miércoles, 28 de marzo de 2018

Hacer lo apropiado (cuando habla el orgullo)


Yo no soy quién para decir nada, porque precisamente soy el primero que hace lo que le da la gana sin preveer excesivamente las consecuencias de mis acciones. Pero si contra algo me he rebelado desde hace años, es contra la idea de hacer "lo correcto" o "lo que pienso que la sociedad espera de mí". Porque al final eso casi siempre a quién más lastima es al que "toma" la decisión, pero indirectamente a mucha gente que también se vé relacionada. Al fin y al cabo no está mal, porque nos da una idea de como es la persona que se vé en esa situación, pero sigue siendo un problema según mi punto de vista. Llegamos tarde a la madurez, llegamos tarde a tomar nuestras decisiones y simplemente ser felices. Porque como acaba de decir Melina, "que dificil nos lo ponemos a veces para vivir y ser feliz". ¡Y mirad quién está escribiendo esto! Un grumpy cat pitufo gruñón quejica, masoquista y.... eh eh eh. Pero yo no tengo pega en dejarme fluir, en aceptar las cosas como vienen y en entender que, muchisimo, no depende de mí.
Hoy estuve leyendo un poco sobre estoicismo. Curiosamente, comparto buena parte de sus virtudes y objetivos. Y entiendo que, una de las principales claves de esa filosofia, es aceptar las cosas como vienen y trabajar con objetivos realistas. Negarnos algo que nos hace felices por castigar a alguien es absurdo. Y lo hacemos constantemente. Eso me lo enseñó Vicen "si quieres hablar con ella, llamala" "pero es que ella nunca me llama!" "a ver, repito la frase anterior". Y al final tenía razón, claro. No se cambian las percepciones de la gente dejando de hablar y no respirando: se cambian actuando, dando ejemplo, modificando cosas, hablando. Se cambian cruzando la acera y yendo al otro lado. Atreviéndose. Y dejando el orgullo para cuando es su momento: cuando no podemos más y tenemos que recordarnos a nosotros mismos lo maravillosos que somos. Para todo lo demás, Mastercard.

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