lunes, 19 de marzo de 2018

Vadeando charcos


Hay veces que la vida te pasa tan rápido y hay tantas historias y momentos a la vez, que apenas eres consciente de ellos mientras te suceden. En cambio, conoces el sentimiento, en tu interior lo sabes. Con el tiempo, aprendes a afinar y darte cuenta de cuando algo es real, significativo. Importante.
Ayer hicimos un viajecillo en coche por aquí cerca y me perdí. Clasico. En un momento dado, nos metimos en un charco hasta los topes de las ruedas y fuimos vadeando. Y yo en el coche, medio agobiado, iba pensando "voy a acordarme de esto toda mi vida. Y echarlo de menos".
Hablaba Coupland de la "nostalgia del tiempo presente" cuando eres consciente de que lo que tienes se va a acabar y nunca se repetirá.
Ira, la amiga que está pasando por mi casa, tiene como dirección de correo "pajaro  de libertad". Y eso es lo que es. Al igual que cuando Damian y yo conocimos a Adrienne en el bus, y yo le dije a Damian "no te encariñes. Está de paso", eso mismo me sucede con esta mujer. Que es una amiga increíble y una persona fantástica y, a su estilo y manera, me está salvando de muchísimo daño que me iba (que me haré) a mí mismo. Porque como no recuerdo si decía Machado o Lorca, hay personas que ya nacen destinados al paredón.
Pero mientras, la vida se llena de historias. Sin prisas. De desayunos insultandonos y fumando, de conversaciones en el sofá, de bocadillos de salmón y queso filadelfia. De visitar la Mendez y verme rodeado de amigos, de cervezas con Charlie que sorprendentemente se muestra timido, de comer tortilla con mi madre. De hacerte cicatrices en el alma casi sin darte cuenta, leyendo poesia cada uno en una esquina del sofá. De recorrer Cádiz asombrandose con un cactus y viendo el castillo de la caleta como "ajá, ajá".
Ayer vimos Conil, Roche, Barbate y los Caños. Es la primera vez que voy al sur en tres años sin Ronald; siempre he ido con él. Y llevo cuatro días en una conversación continua. Sé que me voy a arrepentir de esto, como cuando vas a correr y te sientes de maravilla, pero en tu interior sabes que mañana no vas a poder con tu vida.
¿Y acaso vivir no es eso? Ir dando tumbos, intentando hacerlo lo menos mal posible, sabiendo que tarde o temprano te caerás y se acabará. Y aún y así, tengo la cabeza llena de mi "rutina". De mi trabajo, de mi pareja, de mi familia, de mis estudios. Del día a día, como odio esa expresión. Pero en cierto sentido, este fin de semana han sido vacaciones y ha sido un reinicio. Y todo se ha convertido en ruido de fondo ,contra la musica de tormentas sobre calas, del rugido del mar. Ayer me fui a dormir pensando "y el recuerdo de su sombra, y el olor de su tabaco", esos versos de "Dolores se llamaba Lola" que se me pegan al paladar. Porque sé que un día llegaré a casa y esta mujer se habrá ido para Galicia, entre la niebla y la lluvia y eso estará bien. En cierto sentido, no dejo de aprender y de eso va estar vivo. De saber que se acaba. Y de que, al otro lado del tunel, me espera una sonrisa hecha de puñales que me clavaré gustoso y días de soledad y frío. O quizás no, si me puedo perdonar a mi mismo. Pero de repente, tengo tanto que no sé que hacer con él.
Malditos ciclos de carestia y exceso. Y en cierto sentido, todo esto es solo una brisa de viento y es mentira, y en media hora se me habrá olvidado.
Si lo repito lo bastante, quizás me lo crea. Pero que bonito es ser idiota.

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