domingo, 29 de diciembre de 2024

Gracias por la musica

Estas Navidades han estado genial. Es cierto que ultimamente me quejo mucho y parece que todo es oscuridad y desesperación, pero no es siempre así. Es interesante recordarnos que solo vemos una ventanita de la vida de las personas, formada principalmente por lo que ellos eligen enseñar. Y en este caso, ultimamente mi vida parece que es un mar de problemas.
No es solo eso. Esta semana he podido ir a Cádiz y disfrutar de buena comida, sol, amigos y familia. He podido jugar con mi sobrino, ver a mi madre contenta, compartir mesa y tener charlas sobre la comida que se devoró. He podido sentarme a contar historias, reírme, desahogarme. He dormido como una piedra y he podido relajarme. Esta semana ha sido maravillosa.
Ha sido poco. Y los problemas continuan. Tengo cosas que arreglar esta semana y seguro que irán sucediendose más problemas. Pero poco a poco, todo parece ir encajando. Hemos tomado una determinación y ahora toca llevarla a cabo. Y, poco a poco, encontrar mi lugar y mi ritmo.
Muchas gracias por todo. Y muchas gracias por seguir ahí. Un abrazo, os quiero.

domingo, 22 de diciembre de 2024

En algún momento, he perdido el Norte

Hace muchos años, yo era un tío guay y feliz con mucho para dar. También me sentía triste y perdido, como supongo nos pasa a todos, porque me faltaba el amor. Pero en ese momento de mi vida, yo sabía lo que era la felicidad y sabia como crearla y compartirla. Surgía de mi, naturalmente, y se extendía a la gente a mi alrededor.
Luego, llegó el amor. Y tenía con quién compartir, con quién enseñar, de quién aprender. Y de repente, ya no estaba solo. Y viajamos y encontramos gente y fuimos a sitios y comimos y... fue una aventura tras otra. Y poco a poco esa aventura tomó forma de proyecto y se convirtió en algo más serio, más formal. Hubo un Plan.
Y poco a poco, el plan fue dando frutos. Primero fue un master, con muchas dificultades. Luego empezar a trabajar. Pero no iba bien y había que cambiar cosas. Yo debía hacer sacrificios, igual que la otra persona los había hecho. Yo debía renunciar a cosas. Así que primero fue a mi ciudad, Cádiz. Luego, poco a poco, fueron a mis amigos. Ahora, a la satisfacción del trabajo. A mis hobbies.
En algún momento, he dejado de disfrutar de la vida. No sé si entre una mudanza y otra, entre un sitio y otro... y ahora, harto de dolor, digo que quiero cambiar. Que no quiero que sigan así. Y me piden estabilidad. Compromiso. Porque lo que he sacrificado no se valora. Perder, renunciar... eso puedo hacerlo gratis. Pero ganar, tener una recompensa, eso no. Todas y cada una de las decisiones apuntan a arrancarme más energia, más alegria, más vida. A formarme de una determinada manera.
Durante toda mi vida, escuché lo que los demás querían que fuera. A veces, lo intenté. Nunca salió bien. La unica forma que conozco de ser feliz es obedecer a mi propia naturaleza, escucharme y ser yo mismo. Pensar, decir y hacer lo que soy. Vivir de forma consecuente.
En algún momento, he perdido el Norte. Me he desconectado de las cosas, de los sitios, de las actitudes que me dan energia. He dejado que me conviertan en un robot. En alguien que trabaja, obedece. Alguien que acepta y sigue, que resiste. En algún momento, he dejado de soñar. Y ayer me preguntaron que necesito y dije reír, tener ilusión. Musica juegos poesia. Cosas que me hagan sentir cosas. Alegria. Algo que suba de la piramide de Marslow, que pase de la supervivencia al placer. Vivir.
No me han dado respuesta. Ni me la van a dar, estoy hablando un idioma extranjero. Mi madre me compraba ropa que no me voy a poner, porque no soy yo. Mi mujer me compra ropa que no me voy a poner, porque no soy yo. En algún momento, he perdido el norte.
Quizás, realmente, la solución pase por estar solo. O quizás solo estoy muy cansado y necesito dormir y hacer algo más que trabajar. No lo sé. Pero echo de menos a ese chico que cogía el coche para ir a algún sitio, simplemente porque quería ver otro lugar. Al que cogía aviones y leía libros y escuchaba a la gente y aprendía. Me echo de menos a mí mismo.

martes, 17 de diciembre de 2024

Hasta que se olvide el sonido de la risa

Ayer me desperté, entrené, hice Duolingo, me duché. Jugué al ordenador unos minutos y me fui al coche. Conduje con mucho cuidado y preocupación, aparqué. Me metí en el trabajo. Salí a comer. Volví al trabajo. Salí del trabajo. Vine a casa, cené. Estuve un rato con mi señora. Me acosté.
Hoy haré lo mismo. Y mañana. Y pasado. Sé que estoy en otro país porque la comida es mala, el clima chungo y la gente habla raro. Aparte de eso, podría estar aquí o en la Luna.
Me dicen que tengo mucha suerte. Que tengo semanas libres. Pero las semanas libres, por ahora, me las paso durmiendo y jugando al ordenador, porque en medio hay actos y compromisos y quedadas. A las que no elijo ir, sino que tengo que ir. Mi vida consiste en trabajar y cuidar. Y no está mal, no debería quejarme. Es lo que elegí.
Empieza a olvidarse. La motivación por correr. Por aprender idiomas. Por jugar a cosas. Por quedar con gente. Pronto iré al Sur y me dará el sol y veré a gente. Pero cada vez lo siento como algo más lejano, como algo que es menos yo. Honestamente, cada vez me importa menos y lo veo más como algo que le pasa a otra gente, no a mí. He elegido la comodidad, he elegido dejar de sufrir. Así que yo solo me siento en el asiento del pasajero en mi vida, me pongo el cinturón y espero que me vaya llevando a sitios. O no.
La verdad, no tiene mayor importancia. Es lo que toca. Pero hay veces en las que pienso si esto debería preocuparme. Si es un primer paso hacia algo que siempre he temido; la perdida de control sobre mi identidad. Sobre mi vida. He sido siempre muy insistente en lo que quiero para mí, en como debería vivir. En fijarme unos ciertos estandares. Y de repente, me da igual. Ya no me preocupa, sino solo me incomoda como llevo el pelo, que ropa elegir... cada vez me importa menos. Y quizás esto debería ser una señal muy mala. No lo sé.
Creo que, poco a poco, los días seguirán a los días y llegará un momento en que deberé hacer algo. O quizás no. Quizás así duele menos y esta es una buena forma de no sufrir.
Quizás, en algún momento, olvide el sonido de la risa. Y tampoco pase nada.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Como te entretienes

Estaba pensando hace un rato en algo que he dicho muchas veces. "Si ves que contesto al movil del tirón, malo. Porque significa que no estoy haciendo nada interesante/importante".
En cierto sentido, yo he desarrollado una jerarquia de ocio. Hay cosas que me gustan hacer y cosas que hago cuando no puedo hacer las primeras. En el primer grupo, pondriamos estar con amigos, visitar sitios, jugar a cosas, hacer deporte, leer... cosas que me absorven. Que me pongo a ello y se me va el tiempo, porque es que realmente me lo estoy pasando bien. Son, generalmente, cosas que recordaré dentro de un tiempo. "El día que fuimos a tomar algo a X", "el dia que vimos la peli X" (el sabado Harry Potter a tope)... son acciones con sujeto, verbo y predicado. Las hago EN un sitio, CON alguien, MIENTRAS pasa algo... son acciones complejas.
Luego están las "otras cosas". Rellenar tiempo. Leer algo que no me gusta mientras voy en autobus a algún lado, ver cosas en el móvil sin prestarle mucha atención... incluso pintar muñequitos por hacer algo. O por tener un proyecto. Por no sentir el terrible vacio del ocio. No hay nada malo en ello, siempre y cuando no sea patólogico (hubo una época en que tenía miedo de quedarme sin cosas que hacer. Eso habla muy mal de mi estado mental). En general, son cosas que no recordaré. Dentro de seis meses recordaré haber ido a Amersham con mi pareja, pero no recordaré haber pintado minis griegas. Aunque incluso eso es mejor que los videos juegos; las minis griegas seguirán pintadas y, quien sabe, quizás algún día sirvan para pasarlo bien con ellas. O quizás, en ese momento, me ayudaron a relajarme y no pensar en un problema de verdad que tenía.
Creo que todos tenemos cosas así. Lo que pasa es que la mayoría de nosotros no pensamos que porcentaje de nuestro ocio carece de predicado. Cuanto de lo que hacemos es pura evasión o distracción y cuanto es "alimento". Es lo que pasa con las amistades. Mucha gente no es capaz de distinguir entre los amigos de verdad, esos que nos enseñan, nos hacen crecer como persona, nos "alimentan" y la gente con la que simplemente interactuamos. Recuerdo hablar de eso con Aliusha hace una vida en Madrid y decirme: "mi novio me dice que quede con cualquiera. ¡Pero yo no puedo hacer eso! ¡A mi no me vale cualquiera!".
Es el concepto de calidad sobre cantidad. Y muchos de nosotros hemos perdido la capacidad de evaluarlo. Me encanta el refrán ese que dice "quien no conoce a Dios, a cualquier santo le reza". Porque es así. A mi me gusta pintar minis. Me relaja. Pero para mí, es un medio para un fin. Pintar minis me sirve para quedar con amigos y compartir historias, partidas, muñequitos. Es como el rol. O como los videojuegos, el fútbol, las pelis... los seres humanos estamos diseñados para compartir y socializar. Lo demás, son excusas para llegar a eso.
Si un árbol cae en medio del bosque y nadie lo escucha, no sé si hace ruido. Pero me parece muy difícil que salga una buena historia de ello. Y, por curioso que parezca, los seres humanos somos animales narrativos. Vivimos para crear y vivir historias y para contarlas y volver a vivirlas.
Intentad entreteneros bien. Alimentad vuestras almas.

lunes, 25 de noviembre de 2024

Man up

Esta ha sido una semana bastante intensa emocionalmente. He tenido que navegar algunas cosas muy difíciles, empezando por una conversación acerca de quién soy y qué quiero en mi vida y otra sobre los desafíos que afronto y porqué parece que estoy atascado y siempre chocandome con la misma piedra.
En general, ha sido una semana complicada. Y a eso le hemos metido un viaje de tres días a Roma, loquísimo, porque ir a cualquier sitio desde aquí supone cuatro horas de viaje inicial MAS lo que tardes en llegar a donde sea. No hay viajes "cortos" aquí. No obstante lo cual, merece total y absolutamente la pena. Por un lado, porque el sitio este es horrible e irse de aquí ayuda a desconectar, ver la vida de otra manera y, en general, ser feliz. Por otro, porque el sitio al que hemos ido es maravilloso. Roma tiene todo lo bueno de Cádiz, excepto la playa, multiplicado por cincuenta. Uno puede pasear por donde quiera y simplemente asombrarse de lo bonito que es todo. Sentarse en cualquier sitio y ver gente hermosa y feliz pasando por allí. Uno puede aprender, simplemente estando. La luz el espacio el ritmo... es un sueño de ciudad. Khepri decía que es una de sus tres ciudades favoritas del mundo y le doy toda la razón. Me ha encantado, aunque entiendo que vivir allí no tiene nada que ver con ir de turista. Pero así y todo, me ha gustado muchísimo.
¿A qué viene lo de man up? Porque la vuelta, como es lógico, ha sido dura. El rebote es complicado. Y ayer se me hizo cuesta arriba, entre otras cosas porque tengo que reajustar mis horarios y dormí y comí mal y no hice ejercicio. No perdáis de vista esto; el cuerpo necesita movimiento. El caso es que ayer tuve una bronca porque yo, que me considero un tipo bastante flexible, resulta que no lo soy tanto. Y me rebelo y me quejo y protesto... luego lo hago, pero mi pataleta me la permito. Y es una tonteria. No sirve para nada, no aporta nada. Solo molesta a la gente que tengo cerca y me provoca frustración a mi. No ayuda, no suma.
Es importante entender que las cosas no son como nos gustaría. Y que uno tiene que enfocar la frustración que provoca verse mal a construir situaciones y cosas que nos hagan estar mejor. No tiene sentido decir algo como "pero a mí me gustaría poder quedar con mis amigos" o "yo quisiera tener vacaciones". Si no se puede, no se puede. Ya vendrán tiempos mejores. Es frustrante cuando uno ha invertido tanto esfuerzo e ilusión y se vé en la presente situación. Y es frustrante cuando uno acepta determinados compromisos y cede pero la otra parte no lo hace.
¿Y? Eso es la vida. No existe un trato justo, no hay un acuerdo. Uno hace lo que puede con lo que tiene, una vez y otra vez y otra vez. Uno renuncia a cosas para obtener otras, en la medida de sus posibilidades. Así que menos quejarse y más aceptar las cosas como son, disfrutar de la vida e intentar ser feliz con lo que se tiene. Si es dos días al mes, pues dos días al mes. Pero que sean buenos.
Cuidaros. Un abrazo fuerte.

Roma eterna

Es curioso como un sitio te puede conectar contigo mismo. Y como, en un momento muy oscuro de tu vida, algo te recuerda las cosas buenas de la vida. Sol. Gente que se comunica. Espacio.
De alguna forma, Roma es volver a casa. Incluso el paisaje, ya recién te bajas del avión, recuerda más a Andalucia que a Castilla. Y como, de alguna forma, el estar a gusto, relajado, dormir... te permite reiniciar y encontrarte contigo mismo.
He amado Roma. Y espero algún día volver a ir.

martes, 19 de noviembre de 2024

El problema del formato escrito

El otro dia me di cuenta de que tengo muchas más discusiones por escrito que hablando. Y ello se debe a que, cuando escribes, la expresión facial es totalmente subjetiva de la otra persona. Y esa otra persona, si tiene un caracter que tiende a pensar en negativo, siempre va a pensar que estas más enfadado/molesto/sarcastico de lo que probablemente estés.
Interesante como volcamos nuestros prejuicios a un choque que, en muchas ocasiones, es facilmente evitable simplmente relajandonos. De alguna forma, parece que el sentirnos "con razón" o justificados nos produce una sensación positiva, revitalizante. Es más fácil verse como la parte agraviada y dispuesta al choque, que encontrar puntos de acuerdo y solucionarlo. Quizás por eso ahora mismo estamos viviendo en una epoca en la que, si uno abre las noticias, las redes sociales o se asoma al mundo, lo más probable es que reciba una rafaga de negatividad.
Quién nos iba a decir que, ahora que tenemos acceso al mundo en apenas unos botones, lo que ibamos a entrega y recibir iba a ser tanta rabia, tristeza y frustración. Que curioso.

domingo, 17 de noviembre de 2024

La clave es hablar

DAmos por hecho que la única solución a un problema es la acción unilateral, y eso no es cierto. En los casos en los que hay personas implicadas, la mejor solución a un problema suele ser escuchar. Luego hablar. Luego escuchar. Y repetir hasta que más o menos conseguimos armonizar el espacio. Una vez todos podemos poner de nuestra parte al problema, resulta que es mucho más fácil y se puede enfrentar de otra manera.
La acción me parece una solución solo ante crisis inevitables. Y me parece que un sistema de liderazgo en el cual, cuando suena una alarma, todos sabemos a quién mirar es un sistema que funciona. Pero cuando estamos haciendo un mantenimiento de rutina, es importante tener un "libro del destino" donde la gente apunte: "el dia X, esta pieza dio problemas por esto. Lo arreglamos asi", de forma que todos podemos beneficiarnos de la experiencia y el conocimiento comun. Cinco mentes piensan mejor que una.
¿Qué por qué digo esto? Porque ayer tuve una crisis muy gorda. El motivo fue mi punto de vista y mi forma de enfrentar las cosas. Y la solución fue mi punto de vista y mi forma de enfrentar las cosas. Pero si no puedes comunicarte en primer lugar contigo mismo, no puedes comunicarte con los demás. Si no sabes lo que quieres, es absurdo poner límites. Lo haces desde el ego "tengo que decir algo, así que hablo". No. Preguntate que tienes que aportar al dialogo común y habla solo si lo que vas a decir es más valioso que el silencio que vas a romper. Pero habla. Tu voz es valida y legitima y debe ser escuchada. Eres una persona. No una planta que está ahí al fondo, no un objeto que utilizar... eres una persona y tu voz es válida. Y las cosas que son importantes para ti, son importantes. La gente no tiene una bola de cristal, no tiene como adivinarlo. Defiende lo que es tuyo. Y al hacerlo, vas a establecer límites y eso va a ser dificil e incomodo para todos. Pero mejor. A la larga, es mejor saber quién eres, qué te gusta y como estar comodo en tu cuerpo, en tu cabeza, en tu vida.
Repito. Uno tiene que hablar, primero consigo mismo y luego con los demás. Más fuerte. Y que se escuche.

sábado, 16 de noviembre de 2024

No me entiendes

Es curioso, pero es una constante en mi vida. Ayer lo expliqué tal y como era; volví a tener quince años, a hablar super contento de algo que para mí era fascinante, y a recibir como respuesta un ¨¿vas a seguir hablando mucho? No me interesa".
Y de alguna forma, eso me duele más allá de lo que podrían decir las palabras. Supongo que porque yo también estoy muy solo. Me paso el día en el trabajo, con compañeros, pero no con amigos. La última vez que compartí una conversación sobre lo que me gusta, cara a cara, fue hace dos semanas en un trayecto de metro. La última vez que me senté con alguien a hablar de lo que me gusta, fue hace un mes y algo. Ojo, la semana pasada tuve un encuentro con amigos pero... no era yo el protagonista. Supongo que eso también es algo importante; llevo mucho tiempo, probablemente debido a las redes sociales, desarrollando una cierta necesidad de contacto uno contra uno (sí, ya sé que suena muy porno, perdón). Yo quedo con David y hablamos. Quedo con Sergio y hablamos. Quedo con... pero si somos varios, no me importa nada sentarme en la silla del fondo y ver como los demás hablan. Debe ser mi mentalidad de bajista. O quizás siempre he sido así y, ahora que hace mucho que no tengo un amigo con el que irme a pasear y hablar, se me nota más.
Que bichos más raros somos la gente. Cuando no tenemos algo lo queremos y cuando lo tenemos empezamos a querer otra cosa.
Pero sí. Ayer volví a sentirme como un adolescente al que nadie hace caso y a quién nadie entiende. Y lo peor es que no tiene solución. Nadie va a desarrollar una pasión por las cosas que me gustan a mi, salvo que me adore y quiera compartir todo conmigo. Y eso no va a pasar. Así que me toca hacerme a la idea de que soy quién soy y como soy, alimentarme a mi mismo y no exponerme otra vez. ¿Suena absurdo? Quizás. El riesgo de mostrar emociones es que, efectivamente, te expones a que te hagan daño. Y estoy aburrido de que me hagan daño.
El otro día comentaba que, quizás, en mi próximo periodo de descanso me vaya a Madrid. Y se reían. Sin entender, como he dicho muchísimas veces, que yo no tengo un problema con Madrid como ciudad. Yo tengo un problema con vivir en Madrid. ¿Como turista? Encantado. Me resulta muy curioso como la gente insiste en su versión, incluso cuando los hechos le demuestren que esa versión es falsa. Supongo que porque esa versión encaja en su narrativa, en su identidad y en su forma de ver el mundo. Y es más fácil creer que el político X es de tal manera, porque así me justifico, que aceptar el hecho que está delante de nuestros ojos. También hablaban ayer de eso en Evangelion. La cita de Marco Aurelio; todo lo que vemos es una percepción, todo lo que oímos es una opinión.
Pero maldita sea. Me gustaría que, por una vez, esa percepción y esa opinión fueran las mías.

El trabajo no me estimula

Hace unos dias un compañero me dijo una cosa que me dejó pensando y es el título de este artículo. Y en cierto sentido, una reflexión más amplia sobre un montón de cosas.
Os comento. Yo empecé a trabajar hace como... diecisiete años? Llevaba varios años buscando trabajo sin suerte. Cuando de repente empecé a recibir ingresos periodicamente, no me lo creía. ¡Que suerte la mía! Con todo lo que me había costado. Así que me dediqué a darlo todo, muy agradecido a una empresa que me permitía tener dinero. Y tenerlo de forma seguro. Con lo que podía proyectar mi vida; comprar cosas, hacer viajes. Incluso ahorrar. En su momento reuní dinero para una casa, para un coche. Y a lo largo de todos estos años, en ningún momento he perdido de vista esa sensación. La de que tengo muchísima suerte de tener un trabajo que me permita pagar cosas.
Con el tiempo, he entendido que es una relación en la que ambas partes salen beneficiadas y he "desarrollado caracter". Ya no acepto cualquier cosa. Entiendo como funciona el sistema por dentro. Sé que, cada organismo y departamento, detrás tiene personas. Pero sigo pensando, en mi interior, que soy muy afortunado de tener una profesión.
Entiendo que no todo el mundo tiene la misma experiencia. Y no todo el mundo tiene la misma visión de si mismo. Pero la frase aquella, la reflexión detrás, me resultó curiosisima. Precisamente en un momento y de una persona que tiene unas condiciones mucho más favorables que las mías. Supongo que eso también es un factor importante; cuando no te conformas buscas más, y cuando buscas más encuentras. En mi caso, reservo mis fuerzas para otros apartados de mi vida. Como decían ayer en Evangelion; el hombre se evade de una realidad que no le gusta. Eso es lo que he hecho durante años y no parece ir bien. Así que, si bien la frase del compañero me resultó absurda (¿estimularme? A mi me pagan. ¿Qué más quiero?), entiendo la mentalidad detrás de ella y quizás debería aprender. No es mala cosa aspirar a algo mejor, aunque ahora no sepa el qué.
Al final no ha sido sobre tantas cosas. Quería reflexionar sobre la ambición, sobre nuestras expectativas, sobre la familia, sobre el trabajo, sobre la vida. Pero me he distraido. Otro día será. Cuidaros mucho.

domingo, 10 de noviembre de 2024

Un buen amigo

Ayer tuve la suerte de sorprenderme ante la naturaleza generosa del ser humano. Ayer hice un viajecito, de esos que de alguna forma se han vuelto normales en mi vida y hace unos años me habría resultado una locura, para ir a jugar una partida. No hace tantos años, media hora de coche para jugar me parecía un desafío intolerable. Ahora, me paso dos horas entre metro, tren y gracias a que alguien me recoge no bus, para jugar. A un juego que ni siquiera me vuelve loco, pero es una buena excusa para quedar con la gente.
Y ahora, en retrospectiva, me doy cuenta de la increíble suerte que tengo. De ser admitido en una casa como uno más, de que me den de comer y de beber, que preparen una mesa magnifica. Que la rodeen de un grupo de gente amable, cariñosa, que te recibe como uno más y se preocupa porque estés bien e integrado. Que hacen un esfuerzo por hacerte sentir cómodo a ti, que vienes de fuera.
¿Y todo por qué? Pues porque hay una persona en el centro de todo, alguien que es un gran amigo y una mejor persona. Alguien que escucha y comprende, que apoya y ayuda. Alguien que se preocupa por los demás y quiere que todos estén bien. Que entiende que no es tu primer idioma, que el otro tiene dificultades, que este tiene cosas que no habla ni consigo mismo. Y durante un rato, todo desaparece y solo está el juego y las bromas y lo que pasa y la risa y los planes... y durante un rato, el mundo ahí fuera con su política, su oscuridad, sus facturas y sus problemas espera. Volverá, claro que volverá. Pero ahora no. Luego.
Ese es el regalo de la amistad. El refugio contra el frío, la soledad, la tristeza. Es un regalo generoso de tiempo, de espacio, de energía, hecho por alguien que es único y que actua como si no lo supiera. Ayer tuve la suerte tremenda de ser admitido en casa de Marc, en su familia, en sus amigos. Ayer vi su vida y él me dejó ser parte de ella. Y tengo una suerte increíble de haber conocido a alguien así, capaz de actuar de esa manera y que, por si fuera poco, me valora y aprecia mucho.
Recuerdo que hace años, Rafa decía que él era el unico de los españoles que trabajaban en Alemania que había sido invitado a una barbacoa en casa de uno de ellos. Que los había conocido jugando a muñequitos y eso había roto el hielo. Me resultaba curioso pero, ahora, no me parece tan raro. Ya llevo tres meses aquí y más o menos le he cogido el ritmo. Ya no me sorprende que la gente no hable en el trabajo; yo he dejado de hablar. Tampoco me sorprende que la gente conduzca como si le fuera la vida en ello; yo también lo he empezado a hacer. He dejado de querer hacer amigos; me encierro en mi mismo. Tampoco tengo gran interés por nada, la vida consiste en pasar un día detrás de otro y, cuando pueda, escaparme. Supongo que me he adaptado. Tres años en Madrid y ahora esto me han enseñado que la vida no es aquí ni ahora, sino muy lejos, con otra gente, en ese ratito para el que trabajas y ahorras durante semanas y meses. Vives cuando nadie mira, cuando estás lejos.
Por eso valoro tantísimo lo de ayer. Incluso aunque yo, que siempre he sido protagonista en estas cosas, actué más bien como espectador (culpa mía, debería haberme implicado más, tanto en el planeamiento como en la ejecución. Nadie me sacó del escenario, me saqué yo solo), conseguí disfrutar del momento y, sobre todo, sentirme comodo y a gusto. Incluso siendo "raro" y "extraño" (awkward y weird, que explican mejor como soy y me siento), fue un día muy agradable y me siento, de todo corazón, humilde y agradecido por haber sido bendecido con este amigo, un hombre único e increíble. Gracias. Muchísimas gracias.

viernes, 8 de noviembre de 2024

Porque Infinity es el juego para gente como yo

Llevo unos dias, de hecho casi desde que me mude, muy encendido con Infinity. Es un buen juego, aunque me costó muchísimo aprenderlo. Me llevó casi un año saber más o menos lo que está pasando, y eso en Madrid, después de haber recibido palizas de gente que, en algunos casos, no merece ni la saliva que gastaría en escupirles. Y sin embargo, he seguido.
Por qué titulo este artículo como lo titulo? A ver, en primer lugar, el hecho de estar dedicando tanto esfuerzo y energia a algo es significativo. Jugar a muñequitos (tabletop wargaming, como le llaman aquí que es una cosa casi seria), es una parte importante de mi vida. Es un hobby que me sirve para desconectar, para socializar, para ilusionarme con cosas y para hacer proyectos. Es algo importante en mi vida. Las mudanzas no me han ayudado a ir manteniendo una comunidad de cualquier tipo o un grupo de amigos y, honestamente, no creo que alguien con una personalidad como la mia pueda "rellenar" todas sus necesidades sociales solo con su pareja. Necesito amigos.
Y ahí va el primer punto interesante de Infinity. Es un juego con una comunidad dedicada. Lo que implica que es relativamente facil encontrar gente que quiera jugar, en cualquier lado. Incluso aunque tengan que viajar y moverse, es facil coincidir con alguien y tener un tema de conversación desde el que se pueda saltar a otros temas.
Siguiente punto interesante, relacionado con mi personalidad. Es un juego con una curva de aprendizaje dificil. Después de pasarme años jugando a productos de GW, que son el mainstream de los juegos de muñequitos y posteriormente al histórico, es extraño encontrarse un juego que te dicen "te va a llevar meses aprender a jugar a esto". Y más en una época, en la que estamos, donde los juegos, los libros, las series, las películas, la música... todo tiende a simplificarse. A hacerse cada vez más accesible, más instantaneo, más para tontos. El hecho de que un juego sea complicado de acceder, desalienta determinados perfiles tóxicos muy comunes en cualquier afición de nicho (egolatras y sicofantes, buscadores de la satisfacción automática, tramposos...). No digo que no existan, ojo. Los hay. Pero solo los muy duros son capaces de aguantar semanas y meses de frustración hasta empezar a obtener resultados que les produzcan endorfinas, con lo que facilmente se retiran y acuden a pastos más verdes. Hay muy pocos jugadores de Infinity con respecto a otros juegos, y en parte es por esto.
El tercer apartado que me gustaría mencionar de Infinity es que es un juego de elecciones multiples. Todo tiene, minimo, varias salidas distintas. Es un juego que obliga al pensamiento lateral y que incentiva la creatividad. Es un juego donde existen tantas opciones que no hay una buena, sino un calculo de probabilidades hasta que el dado empieza a rodar y entonces puede pasar de todo.
En general, me parece que es un buen juego para gente comprometida, que se mueve mucho/le cuesta hacer amigos, que le gusta pensarse las cosas mucho y un desafío. Me parece un buen juego para un perfil similar al mío.

martes, 29 de octubre de 2024

La amistad incluye reciprocidad

Ayer un amigo me estaba contando sobre un jaleo que había tenido con otro amigo suyo. Y pensaba que, realmente, nos hemos metido en una burbuja muy curiosa. La gente, en general, vive pidiendo pero no dando. O no siendo consciente de que, para poder pedir, hay que dar.
Este hombre tenia un amigo que le decía "no tengo tiempo para charlar" y luego "pero yo sí hago tiempo para ti". Y pensaba que, en este contrato, la otra parte no estaba cumpliendo sus obligaciones. Obligaciones absolutamente unilaterales y en ningún caso acordadas por ambas, con lo que es imposible que uno pueda cumplirlas. Es algo que veo más a menudo en relaciones; "una pareja debería...". Esa es una frase que hace muchísimo daño, porque establece un marco de referencia y unas expectativas que la otra parte desconoce. Yo no estoy obligado a cumplir lo que nadie tenga en su cabeza, sino aquello que los dos tengamos en la nuestra.
Yo me muevo mucho. Viajo un montón, vivo fuera... es muy complicado. Y de alguna forma, mantengo muchísimas amistades con gente a la que veo una vez al año. A veces, ni eso. Estoy super contento con que, quizás, dentro de unas semanas vea a un amigo al que hace literalmente seis años que no veo. Habremos hablado por internet... ¿ siete, ocho veces ? en todo este tiempo. Y de alguna forma, siempre es positivo, siempre aprendo, siempre me lo paso bien.
Esta es una lección importante para todos nosotros. Volvemos a donde somos felices.
Porque realmente ese es el elemento fundamental de una relación. Ahí fuera hace mucho frío, la gente es desagradable, hay muchas obligaciones... no es tan facil simplemente sacar un balón y disfrutar de un partido con alguien. Hay que hacer más. Pero precisamente porque hay que hacer más, se valora. Hay gente ahí fuera maravillosa que hace nuestra vida mejor. Vamos a darles mucho cariño, mucha alegria, mucho apoyo. Vamos a compartir cosas buenas. Porque si no, simplemente, estamos usandonos los unos a los otros y eso es horrible.
Así pues, si queréis mantener buenas amistades, un consejo. Hacedlos felices. Y hablar. Decidles lo que os pasa y lo que os hace incomodo y lo que esperais y como arreglarlo. Hablar de como os sentís y tened conversaciones difíciles. Y cuidaros mucho, que como ya dije antes, hace mucho frío ahí fuera.
Un abrazo.

lunes, 28 de octubre de 2024

El dificil arte de quitarle importancia a las cosas

Hoy he tenido una revelación: poseo un talento muy curioso para reducir la tensión en un grupo. Me lo dijeron hace años, que es muy facil trabajar conmigo. A lo que contesté que no es algo que yo elija; necesito un entorno de trabajo donde la hostilidad sea asumible. Demasiada y lo paso fatal, así que hago lo que puedo por reducirla. Lo sorprendente es que funciona.
Es una constante en todos los sitios donde he estado. Gente que se llevaría a matar, pero que de alguna forma hablo con uno, hablo con otro... ea. Listo. Consigo llevarme bien con la mayoria de la gente que trabajo y tengo mucha facilidad para establecer conexiones con cualquiera. No sé porqué. Quizás sea algo de "cachorrito abandonado", quizás sea una forma de escuchar a los demás... Hay mucho frío ahí fuera.
Hoy hablaba con un colega sobre como vivimos encerrados en nuestras burbujitas, de redes sociales, donde leemos aquello con lo que estamos de acuerdo, nos juntamos con gente que piensa como nosotros y, al final, acabamos viviendo en nuestra mini realidad virtual. Como vivimos cabreados, siempre con prisa, siempre alterados. Sin dormir lo suficiente, sin disfrutar de la naturaleza, de los amigos, de la vida. Sobre expuestos a estimulos que nos impiden disfrutar de la vida.
Y aquí, más. Aquí donde hay poca luz, la comida es mala y está llena de químicos, las calles son estrechas y todos están indignadisimos y deseando demostrarle a todo el mundo que ellos, ellos sí, son buenos. No como todos los demás. Repartiendo carnets de buenos ciudadanos, deseando montar inquisiciones de tercera regional. Siendo, en general, mala gente como medida preventiva, antes de que lo sean contra uno. Es agotador.
Pero eso llegará a todas partes. Aquí simplemente está más adelantado. Cada vez más familias separadas, menos caricias, menos cariño, menos humor. Más dinero más ansiedad más drogas. Más más más.
Quizás por eso, tengo tanta suerte. Porque me maravillo de las cosas que me gustan o me sorprenden, tengo gente muy guay a mi alrededor. Disfruto de la vida. Incluso de tonterías, como de tener un ratito para jugar o para quedar con alguien, de la ilusión de comprar algo, de las risas de compartir un momento. Y esa energia que guardo es para mi y para los demás, porque si compartimos somos más.
Si, es un extraño arte. Pero es un arte super importante. Todos necesitamos gente que nos diga que bueno, que eso realmente es una tonteria, que un mal día lo tiene cualquiera. Y que cambie el tema a algo guay, a algo en común, a una oportunidad de aprender, a algo que ilusione.
Voy a salirme del tema. Hoy, me quejé y me dijeron "pues como todo el mundo". Creedme, no sirve. La forma de quitarle importancia a las cosas es comprender, animar y dirigir a algo positivo. Pero me parece una horrible falta de respeto decirle a alguien que está mal "y yo también". Cambiar el foco a mi, en un mundo donde ya todos tenemos un exceso de ego bastante importante, no sirve. Simplemente reafirma lo que dije antes sobre vivir en nuestras burbujas, en las cuales los unicos problemas reales son los nuestros y todos los demás se quejan por quejarse. No como yo, que lo mío si que de verdad es serio e importante.
Hoy me decía un jefe que uno de los principales problemas es el excesivo gasto social. Lo dudo. Yo creo que uno de los principales problemas es la falta de respeto por el trabajo de los demás y la falta de empatia. Y esos si son cosas que deberiamos hacernoslo mirar, no de arriba a abajo sino de abajo a arriba.
Ya me quedé a gusto. Hasta la proxima, cuidaros mucho. Un abrazo, gente guay.

domingo, 20 de octubre de 2024

La necesidad del simbolito azul

Buenos dias.
No dejamos de ser una versión evolucionada del perro de Pavlov. Estaba dandome cuenta de eso, al observar como espero que mi Whatsapp se ilumine con un mensaje. No es la necesidad del contacto físico, de la emoción de la persona... no. Es la necesidad de satisfacción inmediata, el brillo en la pantallita que indica que no estamos solos. Como naufragos a la deriva, mirando el mar del vacio, nos ilumina la vida un pequeño simbolito en una pantalla. Y una vez se confirma, podemos volver a estar tranquilos y mantenernos en nuestra rutina.
No deberia ser así. Pero en cierto sentido, así es. Y asumir la realidad es el primer paso para ser felices; vivir en la consciencia de nuestra existencia.
Solo eso. Un abrazo. Cuidaros mucho, allá donde estéis.

miércoles, 9 de octubre de 2024

Dos notas sobre un momento

Hace mucho tiempo tuve que dar una conferencia titulada "la diferencia entre el compañerismo y la amistad es que la segunda busca reciprocidad". Alguien se gustó a si mismo un montón escogiendo el tema, la verdad. Pero esta noche, inquieto y sin poder dormir mucho, me di cuenta de que eso se aplica a casi todas las relaciones bilaterales. Amigos, familiares, parejas... si son relaciones en las que damos y esperamos recibir, es importante entender que espacio compartimos y como se siente el equilibrio de poder.
¿Qué a qué viene esto? La semana pasada hablé con Khepri sobre Infinity y el subidón que tiene con el juego. Me pasa también. Estoy a tope con eso. Y me da un poco de pena tener que escribirle a un tío que está en Madrid para compartirlo, porque en mi entorno la gente arquea una ceja cuando hablo de esto. Hace mucho tiempo defendí que hay que apoyar las pasiones de la gente, hay que animarlos a que se sientan bien y crezcan, a que hagan lo que les guste y que lo hagan mucho. Porque de ese espacio y esa energia crecemos. Hay que generar dopamina y extenderla, hay que compartir.
De noche, sin poder dormir, estaba tonteando en Facebook y me apareció una entrevista con Kobe Bryant. Él explicaba que, no hay como enseñar cultura del esfuerzo, sino que solo se puede hacer. Así que dice que él, por las mañanas, se lleva a su hija a que lo acompañe a entrenar. Le pregunta el entrevistador "¿a las cuatro de la mañana?" y dice Kobe "claro. Se ha sacado el carnet de conducir hace poco, así que ella me lleva. Y así le enseño lo que cuestan las cosas, como se consiguen". Y luego explicaba que lo que más valora en esta fase de su vida es pasar tiempo con su familia. Verlos crecer. Y le preguntan que es el amor y dice que el amor... el amor es felicidad. Y es tan simple y tan sencillo como eso. El amor es sentir que te alegras por los demás, que te alegras por ti mismo. Que no necesitas nada porque tienes todo lo que te hace falta.
Quered. Quered mucho, con muchas ganas. Y extenderlo, con reciprocidad y sin ella. Quered mucho.

Una palabra, por favor

"A word, please". Es una traducción directa un poco gratuita que me acabo de sacar de la gorra. Porque sí, porque hoy me siento así. Inquieto.
Llevo ya unos meses viviendo en otro país. "Viviendo" es una forma de hablar, porque con mi ritmo de trabajo realmente vivo el 60% del tiempo aquí. En situaciones ideales, ahora mismo voy por la mitad más o menos. Pero no me quejo, está bien pagado y el estoicismo nos enseña a adaptarnos. Y es mejor que estar en un barco, eso os lo garantizo ya.
Ahora bien, hablemos de mi experiencia aquí. De lo poco muy poco que he visto (conozco una ciudad y sus entornos, lo que veo por la tele y la gente con la que interactuo que es casi nada y menos), yo usaría dos palabras para definir este sitio. Una es en inglés, "petty" y otra puedo traducirla y es "estanca". Añadiría una tercera, que es "inteligente". Creo que esas tres palabras definen mi impresión de este sitio. Si no os importa, voy a descomponerla una por una.
La primera es facil, como son todas las emociones negativas. Creo que "petty" se traduce como "pequeño" pero yo más bien la usaría como "miserable". Este es un sitio donde la gente reusa la basura. Lo cual no está mal, es bueno para el medio ambiente, pero también es un sitio donde un vecino te monta un escandalo porque tu luz del baño encendida le molesta. Recuerdo historias sobre la mentalidad pequeño-burguesa, a Oscar Wilde y su sarcasmo y entiendo perfectamente de donde viene. Aquí todo está valorado y cuidado, valorado al dedillo. No es que no haya comida buena, pero la comida buena, la vida buena, es extremadamente cara. Y esta hecho así a proposito, con toda la carga de frustración y melancolía que conlleva. Este es un sitio que, si no tienes cuidado, se puede poner muy desagradable de repente.
También es un sitio donde las comunicaciones están encapsuladas. El espacio, medido al milimetro. Es una isla y se siente como una isla, donde puedes pasarte una semana sin hablar ni ver a nadie como lo más natural del mundo. Eso tiene ventajas e inconvenientes. Desde que vine por primera vez, hace años, entendí que este es un sitio donde, si te lo montas bien, se puede estar muy bien. No hay gente metiendose en tus asuntos, no tienes un Estado omnipresente persiguiendote, no estás obligado a acudir a reuniones de comunidad, no... tu puedes vivir como un perfecto ermitaño sin problema, algo que donde vengo yo es mucho más complicado. Por otro lado, la sensación de soledad y de aislamiento a veces puede ser sobrecogedora.
Y la última palabra que he elegido es inteligente. Este es un sitio donde, incluso el desorden, es un desorden con una intención detrás. Hay voluntad y hay elegancia, hay diseño consciente. Es un sitio muy capitalista, donde el dinero tiene mucho peso, pero el dinero está equilibrado con una cierta moral/espiritualidad que también tiene su sitio. Hay orden. Podemos no estar de acuerdo con él, pero es un sitio extremadamente desarrollado con las ventajas e inconvenientes del Primer Mundo con mayusculas. Es cierto que hemos equiparado desarrollo a bienestar y bondad, cuando no es exactamente así. Muchas veces, como bien explica "Las uvas de la ira", el desarrollo nos lleva a una mayor injusticia e infelicidad, pero también garantiza una serie de oportunidades que en otros sitios son impensables. Este es un país donde, como dije antes, si te lo montas bien se puede estar muy bien. Y eso resuena en determinadas personalidades.
Hasta ahora, si tuviera que definir mi experiencia aquí, hablaría de decepción en las condiciones de mi trabajo y de mi vida. Todo es carísimo, tanto en tiempo como en dinero como en energía. Las interacciones son duras. Es dificil empezar. Pero he ganado con respecto a Madrid y soy optimista sobre mi futuro. Si tuviera que ponerle nota a esto, diría que es "puede mejorar". Pero creo firmemente que va a hacerlo.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Mentalidades imperiales

Ayer estaba pensando en una cosa curiosa. Existen determinados aspectos de nuestra cultura, de nuestra visión de nosotros mismos, de nuestra forma de ver el mundo, que están tan interiorizadas que dejamos de ser conscientes de ellas. Y claro, cuando nos encontramos en un entorno diferente las exigimos, como si fueran derechos inalienables. En cierto sentido, creemos que es más fácil cambiar al entorno que cambiar nosotros.
El otro día estaban diciendo que, dado que hay gente que no entiende el idioma, es muy difícil que se sientan integrados. Y que deberían hacer un esfuerzo para integrarles. Curiosamente, siempre es otro el que tiene que hacer el esfuerzo en lugar de nosotros. Y curiosamente, siempre tienen que ser los demás los que se muevan para hacernos sentir cómodos, en lugar de poner nosotros de nuestra parte.
No sé. Igual es que yo soy un poco de otra manera y, gracias a Dios, la gente con la que me suelo mover piensa como yo. Pero creo que, como bien me dijera Pedro, que el entorno es siempre hostil y que no va a hacer por facilitarnos nada. Que somos nosotros los que debemos de poner de nuestra parte para adaptarnos. Y que en ese poner nosotros de nuestra parte, en ese aprender y adaptarnos existe la posibilidad de crecimiento y desarrollo. De sentirnos debiles ahora para ser fuertes luego. De crecer.
Mucho ánimo. Y dejad de pensar que sois especiales y os lo deben. Nadie os debe nada.

viernes, 13 de septiembre de 2024

"Tengo novia tengo novia tengo novia"

Hace años, mi novia de entonces se burlaba de mí porque lo primero que decía al poco de conocer a alguien era sobre ella. Lo decía un poco en broma, aunque también es verdad que le gustaba que la tuviera presente.
Con el tiempo, me di cuenta de que lo hacía porque no me lo creía. Como me pasó cuando conseguí trabajo estable, llevaba tanto tiempo preguntandome que estaba mal conmigo, que todo el mundo lo conseguía salvo yo, que me llevó años y años asumir que, ah mira, pues sí. Pues yo también. Y tampoco es algo tan increíble, una vez te acostumbras a ello.
Ojo, que no quiero decir que tener un trabajo estable y no depender de nadie o tener pareja estable y poder construir una vida juntos no sea algo increíble. Que lo es. Pero es algo increíble en su normalidad, como lo es abrir el grifo y que salga agua caliente. No debemos dejar de maravillarnos por ello y trabajar para que siga siendo así, pero a la vez tampoco debemos dudar de nosotros mismos y preguntar que hemos hecho para merecer esta bendición. Algo hemos hecho, pero a la vez tenemos mucha suerte. Y no pasa nada, ni por una cosa ni por otra. Dios ayuda a quién se ayuda a sí mismo, pero Él también hace su parte. O el karma o los midiclorianos o quién Uds prefiráis, porque me niego a creer que todo en la vida sea causa y efecto tanto como me niego a creer que todo está fuera de nuestro control.
Uy, ya me puse filosófico. Perdón. Esto venía a que esta semana he estado con gente nueva y me he dado cuenta de que, el primer elemento de mi identidad que surge cuando conozco gente nueva, es mi pareja. Y eso es un nivel más de ponerse en el asiento del copiloto y es muy curioso psicologicamente. Los elementos de mi identidad que son yo; mi origen, mi historia personal, mi carácter, mis proyectos, mis aficiones, mi identidad en general... está condicionada por la persona que tengo al lado y por mi carrera profesional, claro. Uno no puede pasarse ocho horas al día durante tres años haciendoa algo y que eso no le deje un "poso". Pero las decisiones que tomamos, como eso nos afecta y hacía donde avanzamos nos convierte en quienes somos. Igual que no nos identificamos como "Hola, buenos días, soy Ale y me dedico a....", tampoco deberiamos ser "la pareja de".
Y de alguna forma, lo he sido. Es curioso como la falta de... no diría amor propio, pero quizás sí de autoestima, entendida como "el valor que nos damos a nosotros mismos", ha hecho que yo solo me anulara a mí mismo. Renunciando a cosas a las que no debería haber renunciado, simplemente por el peso de la rutina.
Como conclusión, tenemos que querernos más. Y defender con uñas y dientes nuestra propia identidad.

Poniendote en el asiento del copiloto

Como ya habréis leido alguna vez por aquí, soy contrario a asimilar la vida pasivamente. Los argumentos del tipo "es que a mí me educaron así", "es lo que me ha tocado", "no puedo elegir" me molestan mucho, porque son falsos. Son perezosos y falsos, porque siempre hay una elección. Incluso el no elegir es una elección y, cuando la situación consiste en optar entre uno y uno, siempre se puede cambiar la perspectiva, de forma que si no cambiamos el escenario cambiamos nuestra percepción del escenario.
Y sin embargo, aquí estoy. Llevo años en el asiento del copiloto. Colocando una parte enorme de mi vida, de mis inquietudes, de mis gustos, de lo que me hace feliz... de quién soy, en manos de otra persona. Y lo he hecho conscientemente, eligiendolo. He pospuesto mi felicidad por la felicidad de otra persona, lo cual es un error casi tan terrible como aquel en el que no le dí opción a, entonces Mar, de decidir si quería estar conmigo o no, sino que simplemente desaparecí. Y en ambos casos, tanto en el de desaparecer como ahora ponerme en el asiento de copiloto, lo he hecho por pura cobardia. Por miedo a que, si le doy a elegir, la otra persona decidirá irse, porque no creo ser merecedor de su atención. Por falta de amor hacía mi mismo, durante años, he dejado de escucharme.
Es sorprendente hasta donde nos puede llevar el miedo y la cobardia. Y es un descubrimiento bastante duro darse cuenta de que, efectivamente, somos unos cobardes. Al menos yo. Que siempre he presumido de tomar decisiones de forma objetiva, de ser muy analitico con mis emociones y de tratarme bien, me encuentro preguntandome en que momento me puse a mi mismo en esta situación.
Todos tenemos excusas, claro. Primero una depresión, luego el COVID, luego la invasión rusa de Ucrania. Durante meses y años ha tocado priorizar, organizarse, esperar. Es un proyecto conjunto, hay que entender que hay una fase de adaptación, que dará resultados. Y he ido, poco a poco, viviendo cada vez más en el futuro y menos en el presente. Hasta que he vaciado tanto el presente que ya no sé ni que hago con él.
Hoy me levanto por la mañana y me planteo ir a un sitio, a pasear, a ver algo. Y la idea de ir solo me inquieta, me agobia, me aterra. ¿Cuando ha sido así? Y sobre todo, ¿por qué?
No tengo una novia dominante, celosa, posesiva. No soportaría estar con una persona así; me conozco. Y sin embargo, me he ido colocando en una posición pasiva. Me sucede de forma similar en el trabajo, en los juegos, con los amigos... mi rol natural, mi carácter, tiende a ello. Yo tocaba el bajo, y lo hacía porque consigo mi felicidad a través de proxys; si todo el grupo está contento, entonces es un éxito mucho más grande que si solo yo estoy contento. Hay muchas razones para eso, seguro, y si me pongo a estudiarlo psicologicamente seguramente daré con la pieza que me falta. Pero nunca he considerado que eso sea un problema; puedo ser feliz solo, pero soy más feliz con gente. No me estoy limitando a mi mismo, de igual forma que el hecho de que me guste mucho el arroz no me impide disfrutar de la pasta.
Y sin embargo, lo he hecho. Primero con decisiones "grandes" (voy a coordinar mis vacaciones con ella) y luego con decisiones cada vez más pequeñas, hasta el punto de que, si no tengo un motivo para hacer algo, no lo hago. Así que voy posponiendo cosas, voy dejando mis planes... y todo va al cajón de "para después" y de ahí al de "para algún día".
Esa no es forma de vivir. Mañana me atropella un coche y lo que no haya hecho, no lo he hecho. Yo no soy partidario del "carpe diem" absurdo, porque si bien es cierto que puede que el mañana no exista, también es posible que exista. Así que hay que prepararse par ambas eventualidades. En mi caso, eso implica llenar mi vida de cosas que me gustan hoy. Y que me gustan a mí, no que nos gustan a nosotros. Si algo me gusta a mí, por ejemplo Infinity, tengo que poder disfrutarlo en plenitud sin que eso afecte a la otra persona. ¿Que lo ideal es compartirlo todo? Eso es absurdo y doloroso, eso es tóxico. Pero, y esto es algo que he hablado muchas veces con mi mujer, en cuanto no tengo suficiente felicidad en mi vida empiezo a acudir a ella como si pudiera resolverme el problema. Como cuando somos pequeños y vamos a nuestros padres para que nos ayuden con la tarea. Y eso es absurdo y egoista. Tengo que construir mucho más espacio personal y no de forma reactiva. Y tengo que hacerlo ya, no dentro de un año ni de tres.
Hay que coger el volante.

El día que fracasé

Ayer fue un día complicado. En una semana complicada. En un mes complicado. En un año complicado.
Ayer, me encontré en una situación que no supe manejar. Otra vez. Y me di cuenta de, como decía una amiga el otro día, que puede que el problema sea yo. Pero no yo como algo intrinseco a mi persona, a mi caracter, algo que no se puede cambiar... no. Ayer por la mañana, pensaba en aquella conversacion con mi abuelo, cuando me dijo que nada me impedía ser un astronauta. Solo mi compromiso. Si daba el cien por cien de mí, quizás lo conseguiría. Pero si no daba el cien por cien, entonces seguro que no lo haría. Recuerdo que antes de ir al trabajo pensaba "hay gente que tiene un don, un talento. Que su carácter le permite llegar a la excelencia. Otros no lo tenemos, así que podemos optar a la competencia. A ser buenos. Quizás no a ser increíbles, pero si nos esforzamos mucho todos podemos ser buenos".
Y efectivamente, pienso que eso es así con tareas lineales, y con procesos complejos. Algo que puede ser descompuesto en partes puede ser enfrentado en partes. Sin embargo en procesos complicados, en los que intervienen muchos factores interconectados que no reaccionan de forma lineal causa-efecto (por ejemplo, el clima), las predicciones son practicamente imposibles y el resultado no es una consecuencia directa de la cantidad o calidad de esfuerzo invertido. Hay cosas que, simplemente, no podemos controlar y ahí surge todo el auge de la resiliencia y del estoicismo.
Pero disgrego. Esta cartita de mi para mi trata sobre mi fracaso. Y sobre como, ayer, al no gestionar bien una interacción y que de dicha mala gestión surjan una serie de emociones de indefensión, cobardía, tristeza, frustración me permita darme cuenta de hasta que grado soy responsable de mi actual estado de infelicidad. Lo cual, entiendo, es positivo y me puede ayudar a salir de él.
Realmente, todo empieza con la tragedia de envejecer. Que consiste en, basicamente, darnos cuenta de que no tenemos quince años. Durante los últimos años he estado afrontando desafíos como si aún fuera la persona que era hace diez años. Alguien hambriento, curioso, con ganas de aventura. La resistencia a asumir el cambio, a entender que mis prioridades no van en la línea que iban entonces y las cosas que me hacen feliz no tienen que ser las que me harían feliz, me ha llevado a tomar una serie de decisiones equivocadas. Una detrás de otra. Hasta que ha llegado un momento que me he despertado por la mañana y he dicho. ¿Qué demonios estoy haciendo con mi vida?
Lo curioso es que me he metido en este callejón sin darme cuenta. Un paso lleva a otro que lleva a otro y, de repente, un día no sabes ni porqué estás andando. En mi caso, soy muy consciente de mis limitaciones y prioridades. Volviendo al ejemplo del astronauta, la conversación con mi abuelo me hizo darme cuenta de que no lo quería tanto. Y que no pasa nada por no ser un astronauta; millones de personas no lo son y viven felices. A veces, el truco es adaptar tu vida a ti, en vez de hacerlo al revés.
Vamos a mi caso y al origen de mi fracaso. Hace diez años me fascinaba irme a sitios nuevos, conocer otra gente, aprender idiomas, descubrir otra forma de ver el mundo. Aún me sigue gustando, lo considero algo maravilloso. Pero hace diez años yo partía de una base "comoda". De hecho, creo que incluso en este blog puede verse. Yo hace diez años tenía "dramas de primer mundo"; una chica no se interesa por mí, no sé que hacer con mi tiempo libre, me inquieta mi futuro. Tenía dramas familiares, algunos muy serios y tenía miedo por lo que vendría y por lo que estaba viniendo. Pero eso cambió. Con el tiempo fui superando desafíos, garantizandome seguridades y adquiriendo perspectiva. Los dos cambios fundamentales en mi vida en este tiempo son, por un lado, un cierto éxito social y profesional y por otro, un aumento de la presión emocional del entorno sobre mi. He dejado de vivir en una pequeña comunidad donde conocía a mucha gente y me sentía seguro a estar constantemente cambiando mi entorno, de forma que nada está garantizado y todo está sujeto a cambio.
Y oh, sorpresa. No me gusta.
Así que de repente me doy cuenta de que el ir subiendo la apuesta no pasa por ser la solución. La solución pasa por volver a un estatus de estabilidad, una vez finalizado el "peregrinaje". Cuando uno no es capaz de defender sus derechos, porque ha destruido sus raíces y el suelo que pisa hasta el punto de que ya casi no sabe quién es, es el momento de dar un paso atrás y plantearnos si realmente esto es lo que queremos para nuestra vida. Descubrir la raíz del problema en lugar de atacar las consecuencias de este es la forma de solucionarlo. Aplicando un caso práctico, yo no necesito ganar más dinero o tener X euros en una cuenta. Yo necesito sentirme bien. Y para sentirme bien, tengo que trabajar en las cosas que me hacen feliz, pero desde la parte de abajo de la pirámide de Marslow. No como, no duermo, no hago cosas que me hagan feliz... y no las hago porque no me siento seguro. Y no me siento seguro porque, en lugar de limitar los factores de incertidumbre en mi vida, los he ido posponiendo y apilando. "Cuando arregle esto me pongo con lo otro". Y no puedo. Y no pasa nada por reconocerlo.
Ese es el principal elemento de todo este artículo. Fracasé cuando decidí que podía hacer cosas que no puedo. Fracasé cuando cifré mi felicidad en cosas que no me la pueden dar. Fracasé cuando, en lugar de construir un puerto desde el que pueda salir a explorar, pensé que podía pegarme años en alta mar tocando puerto de vez en cuando. No funciona así. Cada cierto tiempo, los barcos deben entrar en el astillero y sufrir una reparación profunda, porque ahí fuera pega muy duro.
Pero sobre todo, fracasé cuando no me permití a mi mismo envejecer.

jueves, 12 de septiembre de 2024

Política y emociones negativas

Hoy, medio empanado, estaba repasando cosas en Facebook. Y me encontré con un analisis de una noticia, basada en una entrevista con Jordan Peterson en Canada. Leyendo la noticia, se me ocurrió algo muy curioso que quiero compartir con mi yo futuro y con Uds. No es ninguna revelación; está más que analizado. Pero en mi pequeño mundo, de repente me llamó la atención.
Hay una cantidad enorme de nuestras decisiones personales y globales, incluidas las elecciones políticas, basadas en dos sentimientos muy negativos. Que son, por un lado, el miedo y por otro lado la envidia. Vamos a hablar un poco de la envidia.
Recuerdo un monologo muy bueno de Miguel Lago en el cual decía "A Uds no les molesta que los políticos roben. Les molesta no poder robar Uds". Y aunque la gente se reía, no es gracioso porque es verdad. Hay mucha gente que cuando dice "tax the rich", lo que quiere decir no es "compartamos el esfuerzo". Lo que quiere decir es "quién se cree que es para tener X, que se joda. Se lo quitamos". Esta semana he escuchado muchas veces "eso no es mi trabajo, que lo haga otro". Y ayer, hablando con Carlos (que es un máquina), le comentaba un descubrimiento muy curioso que he hecho en mis e-mails de trabajo. Yo nunca pongo "haz". Yo cuando pido algo pongo "ayudame a hacer". Porque no tengo sirvientes; yo a toda persona a la que escribo pidiendo que me ayude con algo tiene un trabajo. Y soy consciente de que, aunque su trabajo sea darme apoyo a mi, no está sentado en su mesa esperando a que yo le llame.
Si algo aprendí en mi anterior puesto, aunque ya lo había sabía de cuando trabajé en el cyber, es que hay muchísimo trabajo que nosotros no vemos. Damos por hecho que las cosas "funcionan", como si hubiera duendes mágicos haciendolas funcionar. Un colega mío trabaja llevando el mantenimiento del agua de mi ciudad. ¿Sabéis cuanto trabajo se hace, cada día, para que el agua siga corriendo y llegando a nuestras casas? Es absurdo. Pero lo más absurdo es que ni siquiera lo sabemos; lo damos por hecho. Y me parece que es una forma de pensar que, como sociedad y a medio plazo, es muy peligrosa. Porque en el momento que dejamos de respetar el trabajo de los demás, en el momento en que no somos conscientes del esfuerzo que suponen las cosas más pequeñas, abrimos la puerta a su degradación, su manipulación, su mala gestión. Muchas cosas se estropean no porque la gente sea mala, que también, sino porque, como no sabemos lo que cuesta y no lo valoramos, dejamos que se eche a perder. No lo priorizamos. Si nunca te ha hecho falta ponerle anticongelante al coche, ¿para qué vas a comprar uno bueno y asegurarte de que funciona?
Ah, amigo. Pero hay cosas que si usas. Cada día. Y no lo sabes. Y crees que funcionan solas, se mantienen solas, "el dinero publico es de nadie", etc.
La envidia es una emoción terrible. Su raíz, en muchos casos, es una frustración que puede ser legítima. Pero debe ser reconducida hacia algo positivo. El otro día me dijo un psicólogo que "la critica puede servir para conducir a un cambio o puede ser un ritual". Si nuestro objetivo no es mejorar, si no tenemos un objetivo positivo al final del camino, la critica es muy peligrosa. Todos tenemos derecho a desahogarnos, pero siendo conscientes de que algo es un desahogo. También tenemos que ser conscientes de las implicaciones de nuestras reivindicaciones y actuar como adultos. Hay que saber que las cosas tienen un precio, que el trabajo de los demás es importante y que, a la gente malvada, se le combate. Teniendo esas cosas claras, cuando vemos un titular, cuando leemos una opinión, cuando hablamos con alguien sobre un tema importante es buena cosa saber, ¿qué emoción está dirigiendo esta idea? ¿Es una emoción positiva, de crecimiento, de apoyo, con un objetivo claro? ¿O es una emoción negativa, basada en el castigo, en el miedo, en la envidia?
Ya acabo. Hace unos meses leí a un desplazado ucraniano (que no deja de ser un refugiado, pero me molesta llamarlo así), "el objetivo de los rusos es que, como ellos no tienen wateres en sus casas, nadie los tenga". Y esa frase resume muy bien determinados movimientos políticos y a la gente que les apoya. Y es algo que me parece terrible. Hace unos meses discutía con una amiga, que decía que había que echar a los judios de Israel. Y cuando le decía "ok, ¿a donde? ¿y como?" se quedaba callada. Porque no hay un plan constructivo, no hay una voluntad de mejora. Solo hay miedo, envidia, odio. Y es peligrosisimo no enfrentar esas cosas.
Que tengais un día genial. Se os quiere.

domingo, 8 de septiembre de 2024

La pereza como indicador

Llevo unas semanas bastante complicadas, que parece que por fin empiezan a orientarse en la dirección correcta. Y justo ahora, pensando en la agenda que tengo por delante y las cosas que quiero hacer, me he dado cuenta de que me apetece descansar y estar a mi rollo en casa. Pereza. Y sin embargo... aún con pereza, hay un plan que quiero hacer. Y me sorprende.
El otro día escuché que llevaba semanas y meses mal. Es cierto. Llevo mucho tiempo falto de motivación, con el foco perdido. Por eso me sorprende, un día, encontrarme con que me apetece hacer algo. No porque quiero ver a alguien, no para distraerme... no como excusa para algo. Ni como remedio. Sino que de verdad quiero hacer eso, independientemente de con quién y como. Es algo poco común en mí, ultimamente. Y me alegra.
A veces, necesitamos tener un vacío para darnos cuenta de las cosas. Espacio. Y a veces, es más revelador lo que echamos en falta, lo que debería estar ahí y no está, que lo que realmente tenemos entre manos. Por eso, a veces, una buena forma de analizar algo es preguntarnos en negativo. No "que quiero hacer", sino "qué es lo que NO quiero dejar de hacer". Puedo quitarme todo, excepto. Y ese excepto es importante.
Tened un día genial

martes, 16 de julio de 2024

Cádiz y reiniciar

A la hora de tomar alguna decisión complicada o importante, yo siempre recomiedno a la gente que viaje. Que salga de su espacio, le dé una vueltecita a su vida y lo plantee desde fuera. A ver como se vé.
Yo, casi sin querer, me ha tocado hacerlo. Hacía bastante que no me movía "a mi ritmo". Este fin de semana fui a Cádiz. Que tampoco es que sea algo desconocido o aventurero para mí; es la ciudad donde me crié. Pero iba en un estado mental tan... saturado, tan superado por las circustancias, que no era capaz de orientarme a mí mismo. Con deciros que me dí cuenta de que no llevaba las llaves de mi casa, cuando ya el tren llevaba un rato arrancado.
Y de alguna forma, reinicié. El espacio. El cambio de ritmo. Como decía alguien, valoramos las cosas por contraste; somos conscientes del silencio porque vivimos en el ruido. Pero aún así, con el tiempo uno interioriza cosas y no necesita tanto del contraste, porque establece su propio medidor personal. "Para mí, esto es ruido". Porque establecemos un punto medio nuestro. Y para mí, en Cádiz hay tranquilidad.
Pero no solo hay tranquilidad. Para mí también hay seguridad y hay cariño. Se me llena el alma. Y eso hace muchísima falta y, desde la seguridad y la tranquilidad, uno se plantea las cosas de otra manera. Hoy he leído a una psicologa que, una vez dejas el "corre o lucha" te sientes agotado. Pero no porque seas un flojo, sino porque llevas demasiado tiempo sometido a un nivel de tensión demasiado alto. Eso es lo que te relaja. No este momento, sino todos los momentos que no pudiste hacerlo y te toca ahora.
En dos días y medio, he hecho de todo. He encontrado a mi familia, he estado con amigos, he leido, he dormido. He ido a la playa, he comido un montón de cosas buenas (y otras que no lo eran tanto), he hablado de cosas que me gustan, me he reencontrado con gente a la que quiero mucho. He reiniciado y me he visto a mí mismo a través de otra gente. He replanteado las cosas que son importantes, una vez dejas de correr. Me he hecho promesas a mí mismo, aún más claras que la última vez que estuve.
Y he disfrutado. He saboreado la comida, he dormido a pierna suelta, me he reído a carcajadas. Me he asombrado viendo a mi sobrino, he disfrutado del sonido del mar, del placer de las cosas sencillas. He aprendido muchísimo. Y hoy, el día del Carmen, lo he celebrado cogiendome un tren a las seis de la mañana (ya me vale) y conociendo a alguien muy guay que me ha enseñado una nueva area de conocimiento. Y lo tomo como una señal de que, efectivamente, voy en la dirección buena. Cuidandome. Y cuidando a la gente que quiero.
Así que gracias, Cádiz. Y hasta la próxima.

miércoles, 10 de julio de 2024

Estoicismo y sociedad de consumo

Hoy hablaba con una colega sobre la frustración y los niños. Que claro, ahora todos los niños tienen un ipad y, ¿como va a crecer el tuyo sin él?
Y pensaba que es curioso. Que todos los niños hemos intentando el "Manolito tiene X, ¿ por qué yo no ?" Quizás porque yo lo intenté con cosas que no podían darme (un padre, por ejemplo), tiendo a menospreciar el daño psicologico que puede causarle a un niño la frustración. Pero en general, creo que es importante asumir que no somos actores pasivos de nuestra vida y que "la sociedad" no decide por nosotros. Puede presionarnos y condicionarnos, claro. Pero de igual forma que el hecho de que haya 40ºC y yo tenga la playa delante NO me obliga a bañarme, da igual cuanto me presione la sociedad, el responsable final de mis actos y decisiones soy yo.
El otro día vi un video con Iñaki Gabilondo, que tiene 82 años, diciendole a un hombre que son (somos) la primera generación que no asume el mando de sus vidas. Que a él, o a la gente de su edad, nunca se les ocurrió echarle en cara a sus padres el mundo que les había dejado, después de una guerra civil y con una economía destrozada. Cada uno trabajó con lo que tenía, con la vista puesta en conseguir un futuro mejor para uno mismo y los suyos.
Ojo, esto no quita responsabilidad a nuestros antepasados. Pero desde luego nos la pone en nosotros. Muchas veces he discutido con mi madre que "a mí es que me educaron así" no es argumento válido para nada. A uno lo educan mientras está desarrollandose, pero a partir de que empieza a volar solo, pues... vuela solo. Yo no puedo excusarme en mi madre, ni en el clima, ni en el palmarés del Real Madrid para justificar cualquier decisión que tome. Mis decisiones son mías. Para lo bueno y para lo malo.
¿Y donde entra el estoicismo aquí? Pues que de repente, se ha puesto de moda. Todos asumimos el papel de sufridores, de objetos pasivos. El destino me ha puesto esta prueba. Y deberé superarla. Y no es mentira. Los clásicos tienen su utilidad y, desde luego, existe un atractivo manifiesto en la busqueda de la virtud y la entereza. En la dignidad. Y en la frugalidad. Que son virtudes muy trasnochadas en una sociedad de consumo que aspira a seguir creciendo, a poseer más, a ser ambiciosa y arrogante. Pero no se cuestiona el motivo y confunde el medio con el fin. Mejorar nuestra autoestima es una herramienta para ser felices, no es un fin en sí mismo. Conseguir estabilidad económica es una forma de asegurar que podemos compartir con los nuestros y nos ayuda. Pero tampoco es el fin. Cada uno elegimos nuestro camino... pero lo hacemos en solitario. Decía Marco Aurelio que todo lo que oímos es una opinión, todo lo que vemos una percepción. No estamos sometidos a hechos inmutables (como el del ipad). Sino que vamos modificandolos a medida que suceden cosas.
Con lo que hoy en día el estoicismo está de moda, porque los clásicos son una barrera contra una oleada de pasividad, de consumo, de hedonismo vacío. Necesitamos encontrarle un sentido espíritual a la vida, como lo ha hecho el ser humano siempre, porque una parte de nuestra existencia es nuestra alma, gnosis o como lo queráis llamar. Y al igual que necesitamos salud física y salud mental, necesitamos salud emocional y espirítual. Hay que cuidarse. Y hacerlo de forma activa.

martes, 9 de julio de 2024

Okhmatdyt 4

Pero no quiero acabar esta parrafada así. No. Porque entonces yo sería igual que toda esa gente, empeñada en demostrar que todo el mundo es asqueroso y repugnante. Que todos somos egoístas, cobardes, miserables. Que si pudieramos, todos robaríamos, violariamos, asesinariamos. Que lo único que nos limita es el miedo a que otros nos lo hagan a nosotros o nuestra incapacidad para hacerlo. Basicamente, todo el sostento moral de Russky Mir y el "lado oscuro" del mundo.
No voy a acabar con eso. Voy a acabar hablando de Elina Svitolina, que ayer ganó un partido en Wimbledon pero lloró por los niños que sufrían. Voy a acabar hablando de Yana Stepanenko, que perdió las piernas en un ataque en Lviv y corrió en la maratón de Bostón. Me voy a callar las historias de gente a la que conozco personalmente y que, día a día, saca una sonrisa a pesar de dormir en una bañera o en un pasillo, de ver baterias antiaereas actuando al lado de su casa o celebrar que han hecho un bunker en su trabajo. Y que trabaja, en medio de un aviso de bombardeo, porque lo que está haciendo es importante.
Voy a acabar hablando de los bomberos a los que mataron en Dnipro, porque esperaron veinte minutos después del primer bombardeo para pillar a los del servicio de emergencias actuando. Y voy a acabar hablando del discurso de Zelensky de Navidad en el que agradece a los profesores, a los medicos, a los electricistas y a todos, a todos, los que siguen trabajando y dando lo mejor de si para que su país siga existiendo. Porque toda esa gente, todos esos miles y millones de personas que se levantan con un aviso de bomba y que conducen taxis, plantan verduras, crian hijos y hacen lo mejor que pueden, son la Victoria. Con mayusculas. Esa gente que se pone un uniforme y va al frente, diciendo "no quiero que mis hijos mueran combatiendo a Rusia, así que voy yo. Porque si no los paramos, seguirán viniendo". Esa gente que protege y defiende... cada uno a su nivel. El que le da flores a una anciana por la calle. El que consuela a un niño asustado porque tiene miedo, aunque él también lo tenga. Y por último, esa gente buena que está viendolo por la tele y dice "esto no puede ser" y saca su cartera y da algo, un poquito, a una asociación que cuida animales o manda comida o...
Todos. Todos los que están en el lado bueno, todos los que ayudan, cuidan, apoyan, protegen. Todos los que se esfuerzan. Esos son con los que quiero acabar. Con los medicos quitando escombros y con esos mismos médicos, que, los que puedan, hoy han vuelto al trabajo. A salvar vidas, a cuidar niños, a apoyar familias. Como decía Zelensky, gracias. Porque por mucho que se sufra y muy mal que se esté, el mero hecho de existir es un puño levantado contra aquellos que no quieren que existais. Y solo puedo deciros gracias y, de todo corazón, gloria. Gloria a Ucrania, gloria a los heroes.

Okhmatdyt 3

Me gustaría dedicar un momento a hablar del componente humano. Ya he hablado sobre los medios de comunicación, las redes sociales y lo que hay detrás. Pero incluso suponiendo que hay un bot, ese bot fue programado por alguien. Igual que la persona que diseña una mina es alguien con una psicología bastante particular, el que programa a un bot para emitir determinados contenidos también. Y ya hablemos de personas concretas. De esa gente en Rusia que dice que habría que matarlos a todos. De esa gente que vé una foto de niños y lo justifica. Y ese paralelismo que tanto le gusta a alguna gente "¿y qué pasa con Gaza?", lo dejo quizás para una parte cuatro. Si aún tengo estomago.
Me da mucha rabia darle en algo la razón a Thatcher, por lo que me he llevado una alegria al encontrar que la cita es de Churchill: "El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria.”
Ok. Ahora me dirán que el estado ruso no es socialista, o que Putin (me ha costado escribir ese apellido sin incluir algún adjetivo. O huylo) lo que les apetezca. Correcto. Pero el argumento detrás de esa gente que se alegra cuando, repito, un hospital infantil para niños con cancer ha sido bombardeado, es esa. La envidia, la ignorancia, el fracaso, la distribución igualitaria de la miseria. Nadie, absolutamente nadie que sea una persona buena puede ver algo así y, como mínimo, no mostrarse horrorizado y dolorido. Es un fracaso como especie. Los monos se matan entre ellos en guerras genocidas, incluyendo asesinatos de crias. Pero no lo celebran. El que alguien pueda ver una imagen de un niño sin pelo en la calle, en una bata, porque hemos (insisto, como especie) destruido su refugio y argumentar, justificar, señalar con el dedo...
Es para hacerse mirar lo que esa persona tiene en la cabeza.
Y no, venga. Voy a tirarme de la moto con lo de Gaza. Porque ya que estoy, esa maldita mania que tenemos de comparar y de explicarlo todo, del "y tu más", de "no pero es que Juanito hizo...". Venga. Voy a hablar del tema de Gaza e Israel.
Procedimientos operativos del ejército israelí. Se pasa con una avioneta lanzando avisos de ataque aereo. A continuación, se mandan SMS y codigos QR indicando la zona. Veinte minutos después o más sucede el ataque. Imaginemos que, como dicen algunos consparanoicos, el ejército ucraniano ocultaba armas. En un hospital infantil. Con la posibilidad de complicar elementos electrónicos de los que depente, literalmente, la vida de gente. Ok. En ese tiempo le habría dado ocasión a sacar a los niños.
Pero estiremos el chicle de la ignorancia y el fracaso. Supongamos que querían "la foto". Que estaban dispuestos a dejar que mueran niños para horrorizar al mundo. Algo que, volviendo a la comparación, nunca ha pasado en Gaza. Donde el representante de Hamas ha dicho, en una entrevista, que la población es responsabilidad de la ONU. Que ellos, la autoridad política que gobierna el territorio, no le debe nada a la población que en teoría le concede legitimidad. Pero vale. Vamos a suponer que el gobierno ucraniano, elegido democraticamente y aún con un nivel de apoyo popular tremendo, está dispuesto a actuar como un grupo terrorista. (¿veis como hay que hacer ejercicios mentales curiosos?). ¿Qué creéis que sucedería a continuación? ¿No habría un montón de testimonios del estado ruso, diciendo (como Israel), "nosotros avisamos, aquí están las pruebas, por favor observenlo".
¿Y por qué no sucede eso? Porque, como dijera Toño, "esto no va de ti". Al gobierno ruso la opinión internacional le importa lo mismo que a mí el precio del carbón en Pyonyang. Ellos ya tienen sus tankies. Y para los indecisos, tienen tecnicas de sobra de desinformación. Ellos en ningún momento han querido ganar los "hearts and minds" de nadie, porque no les importa. Si tienes un palo lo bastante grande, la opinión que tengan los demás de ti se corrige. Con el palo.
Hasta el momento, la única justificación del estado ruso del bombardeo de Okhmatdyt es que eran restos de un proyectil antiaereo ucraniano. Algo que cualquiera con google y diez minutos para investigar sobre balistica vería que es absurdo. Pero da igual. Porque ni siquiera intentan en serio justificarse, simplemente quieren escribir algo que sus seguidores, esos filosofos del fracaso y de la distribución igualitaria de la miseria, están dispuestos a comprar de tres en tres.
Hay una historia que me contaron de pibe, una especie de chiste. Hay una reunión de comunistas de todo el mundo. El representante portugués se pone en pie y dice "Camaradas, la revolución ha triunfado en Portugal. Hemos conseguido que no queden ricos en el país. " Ante lo que se levanta el representante sueco y dice "Camarada, creo que no lo has entendido bien. La revolución era para que no hubiera pobres."

Quiero acabar dandole una vuelta al tema de las justificaciones. A que me da tantísimo asco esa gente que dice "todas las guerras son malas" y "ya, pero ellos...". Y me siento afortunado y alegre de que no exista gente así en mi vida, gente que vea un hospital y niños muertos y lo justifique. Volviendo al ejemplo de Israel, yo considero que son guerras distintas. Pero considero que la vida de cada niño y de cada civl es importante y debe ser puesta en la balanza. Y los criminales deben ser juzgados. El uso legítimo de la violencia, la razón de ser de las fuerzas armadas de todo el mundo, no es excusa. La constitución alemana, precisamente, es muy clara en ese sentido y dice que toda persona será responsable individualmente de sus acciones en caso de conflicto bélico. No vale el "yo obedecía ordenes". Y mucho menos vale el "es que el profesor me tiene mania". Han sido casi diez años para que saliera el juicio en la Haya del derribo del vuelo 17 de Malasyan Airlines. En ese tiempo ha habido pruebas, estudios, investigación, argumentos y contraargumentos. Se ha demostrado que el estado ruso es culpable. Y su respuesta, como todas las anteriores, ha sido "es una conspiración XXX".

Okhmatdyt 2

Yo, como muchos de vosotros, me informo por redes sociales. Hace bastante tiempo leía grandes medios, pero el ataque de los banner "suscribete!", junto con la sistemática perdida de calidad del contenido me ha tirado para atrás. Hasta el punto de que, como mucho, a veces leo el diario de Cádiz. Las últimas veces que me he asomado a ABC, el País, El Mundo... ha sido con creciente disgusto. La cobertura de la guerra de Ucrania es grotesca. A veces me pregunto si es por estupidez o maldad, pero la forma en que RTVE retransmite "X países NO firman el acuerdo de apoyo a Ucrania en Suiza", de forma que en los comentarios la gente le tiene que preguntar "¿Y de los 100+ X que si firmaron no decís nada?" me repugna. De medios extranjeros, The Guardian perdió toda credibilidad para mí tras la cobertura del referendum en Cataluña. Estoy aburrido de que me hagan tragar agendas como si fuera tonto. ¿En qué momento el lector medio español ha perdido la capacidad crítica? Recuerdo hace años leer Russia Today y pensar "¿pero quién se puede creer esta mierda?". Y ahora estamos parecidos aquí.
Me desvio. Lo que os quería decir es que, como muchos de vosotros, me informo por redes sociales. Y eso tiene dos problemas. Por un lado, estás recibiendo directamente el sesgo de una o varias personas, con lo que si quieres una visión "amplia" tienes que acudir a multitud de fuentes, con el peligro de que se copien las unas a las otras y realmente estés recibiendo la misma información por varios canales. El segundo problema es la exposición a bots y tráfico incendiario o tóxico. Por cada noticia que leas va a haber alguien o "alguien", que aproveche el canal abierto para vomitar sus consignas, sus opiniones e ideas. Venga o no a cuento, que ese es un rasgo muy español, el de dar tu opinión sobre todo aunque nadie te la haya pedido. Y cuanto menos ideas tengas de algo, más dispuesto estarás a compartirlo.
Vivimos en una época de absolutos. Y vivimos en una época de emociones intensas. Hace cincuenta y cinco años un hombre aterrizó en la Luna. Ahora hay gente que defiende que nos echan nitrato de plata en el aire para que no llueva. Todo es consparanoia, todo son emociones. Volviendo al artículo anterior, como sabéis los que me conocéis, yo tengo mi propia opinión sobre Dios que no comparto con Stephen Fry. Pero es mi opinión, no es un hecho. Ese es el principal problema de nuestra era, que hemos confundido emociones con argumentos y hechos con creencias. Podemos creer o no en Dios, pero no podemos discutir la gravedad si no es con otra experiencia científica, medible, razonable.
¿A qué adivinais por donde voy? Efectivamente. Un impacto de misil en un hospital infantil. Hay fotos del misil. Hay hechos. Pero hay gente que te va a discutir esos hechos con opiniones. Hay gente que va a echar barro al agua, para que no se vea claro. A veces por maldad o a veces por estupidez. Me da igual. Los hechos son incontestables. Y no solo los hechos, sino las justificaciones morales detrás de los hechos. Voy a hacer la pregunta que, cualquiera que vea la guerra de Ucrania desde la barrera, debería hacerse.
¿Qué han hecho los ucranianos para merecer esto?
Vamos a ir repasando uno por uno argumentos justificativos de la invasión de un país soberano. El primer argumento, el más lógico, es el de la legítima defensa. Rusia temía un ataque por parte de Ucrania y se está defendiendo. Perfecto. ¿Cuando quedó claro que Ucrania no iba a invadir Rusia? ¿En abril de 2022? ¿En agosto de 2023? ¿Hasta donde llega la legítima defensa? El "regimen" de Kyiv, ¿no ha demostrado ya de sobra que obedece leyes internacionales y actua conforme a Derecho?
Ok, vamos a suponer que no lo aceptamos. Que la legítima defensa no es el motivo de la invasión rusa, sino la necesidad de un buffer territorial entre la OTAN y Rusia. ¿No tiene frontera Rusia con los países bálticos? ¿Y ahora con Finlandia? ¿En qué momento, de los últimos 30 años, ha habido un riesgo real de invasión rusa por parte de países OTAN? Clima pre-bélico, acumulación de tropas y equipamiento, ejercicios... El Trident Juncture más "multitudinario" de la historía reciente reunió a 40.000 efectivos. No sería suficiente ni para ocupar Kaliningrado, San Petersburgo y Murmansk, no hablemos de defenderse del evidente contraataque.
Y ya está. Llevo un rato pensando posibles argumentos para justificar la invasión de un país soberano, pero los únicos legítimos que se me ocurren son defenderse. Fin. La gente que vive en la calle de al lado de tu casa tiene derecho a hacer lo que le dé la gana, siempre y cuando no sea un peligro para ti. Y a pesar de que a muchos nos gustaría, Ucrania no es un peligro existencial para Rusia. No va a invadirla. La gente en Ucrania, por increíble que nos pueda parecer, quiere vivir tranquila. Tienen gobiernos elegidos democraticamente y, si no les gusta como hacen las cosas, montan una revolución y los echan. No van a reunirse a millares para invadir otro país; prefierne ir a sus dachas a plantar patatas. Suena idiota pero es así. O quizás yo estoy comido por la propaganda y no veo un peligro obvio y evidente, basado en mis emociones. Ah no. Que incluso después de que los países aliados autoricen a Ucrania a usar armas en territorio ruso solo se ha atacado objetivos militares. ¿O todo es un sueño?

Okhmatdyt 1

Buenos días. Yo no suelo dedicar este blog a cuestiones... "de las noticias" por así decirlo. Este es un espacio personal, de mí para mí, en el que pienso en voz alta. A veces, cosas que no me caben en el pecho y necesito soltar al papel. A veces, cosas que estoy tan contento que quiero celebrar.
Hoy no es uno de esos días. Hoy hice algo que llevo haciendo desde el 24 de Febrero de 2022. Me asomo al horror. Me abro una herida que no puedo dejar que se cierre, por orgullo, por dignidad, por solidaridad con las personas que conozco y que sufren esto.
Anes de seguir, quiero aclarar una cosa. Los ucranianos, al contrario que la mayoría de europeos occidentales, no están "hartos" de las noticias. Ellos han crecido necesitando saber si hoy va a haber una revolución o no. Así que ven las noticias como las veían nuestros padres. Abren el períodico y se conectan con el mundo. Y las noticias no son "Ah, otra guerra en África". No. Las noticias provocan emociones reales, como ayer en Barcelona con los turistas. No es esa competición en las redes sociales por ver quién es el más listillo o venir a hablar de mi libro (bueno, a veces sí), sino la percepción real de que detrás de esas imagenes hay personas de verdad.
Cerrado el parentesis, continuo. Como decía, desde que empezó la guerra hago un ejercicio diario de exposición al horror. Por lo que, si bien para muchísima gente es "ah, ¿pero sigue habiendo guerra?" para mí es "Ok, otro bombardeo". No puedo decir que no me duela ni me afecte, porque ahí hay gente de verdad, pero llega un momento en que desarrollas herramientas para afrontarlo. Te pones una mascara, unos guantes y lo tocas menos, a través de protecciones. Por eso, porque sé lo que hago y estoy preparado, me duele tantísimo lo que pasó ayer.
Recuerdo que hace unos años ví una entrevista que me impresionó. Stephen Fry es un cómico británico, super popular allí por lo visto. Yo no lo conocía de nada. Y en la entrevista que vi, donde para mí había un tipo de aspecto bonachón al que trataban con mucha distancia, con una dignitas impresionante, le preguntaban. "Ud que es ateo... ¿que diría si conociera a Dios?". Y la respuesta de Fry, que recordaré toda mi vida fue "¿Cancer infantil? ¿Por qué?" luego lo desarrollaba y argumentaba, pero la clave era esa pregunta. Cancer infantil. ¿Por qué? Tantísimo sufrimiento, dolor... Yo creo que, dentro de la escala de cosas que están mal en el mundo en general, esa sería de las primeras.
Y ayer tiraron misiles sobre un hospital infantil. Sobre la zona donde les hacen dialisis. A niños.
Aquí tengo que hacer otro parentesis. Ucrania es un país muy jodido. Chernobyl está a tiro de piedra. Hay mucha corrupción y alcoholismo. El porcentaje de familias desestructuradas, para nosotros que vivimos en países "bien" es absurdo. No es extraño que los niños crezcan sin uno de los padres, o criados por los abuelos. Hay muchos huerfanos. Y los que tienen suerte de pertenecer a una familia, suelen enfrentarse a problemas emocionales o de desarrollo debido a años y siglos de problemas históricos. Ser niño en Ucrania, en general, no es un regalito, como en casi ningún país post-sovietico.
Aquí tengo que parar. Este es solo la introducción, pero estoy llorando. Voy a darme una treguilla y sigo.

jueves, 4 de julio de 2024

Un acto de amabilidad aleatorio


Hoy estaba mirando cosas en Facebook y, de repente, me ha salido algo que me ha llamado la atención. "Coñe, eso es Kyiv". Es interesante como, si reconocemos un lugar, automáticamente establecemos una afinidad y eso nos atrapa/atrae. Supongo que debe ser algún reflejo tribal, de la época en que viviamos en cuevas y había que reconocer en automático una cueva entre cientos iguales. Quién sabe.
Que me despisto. El caso es que apareció un video, que era obviamente un montaje, de una mujer que se había dejado un carrito de bebé en el metro y un vagabundo lo recogía y lo guardaba. Ella llegaba, se lo agradecía y le daba algo de dinero. Los primeros, no sé, cincuenta comentarios, denunciaban que era un montaje. ¿Y? ¿Acaso es tan importante ser el listillo de la clase, que señala con el dedo y vé el truco? Me da pena no poder celebrar un simple acto de bondad, sin tener que despertar la bestia del cinismo y taparlo. Cuando vemos un video de un hombre insultando a alguien, nunca nos cuestionamos si eso será un montaje. ¿Por qué tenemos que reaccionar así ante la amabilidad?
Eso me hizo recordar un artículo de Perez-Reverte de hace muchísimos años, puede que veinte. En él contaba como, durante la dictadura, hacían unas peliculas pastelosas e infantilizadas, donde los malos eran malísimos, los buenos eran buenísimos, pero de alguna forma, todo cambiaba. Como en un cuento de Dickens, en el que el usurero se daba cuenta de su error, el sufrido trabajador recibía su recompensa y la familia resolvía su problema y era feliz y se quería. Y Perez-Reverte reflexionaba que, si bien esas películas eran mentira y todos lo sabían, hacían sentirse mejor a la gente. Y no solo eso, sino que les inspiraba a ser mejores personas. Sus modelos de conducta, las historias que se contaban los unos a los otros, eran historias de esperanza, de amabilidad, de humanidad. Y luego habría un montón de hijos de puta, como siempre, pero incluso esos en su interior sabían que estaban actuando mal.
Me da mucha lástima y mucha rabia como, en esta sopa de individualismo feroz, de miedo, de consumo, de hedonismo, despreciamos el acto cotidiano de bondad humana. Los pequeños gestos. El saludar al vecino, el ceder el asiento, el ayudar a un desconocido. Yo me niego a comprar eso. Sigo creyendo que la gente puede ser buena si se les deja, que solo hace falta ayudarles a ello. Por supuesto, como decía Alfonso X el Sabio, tengo en una mano el pan y en la otra el palo. Y según te comportes, recibirás uno u otro. Eso es así. Pero mi primera reacción me niego a que sea el cinismo, el desprecio, la arrogancia.
Tengo mucha suerte en la vida. Estoy bien de salud y mi familia también. No me falta comida, ni techo. La gente que quiero está bien, con sus problemillas pero se van resolviendo. En general, soy muy afortunado. ¿Qué me impide compartirlo con los demás? ¿Qué me cuesta ser un poco amable, un poco generoso, un poco alegre?
Porque, y esa también es parte de mi suerte, muchas veces recibo lo que doy. Otras no, pero, ¿donde ponemos el foco? ¿Somos victimas de nuestra vida o actores directos de ella, gente que hace cosas? Nosotros podemos suponer una diferencia. Cuidandonos y cuidando.
Así que la próxima vez que veáis un video de alguien regalando flores a desconocidos en Kyiv (que es el siguiente que vi), no preguntaros "¿será real o falso?". Preguntaros, ¿me siento bien viendo esto y quiero hacer o ver algo parecido? ¿Quiero cosas así en mi mundo? Y si la respuesta es sí, sonreíd. Como le dije una vez a un tío que me estaba contando que tocó la batería con Gamma Ray "Me da igual si es verdad o mentira. Es una historia maravillosa, sigue contandome".


P.D: No es casualidad que me impactara tanto que saliera Kyiv en el video. Desde hace dos años, todas las historias que recibo de allí son de drama, problemas, guerra. Es un sitio que sufre y ha sufrido mucho. Algún día me gustaría volver. Por lo que ver gente paseando por sitios que conozco, sonriendo, charlando, compartiendo cosas... me calienta el corazón. Ojalá todos los sitios donde la gente sufre, donde se pasa mal, pudieran convertirse en sitios donde la gente charla por la calle, regala flores o cuida carritos de niño de otras personas. Ojalá.

sábado, 11 de mayo de 2024

Sobre la "crisis de valores" (Pt 3)

Cualquiera que lea este blog de vez en cuando sabe que tengo bastante afición por la antropología, y que la identidad es una de las cuestiones a las que me asomo cada cierto tiempo. Me fascina. Es algo unicamente humano; ningún animal se "identifica" como algo. Tampoco necesita un punto de referencia; un animal es. Pero el ser humano no. El ser humano lleva su capacidad de abstracción hasta extremos absurdos, como por ejemplo la psicosomática o los placebos. La capacidad de la mente del ser humano de configurar el entorno donde vive es tan extrema, que en cierta ocasión hablando con un amigo me dijo que le encantaría "ver el mundo a través de los ojos de otra persona", pues no se imagina como se percibiría de distinto a su propia realidad.
Me desvío. Quería hablar de como, en buena parte del mundo hoy en día y en nuestras sociedades hasta hace muy poco, la identidad cultural se sobreponía a la identidad individual. Como leía en el Warnerd: "en un mundo de guerras y matrimonios concertados, el amor como virtud era peligrosisimo" (referido a la Iliada). No soy un nostálgico del Antiguo Regimen y no defenderé aquí que la mujer se quede en casa cuidando a los niños, ni ningún anacronismo así. Pero la existencia de grandes identidades tribales daban un punto de referencia muy comodo a la hora de evaluarse uno mismo, y una serie de valores y principios a los que recurrir. Yo fui un adolescente heavy. Y como adolescente heavy tenía mis heroes, que realizaban hazañas y me servían como inspiración y modelo de comportamiento. Cumplir mi palabra. No rendirme. Ser orgulloso. Era una identidad construida en canciones y poemas, en historias y anecdotas. Era una identidad que compartía con mucha gente, con una serie de simbolos que nos permitían identificarnos entre nosotros y una serie de rituales que reafirmaban esos valores. (Por si alguien tiene curiosidad sobre este tema, "a headbangers journey" es un documental buenísimo sobre esto. Está disponible en Youtube). Esa fue mi identidad durante ese periodo y ha seguido conmigo, pero hay otras muchísimas.
Mi "identidad tribal" era una versión terriblemente aguada de las verdaderas identidades tribales anteriores. Lo que un hombre tenía que ser. Lo que una mujer tenía que ser. Esas normas y codigos que articulaban la sociedad, a su vez, la enclaustraban. Pero al ser sustituidos por... la nada, eliminan la capacidad de soñar, construir realidades, rebelarse. La tabula rasa en la que vivimos, donde la máxima aspiración es... vivir, nos elimina al perro de Pavlov del crecimiento humano. ¿Para qué ser cientifico, si mis proyectos los saboteará un comite mediocre? ¿Para qué querer ser futbolista, si solo llegan los enchufados? El culto a la mediocridad, la corrupción... el vacío nihilista en el que vivimos, donde reflexionar esta mal visto o querer algo más que el placer más básico e inmediato resulta "exótico", nos deja a la deriva. Para nosotros es nuevo, pero las culturas anglosajonas llevan una generación enfrentandose a esto. El éxito genera inseguridad que genera dependencias que generan adicciones. Y destrucción. Y finalmente, incapaces de procesar el éxito, la gente es destruida.
¿Y cual ha sido la diferencia fundamental entre las sociedades anglosajonas y las mediterraneas hasta hace muy poco? La familia, la plaza, el espacio compartido. El entramado de obligaciones y recompensas, emocionales, físicas, financieras que aporta nuestra estructura comunitaria. La perdida de esas comunidades es el germen de nuestra destrucción como sociedades y como individuos.
Mi conclusión, si se me permite una, es la siguiente. El día que dejamos de jugar en la calle, empezamos a pudrirnos como sociedad. Se puede remediar. Pero hay que sacar a los niños a la calle. Y hablar con nuestros vecinos. Y saludar al portero. Y pararnos a disfrutar del placer de nuestra compañia. Hay que soltar la pantalla y salir a la calle. Y que nos dé el sol, y hagamos ejercicio, y nos riamos, y aprendamos cosas y escuchemos. Y dormir y comer y sentir y disfrutar. La clave para superar una crisis de valores es construir, desde la felicidad individual a la colectiva y viceversa.
Podemos. ¿Queremos?

Sobre la "crisis de valores" (Pt2)

Decía Seneca que, las siguientes cosas, son la clave de la felicidad:
- El Sol
- Los amigos
- El ejercicio
- El descanso
- La alimentación
- Cultivarse a uno mismo.

Hoy en día, tenemos facil acceso a casi todo eso. Lo tenemos enredado en mucho ruido, pero una vez conseguimos reducir los elementos de nuestra vida a una rutina en la que surge todo eso... de repente, estamos bien. No es tan dificil. El problema es darnos cuenta de ello y entender, por un lado, el dificil equilibrio entre las expectativas y la realidad (no voy a poder comer siempre lo que me gusta, ni siquiera es bueno eso) y por otro lado el equilibrio entre nuestras necesidades individuales y las necesidades colectivas. Seneca, que era un filosofo clásico, venía de una sociedad en la cual el espacio personal era limitado y la supervivencia obligaba a la convivencia constante. Actualmente, por suerte y por desgracia, no es así. No necesitamos ir al mercado a comprar y establecer una relación de confianza con nuestro proveedor. Ni con nuestro sastre, ni con nuestros proveedores de nada. Podemos vivir en un vacio emocional en el que pasemos semanas sin hablar con nadie con quién nos gustaría sentarnos un rato a conversar. O quién nos importe minimamente.
Eso es antinatural. Y en su antinaturalidad surge el origen de nuestra "crisis". La tecnología ha ido más rápido que nuestro avance social y, actualmente, no sabemos que hacer con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestras parejas, con nuestros amigos. Dependiendo de nuestra preferencia, cosas que siempre se han dado por hecho se aceptan o se descartan y el lenguaje común se fractura. ¿Qué significa compromiso? ¿Qué valor tiene la palabra dada? ¿Donde acaba mi responsabilidad y empieza mi egoismo? Cada persona tiene una respuesa distinta para esta pregunta y, la fragmentación de significados convierte al lenguaje en prisionero del avance tecnológico. La gente habla de "responsabilidad emocional", cuando lo que debería decir simplemente es "honestidad". Honor, es una palabra que suena medieval. Y vivimos en una terrible disociación entre el miedo a ser buenas personas y la necesidad de convivir con buenas personas.
Puestos a hablar de crisis de valores, yo preferiría hablar de crisis de lenguaje. Y de identidad. Sobre todo, crisis de identidad.

Sobre "la crisis de valores" (pt1)

Ayer me salió un video en Facebook con una reflexión interesante. El autor decía que: "vivimos en la mayor época de prosperidad material de la historia de la Humanidad. Hace cien años, una ducha caliente era un lujo impensable. Las calorías que consumimos, dando por garantizadas, un espejismo. Y sin embargo, vivimos en una nube de infelicidad, depresión, ansiedad, tristeza..."
Era curioso pensar sobre ello. Yo mismo me reconozco en ese texto. Y sin embargo... el otro día comentaba que noto una grave falta de "Motivación". Cuando lo escribo con mayúsculas me refiero a algo más que a "cobrar este mes" o "permitirme unas vacaciones" o "acabar de pagar mi casa". Hace mucho que mis grandes sueños de juventud quedaron atrás (el último, conseguir un ascenso, ya lo cubrí) y los pequeños-grandes sueños (formar una familia, construir un hogar, tener hijos, cuidar de los míos...) quedaron detrás. En parte por esas "calorias garantizadas" de las que hablaba el autor, en parte por un entorno que frunce el ceño ante esas ideas.
No creo que tengamos tanto una crisis de valores como una "crisis de objetivos". Tanto individuales como sociedad. Creo que hemos renunciado a la esperanza a un mundo mejor, a la justicia, a la felicidad... El otro día ví un meme que decía que "ningún desarrollo tecnológico puede sustituir a la sensación de comunidad". Y eso me pareció también super importante. La fragmentación social me parece que es la clave de esa crisis de ansiedad y depresión. Y la fragmentación social es lo que hace que no tengamos esos grandes objetivos, porque cuando vemos a un vagabundo por la calle no pensamos "ese podría ser yo, no es justo que pase esto. Tenemos que hacer algo. Tengo que hacer algo", sino algo del tipo "algo habrá hecho para merecerlo" o "no quiero tener nada que ver con él, puede que me pegue algo o intente dañarme".
La falta de empatia creo que es el principal elemento que orienta esa crisis de objetivos.
Otra cosa que decían en el video ese era sobre el ocio. Que hoy en día consumimos ocio mucho más elaborado y de mayor calidad que nunca. Ya alguna vez he dicho que, la primera revolución tecnológica de la humanidad fue la que pasó de cazadores-recolectores a agricultores-ganaderos sedentarios. Y esto liberó a una parte de la tribu para poder dedicarse a trabajos especializados, los primeros artesanos. Hoy en día, tenemos personas cuya única justificación vital es entretenernos. Pero no ya entretenernos con elaborados productos, fruto de años de preparación y de talento, sino en muchos casos simplemente meneandose delante de una camara. Hemos llegado a tal nivel de desarrollo económico, que tenemos empresas dedicadas a hacer papeles de determinados colores para que nos limpiemos la cara con ellos. Y eso me parece magnífico.
Pero a la vez, hemos perdido algo. Hemos conseguido un gran desarrollo pero... ¿para qué?



domingo, 21 de abril de 2024

El culto de la mediocridad

Hoy leí un texto sobre como, el éxito del reggaeton, es el fracaso de América como sociedad. Como su ausencia de ritmo, de musicalidad, su escasa profundidad literaria, su banalidad y su busqueda constante de la satisfacción más elemental y básica, ensañada desde la infancia a menores demasiado jovenes para verse expuestos a una sexualidad insistente, es un homenaje a la ignorancia, a la falta de oportunidades, a la mediocridad. Y como eso se hace desde una trama social consciente, que empuja a jovenes a discotecas y lugares de ocio donde se les ofrecen drogas, prostitución y adicciones, para volverlos maleables y perpetuar el ciclo de abuso.
Y la verdad, lo leí y pensé que no está tan alejado de la realidad. No ya de que sea una conspiración global, sino que hemos caído en una forma de hedonismo en la cual, la busqueda de satisfacción personal, nos ha hecho perder el norte. La ruptura de la transmisión de valores, esa constante en toda sociedad (mi padre es un carca y no sabe lo que es la vida, no como yo), ha tomado un cariz mediocre terrible. Estamos adictos a los teléfonos móviles, que nos inyectan estimulos constantes, de forma que sentarse con unos colegas simplemente a tomar el sol y charlar "nos sabe a poco" y enseguida alguien saca el teléfono.
Estamos bastante vacios. Y es una pena. Porque las inquietudes siguen estando ahí, las cosas que merecen la pena buscar, debatir, obsesionarse con ellas siguen ahí. Seguimos necesitando poesía, música, viajes, amor. Seguimos siendo criaturas literarias, que se cuentan historias. Y se nota en un resurgimiento de buenas peliculas, buenas series. Se nota en que, en la corta distancia, la gente sigue queriendo aprender, sorprenderse, descubrir. Ese constante menosprecio a la inteligencia, a la cultura... no soporta una cierta edad o una cierta perspectiva.
Así que sí. Vivimos en un mundo que busca la satisfacción automática, porque así es más facil dominar a la gente. También hacerla sentir insatisfecha y triste, para que continue consumiendo y buscando, quejándose por todo e intentando abstraerse de su realidad. Pero ni siquiera ese entorno acaba con el espíritu humano, que constantemente busca mejorar.
Así que no pierdo la esperanza. Somos mejores que esto y seremos aún mejores.