viernes, 30 de marzo de 2018

La importancia de los rituales


Cuando vamos a un funeral y nos callamos, no es por el muerto. Es por nosotros. Cuando vamos a una iglesia y nos quitamos el sombrero, no es por el culto. Es por nosotros. Existe una cantidad incontable de pequeños gestos, de normas internas, de costumbres, que utilizamos para darle sentido a nuestros pensamientos caoticos y nuestras emociones confusas. Primero un pie, luego otro. A veces necesitamos del rito para poder vaciar la mente y el alma y poder volver a empezar.
Existe el periodo de luto. Podemos intentar retrasarnos pero al final nos cogerá. Y está bien que sea así, existe un tiempo para cada cosa y hay que darselo. No hay prisa. Dejamos que las cosas fluyan. Pero tampoco hay que forzarse a estar contento siempre, a ir saltando de plan en plan. Hay que dejar un sitio también para el vacío, para la tristeza. Como deciamos el otro día, si nunca estuvieramos tristes no sabriamos lo bueno que es estar contento.
Así que vamos a dedicarle un espacio en blanco. Una pequeña reflexión. Y mañana volvemos a la carga. Que tampoco pasa nada.
Y mientras tanto, Metallica Manowar Soulfly Sepultura Megadeth Iron Maiden Gamma Ray Arch Enemy Amon Amarth y lo que nos vaya apeteciendo. Lo que te pida el cuerpo. Y pelis malas y palomitas y colegas y... y nada. Que mañana toca seguir haciendo magia.
Mañana.

P.S: Como las agujetas son el precio a pagar por reirse demasiado, la tristeza es el precio a pagar por pasarselo demasiado bien. Y al igual que en el otro ejemplo, merece la pena. Merece muchísimo la pena. 

Si dudas, muevete



Yo, que presumo bastante de saber lo que quiero, reconozco que a veces dudo. Sería idiota no hacerlo, porque las opciones a veces parecen infinitas (rara vez lo son) y optar por una elimina otras. ¿Qué hago en esos momentos? Me muevo. Cojo los tenis, la bici, el coche, un tren, un autobús. Algo. Me muevo. Y mientras leo un libro, miro por la ventana o estoy concentrado en dirigir, mi mente va rodando. Haciéndose preguntas y contestándolas, analizando mis reacciones, poniéndome a prueba.
¿Echas de menos a esta persona o lo que hacías con ella? ¿O a quién tu eras con ella? Lo que te dijo tu amigo... ¿lo compartes o no? Según tu punto de vista... ¿Qué es real y qué una ilusión? ¿Cuánto hay de egoísmo y cuanto de honestidad en lo que dices? ¿Están tus pensamientos en línea con tus actitudes y con tus palabras?
Vas evaluándote sobre la marcha. El movimiento del cuerpo empuja al movimiento de la mente. Y poco a poco, como quién deshace un nudo enorme, se van aclarando los cabos, listos para ser adujados y estibados. ¡Que bonito se ven! Y una vez tienes la certeza, ya sabes el camino. ¿Puedes equivocarte? Claro que sí. Pero cuando te equivoques, vuelve al ciclo. Planea, ejecuta, analiza. Repite. Y de todo se aprende, todo es una lección, todo suma.
Sigue sorprendiéndome lo tranquilo que estoy y lo claro que lo veo todo. Pero es que, al menos por mi parte, una vez tomada la decisión ya solo queda seguir adelante. El resto, no depende de mi, y con esa libertad de conciencia uno conquista la tranquilidad del espíritu. Sabiendo que ha sido honesto consigo mismo y con aquello en lo que creía y dispuesto a pagar las consecuencias de las acciones realizadas.
Y que sea lo que Dios quiera.

Y en mis días malos


Soy debil. Duermo poco y dudo. Como regular. Me quedo mirando el vacío. No disfruto de la música. En mis días malos no me apetece hacer deporte ni salir a la calle ni ver a nadie. Me molesta todo. Y espero lo peor de todo el mundo, de forma irracional e injusta.
En mis días malos, me hago mucho daño. A veces usando a los demás. Me olvido del equilibrio y de la felicidad, del sol y de las cosas buenas de la vida. Simplemente, deambulo como un fantasma por las sombras de mi vida.
Por suerte, los días malos duran poco. Mantengo la regla de los tres días. Un día malo a veces es bueno. Dos puede que sean necesarios. Tres nunca. Si llego al tercer día malo, me sacudo como un perro el agua que le pesa y sigo adelante. Me invento algo. Pero no puedo estar tres días malos porque esas cosas causan adicción.
Lo que das, es lo que recibes. Y cuando te falta la alegria, no te va a venir. No eres consciente de la belleza de la vida ni de lo que tu puedes aportar. Te conviertes en un agujero negro que solo pide pero no devuelve.
Hay que ser consciente de ello. Todos tenemos derecho a estar insoportables de vez en cuando y, si la gente no nos quiere cuando estamos así, es que obviamente no nos merece. Hay que equilibrarse. No todo es malo ni bueno, sino que vive en un constante fluir entre ambos estados, a veces con picos extremos. Hay que entender que determinadas cosas y gente pueden ser maravillosas, pero combinan muy mal con nosotros, sin que eso nos provoque más dolor del necesario. Hay que dejar que las cosas se vayan y lo que tenga que venir, venga. Aprender a fluir, eso que decía Toño el otro día y que es tan importante, pero a la vez tan difícil. O como decía Charlie ayer, dejar de pensar.
A veces, vienen días malos y nos odiamos y despreciamos a nosotros mismos. Pero de ese odio y desprecio adquirimos el objetivo a superar, y ese objetivo nos vuelve a colocar en el camino a mejorar, a desafiarnos, a cuidarnos, a querernos. No hay que perder de vista el objetivo; ser la mejor versión posible de nosotros mismos. Y conseguirlo con todos los medios a nuestro alcance.
A veces, un día malo solo es un descanso en nuestra ininterrumpida carrera de genialidad. Otras veces, es una oportunidad para demostrarnos lo buenos que podemos llegar a ser. A veces, hasta un día malo puede ser un día bueno.

jueves, 29 de marzo de 2018

El polvo de los días


Decía Jack Kerouac, figura idolatrada por algunos colegas míos y por todos los couchsurfers que en el mundo hay y habrá, que al final no recordarás el tiempo que pasaste en la oficina ni cuando segaste el cesped, así que vé y escala esa maldita montaña. Es una frase cierta y correcta, porque existen determinadas tareas que, por el amor de Dios, no las recordarás en tu vida futura. Pero hay una trampa dentro de esa actitud, de ese "huyamos y vivamos aventuras" y es la omisión de una parte de la realidad. Como si pintaramos un cuadro solo de color azul, Kerouac omite que por cada asombrosa montaña escalada existe media hora de discusiones sobre donde y qué llevar y como hacerlo.
La filosofía de Kerouac desprecia la rutina y promociona un estado de excitación perpetua. Y eso no es natural, de la misma forma que tener el corazón a mucho ritmo durante mucho tiempo no lo es. Exige entrenamiento y una serie de compromisos que la mayoría no estamos dispuestos a hacerlo y que, para aquellos que lo hacen, provoca unas consecuencias extremadamente dolorosas. Yo lo compararía con el deporte de élite; necesitas mucho entrenamiento y mantenimiento, y para ello necesitas un entorno que te lo facilite. Nadie es una isla.
Yo estas semanas he aprendido algo que encaja a medias con esa doctrina y más con la mía. Lo cíclico, esa óptica taoista del universo. Encontrar placer en subir a una montaña y en disfrutar de las vistas, pero también de llegar a casa y charlar sobre tonterías en la cocina (donde debe haber un taburete o varios, algo para beber y picar. Hay que crear un espacio y ese espacio está vivo). He descubierto que, si bien a veces el tedio es inevitable, existen formas de convertir dicho tedio en algo digno de admiración. Recuerdo cuando aún era un pibe, el placer que me producía ver a David cocinando y a Püri sentada en el sofá viendo manga. Cada uno estaba en su mundo respectivo y a la vez... a la vez, había una conexión.
Yo no soy la persona más inteligente del mundo, pero a veces, si me siento el tiempo suficiente, aprendo cosas. Normalmente demasiado tarde. Y he aprendido algunas lecciones sobre la vida viendo a compañeros, amigos, colegas... que me hacen entender lo que está bien y lo que está mal. Son lecciones que he aprendido yo, y son solo aplicables a mí. Puedo compartirlas con quién quiera, pero cada uno tendrá que adaptarlas a sí mismo y su carácter. Como decía Rabanal, el truco no consiste en hacer lo que hacen los demás, sino en encontrar nuestro propio camino para conseguir los mismos resultados.
Sinceramente, no le temo a la rutina. Le temo a la inercia o a la carencia de significado en lo que hacemos, pero incluso eso se puede llenar con actitud. ¡tanto por aprender! Que maravilla.

Lagrimas negras


Siento el dolor profundo de tu extravío. Ayer por la noche me acosté con una sonrisa y la culpa es tuya. Y hoy me he despertado con otra. Y vuelven a aparecer canciones. ¿ "Always on my mind" es de Frank Sinatra o de Johnny Cash? ¿Podrá alguien perdonarme después de hacer esta pregunta?
Pero la vida sigue y vamos haciendo cosas y son cosas interesantes. Hoy es un día prometedor. Tengo descanso y amigos y planes. If you love somebody, set them free. O volvamos al producto nacional, "más chutes no".
La vida tiene que seguir su propio ritmo. Y aunque se acumulen las fotos y las historias y el espacio y los cambios, son caminos paralelos y deberán avanzar así. ¿Se volverán a cruzar? ¿Quién sabe? Yo sigo aprendiendo. Para ser merecedor de mejores cosas, porque las que tengo son fantasticas pero siempre puede venir más. Y depende de nosotros, así que voy a seguir leyendo, estudiando, pensando, conociendo gente, viajando, mezclandome. Voy a seguir experimentando vida y descubriendo como es y qué tiene detrás. Y voy a seguir haciendo lo que me gusta, haciendolo más, hasta que bastante sea bastante o hasta que otras cosas que me gusten más se metan en mi camino y haya que priorizar.
Pero he dormido diez horas con una sonrisa y me he despertado con una sonrisa. Así que gracias.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Hacer lo apropiado (cuando habla el orgullo)


Yo no soy quién para decir nada, porque precisamente soy el primero que hace lo que le da la gana sin preveer excesivamente las consecuencias de mis acciones. Pero si contra algo me he rebelado desde hace años, es contra la idea de hacer "lo correcto" o "lo que pienso que la sociedad espera de mí". Porque al final eso casi siempre a quién más lastima es al que "toma" la decisión, pero indirectamente a mucha gente que también se vé relacionada. Al fin y al cabo no está mal, porque nos da una idea de como es la persona que se vé en esa situación, pero sigue siendo un problema según mi punto de vista. Llegamos tarde a la madurez, llegamos tarde a tomar nuestras decisiones y simplemente ser felices. Porque como acaba de decir Melina, "que dificil nos lo ponemos a veces para vivir y ser feliz". ¡Y mirad quién está escribiendo esto! Un grumpy cat pitufo gruñón quejica, masoquista y.... eh eh eh. Pero yo no tengo pega en dejarme fluir, en aceptar las cosas como vienen y en entender que, muchisimo, no depende de mí.
Hoy estuve leyendo un poco sobre estoicismo. Curiosamente, comparto buena parte de sus virtudes y objetivos. Y entiendo que, una de las principales claves de esa filosofia, es aceptar las cosas como vienen y trabajar con objetivos realistas. Negarnos algo que nos hace felices por castigar a alguien es absurdo. Y lo hacemos constantemente. Eso me lo enseñó Vicen "si quieres hablar con ella, llamala" "pero es que ella nunca me llama!" "a ver, repito la frase anterior". Y al final tenía razón, claro. No se cambian las percepciones de la gente dejando de hablar y no respirando: se cambian actuando, dando ejemplo, modificando cosas, hablando. Se cambian cruzando la acera y yendo al otro lado. Atreviéndose. Y dejando el orgullo para cuando es su momento: cuando no podemos más y tenemos que recordarnos a nosotros mismos lo maravillosos que somos. Para todo lo demás, Mastercard.

Un plato


He llegado a casa y había un plato en la cocina. Sobre él, un papel con mi nombre. En el whatsapp, un mensaje que no acababa de entender y de repente cobraba sentido. Un plato para reponer otro plato, una disculpa hecha de ceramica y, tras de ella, una caricia del alma. Como quema una despedida. Vamos acumulando cicatrices hasta que nos preguntamos, ¿como puede el corazón seguir adelante?
E incluso eso, es hermoso. Y nos sale una sonrisa. Porque hemos sido naturales, hemos sido fieles a nosotros mismos. Hemos dicho y hecho aquello en lo que creemos y somos. Y ya nadie puede pedir más y el futuro... ¿quién lo sabe?
Hoy hace justo dos semanas. Dos semanas en las que ha pasado de todo, dos semanas que parecen veinte años. No somos las personas que eramos ni volveremos a serlo. Y en ese cambio, en ese proceso, está el vertigo de asomarse al vacío y que el vacío te devuelve la mirada. Aún es demasiado pronto. Quedan curvas y recuerdos y días buenos y días malos. Pero la vida sigue y tocan otros desafíos, otros asaltos, otras aventuras. Hay que mirar hacia delante pero... realmente, tengo el alma a rebosar. Y hacía tantísimo que no me pasaba eso, tantísimo... que solo puedo decir gracias.
я тебя благодарю. Por todo lo bueno y por lo malo, por las palabras hoscas para que no te extrañe y por las tonterías compartidas, por los paisajes, las fotos, los silencios y las palabras, los miedos y las alegrias. Por la confianza, la honestidad, el respeto. Por la amistad firme y sincera, por el abrazo que sabe a hogar, por los recuerdos e historias, poemas y novelas y discos y secretos compartidos. Gracias y hasta siempre. Бог с тобой.

Trabajo en equipo

Algo que se le suele escapar a mucha gente es el factor multiplicador de la gente buena reunida. A veces parece que somos gente increíble, creativos, animados, inteligentes, ágiles. Pero no se vé todo el esfuerzo de "apoyo" que la red de contactos, confianza, energia que tenemos formada a nuestro alrededor nos proporciona. El otro día hablaba con Javi del "milagro" de la selección española de baloncesto. Un equipo de talento medio-alto, que a base de una calidad humana increíble, un espíritu ganador y un esfuerzo tremendo ha ganado a todo lo que le han puesto por delante. Y luego alguno de sus jugadores han ido a otros equipos y han quedado oscurecidos. ¿Eran malos y de repente fueron buenos? ¿Todo lo contrario?
No sucede así. Yo soy una persona genial que se rodea de gente maravillosa. Y hay gente maravillosa que se rodea de mi. Funcionamos en interacciones, muchas en un montón de niveles. Nadie es una isla. Y está bien que no lo sea porque así podemos crecer y variar y mezclarnos e interaccionar.
Hoy ha sido un día muy duro. Pero un compañero ha estado conmigo y me ha apoyado y me ha ayudado a sentirme mejor. Otros días lo he hecho yo para él. Porque para eso estamos los amigos, para ayudarnos y para ser mejores que la suma de sus partes. Ese es el milagro que hacemos, casi sin querer. Multiplicar en vez de sumar. Ser más y mejores.

Motivos para pelear

Había una canción de Reincidentes, 'aprendiendo a luchar' donde listan un montón de motivos para pelear. Ya he encontrado alguna vez a Ira sorprendiendose de mi mansedad, pero es una tontería. Yo no soy manso, soy reservado. Elijo mis peleas. Soy de la opinión de que la gente que vive como Chihuahua muere como Chihuahua. Es mejor callar y parecer tonto que hablar y despejar las dudas.
Pero las cosas que no nos gusta hacer y nos vemos obligados a ello suelen ser las que hacemos con mayor brutalidad. Yo considero que solo hay dos motivos para meterse en un jaleo; que sea necesario y veas un objetivo positivo, o que sea necesario aunque pierdas, para defender tu dignidad o algo que es mayor de lo que vas a poner en juego. Si no sabes porqué estás peleando, no pelees. Si no te fias de la gente que tienes cerca, no pelees. Si crees que la persona que tienes delante puede tener más razón que tu... No pelees. El ego el orgullo la vanidad son motivos estúpidos para un conflicto; yo no tengo nada que demostrar.
Pero supongo que en eso también vivimos en universos distinto

Y ahora empiezan las curvas


Odio ser tan previsible. Pero en cierto sentido no lo puedo evitar. Ahora comenzarán las diferentes fases. Normalidad, no me pasa nada, está todo bien. Melancolía, echar de menos y sentirse triste. Rabia, porqué me meto en estas historias. Desprecio, como puedo ser tan tonto. Y repetir. Quizás haya alguna más (la mente es muy original a veces). Ayer, seguro que conocedora de como van estas cosas, se dedicó a darme puñaladas y ser muy desagradable. Eso hace las cosas más faciles. Pero cuando le dí un abrazo para despedirme por poco se le quebró la voz y no es tan tan tan hija de puta como para fingir esas cosas. De hecho, tengo la prueba en que estuvo media tarde siendo una imbecil, para hacerme más facil las cosas.
¿Qué se le va a hacer? Hay que pasar la resaca. Ya Abba cantaba "thank you for the music" y así es como se acaban estas cosas. No quiero creer a los optimistas, eso solo alarga la agonía. Y tengo claro que vivimos en universos distintos. Yo hace mucho que entendí que los viajes se hacen desde el puerto y que las paradas logísticas son los que mantienen un barco a flote. No necesito que nadie venga a mirarme por encima del hombro o juzgar mi forma de vida; yo no me meto en la vuestra. Dejadme vivir la mía. Solo dejadme solo. Ya recuerdo porqué no quería sentir.

Hacía tiempo que no vivía en canciones


Me he despertado esta noche, o quizás nunca me llegué a dormir, pensando en una canción de Melendi. "Si saltas vives, pero hay que saltar para adentro". La he escuchado como quince veces estos días, desde que Ira conquistó la radio del coche y la entregó a Canal Fiesta. Y pienso que es algo que echaba mucho de menos, referenciar los momentos de mi vida en sonidos.
También me he despertado pensando en despedidas amargas. En tierra quemada y en espacio de distancia. "¿Por qué no me llamas?" "Porqué borré tu número". Deambulando por mi casa (parole del giorno), me he encontrado un libro y he pensado que no quiero regalos de despedida. Odio las despedidas. Durante muchísimos años he sido yo el que se iba y venía, el que se montaba en el barco y dejaba a la gente detrás. Así era más fácil, porque un "debe" y "vamos" obliga a hacer las cosas breves y elegantes.
No soporto los silencios pesados y densos, no soporto los reproches, no soporto los "y si". No soporto las cobardias, las reescrituras de la historia, las justificaciones. Basicamente, no apoyo la política de tirar balones fuera y hacer a los demás responsables de nuestras decisiones y errores, porque yo no lo hago. Tampoco apoyo hacer daño a la gente que tenemos cerca porque así aliviamos lo que nos duele dentro; eso es una cobardia. Misery loves company, pero la gente grande de verdad se eleva por encima de esas cosas.
Por eso voy a aceptar el libro de despedida. Porque nadie es tan rico que no necesite un abrazo, ni tan pobre que no pueda darlo. Porque nosotros somos dueños de nuestros recuerdos y nadie nos los puede quitar ni cambiar. Porque la percepción se convierte en realidad, como decía Peters en Alemania. Porque nunca se sabe lo que traerá el mañana, como dicen todos estos optimistas que no han visto la historia en segunda persona. Porque dentro de semanas, meses, años, miraré las fotos y los recuerdos y me sonreiré. Porque habrá merecido la pena. Siempre lo hace. Aunque desde casi el principio supiera que iba a acabar así y que iba a doler.
Pero... acaso no se acaban todas las canciones?

martes, 27 de marzo de 2018

Hay clavos que ningún clavo puede quitar

Ayer me asomé a Tarifa y un fantasma me vino a pegar en el hombro. Toc toc. Ha pasado tanto tiempo, tantas historias, tantos momentos. Y lo miré, acompañado pero solo, incapaz de compartir el momento e incapaz de estirarlo. Sabiendo que lo que pasó allí puede que no fuera real, pero se sentía salado y dulce y sangriento y terrible. Como las heridas que me hizo y que aún me duelen.
Y luego me asomé al mundo desde la duna de Tarifa, conduje a Bolonia, me escondí bajo sus árboles. Todo ese tiempo estuve a medias, como lo estabamos todos. Compartiendo un espacio físico, pero no mental ni espirítual.
Y hoy, el recuerdo me vuelve a pegar en la puerta. Toc toc Y quiero espantarlo con historias nuevas, después de toda la sangre derramada ayer. Pero amanece tan pronto, y yo estoy tan solo, y no me arrepiento de lo de ayer. Y en el eco de una casa blanca rebota estruendoso el silencio, lleno de palabras que era mejor haberse callado, de mensajes que devolver a sus botellas, de caminos cuya sombra nadie ha de hollar.
No estoy tan lejos. No estoy tan solo. No estoy tan viejo ni tan cansado ni tan debil. Y sin embargo... no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme. Y deambulo, perro vagabundo, con pantalones gastados y camisolas trenzadas de sombras, de recuerdos, de futuros.
Realmente, ayer debí haber sonreído al pasado y haberlo dejado ahí. Fue mala idea remover esa herida. Fue mala idea llevar al cementerio a una niña de luz.

Te has quemado los ojos

No hay otra explicacion para las lagrimas que no dejan de querer salir. Ícaro que subiste demasiado alto, la duna de Bolonia o la de los Lances te cegó. Caminando por el techo del mundo, entre pueblos dormidos cuyo nombre no recordarás, abrazado al volante mientras el cpche baila, ríe, sueña. Concentrate. Las lagrimas son el alma que rebosa y hacia demasiado, demasiado... Ahora como yacija seca, escapa por los lados. Son nuestros defectos, nuestras imperfecciones la que nos salvan. Consumidor autista de tu vida, escribe para ti y tirate una botella al mar. Ciego al espíritu, ciego al mundo. Iros todos! No quiero compartir estas quemaduras. La herida está muy fresca.
La herida. Siempre es la misma función, el mismo espectador. En el mismo teatro, en el que tantss veces, actúo.
Pero somos fuertes y sanos y los ojos curarán, más limpios. Y se irá el temblor. Se tiene que ir, como todo.

Hello darkness my old friend

Miro por la ventana y la oscuridad me devuelve la mirada. Para esto hemos cambiado la hora? Devolvedme mi amanecer. En mi interior las cenizas se sacuden, como esas luces que se ven a lo lejos. Habrá gente ahí desayunando, volviendo de casa, abrazando para decir adios, rompiendo platos? Habrá tanto silencio afuera como adentro?
La ceja sigue parpadeando, convulsionando. No lo entiendo. Nada debería activarla; bañemosla en sudor. Bañemonos entero en sudor, enterremos el alma dentro del cuerpo hasta que solo queden los ojitos, asomandose como una estalactita de la piedra.
Roca. No es tan difícil ser roca, solo lo parece. Ancla tu hueso al mundo y olvidalo. Deja que el mar te susurre y escucha el viento. Eso eres. Hijo de la tormenta y de las noches infinitas en calma, del Dios del silencio. Abrazo que consuela. Quien te consolará?
Mañana. Mañana descansarás, te consolarán. Como un perro corriendo tras una liebre de plástico te lanzas contra el futuro. Porque pararte es perderte, porque una vez dejes de pedalear la bici se caerá y tu con ella.
Hola, oscuridad al otro lado del cristal. Te echo de menos. Я скучаю теве.

Love is the only way

Decia Macaco en esta cancion que 'for the World you are someone, but for someone you are the World.' Da igual cuanto daño te haga, hay que perdonar olvidar y seguir adelante. Hay que cerrar lapuerta y enterrar el dolor, sabiendo donde están las garras. Como decía Pepe Mujica, es imposible vivir sin la mochila del dolor, pero tampoco es posible vivir mirando para ella.

Y como se hace eso? Mirando a los ojos las heridas. Aprendiendo de ellas. Y luego dejando que se curen. A nadie se le puede acusar de ser demasiado honesto, de decir aquello que piensa, cree y siente. Si no aprendemos de muestros errores, el dolor será en vano.

Y una vez hayamos aprendido, ama, ama y ensancha el alma. Porque quisiera que mi voz fuera tan fuerte, que a veces alcanzara las montañas. Porque tenemos que hacer el mundo mejor, porque tenemos un legado de respeto y dignidad, de orgullo. Porque somos hermosos por dentro y tenemos almas vibrantes y fuertes, echas al camino y a la maravilla, a las emociones y a la reflexión. Porque tenemos muchísimo que decir y eso que tenemos que decir es muy interesante.
Porque cada final es un nuevo comienzo y, cada día, una nueva oportunidad para demostrarnos a nosotros mismos quien somos.

Bastante casi nunca es bastante


Hace mucho que aprendí que la vida no es justa, sino que solo es vida. Hace mucho que aprendí que las cosas casi nunca son como nos gustaría, que los cuentos de hadas les pasan a los demás (yo ya desperdicié los míos) y que no tiene sentido intentar que el agua fluya al contrario de como la naturaleza quiera que fluya.
Y sin embargo...
Y sin embargo sigo peleando contra molinos de viento. Sigo creyendo o queriendo creer. Sigo esforzándome, intentando entender que no existe un equilibrio de las cosas. Que cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da, pero en terminos cosmicos y en una escala demasiado grande como para que seamos conscientes del proceso de causa y efecto.
Pido demasiado. Lo sé. También doy demasiado. Y sobre todo, pienso demasiado. Este blog es un reflejo de ello. Pero pensar demasiado me ha llevado a donde estoy aquí y no creo que en general esté tan mal. Hay cosas que son mejorables. Si no las hubiera, nos dejariamos pudrir, siempre hace falta un estímulo, un desafío. Hacemos daño a los demás como los demás nos hacen daño, es el orden natural de las cosas. Generalmente sin intención, aunque a veces la crueldad es necesaria y, siendolo así, santa.
Quiero no pedir y pido. Pero nadie sabe lo que necesita de la otra persona, aunque crea que sí. Todos somos victimas de nuestros traumas, nuestras experiencias previas, nuestros demonios. No cruzas una puerta porque, hace unos años, alguien a quién querías te negó un abrazo y eso aún duele. Insultas y hieres porque es la forma que conoces para alejar el dolor, en lugar de afrontarlo a pie firme lo devuelves. Somos lo que somos y no podemos evitarlo y eso no está ni bien ni mal, porque el bien y el mal ya se superó.
Es curioso. Por más que viajes, conozcas, aprendas y vivas, seguirás llegando a situaciones en las que no tienes ni puñetera idea de que hacer, pensar, sentir. Ser. Ciertamente, bastante casi nunca es bastante.

Sobre nidos y puertos

El otro día hablaba con Ira sobre hogares y puertos. Según ella, un hogar es donde vas a vivir para siempre y un puerto es solo donde descansas entre viajes. A lo que le contesté que yo siempre he vivido en puertos, o en el hogar de otra gente.
Pero hay algo que falla en esa definición. Algunos hogares son individuales (aunque conozco muy pocos) y la mayoría son nidos. Son un proyecto conjunto que va creciendo organicamente, como la presa de un castor o un nido de pajaro.
Yo empecé a construirme un nido y confié llenarlo con gente. Pero es verdad que no necesito tantos platos; aquí no viene nadie. En cierto sentido, mi nido es un puerto para mí como lo es para otra gente.
Hay que aprender a ser síncero con uno mismo. Y entender que, si bien los amigos son la familia que uno elige, no bastan para llenar el hueco que hace la familia de verdad. Y que una familia es algo mucho más grande que gente viviendo junta, como aprendo observando a Toño y a Lita o a Rali e Ilyan. O aprendí mirando al Rebolo y a Puri o a David y Soraya.
Que lastima de tiempo perdido perdiendome.

Fracaso

El otro dia pensaba en esta palabra y la consideraba demasiado extrema, agresiva. Y sin embargo, no lo es. Andaba repasando mentalmente algunas situaciones personales y relaciones y me daba cuenta de que encaja perfectamente. Y que no pasa nada. Lo que entendemos como 'éxito" es finito en el tiempo y la presión excesiva. A veces caerse por el precipicio es la respuesta natural a conducir demasiado cerca del borde.

Y sin embargo... Que diría Sabina, no me siento mal. Porque hay fracasos y fracasos, o quizás porqué aún estoy cayendo y no lo sé. Pero hay gente, noc noc, llamando a la puerta y no tengo prisa en contestar. Quizás porque el fracaso es muy comodo.

Actualizo. Porque esto que dices, en esta situación, lo ha dicho todo el mundo. El fracaso entendido como mediocridad, como banalidad. Dar el pésame. Las felicitaciones por fin de año son demasiado mainstream. Estás confundido, creyendote una ilusión. Ser cobarde. El fracaso entendido no como ausencia de éxito, sino como ausencia de voluntad. Iberia no siempre parió leones.
Y que le importa a nadie como está mi alma? Más fría que el silencio y más sola, que la luna.
Todo pasa. Platos rotos que a nadie importan porque nadie venía, relaciones y posibles relaciones disipadas, fundidas en el horno del desprecio, de la indiferencia.
Ser como los demás. Renunciar a tu identidad individual llevando el uniforme, siguiendo el ritual, diciendo las palabras. Incluso aunque a veces no te las creas pero, en tu interior, lo haces. Porque sabes distinguir lo posible de lo real y eres demasiado idiota para tener miedo y demasiado inocente para pensar.
Fracaso. Apilado como libros contra una pared, que nadie lee, dejados ahí para pudrirse.

lunes, 26 de marzo de 2018

De pilares de luz y platos rotos

Hay veces en que la vida te da pocas opciones. Hay veces en que tienes que elegir entre ser tu mismo y equivocarte y ser otra persona y equivocarte igualmente.
Para aquellos de nosotros que elegimos escogernos a nosotros mismos, hay poca elección. Pero luego no podemos quejarnos. No es posible reclamar sinceridad y quejarnos cuando lo que nos dicen no nos gusta. No es posible presumir de valentía y encogernos cuando llega la hora de la necesidad. No funciona con ninguna de esas cosas ni con las emociones ni con...

No sé ni lo que demonios estoy escribiendo. Porque tengo una sobrecarga emocional y ya ni me acordaba de lo que es eso. Porque llega un momento en que la racionalidad se toma vacaciones y lo que te queda es puro, integro. Que alguien toca algo dentro de ti y los ecos que levanta rebotan en todo tu interior. Y se te sacude hasta el alma y pasas, de ser un voyeaur emocional, a tener una sobrecarga de cosas que ni sabías que estaban dentro de ti.

Y eso está bien. Porque "el hogar es donde duele", así que hay algo real. Y porque en tu interior sabes que has sido tu mismo. Que has dicho aquello que creías, que has pensado lo que sentías. Que has sido coherente, generoso, honesto. Que has sido una buena persona y que, pase lo que pase, puedes acostarte con la conciencia tranquila. Que ser un pilar de luz mira para lo que te sirve, pero mira para lo que os sirve. Y que es justo castigo a decir estupideces recibir daños, que te digan que para qué si aquí no viene nadie.
Porque al final, la verdad duele y corta. Y luego hay que recoger los pedazos con un recogedor. Pero de una forma o de otra, mañana saldrá el sol. Y nadie podrá quitarnos las risas del camino ni los buenos recuerdos compartidos, ni todo lo que he aprendido. Mejor poco y bueno que mucho y malo. Y sobre todo, poder mirarse uno mismo a la cara y saber que sigue siendo una buena persona.

Viviendo en calma

La gente adecuada siempre suma. Con la gente adecuada uno viaja l fin del mundo, cuenta historias, se rie. Con la gente adecuada, la vida es fácil.
Que suerte tengo de coincidir con la gente adecuada. Que buenos días estoy pasando.

viernes, 23 de marzo de 2018

Futbolín

Tenía quince años y llevaba uno y medio enfrentándome al universo y viviendo. Mi amigo de toda la vida estaba en otro instituto y, sin que nosotros fueramos conscientes de ello, estábamos haciendo un grupo de amigos que duraría toda la vida. O al menos una vida, de esas siete que vamos viviendo entre que nos ponen los pañales y nos los vuelven a poner.
Y alguien dijo de ir a unos futbolines. Eran los noventa, los recreativos habían dejado de vender heroína pero seguían siendo sitios oscuros donde se jugaba videojuegos, se fumaba y se obsesionaba y destruía gente.
Pero era Cádiz. Y salíamos del instituto con nuestras mochilas y poníamos monedas sobre la mesa. Cuando nos aburríamos o nos echaban o había alguien buenisisimo, nos íbamos a la playa. O incluso a clase. Pasamos horas en torno a esas mesas, que inventara un republicano español para que los mutilados en la Guerra Civil pudieran seguir jugando al fútbol.
Y luego, vino la vida. Y a los diecisiete-dieciocho tocó estudiar y trabajar y echarse novias y viajar y el futbolín quedó atrás, como el rol y las miniaturas y los pcfutbol y el worms y tantas otras cosas. Como ya le dijera a Deivid en su momento, no merece la pena tener prisa por ser mayor, porque ser mayor te quita muchas cosas flipantes para sustituirlas por... por cosas que tienes que hacer.


Y unos años más tarde, casi de casualidad, un amigo me dijo que él solía jugar. Y bueno. ¿Por qué no? Yo no me había puesto en una mesa desde hacía años pero podríamos intentarlo. Y siguió un verano de cervezas y amigos y conversaciones profundas y bocatas y atardeceres en la Caleta. Y como quién no quiere la cosa, un amigo se convirtió en casi un hermano. Pero se echó novia y desapareció. Así que me quedé huérfano, buscándome a mi mismo en mesas perdidas, en bares olvidados, en silencios incomodos. Volví a la mesa de diseño, a pintar miniaturas y jugar a videojuegos, y el silencio se hizo estruendoso.
Pero hay cosas que no podemos evitar y surgen de forma natural. Fluyen. Nosotros tenemos que poner de nuestra parte. Si no lo hacemos, si no ayudamos, si no nos esforzamos, nunca van a pasar. Entonces hay que llamar a esa persona, moverse, perseguirlo. Y van saliendo planes y viajes y días y el diario, como quién no quiere la cosa, se va llenando de paginas y las paginas de palabras. Y un día, te das cuenta de que le estás contando algo de ti que ni tu mismo sabes, y que él te está escuchando y te está diciendo cosas que son buenas y válidas. Y te apetece abrazarle y decirle que te está salvando de ti mismo. Y que ojalá tu puedas hacer algún día eso por él.


Y días más tarde, alguien te comenta que busca con quién jugar al futbolín. Porque cada uno da, lo que recibe, y luego recibe lo que da. Y todos somos apenas piezas perdidas, flotando en el océano, esperando a que una ola nos arrastre a alguna playa. O quizás solo seamos una botella, con una carta dirigida al mundo, que leeremos si somos fieles a nosotros mismos.
Seamos lo que seamos, gracias. Como decía Abba, thank you for the music. Muchas gracias. Y hasta pronto.

Rabia

Rabia es la sangre
Que hierve por conseguir
Las metas de nuestra imaginación.



Así empieza la canción de Reincidentes "rabia". Y así me despierto, listo para afrontar otro día, otro finde, otra historia. Hoy todo es distinto. Y en cierto sentido, todo es igual. Decía el otro día Ira que hay cosas que no hace falta decir. Odio tener que darle la razón en esto, porque yo soy muy rubio y necesito claridad. Además que es a lo que he educado a mi gente: si queréis algo, pedidlo. No esperéis a que la otra persona se dé cuenta porque, aunque os parezca increíble, no todo el mundo se pasa el día pensando en vosotros. Quien lo iba a decir, ¿eh?
Pero hay veces que la gente se conoce. Y que la situación es tan obvia, tan clara, que decirlo es casi de mal gusto.
Hablando del mal gusto, ayer tuve un debate sobre formas. Sobre porqué no se deben usar determinados insultos en un entorno público, porque ensucian también al que los dice. A mí me sorprendería mucho llamar 'puta' a una mujer en la calle, porque un caballero no hace esas cosas. No porque no haya gente que no merezca que le insulten, sino porque hay formas mucho más sutiles  y elegantes de conseguir lo mismo sin caer en una bajeza.
Rabia es lo que falta. Hace falta.
Porque uno necesita motivarse, necesita encontrar un impulso que le haga seguir adelante. No basta con ir tirando: hay que tener hambre. Hay que querer conseguir cosas, aunque sean tan simples como una tarde de tranquilidad o unas horas en un avión rumbo a ver a unos amigos. Un abrazo. Contada la vida en abrazos, sabe mejor. Porque como decía ayer, cuando uno lo ha pasado muy mal, el "no-mal" casi se convierte en bien. Pero a veces no es suficiente. Así que hace falta la rabia, para motivarse, para salir a correr cuando lo que te apetece es hacerte una bola en el sofá, para coger los libros y ponerte a estudiar. Hace falta rabia para subir esa maldita cuesta, para gritar adelante. Para enseñar los dientes como los lobos, como cantaban Amon Amarth, y morir como hombres libres porque nacimos como hombres libres.


Y en la noche oscura, cuando se nos apaguen las luces del todo y solo quede el recuerdo de quienes fuimos, podremos irnos con la cabeza alta. Con orgullo. Sabedores del respeto merecido de los amigos y compañeros, del cariño de nuestros seres queridos. De ser quienes somos y hacer lo que tenemos que hacer. Y de vivir, como hay que vivir.


Ya no queda jaco, a por el tirón.
Porque los esfuerzos de hoy los pagaremos mañana, pero que nos quiten lo bailao. Que apretemos los dientes y sepamos hacerlo bien. Es muy difícil ganar bien, pero tampoco es fácil perder bien. Algunos tenemos más práctica en esto y no hay porqué preocuparse. Son cosas que pasan. Pero la rabia, esa fuerza que te empuja adelante... sigue y tiene que seguir. Que así sea.

Know your enemy. know yourself

Desde hace por lo menos diez años vengo diciendo que los celos son un sentimiento de personas pequeñas. Que surgen de la falta de seguridad en uno mismo y en su discurso, de la falta de comunicación y del miedo a perder algo que, desde un primer momento, no se posee.
Que absurdo. Y que rabia. Porque fallarse a uno mismo es algo terrible y debería ser evitado. No tiene sentido concentrarse en el error: corrige y adelante. Pero corrige. Ya. Porque el seductor poso del drama te llama y es terriblemente incomodo. Una vez se naturalizan determinadas actitudes y comportamientos, solo queda pudrirse hasta que el olor te impida seguir.
Hay que vivir. Hay que levantar la cabeza y equivocarse y disfrutar. Y hay que entender que estamos de paso, que somos apenas un susurro en el viento y que, cuando se acabe la función, bajará el telón. Y al cabo de un tiempo nos olvidarán y solo viviremos en la memoria de aquellos a los que hicimos felices. Hay que intentar eso. Hacer que la gente sienta cosas, cosas buenas. Pero la única forma de hacerlo pasa por ser honesto con uno mismo, con respetarse, con crecer. Dentro de ese respeto existe el reconocimiento de los defectos y evitar situaciones en las que uno vaya a descubrirse.
Esta ha sido una semana de desafíos. He hecho algo que me ha supuesto un sacrificio y lo he hecho bien, sabiendo que me equivocaba pero dispuesto a apurar la copa hasta el final. Die with your boots on (preferiría "with your books on" que es lo que iba poniendo. Maldito autocorrector mental). Luego he seguido trabajando y esforzándome y dejándome llevar, todo junto y mezclado en un extraño potaje.
Y curiosamente, he fallado. Suele pasar cuando uno fuerza, pero así descubrimos donde se encuentran nuestros límites. Ahora solo queda replanteárselo todo pero ¿no es esa la naturaleza de las cosas? Planea, ejecuta, analiza. Y repite. Inconscientemente, incluso cuando lo haces sin pensar, ese es el ciclo que acaba guiando tus acciones.
Por cada cosa que acaba, empieza otra. Vamos a por otro finde. Y a por otro episodio. Que curiosamente, no me sorprende en absoluto. Supongo que me voy conociendo a mi mismo y las consecuencias de mis interacciones. Pero lo bueno de esto es que de todo se aprende y, cada experiencia, cada desafío, es positivo si sabemos darle el enfoque adecuado.
No dejes que nadie  sea el dueño de tus reacciones. Domínate. Controla tus reacciones y, sobre todo, quiérete a ti mismo. Ponte en tu lugar. Como decía Rali, "mientras estés en equilibrio, serás feliz. Porque ser feliz es tu naturaleza." Voy a mantener el equilibrio. Voy a escucharme a mí mismo y complacerme. No estar donde no quiero estar. No hacer lo que no quiero hacer. No dejar que sea alguien mi prioridad en lugar de yo mismo, porque al alterar el orden de los factores sí altero el resultado.

Si vienes a verme a las 5


A las 4 ya me pondré contento. Así decía El Principito y siempre me ha parecido un poco idiota. No nos engañemos; El Principito es brutal. Habla sobre la amistad, el amor o la presion social como solo un niño puede hacerlo. Es maravilloso. Pero hay partes que son para una gente y partes para otras y, demonios, yo no soy de los que deshojan la margarita.
Pero hoy he recordado esa frase. Y la dulce tortura de la despedida, de acompañar a llevar lejos. Hasta pronto. El otro día en clase de ruso nos enseñaron un verbo que existe para despedir gente, para llevarlos al aeropuerto o algún sitio y dejarlos allí. Me pareció una cosa un poco absurda pero, al igual que entendí lo del principito, ahora entiendo también lo otro.


Realmente va a doler muchisimo. Pero es ley de vida. Vivimos de desafíos y creo que empiezo a entender mi papel en todo esto. Quizás sea menos malo de lo que pensaba, aunque desde luego es poco convencional. Es coherente con mi naturaleza y mi camino hasta ahora, y probablemente será coherente con mi camino después. Hay gente que pasa por tu vida para ponerlo todo patas arriba y cambiarlo todo; otros, te dejan igual que antes de que hubieran venido. Aunque esto debe ser mentira. El agua nunca pasa igual por debajo del puente, o es distinta el agua o es distinta el puente. Cada momento es único e imposible de comparar con ningún otro.
Ayer, a las seis me puse contento, sabiendo que a las siete vendría a verme. Que pedazo de tontería.

jueves, 22 de marzo de 2018

Feliz dia internacional de la poesia

Ayer leí un poema en ruso. O lo intenté. Dado que solo una de media docena de nativas se río, me considero muy afortunado. Es más, lo calificaría como un éxito. Pude leer interrumpiéndome solo una o dos veces y seguro que me equivoqué más que acerté, pero mereció la pena.


Fue una cosa muy rara. Había gente que lo vivía muchísimo y yo ahí estaba casi por una apuesta. Por un desafío. Pero cada uno vivimos como pensamos, como sentimos. Como somos. Hay que ser consecuente con uno mismo y, sobre todo, ser autentico. Escucharse a si mismo y vivir de acuerdo a los estándares de "honor" que cada uno nos fijemos.
Palabras grandes. La literatura está hecha de ellas, pero también de percepciones, del pulso de su época. Libros que te hacen reír, que te hacen llorar, que te hacen pensar. Libros que son como tatuajes en el alma, que se te quedan clavados y dicen a todo el mundo quien eres.
Cuando yo era un pibe y escuchábamos heavy, nos reconocíamos por los grupos que escuchábamos. La poesía es eso. Es una forma de identificarte ante el mundo y de que el mundo te identifique. Es una forma de vivir.

Tiempos más elegantes

Ayer me hablaba Ira de un amigo suyo que dice que extraña la epoca en que un hombre se quitaba el sombrero para saludar a una mujer, y las largas cartas llenas de literatura. Que él solo ha tenido relaciones por facebook. E Ira le decía que tiene que empezar a escribir largas cartas llenas de tonterias super literarias y disfrutarlo. Yo también lo pienso. Las epocas las hacemos nosotros, los codigos y las formas de relacion son nuestros. En su momento, hace una vida (y creo que puede que incluso en este blog), me empeñé en demostrarle a una amiga que las cartas son reales Y lo hice. Es algo que cualquiera que se asome al mundo de una carta de papel sabe reconocer; no tiene nada que ver con un email. No es solo el medio, es todo lo demás.


Los seres humanos disponemos de todo un abanico sensorial que configura nuestra percepción del mundo. Vemos, sí, pero también olemos y tocamos y saboreamos y sentimos. Una carta de papel es mucho más que un email, de igual forma que un abrazo es mucho más que un saludo por teléfono. Son cosas distintas, afectan a partes distintas de nuestro... "ser" y a veces, nos afectan mucho más.


Pero es verdad que mucha gemte carece del espíritu y hay que enseñarla. Por eso días como el de ayer son importantes. Hay que aprender la belleza de la épica, de la lírica. Eliminar por un instante lo práctico y volver a lo grandioso. Hay que desenredarse de la prisa y entender que cada momento es único, que puede ser mágico. Y que lo será, dependiendo de nuestra percepción. Volver a los juegos de palabras y comentar como "bastante" es una palabra que no contiene su significado, que "princhipesca" suena a una salsa que le echamos a la pasta. Es algo que ya planteaba Oscar Wilde, como la nostalgia de tiempos más inocentes se concentra en los gestos, en los detalles.
Nos comunicamos en muchísimos niveles. Ayer mi madre hablaba del lenguaje no verbal, de todas las pequeñas cosas que nos hacen ser quienes somos. Yo estoy fascinado por unos olores, que me llevan a un futuro imposible, que nunca existirá. Decían en "Sweet child o'mine" que "reminds me my childhood memories".
En "midnight tides" un personaje entrega una espada a otra en la puerta de su casa. Pertenecen a culturas distintas pero, en la de uno de ellos, es un ritual de petición de matrimonio. Los rituales, las cartas, quitarse el sombrero, tratar de ud a los padres. Son los ladrillos con los que se construye la cultura, mediante esos pequeños gestos.
Aquel que quiera tener algo que dejar a sus nietos, que salga de Facebook. Que salga de la banalidad, de lo común de los días. Que le regale una nota con una palabra a alguien para que la recuerde, que le traiga un cuadro de un sitio que esa persona visitó y le gustó. Una historia no se construye de emoticonos, sino de poesía.
Construyamos. E incluso cuando fracasemos o cuando nada exista, podremos decir que hemos vivido un sueño y ese sueño fue hermoso.

miércoles, 21 de marzo de 2018

El miedo de perder


En algún lado leí, o quizás aprendí solo, que poseer algo te hace temer perderlo. Recuerdo cuando mi colega Deivid consiguió trabajar y, de repente, le molestaba tener que pagar impuestos y vivía con el miedo a perder sus ingresos. O su novia. Una vez uno piensa que algo "le pertenece" comienza a acostumbrarse a ello y de la comodidad surge el miedo.
Es comprensible. Especialmente cuando uno ha pasado periodos muy largos de sufrimiento del tipo que sea (falta de sueño, comida, compañia, algo), automaticamente después del periodo de satisfacción comienza el trauma. El miedo a volver a la situación anterior.
Pero el miedo es un enemigo muy jodido. Hacemos cosas idiotas, nos perdemos a nosotros mismos. Cuando el miedo habla, nosotros nos callamos. Y con el tiempo, uno aprende a entender que el miedo y la frustración son partes de la vida. Que la negación del placer no implica sufrimiento, si se sabe manejar. Que incluso la nostalgia, bien entendida, es placentera.
Tenemos que aprender a celebrar la ausencia. Como decía la oración hebrea, en lugar de llorar porque no estoy celebra que estuve. Suena un poco a "consolarse" y tenemos una mentalidad de luchadores, de ganadores. No podemos rendirnos. Pero es absurdo pelear contra molinos.
A veces, deseamos cosas que son imposibles. O que son malas a largo plazo. A veces nos hacemos daño imponiendonos objetivos que solo nos lastiman o siendo egoistas. Eso no puede ser. Uno puede equivocarse, de hecho es la mejor forma de aprender, pero tirarse de cabeza por un camino equivocado, sabiendolo, no es justificable. La primera obligación que tenemos, para con nosotros mismos y con el mundo, es ser honestos.
Yo he tomado y tomo muchas decisiones que me hacen sufrir. Algunas son más dolorosas y otras menos. Pero en todas, al final, hay un objetivo claro que es positivo. Sirven para algo. Y casi siempre, elq ue sufre soy yo. No cargo a nadie con el peso de mis errores. O al menos, hago todo lo posible porque no sea así.
El miedo a perder es tan natural como el amor a poseer. Pero ni una cosa ni otra son reales, existen solo en nuestra mente. No poseemos nada, sino solo lo que podemos alcanzar. En algún sitio leí que un soldado solo ocupa la tierra que queda bajo sus botas. Yo no poseo a nadie. Y no quiero tener miedo a perder a nadie, porque incluso aquellos que murieron siguen conmigo, dentro de mi. Y los celebro a través de mi vida, de mis acciones, de mi actitud. No quiero extrañar; prefiero celebrar. Y no voy a dejar de decirle a alguien "eres increíble" o "muchas gracias por hacerme reír". Porque algún día yo no estaré, y no quiero que nadie se quede con las dudas de si es, o no, una persona que aporta en mi vida y que me hace mejor.
El miedo es el asesino del espíritu. Es necesario, pero no podemos beber demasiado en él porque nos perdemos a nosotros mismos. Es tiempo de celebrar.

martes, 20 de marzo de 2018

Feliz día del padre



Por circunstancias personales, este es un día que en mi vida siempre ha pasado un poco de puntillas. Siempre he tenido o sido padre prestado, nunca titular, cumpliendo con mi obligación o disfrutando de mis derechos en la manera que creía entender. Como cuando uno tiene solo una mano y toca el bajo, por muy bien que lo haga siempre terminará haciendo las cosas un poco a medias.
Aún así, una cosa que aprendí con mi hermano es a disfrutar de las cosas como vienen y no plantearse lo que es imposible. Si es imposible, ¿para qué darle importancia? Mejor concentrarse en el aquí y el ahora. Sentir frustración es un masoquismo gratuito y sobre todo, un desperdicio de recursos extremadamente útiles.


Y sin embargo... como decía Sabina, y sin embargo. Tengo regalos del día del padre. He hecho regalos. Y creo que es un día bonito para celebrar, por todo aquello que representa. Recuerdo cuando me enseñaron a afeitarme, todo el ritual. A atarme los cordones. A conducir. Recuerdo llegar a casa de mi abuelo, catorce o quince años, y ofrecerme un tazón de vino. Para mí la masculinidad siempre ha sido algo un poco extraño, algo que se daba por hecho y sobre lo que no se hablaba. Quizás por eso me sorprendo ahora, a esta edad, leyendo a Miguel Hernández y entendiendo lirismo donde siempre vi... necesidad.


Y curiosamente, lo estoy viendo desde el otro punto de vista. Desde alguien que quiso mucho a su padre y no lo tiene, un padre que le hizo ser como es. El legado es un tema en el que casi nunca pensamos y, en días como hoy, es para darse cuenta de lo fundamental que es. La herencia, formada de gestos, de actitudes, de ideas. De principios sobre los que construimos nuestra vida, pero también de momentos compartidos. De ese medio paso de boxeo fingido, de esas manos enormes en las que se perdían las mías. De ese rostro serio, petreo, que siempre tenía una sonrisa guardada para mí. O como dije el otro día, de ese vaso de zumo preparado con todo el cariño, como si a través de esas naranjas se pudieran remediar tantos errores, tantas malas decisiones.


Ser padre es enseñar, es guiar, es proteger. Pero sobre todo, es estar. Cuando estar significa más que ser una presencia física, sino llenar un espacio en todas las dimensiones de la palabra. Ser padre es ser una referencia, un objetivo.
Gracias. Donde quiera que estés, gracias. En ti aprendí y por ti enseño. Gracias.

Gracias por la literatura


A partir de determinado momento de tu vida, si has hecho las cosas bien, ya te van quedando pocos sueños que tachar en la lista. Ya has subido a una montaña, abrazado un hijo, plantado un árbol, escrito un libro, navegado una costa desconocida de noche... etc etc. Y crees que ya nada te puede sorprender, pero dejas la puerta abierta porque nunca se sabe.
El otro día llegué a casa y encontré a una chica sentada en mi sofá, en pijama, leyendo un libro de poesía. Y en ese momento, recordé conversaciones de adolescente sobre precisamente eso. Parecía un cuadro. Es un esfuerzo tremendo mantenerme tan lejos del barranco y hacer que ese sofá mida cincuenta metros, para colgar de él, asomado como un oteador de National Geographic que contempla una especie extraña, desconocida y se encuentra entre fascinado y horrorizado.
Porque la voy a echar de menos. Cada conversación es una despedida y cada momento, único. Es una extraña forma de vivir. Pero en los pliegues de su sonrisa infinita y en los desafíos de su conversación, en su constante empujar emocionalmente, escucho ecos de otra persona. Y el paisaje se llena de reflexiones, de misterios, de triples y cuadruples sentidos que se reducen a un solo sonido dicho en cuatro o cinco idiomas.
Adios. Y gracías.

lunes, 19 de marzo de 2018

Un barco



El viernes pasé por Cádiz y visité un barco donde trabajan unos amigos míos. Turista de casa ajena, me encontré con mucha gente a la que quiero mucho y que me quiere un montón. Gente que se alegró de compartir un rato conmigo y de asomarse a mi vida, y de dejarme asomarme a las suyas. Compartí códigos y espacios, me senté en ese sofá que no era mío, pero en el que se sentaban amigos míos. La vida de mar. Que cosa tan extraña y a la vez... que normal es.
A todo se acostumbra el cuerpo. A los paisajes infinitos, a las horas en vela, a las mismas caras día tras día, hora tras hora. A los mismos chistes y las mismas sensaciones, hasta que conoces a la persona al lado tuya mejor que ti mismo y no te gusta. A los rumores y los escándalos, tan rutinarios que pierden el filo.
Fue hermosísimo volver a asomarme. Y saber que tengo que volver. Porque es lo malo de ser nómada y extranjero; en ningún sitio estás del todo en casa, pero donde estás con tu gente lo sabes. Como decía Antonio Gala; el hogar es donde quieres y te sientes querido.
Parece poco, pero es mucho. Muchísimo.

Poesia



El otro día leí "Niños yunteros" de Miguel Hernández. Brutal. Y el miércoles, día internacional de la poesía, Natalia me ha liado (es invencible la maldita) para que lea un poema en ruso. He estado investigando algunos y me parece increíble. Si el alemán es el idioma de la filosofía, el ruso debe ser el maldito idioma de la poesía. Tantísimos matices y tantísimas sutilezas.
Tengo una traducción mía y otra que me han pasado. Se parecen básicamente en nada. Y ambos son hermosísimos. Un poema sobre olvidarte cosas, sobre reencontrarte a ti mismo a base de pedazos. Voyeur de las emociones, como le decía a Charlie el sábado (¡que bien me lo pasé!), la relación con Mar era un Ouroboros; ella se conocía a sí misma a través de mí y viceversa. De mí salía un círculo que la atravesaba y volvía a entrar en mí y al revés. El amor como un ciclo infinito de confrontación personal: yo contra mí mismo.
Hay que leer más. Hay que escuchar más música, contemplar más atardeceres, perderse en el silencio. Hay que recordar que el sofá es un hogar, aunque nos sentemos en esquinas separadas o directamente solo se siente uno. Pero sobre todo, hay que dejar que todo fluya. Ser para dejar de ser. O como me pasaba con Mar, mirarte a los ojos del alma, espalda contra espalda.

Criaturas hermosas



Ayer, mirando al horizonte en el tejado de mi casa y bebiendo zumo de naranja, Ira comentó que "somos criaturas hermosas. Pero no por fuera; por dentro". Esta mañana venía conduciendo y pensando en eso. En eso y en el "beautiful people" de Marilyn Manson y su pregunta de "it's something beautiful, something real?".
Porque está muy bien pasear por los acantilados y ver el atardecer y vadear charcos y escuchar la lluvia. Pero un lunes por la mañana me levanto a las seis, me afeito y me vengo al trabajo. Y durante unas horas mi vida consiste en hacer lo que me dicen y lo que me toca y, mi margen de maniobra, es el que es. Ayer mismo hablaba de eso, de como te pasas horas por la noche hablando de filosofía historia ciencia arte poesía. Cambias el mundo. Y al día siguiente te vas a clase a desmontar un motor o a calcular precios y todo te parece... banal.
Yo creo en la naturaleza cíclica de la vida. La literatura se alimenta de rutina, de mediocridad. No puede existir la grandeza sin ella, porque esa es nuestra referencia y nos movemos en torno a parámetros que conocemos. Incluso "desconocido" contiene en si mismo una antagonia, porque para que algo no se conozca es necesario tener algo que conocemos. Vuelta a la paradoja de mi adolescencia, en la cual, como decía el Rebolo, para ser antisistema tiene que haber un sistema que te provea de las herramientas para enfrentarlo. Vivimos en Matrix.
Pero en cierto sentido, eso no le quita peso a la reflexión de Ira. Que algo no sea real, no significa que no merezca respeto y atención. ¿Cuántos personajes nos parecen increíbles y nos aportan cosas? Yo no sé si muchas imágenes que tengo en mi cabeza podrían resistir una confrontación con la realidad "cruda" o "absoluta". Como si existiera el absoluto. Pero dado que todo se mueve entre determinados parámetros, es interesante poder plantearse cosas irreales. Como le dije a un colega, "no me importa si esto es verdad o mentira; la historia es interesante, así que sigue". Cuando trabajamos con nuestra imaginación, la realidad es secundaria, puede esperar a que volvamos. Es más, debería hacerlo.
Criaturas hermosas. Con esa cara que tengo...

Vadeando charcos


Hay veces que la vida te pasa tan rápido y hay tantas historias y momentos a la vez, que apenas eres consciente de ellos mientras te suceden. En cambio, conoces el sentimiento, en tu interior lo sabes. Con el tiempo, aprendes a afinar y darte cuenta de cuando algo es real, significativo. Importante.
Ayer hicimos un viajecillo en coche por aquí cerca y me perdí. Clasico. En un momento dado, nos metimos en un charco hasta los topes de las ruedas y fuimos vadeando. Y yo en el coche, medio agobiado, iba pensando "voy a acordarme de esto toda mi vida. Y echarlo de menos".
Hablaba Coupland de la "nostalgia del tiempo presente" cuando eres consciente de que lo que tienes se va a acabar y nunca se repetirá.
Ira, la amiga que está pasando por mi casa, tiene como dirección de correo "pajaro  de libertad". Y eso es lo que es. Al igual que cuando Damian y yo conocimos a Adrienne en el bus, y yo le dije a Damian "no te encariñes. Está de paso", eso mismo me sucede con esta mujer. Que es una amiga increíble y una persona fantástica y, a su estilo y manera, me está salvando de muchísimo daño que me iba (que me haré) a mí mismo. Porque como no recuerdo si decía Machado o Lorca, hay personas que ya nacen destinados al paredón.
Pero mientras, la vida se llena de historias. Sin prisas. De desayunos insultandonos y fumando, de conversaciones en el sofá, de bocadillos de salmón y queso filadelfia. De visitar la Mendez y verme rodeado de amigos, de cervezas con Charlie que sorprendentemente se muestra timido, de comer tortilla con mi madre. De hacerte cicatrices en el alma casi sin darte cuenta, leyendo poesia cada uno en una esquina del sofá. De recorrer Cádiz asombrandose con un cactus y viendo el castillo de la caleta como "ajá, ajá".
Ayer vimos Conil, Roche, Barbate y los Caños. Es la primera vez que voy al sur en tres años sin Ronald; siempre he ido con él. Y llevo cuatro días en una conversación continua. Sé que me voy a arrepentir de esto, como cuando vas a correr y te sientes de maravilla, pero en tu interior sabes que mañana no vas a poder con tu vida.
¿Y acaso vivir no es eso? Ir dando tumbos, intentando hacerlo lo menos mal posible, sabiendo que tarde o temprano te caerás y se acabará. Y aún y así, tengo la cabeza llena de mi "rutina". De mi trabajo, de mi pareja, de mi familia, de mis estudios. Del día a día, como odio esa expresión. Pero en cierto sentido, este fin de semana han sido vacaciones y ha sido un reinicio. Y todo se ha convertido en ruido de fondo ,contra la musica de tormentas sobre calas, del rugido del mar. Ayer me fui a dormir pensando "y el recuerdo de su sombra, y el olor de su tabaco", esos versos de "Dolores se llamaba Lola" que se me pegan al paladar. Porque sé que un día llegaré a casa y esta mujer se habrá ido para Galicia, entre la niebla y la lluvia y eso estará bien. En cierto sentido, no dejo de aprender y de eso va estar vivo. De saber que se acaba. Y de que, al otro lado del tunel, me espera una sonrisa hecha de puñales que me clavaré gustoso y días de soledad y frío. O quizás no, si me puedo perdonar a mi mismo. Pero de repente, tengo tanto que no sé que hacer con él.
Malditos ciclos de carestia y exceso. Y en cierto sentido, todo esto es solo una brisa de viento y es mentira, y en media hora se me habrá olvidado.
Si lo repito lo bastante, quizás me lo crea. Pero que bonito es ser idiota.

jueves, 15 de marzo de 2018

Deja que fluyan las historias

Sucede que me canso de ser, hombre... sucede que me canso de mi piel y de mi cara...
Hay veces que no puedes dormir. El estrés te come. Te duele la cabeza, te sale un tic, te pican las manos. Se te pone el cuello como una piedra, cualquiera podría pasar una mano por la nuca y notar los nudos. Hay veces que, simplemente, no puedes más.
Y entonces, pasa algo. Todo aguanta hasta que rompe. En este caso, ha venido alguien y me ha sacudido. El mundo. El gran mundo. La maravilla de ver el oceano por primera vez, de contar historias, de compartir un momento. De sentarse en la terraza de mi casa y contemplar mi mundo y decir "lo estás haciendo muy bien". Lo sé. Pero a veces, necesito que me lo recuerden. Hay cosas que, aunque las sabes, hace falta decirlas.
Consejo. No guardaros las palabras. Si sentís algo, que fluya. No guardaroslo.
Y entonces uno piensa... demonios. Hemos hecho cosas buenas pero esto no se acaba. Aún hay sitios que visitar, gente que conocer. Historias que contar. Es asombroso como un pequeño gesto de amabilidad cambia el mundo. Como preguntarle al dependiente de la panaderia porqué trabaja tan tarde y darle un detalle de cariño humano. A veces solo hace falta eso, una caricia. Y cambia el mundo. Me impresiona. Yo soy inconsciente de esas cosas, no soy tan generoso. Y hay que admirarlo.

lunes, 12 de marzo de 2018

¿Te sientes solo a veces?


El otro día me preguntaron esto. Un fantasma, toc toc, vino a pegar a mi puerta. Un fantasma a hablar de cosas que no existen ni existieron, pero la pregunta sigue ahí. Te sientes solo.
A veces, uno piensa que no. Que está ocupado con el trabajo, el entrenamiento, los colegas. La vida. En general, parece que no tiene uno tiempo ni de plantearse tener sentimientos.
Y entonces, zas. Llega la pregunta. Y de repente, te planteas cosas. Y te das cuenta de otras. Y es como si te abrieran los ojos a muchas cosas que no querías ver, a muchas realidades incomodas. A entretenimientos que no te llevan a nada. Te preguntas si vas en la dirección que quieres o en la que, en algún momento, cogiste y has seguido por inercia. Te preguntas si la compañia que tienes es real, o solo circunstancial. Cuanto de tus gruñidos es hambre o mala leche o cuanto es otra cosa oculta que no quieres ver.
Demasiadas cosas. Demasiadas. Y en verdad, no deberían molestarte tanto. Pero no puedes evitar volver una y otra vez a esa pregunta, como a una muela un poco picada que no deja de darte guerra.
¿Te sientes solo a veces?
Maldita sea. Sí.

sábado, 3 de marzo de 2018

Hoy me ha asaltado un libro


Hace unas semanas, debido a la comparsa de Martínez Ares, me reencontré con Miguel Hernandez. Hacía muchísimo que lo tenía pendiente, escuchando de él, pero sin realmente entrarle. Decidí ir a una libreria de segunda mano y hacerme con algo de él. Pero por una cosa o por otra, el libro lleva más de un mes dando vueltas por mi casa. Y hoy, haciendo tiempo a que se secra la pintura, lo he mirado. Y me ha asaltado su ferocidad, su pasión, su energía. Es una literatura salvaje y me encanta.
Estoy escuchando ahora a Serrat cantandole y pienso que, que triste, que no haya más de esto. Que no exista más poesía cantada, más literatura vivida, interpretada, actualizada. Que las obras de teatro sean clásicos o esperpentos, que hayamos saltado al vacío y olvidado quienes fuimos, para saber quienes podemos llegar a ser.  Empeñados en el día a día, insensibles al horizonte superior a nuestras rutinas. Como si no tuvieramos alma, o no nos hiciera falta para nada.
Que tristeza. Y que me alegra poder haber tenido este asomo a esta vida, aunque sea apenas un ratito.