprendido con aceptación y comprensión, con sentido del humor.
Así que sigo aprendiendo. Y mucho de lo que aprendo es gracias a ella. Tenemos que superar el miedo al fracaso, el miedo a la no aceptación y volver a ser ese yo infantil e inocente, ingenuo. Descubrir el tesoro de la soledad, para valorar la compañia, el placer del silencio, para saber sentir y vibrar con la musica. Por tanto gracías. Tu ya sabes quién eres. Y me estás ayudando a aprender quién soy yo.

martes, 5 de marzo de 2013

La ausencia de expectativas


Es una de las claves de la felicidad según el metodo de "Let it flow". Yo hoy no esperaba nada. He llegado a mi casa, he cogido las cosas de la piscina y me he encogido de hombros. Si tenía un plan, bien. Si no tenía un plan, bien. Disfrutar de lo que te dé la vida y hacerlo con la sensación de que el viento sabrá mejor que tu a donde llevarte es una de esas cosas que te hacen sonreír.
Así pues, también es cierto que la aventura surge de tu imaginación. Somos responsables de nuestras acciones, pero en muchas ocasiones nuestros pensamientos, nuestras fantasias, vuelan tan libres que se convierten casi en hechos. De ahí el viejo adagio cristiano sobre la mujer que fantasea, que ya es infiel en su mente y por tanto pecadora (cuando un grupo humano basa su protagonismo en apagar incendios, es cuestión de horas que empiece a pegarle fuego a todo. Maldita policia del pecado). Así que, dado que existen fronteras que no se pueden cruzar sin una autorización expresa (ese grande Gandalf actuando cual guardia de trafico con espada laser. No-puedes-pasar), en nuestra mente la narrativa fluye y desarrollamos nuestras historias. Como en Sucker Punch, donde el mundo de la fantasia se cruza con la realidad y uno duda sobre si vive o sueña, justo ese ha sido el regalo que me han dado hoy. Un regalo de tolerancia, de fantasia, de narrativa y de amistad. Un regalo hermoso hecho de palabras, de silencios, de historias y de comprensión. Un regalo de confianza, que hacía mucho que no me daban tan desinteresadamente. Así que muchas gracías y que haya más noches como estas. Que al fin y al cabo es lo que nos queda, en una vida que muchas veces no es más que un montón de historietas conectadas por momentos puntuales.

Tu diseñas el escenario


Estaba pensando que, dentro de nuestra capacidad de decisión, nosotros establecemos el escenario. La diferencia entre un buen día y un mal día muchas veces es la actitud con la que lo afrontamos. Así mismo, la diferencia entre que una chica sea "algo fuera de nuestro alcance" o no, muchas veces depende de nuestra seguridad en nosotros mismos y nuestra capacidad para desarrollar el contexto. La vida no deja de ser una historia, por más que nosotros a veces pensemos que nos supera. A veces nadamos y a veces nos dejamos llevar, pero es un hecho contrastado que la vida tiene su propia dinamica. Exceptuando las dos cosas que siempre digo que no se pueden controlar por la voluntad, todo lo demás es alienable. Como decía una colega mía, el dolor es inevitable, el sufrimiento opcional.
Precisamente hace un rato una amiga me envió un correo explicando como lo ha hecho. Ella es profesora y, gracías a su actitud, ha conseguido que la actitud de los alumnos cambien. Tienen curiosidad, hacen preguntas, se implican. Está en nosotros poder hacer las cosas de otra manera. Está en nosotros mejorar.
Así mismo, podemos elegir jugar con los niños grandes cuando queramos. Como decía antes, solo tenemos que asumir una decisión. Escuchar el ritmo de la musica y bailar. O no hacerlo. Lo que no podemos hacer es quedarnos en medio, porque otro de los hechos incontestables que la vida me ha demostrado es que las cosas se hacen o no se hacen, se dicen o no se dicen. Pero a medias no. A medias no, porque entonces tenemos muñecas ensangrentadas. Y yo hecho de menos el cuervo que me sonrió en la oscuridad, con ojos que brillaban de malicia, mientras yo pintaba palabras sobre un fondo carmesí.
Buenas noches. Aunque aún sea medio día aquí, seguro que es de noche en algún sitio.

Una guerra de nervios


Esta mañana he escuchado una expresión que me ha gustado y me ha hecho sonreír. "Este curso es una guerra de nervios". Es cierto. Diariamente te meten presión, te mantienen cambiando entre el tedio y el estrés como quién cambia un interruptor encendido/apagado. La gente reacciona bien o mal y la competitividad le añade pimienta a la receta.
Y mientras, uno intenta aprender algo. Ingenuo. Ya hace años nos demostraron que el sistema penitenciario no reinserta, que el sistema sanitario no cura. ¿Por qué esperar que el sistema educativo enseñe? Alguien más sabio que yo dijo que "la burocracia es un sistema que se extiende para satisfacer las demandas de una creciente burocracia". Adoro esa frase. Es tan... capicua. Y ya dije alguna vez que las dos únicas dos fuerzas que la voluntad humana no puede vencer son la burocracia, y el no en firme de una mujer inteligente.
Curiosamente en apenas un día me he chocado con las dos. Pero no hay problema. Ya he dicho alguna vez que un día malo se lo puede permitir uno y es hasta sano. Dos días malos es una circunstancia excepcional, pero sirve para liberar malos humores y quitarte tensión. Tres días malos no se pueden permitir.
Así que estoy en mi segundo día malo y gruño y odio al mundo. Pero ya queda menos. Esta mañana he hablado con mi tutor, un hombre inteligente y agradable que me ha orientado, cumpliendo perfectamente con su misión. Es más, hasta me ha hecho sonreír, lo cual no es nada facil ultimamente.
Sigo peleando con molinos, por supuesto. Me niego a asumir que esto es mi vida. Eso es el equivalente a rendirme y no pienso hacerlo. Esto es lo que hago para ganarme el derecho a vivir. Y si bien aquí soy una persona gris, que se camufla en la masa y se esconde detrás de otra gente, de otros simbolos, en mi vida privada soy yo. Con Y mayúscula. Y reservo todo mi derecho a decidir para ese momento, así como mi iniciativa, mi creatividad, mi voluntad. Es curioso como hay gente a la cual le gusta más mi faceta gris y oscura que mi personalidad. Pero esa es decisión de cada uno. Yo no pretendo gustarle a todos. Pero sí pretendo que, a la gente a la que le gusto, hacerlo de verdad.
Y aunque sé que esta es una carrera de larga distancia y una guerra de nervios, no voy a rendirme. Porque los momentos buenos compensan los malos, o si no voy a hacer que lo compensen. Maldita sea.

lunes, 4 de marzo de 2013

Muñecas ensangrentadas


Hoy es un mal día. La mezcla de lunes, sueño, dolor de cabeza, hambre y soledad sienta mal. Ayer además fue un buen día, con el consecuente bajón matutino y vuelta a "la realidad", como decían May y Patri y me niego a asumir. Si a eso le sumamos que por días me siento más inutil, pues voy a aprovechar para contarles una historieta que ayer me recordó una amiga. De forma bastante casual, e incluso me dio argumentos nuevos sobre algo que para mi siempre fue un misterio.

Veréis, yo tenía un camarada. Entre todos el mejor. Mi camarada era bastante aventurero e inquieto, pero no tenía un duro como buen estudiante. Quería viajar por el mundo, aprender cosas y tal. Entre sus planes estaba irse a Alemania a trabajar cuando acabara el ciclo que estudiaba. Para ello estaba empezando a estudiar alemán y conociendo gente de ese pais por internet. Una de dichas personas resultó ser una chica muy intensa, gotica, que escribía poesia. Una chica solitaria, muy inteligente, divertida, sensible. El tipo de piba que, o es fea, o está loca.
Pues no. No era fea. Cuando mi amigo llegó a Alemania a pasar una fría navidad con la familia de la compañera se encontró con que no era fea. Y una chica inteligente, divertida, sensible y muy guapa que te adora no es algo que pase todos los días. Mi colega metió fichas. La chica aceptó, reculó, y en una escena de drama terrible le dijo que no estaba preparada. Mi colega tenía veinte años. La chica, quince. Así que mi colega se encogió de hombros y dijo "vale, me quieres como amigo. Son cosas que pasan". Pero no era eso. Era un "no estoy preparada". Y eso con confianza, tiempo, paciencia... se puede ir superando.
Mi colega hizo lo que pudo. Y se encontró con un muro de frustración, silencios, miedo y racismo. El argumento de la madre de ella "no eres alemán, no puedes entenderlo" se quedó grabado a fuego. También esa mirada rota, ese "lo siento", incapaz incluso de rechazarle. Algo tan incomprensible, tan extraño.
El tiempo pasó. Mi camarada siguió con su vida. Conoció a otra gente, hizo otras cosas, pero siempre recordó eso. Le cogió miedo. No podía coger de la mano a una chica si esta no se lo demostraba claramente. Se juró a si mismo que nunca volvería a sentir esa mirada, esa acusación silenciosa. Ese "me estás haciendo daño" de ojos de alguien a quién uno quiere.
Como decía antes, el tiempo pasó. Y un día mi colega conoció a una chica y decidió que tenía que acabar con esa parte de su pasado. Ya había escrito varias cartas a Alemania, pero escribió otra más. Esto tenía que acabarse. Lo que fuera necesario, pero él cumpliría su penitencia. No sabía que daño le había hecho, pero estaba dispuesto a asumir su responsabilidad como un hombre.
Recibió una carta. Y dos fotos. Dos fotos donde se veían unos antebrazos cubiertos de sangre y de cortes, fruto de una niña herida que se había convertido en una mujer herida. Responsabilidad. ¿Mi camarada quería una penitencia? Ahí la tenía. Los cortes eran su culpa. La vida rota de esa chica era su culpa. Él, que quiso besarla, provocó eso. Un gesto de cariño, un juego, provocó años de sufrimiento.

Es absurdo. Cada uno es responsable de sus actos y solo de sus actos, la demencia no puede prevenirse. La chica tenía un problema, y nunca he aceptado la excusa de la edad, ni la madurez, ni la cultura. Ese "tu no eres alemán, no puedes entenderlo" condenó toda posible empatía. Y sin embargo... cada vez que mi colega me cuenta la historia veo tristeza en sus ojos y veo algo que está roto ahí. Veo algo que nunca se volverá a formar y como la confianza, ese objeto tan valioso entre alguna gente, es aún más valioso para mi colega. Comunicación. De mi colega aprendí que, si alguien no tiene valor para decirme algo a la cara, no merece estar en mi vida. Soy una persona de extremos. O confianza o no, pero no me sirve hurtar el cuerpo. Algo que curiosamente yo hago mucho. En mi descargo diré que para mi, hurtar el cuerpo es una medida radical. Cuando se ha intentado todo lo demás y comprobado que no funciona, entonces uno hurta el cuerpo. Pero quiero verdades dolorosas, mejor que silencios complices. Porque solo la herida honesta, dura y afilada de una verdad cortante a veces permite que la sangre fluya y se cure, mientras que los silencios cobardes y oscuros solo nos dejan preguntas, que generan miedo. Y ningún enemigo real es peor que el que engendran nuestros miedos y pesadillas.

domingo, 3 de marzo de 2013

Identidad colectiva


Hoy he tenido una conversación muy interesante con un compañero sobre roles mezclados. Sobre como los estereotipos se difuminan en esta epoca de cambio, como algunas cosas que siempre se han considerado femeninas o masculinas ahora no tienen genero claro. Esta mañana mismo leí un artículo sobre que los estadounidenses van a permitir a las mujeres formar parte de unidades de combate en el ejército. Siempre y cuando pasen las pruebas, que una cosa es igualdad de derechos y otra cosa ser subnormal. Y me parece correcto.
En cuanto al tema de los roles mezclados, me gusta porque me recuerda esa idea de identidad dinamica. El domingo discutí con Joey sobre si la gente cambia y Jenny, Königin des Osterreiches me demostró que sí. Y me rindo a la evidencia. Dado que las entidades sociales grandes, como grupos tribales pueden cambiar su identidad, mucho más fácil será para unidades sociales pequeñas, como una persoan en concreto.
Porque ahora mismo todo es dinamico. Ya no existen grandes grupos de alineamiento. La caida del muro de berlin destruyó las grandes ideologias, el nacionalismo se vé ridiculo desde este lado del cinismo. Hoy leía unas declaraciones de Bodiroga y me resultaba casi divertida esa pasión, aunque la envidiaba terriblemente. Ya no somos heavies, ni punkies, ni rockers, ni nada. Somos una cosa por la mañana y otra por la tarde. Somos potencialidades, más que hechos.
Y cualquier cosa se define sobre la marcha. Con tanta información circulando, uno no tiene más que pulsar unos botones y descubrir qué tamaño tenía la espada de William Wallace o porqué es importante Miranda del Ebro. Uno puede desarrollar una moda que haga furor en diez minutos, mientras la mitad del mundo no tiene ni idea de que estás hablando. Los codigos sociales, sus usos y costumbres, cambian tan rápido que a veces uno se pregunta si merece la pena tener fé en algo. ¿Simbolos? ¿Señales? ¿Monumentos? El culto al continente sobre el contenido se traslada a las relaciones sociales y uno consume marcas, estados de facebook, chistes enlatados. Hay tanta información, tanto sonido, que nadie escucha nada.

Y yo sigo un poco fuera de la pelicula. El sabado me llevé una sorpresa ante el encanto personal desnudo, salvaje. No estoy preparado a que me traten bien. A que me miren a los ojos sin miedo. Casi lo prefiero, ser el monstruo que salta de campanario en campanario en notre dame. Me gusta la musica de las bovedas, me gusta el retumbar de los pasos. Me gustan los recuerdos de una vida, que solo quiero que acabe. Quiero despertarme y vivir.
No sé si aguantaré hasta el viernes. Tengo demasiadas preguntas, demasiada rabia y demasiado aburrimiento. ¿Serás tu quién me salve? Y sobre todo... ¿Me merezco ser salvado? Dios ayuda a quién se ayuda a si mismo.