lunes, 11 de marzo de 2013

Certeza de la muerte


El otro día fui acusado, supongo que justamente, de piropeador. El problema del piropeador es que consideran que el piropo es gratuito y carente de valor. En esta sociedad de mercado, dinamica, donde todo se compra y se vende, muchas veces el valor relativo de las cosas depende de su escasez. Recuerdo la cara de una muchacha cuando le expliqué como, cuando yo veía a la adolescente, ella me contaba que se liaba con otros chicos. Y a mi no me importaba, porque cuando estaba conmigo era el 100% de ella lo que estaba conmigo. Yo valoro la calidad sobre la cantidad. O hablando de otra manera, no valoro la cantidad a menos que sea infima y la proyección de futuro continue siendo infima.
A lo que iba, que me pierdo. Para mi el piropo es una caricia con palabras y me parece hermoso poder entregarlo, sobre todo porque nada me garantiza que durante las próximas horas siga vivo, en cuyo caso no quiero dejarme nada en la recamara. Esto, que puede parecer un tanto fatalista, es por el contrario algo terriblemente vital y hermoso. Yo no me rindo. Viviré hasta el último momento, apuraré la copa hasta el fin, tanto para lo bueno como para lo malo. Aprenderé de ambas experiencias. Y precisamente por eso, porque sé que la muerte puede venir en cualquier momento, la celebro viviendo como si no hubiera un mañana.
Aquí quiero aclarar una cosa. El concepto de hedonismo ha sido tan parodiado que muy poca gente entiende que pueda convivir una forma de vida responsable con el hedonismo. Yo voy a vivir hasta el último minuto de mi vida, pero voy a vivir con dignidad. Voy a respetarme a mi mismo. Haciendolo respeto a los demás. A veces cruzaré lineas invisibles que la gente pone a su alrededor y les haré daño... la mayoria de las veces no será queriendo. Otras sí, pero por regla general dejemoslo en que no me importa. Yo no sigo vuestras reglas, excepto las que me obligan a hacerlo y solo cuando lo acepto voluntariamente. No creo en la sumisión incondicional, porque no es responsable al eliminar las condiciones.
Yo creo en el experimento. Creo en el conocimiento y en el desarrollo propios, personales. Nacemos solos y moriremos solos, y lo que hagamos en medio supondrá una diferencia respecto a como nos veamos a nosotros mismos ante la ultima puerta. Así podremos sonreír cuando nos pongan en la balanza o llorar, pero de una forma o de otra yo voy a intentar, dentro de mis posibilidades, vivir sin miedo. Fracasaré, pero siempre es mejor fracasar intentando vencer que quedarse parado esperando a que la vida te pase por encima. Y si un día alegras la vida a alguien con un piropo, ese momento compensará las otras quince veces en que la gente no te tomó en serio. El chocolate no es ni bueno ni malo, somos nosotros los que decidimos como tomarlo.

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