jueves, 21 de marzo de 2013

Girl, I feel like a sergeant


Buenos días damas y caballeros (alumnos y no alumnos). Estoy oficialmente de vacaciones. Ya es inevitable. Me pongo ropa de civil, llevo mi colgante, me dejo las cosas de afeitar en casa... sí, estoy oficialmente de vacaciones. Y me he despedido por todo lo alto. Ayer la mayor parte de las cosas que eran responsabilidad mía las hice yo, sin interferencias. También me caí haciendo una ginkana con el equipo armada y me esguincé el tobillo, así que pasé medio día cojeando a lo cuerpo triste.
Pero me siento bien. He acabado el libro de Murakami, tengo todas mis asignaturas aprobadas, los mandos están contentos conmigo. Me he repuesto a tiempo para hacer el desfile de la bandera y lo he hecho bien. Ha sido hasta divertido cuando he escuchado a Kimberly decirme "Ayer lo vi ahí, destilando autoridad". Fue muy gracioso.
También fue interesante poder hablar con ella. Mientras lo hacía me di cuenta de una cosa curiosa. Existe una parte de nosotros que es indisoluble y no se modifica, nuestro autentico nucleo, nuestra naturaleza profunda. Por encima de esa parte está nuestra conducta fluida, que dirigimos voluntariamente e impulsamos en ocasiones hacía una actuación más o menos forzada. Esas son las mascaras que nos ponemos.
Pero más allá de esas dos naturalezas, que son personales e intransferibles, existe otra reacción externa a nosotros. Es a lo que me refiero cuando digo que en una relación hay persona A, persona B y relación, que tiene entidad propia. En algunos casos, la dinamica de dicha relación condiciona nuestra conducta. Me encanta eso. Cuando hablo con ella no puedo ponerme mascaras ninguna. Yo soy una persona muy tendente a dejarse llevar. No intento controlar la vida apretando las riendas, sino que la dejo fluir e intento cabalgarla con delicadeza. Suavemente. No puedes dirigir el viento, pero puedes orientar tus velas. Por eso me encanta tanto hablar con ella, por lo que me hace a mi mismo. Hoy me decía que no tiene nada que pueda admirar yo. Tiene tantas cosas que no sé ni por donde empezar. Una de las mejores cosas que puede decirse de alguien es que convierte en mejores personas a la gente que tiene alrededor. Y ella lo hace. Con su sencillez, con su dulzura, con su elegancia, con su esfuerzo. Hace que la gente quiera hablar con ella o tenerla en su vida porque es una influencia muy positiva. Todo lo contrario a esas personas venenosas que te chupan la energia, que te tiran abajo y te desmoralizan. Por eso, aunque no le he dicho que la echaré de menos porque ya hay demasiada gente que se lo ha dicho por mi (y todo aquello de lo que se abusa se banaliza y pierde valor ), lo haré. Porque hablar contigo es un atajo a mi alma y porque, en este extraño terreno en el que el sexo parece la unica forma de calor humano y compartir, a veces un gesto o una palabra te llenan tanto.

Y hoy, tras pasar por todo esto, me siento bien. Me siento sereno, me siento estable, me siento poderoso. Me siento con ganas de aprender cosas, de viajar, de querer, de ser. Me siento vivo y un poco triste porque se acabe esto. Y me siento genial por ello mismo.

Un abrazo. Portaros mal y a ver que tal se nos da. ¡A por ello!

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