viernes, 23 de marzo de 2018
Si vienes a verme a las 5
A las 4 ya me pondré contento. Así decía El Principito y siempre me ha parecido un poco idiota. No nos engañemos; El Principito es brutal. Habla sobre la amistad, el amor o la presion social como solo un niño puede hacerlo. Es maravilloso. Pero hay partes que son para una gente y partes para otras y, demonios, yo no soy de los que deshojan la margarita.
Pero hoy he recordado esa frase. Y la dulce tortura de la despedida, de acompañar a llevar lejos. Hasta pronto. El otro día en clase de ruso nos enseñaron un verbo que existe para despedir gente, para llevarlos al aeropuerto o algún sitio y dejarlos allí. Me pareció una cosa un poco absurda pero, al igual que entendí lo del principito, ahora entiendo también lo otro.
Realmente va a doler muchisimo. Pero es ley de vida. Vivimos de desafíos y creo que empiezo a entender mi papel en todo esto. Quizás sea menos malo de lo que pensaba, aunque desde luego es poco convencional. Es coherente con mi naturaleza y mi camino hasta ahora, y probablemente será coherente con mi camino después. Hay gente que pasa por tu vida para ponerlo todo patas arriba y cambiarlo todo; otros, te dejan igual que antes de que hubieran venido. Aunque esto debe ser mentira. El agua nunca pasa igual por debajo del puente, o es distinta el agua o es distinta el puente. Cada momento es único e imposible de comparar con ningún otro.
Ayer, a las seis me puse contento, sabiendo que a las siete vendría a verme. Que pedazo de tontería.
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