jueves, 15 de marzo de 2018

Deja que fluyan las historias

Sucede que me canso de ser, hombre... sucede que me canso de mi piel y de mi cara...
Hay veces que no puedes dormir. El estrés te come. Te duele la cabeza, te sale un tic, te pican las manos. Se te pone el cuello como una piedra, cualquiera podría pasar una mano por la nuca y notar los nudos. Hay veces que, simplemente, no puedes más.
Y entonces, pasa algo. Todo aguanta hasta que rompe. En este caso, ha venido alguien y me ha sacudido. El mundo. El gran mundo. La maravilla de ver el oceano por primera vez, de contar historias, de compartir un momento. De sentarse en la terraza de mi casa y contemplar mi mundo y decir "lo estás haciendo muy bien". Lo sé. Pero a veces, necesito que me lo recuerden. Hay cosas que, aunque las sabes, hace falta decirlas.
Consejo. No guardaros las palabras. Si sentís algo, que fluya. No guardaroslo.
Y entonces uno piensa... demonios. Hemos hecho cosas buenas pero esto no se acaba. Aún hay sitios que visitar, gente que conocer. Historias que contar. Es asombroso como un pequeño gesto de amabilidad cambia el mundo. Como preguntarle al dependiente de la panaderia porqué trabaja tan tarde y darle un detalle de cariño humano. A veces solo hace falta eso, una caricia. Y cambia el mundo. Me impresiona. Yo soy inconsciente de esas cosas, no soy tan generoso. Y hay que admirarlo.

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