martes, 20 de marzo de 2018

Feliz día del padre



Por circunstancias personales, este es un día que en mi vida siempre ha pasado un poco de puntillas. Siempre he tenido o sido padre prestado, nunca titular, cumpliendo con mi obligación o disfrutando de mis derechos en la manera que creía entender. Como cuando uno tiene solo una mano y toca el bajo, por muy bien que lo haga siempre terminará haciendo las cosas un poco a medias.
Aún así, una cosa que aprendí con mi hermano es a disfrutar de las cosas como vienen y no plantearse lo que es imposible. Si es imposible, ¿para qué darle importancia? Mejor concentrarse en el aquí y el ahora. Sentir frustración es un masoquismo gratuito y sobre todo, un desperdicio de recursos extremadamente útiles.


Y sin embargo... como decía Sabina, y sin embargo. Tengo regalos del día del padre. He hecho regalos. Y creo que es un día bonito para celebrar, por todo aquello que representa. Recuerdo cuando me enseñaron a afeitarme, todo el ritual. A atarme los cordones. A conducir. Recuerdo llegar a casa de mi abuelo, catorce o quince años, y ofrecerme un tazón de vino. Para mí la masculinidad siempre ha sido algo un poco extraño, algo que se daba por hecho y sobre lo que no se hablaba. Quizás por eso me sorprendo ahora, a esta edad, leyendo a Miguel Hernández y entendiendo lirismo donde siempre vi... necesidad.


Y curiosamente, lo estoy viendo desde el otro punto de vista. Desde alguien que quiso mucho a su padre y no lo tiene, un padre que le hizo ser como es. El legado es un tema en el que casi nunca pensamos y, en días como hoy, es para darse cuenta de lo fundamental que es. La herencia, formada de gestos, de actitudes, de ideas. De principios sobre los que construimos nuestra vida, pero también de momentos compartidos. De ese medio paso de boxeo fingido, de esas manos enormes en las que se perdían las mías. De ese rostro serio, petreo, que siempre tenía una sonrisa guardada para mí. O como dije el otro día, de ese vaso de zumo preparado con todo el cariño, como si a través de esas naranjas se pudieran remediar tantos errores, tantas malas decisiones.


Ser padre es enseñar, es guiar, es proteger. Pero sobre todo, es estar. Cuando estar significa más que ser una presencia física, sino llenar un espacio en todas las dimensiones de la palabra. Ser padre es ser una referencia, un objetivo.
Gracias. Donde quiera que estés, gracias. En ti aprendí y por ti enseño. Gracias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario