miércoles, 27 de marzo de 2013
Por hablar
Hoy he disfrutado de buena compañia y he aprendido cosas. Existen amistades cimentadas en tiempo compartido, en experiencias compartidas, en conocimiento. Y esa experiencia nos sirve para recurrir a ella cuando hay que explicarse. Lo que dije alguna vez sobre el idioma común. No sé si son los valores los que conforman tu lenguaje, o tu lenguaje lo que conforma tus valores. Pero el resultado es el mismo, o compartes o no compartes, o existe dialogo o monologo.
¿Qué por qué escribo esto? Porque me ha pasado una cosa curiosa. Ya he dicho alguna vez que yo pienso demasiado. En ocasiones ese "pensar demasiado" me lleva a tomar decisiones que no me corresponden a mi, al arrebatarle la iniciativa a otra gente. "Voy a llamar a no sé quién para quedar. No, a esa persona no le gusta... ". Cuando no lo sé. En este tipo de circunstancias yo suelo preguntar, por si acaso. A veces te llevas una sorpresa, y aunque no fuera así considero una grave falta de cortesía colocarme entre una persona y sus decisiones. En cambio hace un rato me pasó. Alguien decidió por mi. Planteé la siguiente cuestión: ¿no me presentas a tu colega?
Es interesante que normalmente suele sucederme al revés. Constantemente me presentan gente que no me interesa. Siempre existe un punto de curiosidad y cuando menos de educación. Yo no presumo de ser un chico muy bien educado -nadie presume de eso-, pero soy consciente de que, si espero un trato correcto, debo dar un trato correcto. Aún así os confieso, gente que me leéis, que la inmensa mayoría de la gente que hay ahí fuera es tan interesante como un partido de fútbol de armadillos. Por supuesto el hecho de que esta persona me llamara la atención no significa que sea interesante: solo que potencialmente lo era. Pero me ha molestado verme privado de mi capacidad de decisión en este sentido por alguien que ha juzgado por mi.
Pero bueno, es lo que tiene. Hace unas horas me enamoré del paisaje de esta ciudad, instantes después de chocar con su actitud provinciana y arrogante, grosera, descarada. La mujer inteligente sugiere, no muestra, el artista creativo no juega, produce. Pero mientras se pueda discutir si los tornillos son hexagonales o cuadrados, la torre se nos caerá encima. Y yo seguiré, mochila al hombro, con mis libros, mis recuerdos y mis curiosidades. Y mis sueños.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario