domingo, 31 de marzo de 2013

Dejando Madrid por la popa


Pasamos en un momento. Tengo los pies en agua caliente, recuperando tobillos. Apenas he asumido la despedida de Cádiz, gloriosa, cuando me veo en el tren con un libro y mucho camino por delante. Recorro Madrid petate al hombro y llego al hostal, recordando lo que significa divertirme para mi. Una noche de historias, de paseo, de conocimiento, de alcohol, de sensaciones. Una noche que pasa de un salto y ya estás en el coche, disfrutando de lo que viene siendo un amigo, disfrutando de conversaciones interesantes, disfrutando de la distancia y de la tranquilidad. De esa paz que se consigue cuando tienes la sensación de "misión cumplida", y tomas aire. Y según avanzas al norte y el agua sigue su camino, implacable, y llueve y llueve y llueve... vas teniendo la sensación de que lo que dejas atrás es falso. Que nunca existió. Y te planteas lo que dice Jose, sobre que no se puede vivir el presente y a la vez fantasear con el futuro. Y tiene razón, pero hacer sinsentidos es la forma de escapar a la inexorable logica en la que vivimos. Así que a por otro asalto, y cuando nos demos cuenta ya estamos otra vez en la pelea.

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