viernes, 30 de marzo de 2018
Si dudas, muevete
Yo, que presumo bastante de saber lo que quiero, reconozco que a veces dudo. Sería idiota no hacerlo, porque las opciones a veces parecen infinitas (rara vez lo son) y optar por una elimina otras. ¿Qué hago en esos momentos? Me muevo. Cojo los tenis, la bici, el coche, un tren, un autobús. Algo. Me muevo. Y mientras leo un libro, miro por la ventana o estoy concentrado en dirigir, mi mente va rodando. Haciéndose preguntas y contestándolas, analizando mis reacciones, poniéndome a prueba.
¿Echas de menos a esta persona o lo que hacías con ella? ¿O a quién tu eras con ella? Lo que te dijo tu amigo... ¿lo compartes o no? Según tu punto de vista... ¿Qué es real y qué una ilusión? ¿Cuánto hay de egoísmo y cuanto de honestidad en lo que dices? ¿Están tus pensamientos en línea con tus actitudes y con tus palabras?
Vas evaluándote sobre la marcha. El movimiento del cuerpo empuja al movimiento de la mente. Y poco a poco, como quién deshace un nudo enorme, se van aclarando los cabos, listos para ser adujados y estibados. ¡Que bonito se ven! Y una vez tienes la certeza, ya sabes el camino. ¿Puedes equivocarte? Claro que sí. Pero cuando te equivoques, vuelve al ciclo. Planea, ejecuta, analiza. Repite. Y de todo se aprende, todo es una lección, todo suma.
Sigue sorprendiéndome lo tranquilo que estoy y lo claro que lo veo todo. Pero es que, al menos por mi parte, una vez tomada la decisión ya solo queda seguir adelante. El resto, no depende de mi, y con esa libertad de conciencia uno conquista la tranquilidad del espíritu. Sabiendo que ha sido honesto consigo mismo y con aquello en lo que creía y dispuesto a pagar las consecuencias de las acciones realizadas.
Y que sea lo que Dios quiera.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario