martes, 20 de marzo de 2018

Gracias por la literatura


A partir de determinado momento de tu vida, si has hecho las cosas bien, ya te van quedando pocos sueños que tachar en la lista. Ya has subido a una montaña, abrazado un hijo, plantado un árbol, escrito un libro, navegado una costa desconocida de noche... etc etc. Y crees que ya nada te puede sorprender, pero dejas la puerta abierta porque nunca se sabe.
El otro día llegué a casa y encontré a una chica sentada en mi sofá, en pijama, leyendo un libro de poesía. Y en ese momento, recordé conversaciones de adolescente sobre precisamente eso. Parecía un cuadro. Es un esfuerzo tremendo mantenerme tan lejos del barranco y hacer que ese sofá mida cincuenta metros, para colgar de él, asomado como un oteador de National Geographic que contempla una especie extraña, desconocida y se encuentra entre fascinado y horrorizado.
Porque la voy a echar de menos. Cada conversación es una despedida y cada momento, único. Es una extraña forma de vivir. Pero en los pliegues de su sonrisa infinita y en los desafíos de su conversación, en su constante empujar emocionalmente, escucho ecos de otra persona. Y el paisaje se llena de reflexiones, de misterios, de triples y cuadruples sentidos que se reducen a un solo sonido dicho en cuatro o cinco idiomas.
Adios. Y gracías.

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