miércoles, 21 de marzo de 2018

El miedo de perder


En algún lado leí, o quizás aprendí solo, que poseer algo te hace temer perderlo. Recuerdo cuando mi colega Deivid consiguió trabajar y, de repente, le molestaba tener que pagar impuestos y vivía con el miedo a perder sus ingresos. O su novia. Una vez uno piensa que algo "le pertenece" comienza a acostumbrarse a ello y de la comodidad surge el miedo.
Es comprensible. Especialmente cuando uno ha pasado periodos muy largos de sufrimiento del tipo que sea (falta de sueño, comida, compañia, algo), automaticamente después del periodo de satisfacción comienza el trauma. El miedo a volver a la situación anterior.
Pero el miedo es un enemigo muy jodido. Hacemos cosas idiotas, nos perdemos a nosotros mismos. Cuando el miedo habla, nosotros nos callamos. Y con el tiempo, uno aprende a entender que el miedo y la frustración son partes de la vida. Que la negación del placer no implica sufrimiento, si se sabe manejar. Que incluso la nostalgia, bien entendida, es placentera.
Tenemos que aprender a celebrar la ausencia. Como decía la oración hebrea, en lugar de llorar porque no estoy celebra que estuve. Suena un poco a "consolarse" y tenemos una mentalidad de luchadores, de ganadores. No podemos rendirnos. Pero es absurdo pelear contra molinos.
A veces, deseamos cosas que son imposibles. O que son malas a largo plazo. A veces nos hacemos daño imponiendonos objetivos que solo nos lastiman o siendo egoistas. Eso no puede ser. Uno puede equivocarse, de hecho es la mejor forma de aprender, pero tirarse de cabeza por un camino equivocado, sabiendolo, no es justificable. La primera obligación que tenemos, para con nosotros mismos y con el mundo, es ser honestos.
Yo he tomado y tomo muchas decisiones que me hacen sufrir. Algunas son más dolorosas y otras menos. Pero en todas, al final, hay un objetivo claro que es positivo. Sirven para algo. Y casi siempre, elq ue sufre soy yo. No cargo a nadie con el peso de mis errores. O al menos, hago todo lo posible porque no sea así.
El miedo a perder es tan natural como el amor a poseer. Pero ni una cosa ni otra son reales, existen solo en nuestra mente. No poseemos nada, sino solo lo que podemos alcanzar. En algún sitio leí que un soldado solo ocupa la tierra que queda bajo sus botas. Yo no poseo a nadie. Y no quiero tener miedo a perder a nadie, porque incluso aquellos que murieron siguen conmigo, dentro de mi. Y los celebro a través de mi vida, de mis acciones, de mi actitud. No quiero extrañar; prefiero celebrar. Y no voy a dejar de decirle a alguien "eres increíble" o "muchas gracias por hacerme reír". Porque algún día yo no estaré, y no quiero que nadie se quede con las dudas de si es, o no, una persona que aporta en mi vida y que me hace mejor.
El miedo es el asesino del espíritu. Es necesario, pero no podemos beber demasiado en él porque nos perdemos a nosotros mismos. Es tiempo de celebrar.

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