Rabia es la sangre
Que hierve por conseguir
Las metas de nuestra imaginación.
Así empieza la canción de Reincidentes "rabia". Y así me despierto, listo para afrontar otro día, otro finde, otra historia. Hoy todo es distinto. Y en cierto sentido, todo es igual. Decía el otro día Ira que hay cosas que no hace falta decir. Odio tener que darle la razón en esto, porque yo soy muy rubio y necesito claridad. Además que es a lo que he educado a mi gente: si queréis algo, pedidlo. No esperéis a que la otra persona se dé cuenta porque, aunque os parezca increíble, no todo el mundo se pasa el día pensando en vosotros. Quien lo iba a decir, ¿eh?
Pero hay veces que la gente se conoce. Y que la situación es tan obvia, tan clara, que decirlo es casi de mal gusto.
Hablando del mal gusto, ayer tuve un debate sobre formas. Sobre porqué no se deben usar determinados insultos en un entorno público, porque ensucian también al que los dice. A mí me sorprendería mucho llamar 'puta' a una mujer en la calle, porque un caballero no hace esas cosas. No porque no haya gente que no merezca que le insulten, sino porque hay formas mucho más sutiles y elegantes de conseguir lo mismo sin caer en una bajeza.
Rabia es lo que falta. Hace falta.
Porque uno necesita motivarse, necesita encontrar un impulso que le haga seguir adelante. No basta con ir tirando: hay que tener hambre. Hay que querer conseguir cosas, aunque sean tan simples como una tarde de tranquilidad o unas horas en un avión rumbo a ver a unos amigos. Un abrazo. Contada la vida en abrazos, sabe mejor. Porque como decía ayer, cuando uno lo ha pasado muy mal, el "no-mal" casi se convierte en bien. Pero a veces no es suficiente. Así que hace falta la rabia, para motivarse, para salir a correr cuando lo que te apetece es hacerte una bola en el sofá, para coger los libros y ponerte a estudiar. Hace falta rabia para subir esa maldita cuesta, para gritar adelante. Para enseñar los dientes como los lobos, como cantaban Amon Amarth, y morir como hombres libres porque nacimos como hombres libres.
Y en la noche oscura, cuando se nos apaguen las luces del todo y solo quede el recuerdo de quienes fuimos, podremos irnos con la cabeza alta. Con orgullo. Sabedores del respeto merecido de los amigos y compañeros, del cariño de nuestros seres queridos. De ser quienes somos y hacer lo que tenemos que hacer. Y de vivir, como hay que vivir.
Ya no queda jaco, a por el tirón.
Porque los esfuerzos de hoy los pagaremos mañana, pero que nos quiten lo bailao. Que apretemos los dientes y sepamos hacerlo bien. Es muy difícil ganar bien, pero tampoco es fácil perder bien. Algunos tenemos más práctica en esto y no hay porqué preocuparse. Son cosas que pasan. Pero la rabia, esa fuerza que te empuja adelante... sigue y tiene que seguir. Que así sea.
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