El otro día hablaba con Ira sobre hogares y puertos. Según ella, un hogar es donde vas a vivir para siempre y un puerto es solo donde descansas entre viajes. A lo que le contesté que yo siempre he vivido en puertos, o en el hogar de otra gente.
Pero hay algo que falla en esa definición. Algunos hogares son individuales (aunque conozco muy pocos) y la mayoría son nidos. Son un proyecto conjunto que va creciendo organicamente, como la presa de un castor o un nido de pajaro.
Yo empecé a construirme un nido y confié llenarlo con gente. Pero es verdad que no necesito tantos platos; aquí no viene nadie. En cierto sentido, mi nido es un puerto para mí como lo es para otra gente.
Hay que aprender a ser síncero con uno mismo. Y entender que, si bien los amigos son la familia que uno elige, no bastan para llenar el hueco que hace la familia de verdad. Y que una familia es algo mucho más grande que gente viviendo junta, como aprendo observando a Toño y a Lita o a Rali e Ilyan. O aprendí mirando al Rebolo y a Puri o a David y Soraya.
Que lastima de tiempo perdido perdiendome.
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