viernes, 30 de marzo de 2018

Y en mis días malos


Soy debil. Duermo poco y dudo. Como regular. Me quedo mirando el vacío. No disfruto de la música. En mis días malos no me apetece hacer deporte ni salir a la calle ni ver a nadie. Me molesta todo. Y espero lo peor de todo el mundo, de forma irracional e injusta.
En mis días malos, me hago mucho daño. A veces usando a los demás. Me olvido del equilibrio y de la felicidad, del sol y de las cosas buenas de la vida. Simplemente, deambulo como un fantasma por las sombras de mi vida.
Por suerte, los días malos duran poco. Mantengo la regla de los tres días. Un día malo a veces es bueno. Dos puede que sean necesarios. Tres nunca. Si llego al tercer día malo, me sacudo como un perro el agua que le pesa y sigo adelante. Me invento algo. Pero no puedo estar tres días malos porque esas cosas causan adicción.
Lo que das, es lo que recibes. Y cuando te falta la alegria, no te va a venir. No eres consciente de la belleza de la vida ni de lo que tu puedes aportar. Te conviertes en un agujero negro que solo pide pero no devuelve.
Hay que ser consciente de ello. Todos tenemos derecho a estar insoportables de vez en cuando y, si la gente no nos quiere cuando estamos así, es que obviamente no nos merece. Hay que equilibrarse. No todo es malo ni bueno, sino que vive en un constante fluir entre ambos estados, a veces con picos extremos. Hay que entender que determinadas cosas y gente pueden ser maravillosas, pero combinan muy mal con nosotros, sin que eso nos provoque más dolor del necesario. Hay que dejar que las cosas se vayan y lo que tenga que venir, venga. Aprender a fluir, eso que decía Toño el otro día y que es tan importante, pero a la vez tan difícil. O como decía Charlie ayer, dejar de pensar.
A veces, vienen días malos y nos odiamos y despreciamos a nosotros mismos. Pero de ese odio y desprecio adquirimos el objetivo a superar, y ese objetivo nos vuelve a colocar en el camino a mejorar, a desafiarnos, a cuidarnos, a querernos. No hay que perder de vista el objetivo; ser la mejor versión posible de nosotros mismos. Y conseguirlo con todos los medios a nuestro alcance.
A veces, un día malo solo es un descanso en nuestra ininterrumpida carrera de genialidad. Otras veces, es una oportunidad para demostrarnos lo buenos que podemos llegar a ser. A veces, hasta un día malo puede ser un día bueno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario