lunes, 15 de diciembre de 2025

Fallo general del sistema

Es muy interesante como en nuestra cultura coinciden dos ideas. Una, que la salud y el bienestar son sistemas holísticos netamente integrados. Dos, que la salud y el bienestar funcionan como si fueran cosas. Entendemos que todo existe en dos estados, funcional o roto, bien o mal, dentro o fuera. Pensar en terminos binarios, en general, tiene sus ventajas a la hora de explicar cosas simples o de reducir complejidad... pero en algunos casos no funciona.
Hola, soy un hobbit ario y me estoy cayendo a pedazos.
Es relativamente normal. Llevo semanas, meses, años en un nivel de estrés absurdo. Se me cae el pelo desde hace, por lo menos, dos años. Llevo un año y pico durmiendo bien, con suerte, cinco o seis días al mes. Mi sistema digestivo es un desastre. Ahora han empezado problemas circulatorios; de repente se me quedan dormidos los pies o las manos. Los hombros se me engarrotan. Veo borroso, hasta el punto de que estas Navidades espero ir a revisión de la vista y, quizás, tener que ponerme gafas permanentemente.
Todo esto tiene componentes internos y externos. Hay un motivo objetivo de estrés y luego hay motivos subjetivos. Los últimos son trabajables y llevo mucho haciéndolo; con la ayuda de un profesional reduciendo expectativas, afrontando situaciones, poniendo límites. Hay otros que son externos y son inevitables. Las condiciones laborales son las que son. Los condicionantes económicos y sociales son los que son. El clima y el entorno son los que son.
Todo eso son circunstancias que uno debe asumir, de una en una, y resolver. No se van a volver más faciles, no van a mejorar. Pero el desgaste, real, solo puede ser enfrentado desde posiciones de optimismo. Uno debe creer que la vida va a mejorar porque, si todo es sufrimiento, ¿qué sentido tiene? ¿donde está esa justificación que ayude a entender esta cruz?
Este artículo es solamente una piedra de hito. Algo que recordar, ojalá, dentro de un tiempo cuando haya tiempos mejores. Hoy es un lunes muy lunes. Pero en cierto sentido, el poder sentarse y escribir esto, el tener la capacidad de registrarlo es un éxito menor. Es la señal de que no todo está TAN mal, cuando tengo un momento para poder quejarme.
Cuidaros mucho. El mundo no os va a perdonar si no lo hacéis.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Inteligencia económica

El otro día hablaba con un colega que sería complicado para mí ejercer de Warcor de Infinity en Cádiz. Me gustaría, porque la verdad que siento pasión por el juego y creo que tiene un potencial tremendo, en cualquier sitio. Pero le decía que sería difícil, porque Infinity es un juego con un público concreto. Ojo, que lo que voy a decir a continuación es terriblemente esnob y arrogante, y puede que a alguna gente esto le moleste. Bueno, este blog es mío para mí mismo, pero si alguien lo lee y se siente ofendido o no lo entiende, estoy más que dispuesto a hablar del tema con quién sea. Que el problema de la palabra escrita es que, por un lado le falta contexto, y por otro cada uno la interpretamos en base a nuestros propios codigos, no en base a los codigos del emisor. Así que, una vez finalizado este disclaimer, me meto en polémica.
Infinity es un juego tela de complicado, que atrae a gente que trabaja en informática, finanzas, medicina, derecho... casi todos los jugadores de Infinity que he conocido son gente con un perfil cultural bastante alto. No digo que en Cádiz no exista ese tipo de gente, pero el ocio en Cádiz no conecta con ese perfil cultural. Y ahora viene lo polémico; en Cádiz tenemos mentalidad de pobre. Este es un concepto un poco raro, que cuando lo explico la gente lo entiende pero quizás por escrito pierde el impacto. Voy a intentarlo.
Mentalidad de pobre es algo directamente asociado a la Teoria Sam Vymes de botas. Mentalidad de pobre es conducir una hora para ahorrarse diez euros en el deposito de gasolina, pero no gastarse cien euros en unas ruedas buenas "porque eso es muy caro".
¿Se ha entendido bien? Es una idea que afecta a otras ideas. El nucleo central es que, al vivir a corto plazo (en parte motivado por la incapacidad de ganar lo suficiente para ahorrar, en parte motivado por la incapacidad de disciplinarse para ahorrar), nos perpetuamos en un ciclo de carencia. Y esa carencia se interioriza, hasta el punto de que, cuando he tratado con gente de ese transfondo, el dinero, el poseer cosas, se convierte en una obsesión. Algo que afecta al ego, a la autoestima, a las relaciones sociales... es algo que empapa la cultura. Muchas veecs he comentado con mi familia, que viene de otro transfondo totalmente distinto, que no hay dinero para ir al médico pero sí para ir al bar.
Voy a meter aquí una cuña sobre algo que hablabamos ayer mi amigo y yo. La diferencia entre el placer y la felicidad. El placer es instantaneo, ruidoso y exhuberante. La felicidad es constante, silenciosa y discreta. Existe incluso una diferencia hormonal, y el uso y abuso de hormonas afecta al desarrollo de nuestro cerebro, con lo cual descarrilo totalmente y abro la puerta a otro tema, que podriamos explorar más despacio en un tercer artículo si tuviera tiempo. Pero voy a volver al tema.
¿A qué me refiero con inteligencia económica? A la capacidad de analizar y decidir con conocimiento y certeza. Algo que he dicho muchas veces; un hobby es rentable o no en función de cuanto esfuerzo nos suponga y cuanta satisfacción nos proporcione. Algo que, dicho así, suena obvio, no lo es cuando le empezamos a meter mucho ruido. Y el ruido es una constante en el Sur. Ojo, no hablo de la musica, el sonido o las conversaciones, hablo de ruido. De sonido que no aporta nada, más allá de crear distracción (que es otro tema que afecta a la inteligencia, la incapacidad para concentrarse). En cierto sentido, estoy tocando muchos temas diferentes pero creo que más o menos se vé por donde voy.
Lo que quería decir, en resumen, es que no creo que Infinity tenga mercado en Cádiz, porque el perfil de jugador de Infinity es muy poco común en Cádiz. A mí me costó mucho entender cual era ese perfil y no creo que yo mismo encaje al cien por cien. Y el tema de este artículo realmente, que es la perpetuación de situaciones de infradesarrollo económico, lo estoy tocando de puntillas. Vuelvo a él, por tercer intento y ahora a ver si es el bueno.
¿Cual es el principal límite al desarrollo de una inteligencia económica? Me diréis que, obviamente, las circunstancias externas. Si no hay trabajos altamente cualificados, ¿para qué voy a cualificarme altamente? Pero es un poco una situación de huevo y gallina. Si no hay mercado para relojes de doscientos euros, ¿por qué voy a invertir en desarrollar esa industria? Pero a su vez, si no existe esa industria, nadie va a imaginar nunca que pueda tener una necesidad de relojes de doscientos euros. O en general, de productos de gran calidad.
¿Qué es la busqueda de la excelencia? La busqueda de la excelencia es el llegar a nuestro máximo posible y es un objetivo totalmente legítimo al que deberiamos aspirar como humanos. Como decían los clásicos es terrible llegar a viejo sin ser consciente de la belleza que puede alcanzar nuestro propio cuerpo. Y lo mismo sucede con nuestra alma, con nuestra psique, con nuestro carácter. Debemos aspirar a la felicidad, no al placer, y ello se consigue aislandonos del ruido. Desatendiendo el whatsapp permanente, los audios que no aportan nada y buscando, en el silencio de nosotros mismos, quién somos y a qué aspiramos. Una vez uno se aisla del ruido, entiende que muchísimas de las "necesidades" que nos atan no son tales, sino compulsiones impuestas sobre nosotros por el entorno. Una vez elimina uno dichas compulsiones, de repente, tiene espacio para maniobrar. Esa es la verdadera inteligencia económica. La capacidad de eliminar ataduras, reducirlas a un volumen manejable y dominarlas. Se aplica a todo; el ejemplo que suelo poner es el del deporte. Todos entendemos que el ejercicio físico es positivo. También entendemos que debe hacerse en función de nuestras capacidades y limitaciones, pero con unos objetivos realistas. Y que debe hacerse. Si llevamos esa mentalidad a los demás aspectos de nuestra vida, podremos aspirar a una vida virtuosa. Y esa vida virtuosa es lo que nos hará feliz. Somos lo que hacemos, hacemos lo que pensamos, pensamos lo que somos. En esa construcción de rutinas construimos nuestra identidad.
En resumen. Que hay que vivir bien, demonios. Me perdí del todo, porque precisamente ahora sí que me ha distraido mi realidad. Pero amenazo volver. Cuidaros mucho

Monologos de redes sociales

Llevo unos días teniendo conversaciones online con gente de muñequitos de aquí. El miércoles, que fui a echar una partida, también tuve interacción. Lo curioso es que, hasta ayer que quedé con un amigo mío, no me dí cuenta de lo que realmente estaba fallando.
La gente no se comunica. O por lo menos, no interactua. La gente viene a hablar de su libro, a recibir atención pero no a dar. Eso es una constante en las relaciones humanas, el concepto de igualdad absoluto es muy poco frecuente. De una forma más o menos sutil, siempre hay una persona dominante en una relación, si bien ese rol puede "turnarse" entre uno y otro. El problema, al menos tal y como lo estoy viendo, es que el excesivo aislamiento que permiten las redes sociales da pie a la ruptura de las buenas maneras. Lo he notado tres veces estas semanas; la gente no sabe iniciar una conversación. "Hola, buenas, soy X y quiero hablar de esto" resulta muy raro fuera de un determinado entorno, que te enseña las pautas. Y me sorprende muchísimo, porque para mí es algo tan natural como respirar. Son modales. Uno entra en un espacio común y saluda, bebe en un bar y acerca el vaso a la barra... cosas de educación. Los "microgestos" de amabilidad que nos convierten en miembros de una comunidad, que nos permiten reconocernos los unos a los otros.
Pero eso se pierde. Y en parte se pierde porque dejamos que se pierda, porque no le damos la importancia que tiene. Es algo que sucede con muchisimas cosas en nuestra vida, que nos olvidamos de lo importante que es algo y, al hacerlo, se descuida y se corrompe. En cierto sentido, supongo que porque me hago mayor, cada vez asumo más que el estado natural del Universo es la entropia. La no existencia. El que exista algo ya supone un esfuerzo. Y ese esfuerzo debe ser mantenido, porque si uno deja de pedalear la bici se para.
Ayer tuve la suerte de tener una interacción "real". Ayer quedé con un amigo y hablamos de libros, de esperanza, de nuestra capacidad para afectar al mundo, de nuestro crecimiento personal, de nuestras dudas existenciales. De si hemos escogido el camino correcto o nos hemos equivocado y de como podemos saber si es el camino correcto.
Ayer tuve una conversación. De verdad. Con alguien que me miraba a los ojos y me escuchaba y yo lo escuchaba a él. Y esto, que hace unos años era lo más natural del mundo, de repente resulta excepcional. Yo creo que es la primera conversación así que he tenido aquí en meses, exceptuando con mi pareja. Y estoy convencido de que, en mi entorno, muchísima gente no recuerda haber tenido una así.
Intentad alimentar vuestra alma. Al igual que el otro día hablaba sobre inteligencia económica, esto también es parte de nuestro desarrollo. Pero ese es un tema para otro artículo.

martes, 18 de noviembre de 2025

Turistas vs Migrantes 2, citas de Robert Heinlein

Fuente: https://www.ccyberdark.net/10145/papi-siempre-lleva-razon-robert-a-heinlein-en-el-siglo-xxi/ Para aquellos que no lo conozcan, Robert Heinlein es el autor, entre otros, de "forastero en tierra extraña" y "tropas del espacio". Es un escritor americano del siglo pasado, que ha sido acusado de militarista por defender uan visión, relativamente extendida entre un sector de la población estadounidense, de las relaciones humanas según la óptica de una republica aristocrática. Algo que tiene sentido, si uno concibe el sistema político y social estadounidense como un intento de recrear la republica romana. En esa visión del mundo, la presencia política del sujeto es mucho más activa que en las sociedades occidentales actuales, no solo como actor económico (consumidor y productor), sino como garante y sujeto activo del sistema, bien como mantenedor del mismo mediante la violencia (militar) o como figura de autoridad legal, religiosa...
Así mismo, esta visión del mundo también considera la ciudadania un privilegio, no disponible a todos. Para poder mantener un sistema así, es necesario que existan masas de "no ciudadanos". O de ciudadanos menores o... como lo queramos llamar. Insisto, es una visión del mundo aristocrática, en el cual una élite ejerce como tal, con sus beneficios e inconvenientes.

Así pues, vamos a meter un par de citas de este individuo, que vienen muy bien para explicar un poco el conflicto de "migrante vs turista" que enuncié en el anterior artículo.
“Es mala señal cuando la gente de un país deja de identificarse a sí misma con el país y empieza a hacerlo con un grupo. Un grupo racial. O una religión. O un idioma. Cualquier cosa que no incluya al conjunto de la población”.
“Una cultura moribunda invariablemente presenta ciudadanos maleducados. Malos modales. La falta de consideración por los demás en asuntos menores. La desaparición de la cortesía, de las buenas maneras, es más significativa que los disturbios”.

¿Qué nos dicen estas citas? En primer lugar, que la identidad dentro de un colectivo establece las relaciones internas dentro del mismo. Es decir, "nosotros VS ellos", o "mi casa VS este sitio donde vivo". Si el elemento principal de la identidad de uno es el espacio geográfico que ocupa (su país), entonces uno "cuida su casa". Porque es su casa. No es un espacio donde vive mientras consigue convertirla en su casa, de verdad, una vez el elemento fundamental de ese espacio no sea la nacionalidad sino la etnia/religion/idioma/etc. Si yo me considero, no sé, residente de la casa tal, la cuidaré. Y querré que los demás la cuiden, que demonios, es mía. Esa sensación de pertenencia, de identidad, es algo tan natural al ser humano como el sueño o la socialización. Y es un elemento fundamental a la hora de establecer un espacio común y ser,o turista, o migrante.
Ok, segunda idea. El tipo de relaciones. El ciclo de Tytler, el desarrollo de aquella cita de "hombres buenos crean tiempos buenos", habla de como la vinculación es el primer paso para el establecimiento de normas comunes. Es decir, si no me siento como parte, no me subordino a la autoridad normativa. Si no soy un alumno de esta clase, ¿por qué tengo que seguir las instrucciones del profesor? Si estoy en esta casa de paso... ¿qué me importa si salen humedades? Más allá de, efectivamente, las consecuencias que tenga para mi no seguir determinadas conductas. Pero aquí hablamos de líder y jefe, de autoridad informal y autoridad formal. La cortesia, las buenas maneras compartidas, es la guinda del pastel. Es lo que distingue al conocido del amigo; el interés legítimo en el bienestar del otro, mediante pequeños gestos. El turista (sea turista hedonista, aquel que viene a disfrutar del lugar, o turista extractivo, como el que trabaja en una petrolera en un país del tercer mundo), no siente la más mínima necesidad de mostrar cortesia o buenos modales. Los turistas escandalosos montando fiestas, los mal llamados migrantes que imponen su cultura, los "me tienes que aceptar como soy"... son todos elementos del mismo principio fundamental; la no identificación con el espacio común.
En conclusión. Que si bien Heinlein era un producto de su cultura y su sociedad, y además una persona con opiniones bastante intensas, no deja de resultarnos útil para desarrollar una idea que se me ocurrió esta mañana fregando. Espero que tengáis un día fantástico, cuidaros.

"Este no es mi cuerpo", turistas vs migrantes

Buenos días. Hoy estaba limpiando la cocina del piso y me he dado cuenta de algo curioso. Llevo un año y pico viviendo en este piso, que nunca he sentido como propio y, ahora que sé que me iré relativamente pronto, me cuesta horrores hacerle el más mínimo mantenimiento. Citando a mi colega Ale de Cádiz, "Yo valoro muchísimo mi tiempo, aunque lo gestiono de pena". Aunque sea para tumbarme a leer, prefiero estar haciendo eso que limpiando un espacio en el cual, honestamente, entro de puntillas para no molestar y en el que nunca he llegado a estar cómodo del todo.
¿Por qué esa incomodidad? En parte porque nunca lo he dominado de verdad, nunca lo he hecho mío. Y en parte, porque no he realizado actividades ni construido memorias bonitas aquí. En el piso de Madrid hicimos una fiesta de bienvenida, trajimos amigos, celebramos cumpleaños y fines de año... es un espacio en el que se construyó vida. Yo pasé noches en vela pintando muñequitos, escuchando podcasts, leyendo. Es un sitio donde viví.
Aquí, por el contrario, nunca ha habido eso. Fin de año me lo pasé trabajando, hemos recibido a amigos dos veces y, si bien en la primera aún teniamos mucha ilusión y esperanza, eso no se transformó en nada real. La vida pasó. Y bueno, ahora que veo la hora de irme, sé que no lo echaré de menos. Con lo que me da totalmente igual lo que pase con él, más allá de en que me pueda afectar.
Y pensando en eso, me doy cuenta de que yo no soy un migrante. Yo soy un turista. De larga duración, pero un turista. Yo vengo, hago lo mío, pago lo que debo y me voy. Aprendo el idioma justo para cumplir con mis obligaciones, de la cultura lo necesario para sobrevivir... bueno, es mentira. Yo soy bastante más inquieto que eso y me gusta aprender por aprender. Pero en general, no tengo ningún tipo de vínculo con el sitio ni, después de más de un año, siento que ese vínculo se vaya a desarrollar. El entorno, al igual que sucede con el piso, no ha dado la más mínima facilidad en ese sentido y mis esfuerzos siempre han sido en vano. Hoy, después de un año "viviendo" aquí, me sorprende que voy a quedar con un potencial amigo. Los que tenía en el país antes de venir, pues bueno, tenemos una relación no tan distinta de la que teniamos antes de que yo viniera.
Pero esa es mi experiencia. Lo que quiero extrapolar de mi experiencia es una constante, o una norma general que pueda aplicarse. En este caso, la diferencia entre un migrante y un turista es que el migrante, en teoría, viene para quedarse. Pone sus cortinas, invita a su familia y amigos, celebra los fines de año. Aprende el idioma y la cultura, hace amigos, se integra. Como decía un compañero el otro día, "va al pub". Y quién sabe, quizás se enamora del sitio, de la gente, de la vida. O quizás no, pero él es parte de la comunidad. Una parte "nueva", que viene de otro sitio, pero una parte.
Yo creo que hoy en día hay muchísimo turista. Muchísima gente que viene a España, por ejemplo, y vive en inglés. Y que oye, no me parece mal, pero tenemos que entender que estamos creando sociedades con dos tipos de ciudadanos. Con unos que están, viven y se quedan y con otros que pasan, sin pisar apenas el suelo. Y esta bien, yo no digo que haya que cerrar las fronteras y echar a los turistas (para empezar, porque me parece muy poco practico y para seguir, porque todos esos movimientos generan muchas cosas buenas). Lo que hay que hacer es ser consciente de que hay dos tipos de "visitantes" en cada país. Y ojo, que puedes llevarte treinta años en un país y seguir siendo un turista.
Voy a por la segunda parte de esto, que me parece un tema interesante.

lunes, 17 de noviembre de 2025

A veces no es el qué, sino el quién

Hoy me he llevado una sorpresa. Planteé hacer un plan ayer y parece que va para adelante. Y de repente, me dí cuenta de que en este caso no se trata de "quedar a hacer X", sino de "quedar con". Y que eso cambia totalmente el escenario.
Es verdad que hay cosas que necesitamos hacer con gente. Y que hay cosas que es mejor hacer con gente y, bueno, tampoco puede uno ponerse super exquisito con quién lo hace. A mí me encantaría hacer todo con mis amigos, pero ya no tengo quince años así que, a veces, tengo que ir con gente a la que no conozco. De hecho, últimamente voy a casi todo con gente que no conozco. La última partida de muñequitos fue con un tal Greg, un hombre mayor, algo tímido, pero muy agradable con el que eché un rato entretenido. Al que probablemente no vuelva a ver en mi vida, ni maldito lo que me importa.
Es esa sensación la que últimamente me tiene algo mal. La de que nada de lo que hago tiene continuidad, de que estoy simplemente tachando días del calendario esperando a que lleguen tiempos mejores. El verano estuvo bastante bien, con viajes, ratos agradables... bien. Pero el otoño está siendo dark and full of terrors y el invierno se promete complicado. Así que, ¿con qué caliento mi espirítu en los días oscuros?
Bueno, pues tampoco está tan mal. Al final irán saliendo cosas, poco a poco, y parece que alguna se orienta bien. Como dice Ira, una vez tu mente y tu alma están en la misma dirección las cosas empiezan a salir bien. Así que vamos a intentar mantener esa tendencia, vamos a ver si podemos seguir así. Ya queda menos para el siguiente achuchón, y el siguiente, y el siguiente. Este ratito ha estado bien para reiniciar. Y mientras, vamos aprendiendo, apoyando, creciendo.
Dia a dia. Y recordando, que a veces se nos olvidan cosas importantes.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Estamos muy cómodos. Y muy pasivos.

El otro día hablaba aquí con un paisano, que se quejaba de que, del COVID para aquí todo está fatal. Se quejaba de como estaban las cosas y etc, hasta que le dije... bueno, pero si está mal se cambia, ¿no? Quiero decir, es vuestro/nuestro/su país. La gente tiene la capacidad de tomar decisiones y provocar cambios, o de no hacerlo y dejar que las cosas sigan como están/evolucionen en la dirección que siguen.
Y eso es algo de lo que hablaba antes con los colegas. De que son "los políticos" o "los jefes" o "los sindicatos" o... pero siempre es otro. Y eso, en cierto sentido, es consecuencia de que vivimos en sociedades muy acomodadas. Si el agua se estropea, llamo al servicio técnico. Si no hay luz en la calle, alguien lo arreglara. ¡Y anda! Lo arreglan. Así que al final no "necesito" implicarme para hacer mi entorno habitable. Mi entorno ya es habitable y va a seguir siendolo. Como mucho, escribiré una carta o molestaré a alguien, y si puedo evitarlo mejor. Que lo haga otro.
Eso explica porqué, por ejemplo, en Reino Unido las protestas siempre son en verano. Una vez está oscuro y hace frío, ya no interesa cambiar el país. Es algo que me llamaba mucho la atención y me tuvo bastante tiempo dandole vueltas, hasta que llegué a esta conclusión que, por favor, alguien me corrija y me demuestre que estoy equivocado. Porque si tengo razón, vamos a flipar en Occidente en general.
Ahora hablaba con un colega, que ha tenido que dejar el coche en el taller, porque la compañía ha metido la pata y tiene que actualizarlo. Mi compañero se queja porque, claro, llega tarde al trabajo. Está mal, claro. No es algo agradable. Pero la vida está llena de cosas así. El otro día hubo una "polemica" en Ucrania, porque un tren llegó tarde. Y una de las viajeras se quejaba por Twitter, a lo que recibió una respuesta de la compañía, diciendo que lamentaban mucho su incomodidad. Que los rusos habían bombardeado un cruce de vías y, para poder repararlo, habían tenido que desviar trenes provocando retrasos.
Los rusos habían bombardeado un cruce de vías.
Con lo que sí, efectivamente, tenemos derecho a quejarnos y querer que el mundo funcione como nos gustaría. También estaría bien que fueramos un poco conscientes de que el mundo no existe para satisfacernos a nosotros; el mundo existe. Como decía Toño "A Madrid tu le das igual". Y entendiendo eso, en primer lugar, evitamos ser unos quejicas insoportables que molestamos a todos los que tenemos cerca.
También, puestos a pedir, estaría bien que tomaramos una postura activa hacía nuestro entorno. Que asumieramos que, para que las cosas funcionen, yo también tengo que hacer algo. Igual no hace falta que cambie la tuberia de agua de mi calle, pero no tirar toallitas humedas en el baño o recoger la mierda de mi perro sería un primer paso, para que el día que algo me moleste de verdad actue.
Os voy a contar una anecdota. Tengo una amiga, bulgara, que se encontró con que iban a hacer un proyecto de construcción en el parque donde llevaba a jugar a su niña. Molesta, escribió cartas y fue al ayuntamiento. El concejal de urbanismo, le dijo "pues menos mal que has venido, porque yo no tengo una bola de cristal. Yo no sé si ese parque se usa mucho o poco, y si a la gente le va a importar que lo convirtamos en unos pisos". Se nos olvida que, el espacio común, es común porque todos lo usamos, lo cuidamos y lo mantenemos. Todos.
Otra cosa que me molesta bastante, y ya acabo de rajar hoy, es el "para eso pago mis impuestos". Eso es algo que hemos copiado de las series yankis y de la sociedad anglosajona, donde el tema de los impuestos es un elemento fundamental del discurso público. ¿Y por qué? Porque el sistema político estadounidense se funda en base a la republica romana, donde se dividía a la sociedad entre los que eran ciudadanos y contribuían al estado y participaban de él, y los que no lo eran y simplemente vivían dentro de su espacio. Por eso el decir "yo pago mis impuestos" es decir "yo soy un ciudadano activo políticamente". Mis derechos los respaldo cumpliendo con mis obligaciones, en un entorno en el que, efectivamente, existía una cierta libertad de elección.
Eso no vale hoy en día. Uno no paga impuestos voluntariamente. Uno está sometido al imperio de la ley y paga tantos impuestos como no consigue evitar pagar. No solo la mayoría de la gente es contraría a pagar impuestos (naturalmente, nadie quiere renunciar al control de sus recursos, y más en una sociedad donde la confianza en los demás y en las instituciones es mínima), sino que la gente es totalmente inconsciente de la gestión de los mismos. Cuando alguien dice "mira lo que ha costado esta carretera", lo compara con lo que le cuesta a él comprar el pan. Habiendo trabajado en contratación pública, yo soy un cruzado de la difusión del conocimiento de como funciona el sistema. Porque no vale decir "pues compralo por Amazon". El sistema público posee y exige una serie de garantias y limitaciones que el privado no tiene, por cuestiones de puto sentido común. Y el que yo tenga que explicarle esto casi a cada persona con la que hablo, dice mucho de la conciencia que tenemos de "nuestros impuestos".
Esta infantilidad, esta incapacidad de ver el mundo como es mientras nos encabezonamos en que sea como nos gustaría que fuera, es terrible. Y me da miedo, porque es suicida. Cuando uno conduce pensando que esa pared no es una pared, porque yo lo pienso muy fuerte y mi moral y mi conciencia y mi... al final me estrello. Y no es bonito.

Una red de pararrayos

Hoy he dormido, por fin, después de casi diez días durmiendo 4-5 horas al día. Me hacía una falta tremenda, me siento super bien. Se han juntado varias cosas, sobre todo la bajada del nivel de curro y estrés y echar una partidita, que me ha venido increíble (muchas gracias Scotty). También ayuda que el chaval contra el que he jugado es bastante persona y ha decidido hacer la partida una experiencia agradable, en lugar de reventarme como si fuera una sandia lanzada desde el piso 24.
Pero, dado que me siento mejor, tengo un momento para darme cuenta de algo que se me había pasado. Cuando voy a Cádiz, durante unos días, me encuentro con montones de gente a las que les cuento la misma canción. Lo mal que lo paso aquí, lo saturado y aburrido que estoy, lo encerrado y solo que me siento. Y esa gente me escucha, asiente, me deja hablar. Lo entiende. Y, cuando lo he contado a la bastante gente, poco a poco, deja de agobiarme. La mezcla de reducción del nivel de estrés físico (más luz, más espacio, menos ruido, menos hostilidad) con la reducción del estrés emocional (al tener con quién hablar y no sentirme tan solo) me permiten reiniciar. Me suelta. Yo voy a Cádiz, me paso unos días allí haciendo cosas, con gente... y me siento mejor. Literalmente me curo. Como le explicaba a mi prima, yo llego a Cádiz en negativo y, con suerte, me voy en positivo. Pero voy en negativo. Yo no voy a Cádiz "de vacaciones", salvo que entendamos la vida como un proceso de sufrimiento terrible cuyo único alivio son las vacaciones.
Yo nunca lo he entendido así. En parte es trampa, claro. Yo he nacido y me he criado en un sitio a donde otra gente viene de vacaciones, así que, lo que para alguna gente era su semana favorita del año, para mí era un martes. Pero, si yo puedo hacerlo, otra gente también. Uno puede vivir una vida en la cual las vacaciones sean, simplemente, un periodo de menor actividad y que no pase uno de estrés cien a estrés diez. Se puede y, de hecho, creo que es a lo que deberiamos optar todos. A vivir vidas que nos hagan felices.
Pero me desvío del tema, otra vez. Lo que quería escribir aquí y quiero recordar dentro de X años, es que en este momento de mi vida le debo muchísimo a mi family y a Paco, Ale, Sergio, Yas, Yoli, Deivid, Kulkeng, David... tantísima gente que me aguanta y me permite reiniciar. Y que me sigue creando ilusión "buah, cuando vengas nos vamos a hartar de jugar y hacer cosas..." con la que apuntalarme ante los días malos que vienen, han venido y vendrán. Muchísimas gracías. Sin vosotros, esto sería muchísimo más difícil.

lunes, 20 de octubre de 2025

Miedos compartidos

Hoy hablaba sobre como, determinadas emociones compartidas en un entorno aislado, terminan traslandose de una persona a otra hasta que terminan siendo verdaderos vuelcos de personalidad. Influimos mucho en los que tenemos cerca, pero mucho. Y hay algunas partes de esa influencia que no son buenas.
El otro día introduje el tema de las sociedades basadas en la vergüenza y las sociedades basadas en la culpa. Yo tengo un problema en el sentido de que, desde muy pequeñito, he hecho un esfuerzo consciente por desconectarme de mi entorno. Al final he terminado haciendo realidad algo que planteaba Nietzsche; que cuando tu estableces un determinado entorno, el resto del mundo o te sigue o se baja. En mi caso, mis relaciones sociales, mi forma de ver el mundo, las convenciones que empleo... soy un tipo bastante peculiar. Y la gente que me conoce y me quiere, me acepta. Los que no, pues bueno, suele ser requisito imprescindible para que te guste algo, que lo aceptes tal y como es. Forzarlo a que sea otra cosa no suele acabar muy bien.
Pero claro, eso tiene un lado malo. No tengo herramientas para defenderme de determinadas circunstancias. Dado que yo suelo apoyar, dar espacio y mandar energia positiva cuando la gente me comenta sus proyectos, la critica constante me merma. Es un defecto de llevar mucho trabajando solo; carezco de herramientas para defenderme de entornos laborales tóxicos. Y llega un momento en que me contamino y dejo de ser consciente de que estoy dejando de lado mi naturaleza y que, por así decirlo, estoy bailando la musica que toca otro. En ese momento mi estrés aumenta, me desoriento, pierdo impulso y fuelle. Por así decirlo, mi alma se "marchita", dado que cuando crecemos, cuando somos nosotros mismos es cuando esa comunicación interna y externa fluye. Cuando somos consecuentes. Cuando vivimos vidas en las que, a través de nuestras acciones, comunicamos al mundo nuestra esencia.
Por eso es importante entender, en que momento, estamos dejando de ser nosotros mismos. Y encontrar la forma de, o bien protegernos de esa influencia, o bien redirigirla a algo más constructivo, tanto para quienes nos influyen como para nosotros.
Está muy bien ser agua y adaptarse a los demás. Pero llega un momento en que esa adaptación es negativa y entonces hay que encontrar como reconducirla. Como hoy, que decidí no darle importancia a lo negativo que pasó, asumiendo que son circunstancias y que ya pasó... y concentrarme en lo positivo que hay y en lo que puede haber. Aunque reconozco que, hoy, estoy bastante nervioso por tener que encontrarme con gente nueva a hacer algo que es importante para mi y que no sé como saldrá.
El miedo tiene los ojos muy grandes. Deseadme suerte.

El desafío de los muñequitos

Llevo mucho intentando jugar y no hay manera. ¿Jugar a qué? A muñequitos. ¿Qué son muñequitos? Wargames, juegos de miniaturas... como lo queráis llamar. Para alguna gente es "warhammer", que no deja de ser un juego de mesa centrado en miniaturas. Se representan situaciones tácticas/operacionales y se intenta jugarlas. Los hay históricos (jugué a L'art de la guerre durante un tiempo, en el que intentabas representar, en nuestro caso, batallas del período clásico en una especie de tablero) y de fantasía. Al que estoy intentando jugar últimamente, Infinity, que es un juego español con una comunidad global maravillosa, se centra en operaciones especiales en un futuro medio medio lejano. Es un juego muy entretenido, complicado de narices, en el cual hay muchisimas "capas" que se apilan para darte una experiencia muy curiosa.
Pero el tema no es El Juego. El tema es quedar con alguien, en torno a una mesa, a construir una historia juntos. Y eso es parte de mi identidad, de quién soy. De pibe jugaba a rol y, ya de adulto de mediana edad casi, sigo jugando. Porque jugar es de esas cosas que te mantiene mentalmente joven, agil, en forma. Es como el deporte. Hace falta si uno quiere tener una vida plena, no para "vivir para siempre", sino para que la vida merezca la pena disfrutarse. Yo no recuerdo que comí hace un año. Pero si recuerdo aquella partida con Toño en la que nos pasó de todo, hace ya... pues pronto irá para tres. Esas cosas son importantes porque se convierten en parte de nuestra narrativa, esos momentos compartidos con gente, esas risas.
Hay una cuestión curiosa con el tema de los juegos, que va relacionado a lo que comentaba en el anterior artículo. Todo el mundo quiere jugar a "su" juego. Por supuesto en sus terminos y condiciones, cuando a mí me venga bien, donde a mí me venga bien... y a veces incluso se pretende forzar el resultado. Lo cual le quita toda la gracia a algo que, bien entendido, debe ser un proceso. Y lo divertido es el proceso. Yo he quedado con un amigo con el que jugaba en Cádiz, Kulkeng, y ni siquiera hemos jugado. Hemos hecho un té, empezado a charlar y cuando nos quisimos dar cuenta era como... mira, ¿sabes qué? La semana que viene quizás. Se está muy a gusto para todo el jaleo de sacar las minis, montarlas...
Lo importante es tener alguien con quién compartir. Entiendo que para mucha gente, y más hoy en día con esta aceleración permanente, el fin es el fin y no puede desviarse. Se queda para jugar y se juega. Pero para mí, todas esas cosas son excusas. Lo importante es vivir bien, cuidarse, disfrutar, estar feliz.
Hoy quizás juegue. Por primera vez en más de seis meses. Y no tengo muy claro como enfrentarlo. Jugaré contra un chico que no conozco y espero que sea una experiencia agradable pero... como decía mi mejor parte, el "Tinder de muñequitos" no funciona. Uno busca establecer relaciones, compartir historias. Hay un juego de fútbol americano, que tiene la opción de jugar ligas. Cuando me mudé a Madrid, un amigo aprovechó para reunirnos a unos cuantos y echar una liga. Un partido cada dos semanas. Este año va por la cuarta edición. Es una excusa para quedar y tiene muchísimos problemas, gestionar a la gente es un desafío. Pero ha seguido y, sinceramente, es algo que ha ayudado muchísimo a todos con problemas personales, emocionales... es una puerta a compartir algo, a reírse, a tener un objetivo. La gente necesita crear. Y necesita compartir.
Yo llevo mucho tiempo solo y sin amigos. O no tanto así sino... sumergido y saliendo a coger aire. Es una forma de sobrevivir pero no de vivir. No me imagino lo que debe ser echar una liga. Y, sinceramente, me gustaría. Hoy no sé si tendré suerte, pero estoy ilusionado. Porque vivir tiene que ser algo más que trabajar, comer, dormir, pagar cosas. Y ojo, no me quejo. He tenido experiencias maravillosas este verano y lo he pasado muy bien. Pero, jugar, es una parte de quién soy. Y me gustaría volver a ser yo.
P.D: Me compré un juego de miniaturas históricas y, al leerlo, me he dado cuenta de que el reglamento es un poco flojito. Así que voy a ver si encuentro otro reglamento que me guste. El proyecto de elegir facción, investigar, elegir como pintarlos y basearlos, empezar a hacerlo, ver como va, no te gusta lo corriges... me encanta. Hacen falta proyectos. Hace falta tener las manos ocupadas para tener el corazón contento. P.D 2: Ya os contaré mañana que tal me fue. Cuidaros mucho! un abrazo

Sobre conectar con gente

Llevo unos días pensando que la gente "no quiere conexión" (o en inglés, engaging, implicación). Precisamente me volvió a surgir el tema ayer, cuando mi jefe propuso que quedaramos todos para una cena de Navidad/despedida de un compañero que se va. Y no tiene pinta de ir a avanzar.
En parte, es porque todos estamos muy ocupados y cansados. Vida adulta. Los compañeros que tienen niños, los que trabajan mucho, los que viajan. La gente no tiene tiempo para hacer un "esfuerzo extra" y quedar para cenar, incluso con gente con la que se lleva bien, sabiendo que va a ser un rato agradable. Todos estamos demasiado concentrados en nuestras rutinas, en lo que nos gusta y nos cuesta muchísimo ceder un mínimo al proyecto común.
Y cuando pienso sobre eso, me da mucha pena. Porque creo que ese es el orígen de nuestros fracasos como sociedad. El egoísmo. La incapacidad de sacrificar, un poquito, por ganar mucho. Y lo entiendo porque soy el primero que me pasa. Quiero dedicar mi tiempo, el que me deja el trabajo y las obligaciones (muchas de ellas auto impuestas por mí), a mí mismo. Pero ahora miro atrás y veo, por ejemplo, que tengo cajas y cajas de miniaturas que pinté para divertirme. Y me divertí. Están ahí. No necesito más. La vida se vive adelante, no hacía atrás. Y esa idea, la de que vivimos hacía delante, se me ha ocurrido hoy como parte de un proceso de "limpieza otoñal".
Suele pasar cuando uno tiene a la vista una mudanza. De repente, cada cosa que tiene en su casa o en su vida empieza a observarse mientras uno se pregunta "¿me la llevo o me deshago de ella?". Eso se aplica también a las relaciones personales. Miro el móvil y pienso... ¿quiero escribirle un mensaje a esta persona? ¿Me merece la pena intentar quedar?
Es una pregunta terrible, muy fría y cruel. Pero es muy real. Siempre es mejor una verdad honesta que una mentira conveniente, porque la segunda lo único que hace es posponer el problema y generarte más problemas futuros. Así que, como parte del proceso de reestructuración mental en el que estoy tras muchas semanas de "shocks", siendo el último leñazo emocional eeeh... el jueves, estoy intentando encontrar rutinas y ritmos que me hagan pensar en positivo sobre el futuro. Y estoy intentando darme espacio a mí mismo, cuidarme. Es muy loco este ritmo de "trabajo y sobrevivo", al final del cual es como... un momento. ¿Qué puedo cenar tranquilo? ¿Qué puedo acostarme a la hora que quiera? ¿Que puedo JUGAR A ALGO? De repente veo el libro en la mesilla y pienso "ey, tu y yo tenemos asuntos pendientes".
Como le decía a mi mejor parte, intento aceptar lo negativo, no pensarlo, y disfrutar de lo positivo. Creo que es el enfoque que puede salvarme. Así que la semana que pasó, pasó. Ahora tengo una oportunidad de estar bien, de cuidarme, de disfrutar. Así que voy a intentarlo. Si sale bien, genial. Si no, pues bueno, volvemos a "aceptar lo negativo y no pensarlo". Aparte de aprender, como cuando quedé con alguien, fue una decepción y dije "ok, este no es el camino".
Como tantas veces, me he salido muchísimo del tema. Pero lo que considero importante, aquello sobre lo que quiero hablar es lo que decía al principio. Que si ponemos el foco en dar un poquito más, exigir un poquito menos y simplemente dejarnos llevar... es mucho más fácil de lo que nos hemos convencido a nosotros mismos que es. Así que intentad relajaros, si podéis bajar un poco el nivel de estrés, y tocaros. El otro día leí que crear nos alimenta. No consumir, sino hacer algo nosotros. Y eso también se aplica a hacer relaciones, hacer a la gente feliz, compartir.
A por ello. Intentad hacer el mundo un poquito mejor. Y ya veréis como eso os hace mejores a vosotros también.

martes, 14 de octubre de 2025

Quieres vivir como si tuvieras quince años

El otro dia, durante una discusión motivada porque estaba muy embajonado, me tiraron eso a la cara “quieres vivir como si tuvieras quince años”.
Es algo que llevo escuchando mucho, de una manera o de otra, siempre por gente que vive vidas mucho peores que la mía. “Madura”, “haz como todo el mundo”,…

Hace unas semanas vi un articulo a proposito de los grandes motivadores sociales. Decia que, en Occidente, el principal motivador es el sentimiento de culpa, mientras que en otras sociedades es la vergüenza. Esto es muy importante, porque te explica que, para alguna gente, el principal motivador es externo. No te preocupa hacer lo que sabes que es correcto, sino lo que sabes que no te traera consecuencias negativas. El juicio de tu exito o tu fracaso no eres tu mismo; esta fuera. En muchos casos es un juicio familiar; hay gente que vive para hacer felices a sus padres, o a sus hijos, o…
No digo que eso este mal. Pero para mi no funciona. Y no ha funcionado nunca, desde que era muy pequeñito entendi que, para hacerme feliz a mi mismo, no podia aplicar las normas que otros se aplican a si mismos. Porque soy distinto. Lo he sido siempre. No mejor ni peor, simplemente diferente.
Asi que bueno. Si. Si quiero vivir como si tuviera quince años. Quiero mirar a la cara al Ale de quince años y decirle “lo he conseguido. Me he convertido en un adulto que te gustaria ser. No en un amargado, triste, destruido por el Sistema… no. Todas las movidas de Nofx que escuchabas, son verdad. Pero yo he encontrado mi huequecito para ser feliz y lo estoy disfrutando como un enano”.
Recuerdo hace años (puede que siga habiendo un articulo por ahi), una mañana abri mi armario y vi que tenia una zona entera dedicada a ropa de playa y deporte. Y me dije a mi mismo “he triunfado en la vida”.

En ese momento, probablemente, alguien me habria dicho “es que quieres vivir como si tuvieras quince años. Yendo a la playa, haciendo deporte, divirtiendote. “

No entiendo que tiene que existir en la cabeza de la gente para que, cuando alguien te dice que le falta X para ser feliz, tu le tires abajo esa ambicion. Pero debe ser porque tu motivador es la vergüenza, que “nadie te diga nada”, mucho más que el sentimiento de culpa “jamas me perdonaré no intentarlo”. Ese es uno de los motivos que hace que algunas sociedades tengan éxito y otras fracasen. Hace un rato leía también sobre economía y decían que, en una economía centralizada, con que piensan motivar a los trabajadores? El miedo al castigo te lleva solo hasta cierto punto.
Es importante tener eso en cuenta. Que tipo de vida queremos llevar. Y porque demonios tenenos que consenter que nadie venga a romper nuestras ilusiones. Protegedlas. Mantenedlas. Hacer aquello que os haga Felices y hacerlo mucho. Y cuando la gente os mire mal por ello, mandadlos a la mierda.
Todo el punk que escuche de adolescente ha servido para algo. Creo.

martes, 12 de agosto de 2025

Gente de Infinity

No soy demasiado dado a escribir sobre estas cosas porque... bueno, porque realmente no me pasan. Pero el otro día me pasó una cosa curiosa, que enlazó con una conversación "semi permanente" que tengo con Marc británico, acerca del tipo de gente que juega a determinado tipo de juegos. El otro día hablaban en un chat sobre jugadores de Infinity, que es un juego de miniaturas de ciencia ficción MUY de nicho (dentro de los juegos de miniaturas, que ya es un nicho) y comentaba que, según mi parienta, los jugadores de Infinity "al menos parece que tienen pareja y usan desodorante. Y quizás gato".
Lo comenté en un canal de Discord, precisamente de jugadores de Infinity, y alguien me dijo que los jugadores de Infinity se dividen en cuatro grandes grupos:
- Padres de familia
- Sexualidad no binaria
- Neurodivergentes
- (no me acuerdo, cuando lo encuentre lo pongo)

Curiosamente, esta definición es bastante exacta. Pero eso serían carácteristicas sociales. Lo curioso de los jugadores de Infinity es que, probablemente porque es un juego intelectualmente muy desafiante y con una estética y un entorno muy concreto, atrae a gente de determinados perfiles. Recuerdo un torneo en el cual a la gente le sorprendía mi profesión, y comenté en broma que claro, porque casi todos los jugadores eran informáticos, economistas o alguna zona de interacción entre ellos (data analyst es uno que se me viene a la cabeza). De la misma forma que hay mucho militar que su hobby es el deporte, porque es una actividad contigua a la que realiza profesionalmente, Infinity es un juego que atrae a un determinado perfil de persona. Hablando sobre videojuegos, el otro día comentaba con un conocido que, la mentalidad del tipo que elige encontrar todas las formas de pasarse el Dark Souls 3 de la forma más complicada posible, es la misma mentalidad del tío que hace rutas de escalada, o paracaidisimo, o alguna otra forma de desafiarse a sí mismo. Es un rasgo de carácter y de personalidad.
Así que, curiosamente, creo que el perfil de jugador de Infinity es un perfil en el que yo me siento muy comodo. Ayer por la noche me asomé a un chat a ver de que estaban hablando. El tema era "adaptación animal" y porqué los osos desplazan a los grandes felinos como depredadores de éxito en su entorno. En un canal de juegos de mesa. A continuación se pasó a hablar de videojuegos tácticos, de gestión de empresas, de choque generacional y expectativas de liderazgo, de lenguaje y trauma y cortisol y endorfinas, del éxito o fracaso de especies animales y de las consecuencias del cambio climático. Y todo esto, mientras la gente hacía bromas absurdas sobre si "tocar hierba/no tocar hierba" se puede convalidad con arena o no y si Escocia se independizará. En un mundo donde todos nos ofendemos y todo está mal es... refrescante. Sumamente refrescante. Y espero que siga habiendo humor absurdo, faltas de respeto, conversaciones extremadamente inteligentes e interesantes y referencias frikis que me permitan seguir aprendiendo.
No creo que este sea mi sitio. Pero que es una forma de identificar a gente que encaja en este momento de mi vida, como podría haber sido cuando era un heavy adolescente... pues quizás sí. Quizás, los que fuimos rebotando de un sitio a otro durante decadas, hemos acabado encontrando una etiqueta donde sentarnos a hablar de lo que nos gusta. Y quizás eso esté bien.
O quizás no. Y solo sea un maldito juego de miniaturas.

viernes, 8 de agosto de 2025

Todos queremos ser el guitarra solista

Tengo la impresión de que debe ser un efecto secundario de las redes sociales, pero de un tiempo a esta parte me doy cuenta de que, cada vez más, nos cuesta ceder y aceptar que, no, el plan no se construye a nuestra medida. Que cuando quedamos con gente para realizar una actividad social... esa actividad es social. Y que hay que ponerse de acuerdo.
¿A qué viene esto? Hace unos meses quedamos con una pareja que, aprovecharon que quedaban con alguien, para jugar a un juego de mesa que querían estrenar. Lo habían comprado porque es de esas cosas que se hacen "con otras parejas", pero no las tenían. Así que nosotros aparecimos, cubrimos el rol, check. Otra cosa lista.
Ahora resulta que hemos invitado a alguien y mi mejor mitad está conspirando para hacer una barbacoa. Porque es su gran frustración desde hace años; quiere hacer una barbacoa. Y al final tener invitados es simplemente una excusa para eso. Como el niño al que le regalan algo por reyes y se lo enseña a todos los que vienen, pues así parece que estamos viviendo todos. Con demasiados juguetes y demasiados pocos amigos con los que compartirlos.
¿Qué estoy un poco cínico? Puede ser. Creo que he conseguido superar ese nivel, y en mi arrogancia me permito mirar hacía atrás al otro lado del valle. Yo ya no tengo juguetes que enseñarle a nadie. Sinceramente, no creo que a nadie le interesen mis juguetes. Me da igual sentarme en el asiento del copiloto y, simplemente, dejar que otros disfruten de los planes que les hace tanta ilusión organizar. Yo puedo estar allí. En cierto sentido, es más relajado, me elimina de la tensión de intentar vivir, de intentar disfrutar. Pero para mí es muy fácil; yo siempre quise o toqué el bajo. No tengo problema en ser un elemento de apoyo.
Pero no puedo dejar de sorprenderme y preguntarme, en este mundo en el que todos queremos hablar... ¿quién va a sentarse a escuchar?

martes, 17 de junio de 2025

Hay ovejas, porque hay lobos

Hace un rato estaba comentando con un colega nuestra capacidad para ser manipulados, la adicción a internet y la caverna de platón aplicada a las redes sociales (en la cueva pintada "opiniones cada vez más radicales y absurdas", frente a ella "usuarios de internet", detrás de la cortina los algoritmos, cerca de la salida "usuarios aleatorios de internet expresando sus creencias intrinsecas" y fuera, gente que se desconecta y "literalmente el mundo exterior"). Hablabamos de esto y de como estamos sometidos a opiniones y manipulaciones, ante lo que le recordé esta frase, un clásico, que dijera Victor. Porque si bien es cierto que existe mucha psicología, marketing y estudio de lo que ofertamos... para que un producto se venda, alguien tiene que comprarlo. Y, esta es una opinión terriblemente impopular hoy en día que probablemente me haga discutir mucho, ni con toda la manipulación del mundo se puede conseguir que alguien haga algo a lo que se opone firmemente.
Es algo que me sorprendió el otro día viendo la entrevista a Schwarzenegger, pero que me parece que es importante repetir. Vivimos en un mundo de nuestra cabeza. O como decía Marco Aurelio, todo lo que vemos es una percepción, todo lo que oímos una opinión. Cualquier cosa que nos sucede, nuestro cerebro la lee e interpreta. Y decide. Cada día, tomamos una cantidad enorme de decisiones, sobre nuestras acciones pero, sobre todo, sobre nuestras percepciones. ¿Esto es algo positivo o negativo? ¿Conservo esta información o la desecho? ¿Participo o ignoro? Estas decisiones, estos pensamientos, se convierten en acciones que se convierten en costumbres que se convierten en nuestra naturaleza. Somos lo que hacemos de nosotros mismos. Somos lo que hacemos, lo que pensamos, lo que elegimos. Nosotros.
Por tanto, somos nosotros los que, por comodidad, por cansancio, por pereza, por lo que sea elegimos ser manipulados, elegimos no rebelarnos. Elegimos aceptar. Y ey, no pasa nada. Igual que "un caballero a veces tiene que dejarse engañar", a veces la decisión correcta es no oponerse. Yo soy muy dado a ahorrar energia e implicarme solo en conflictos que veo necesarios. En mi caso, mi "norma interna" es solo pelear aquellas que, o no puedo dejar pasar, o veo que el beneficio compensa de sobra el esfuerzo. Pero, y este es el detalle importante, intento ser muy consciente cuando cedo. Como decía mi madre, "no es que no me dé cuenta, es que elijo no darme cuenta" (bueno, mi madre decía algo del tipo "no es que no sepa lo que hacéis, es que hago como que no lo sé". Lo cual es como muy de madre, esa presunción de omnipotencia para poseer una superioridad moral que no acabo de entender, pero patatas). Así que, al menos en mi caso, cuando actuo como oveja suele ser porque yo lo elijo. Porque me conviene ser oveja. Eso de "no tengo más remedio" no lo compro. La constitución alemana, debido a la experiencia del nazismo, lo deja muy claro. Tanto la acción como la omisión son decisiones individuales y conscientes y no pueden ser excusadas. O como dicen las reales ordenanzas de las fuerzas armadas en su artículo 48 (soy un friki de estas cosas): "En todo caso asumirá la grave responsabilidad de su acción u omisión".
Pero ojo, y este es un detalle importante. Elegimos. Llevamos mucho en una dinamica pasiva, de "es lo que hay" o como dice una amiga mía "es lo que me ha tocado". No. Si tu trabajo te explota, puedes dejarlo. Pero no solo si te explota: si no te gusta. Si quieres dedicarte a hacer pulseras en la playa, hazlo. Quizás no tengas para pagar el piso y en ese caso, las consecuencias de tus decisiones deberán ser asumidas por ti. Pero eliges. El ejemplo es un poco exagerado, pero cierto.
Además hay otro detalle más del que Jose Carlos Ruiz habla mucho (muy recomendado). La comunidad. Una cantidad enorme del cerebro humano está diseñado para su socialización. Nuestras acciones tienen consecuencias entre la gente que nos rodea y esa consciencia es tanto positiva como negativa. No somos islas. Y muchas veces, podemos contar con nuestro entorno y debemos hacerlo. No pasa nada por pedir ayuda. La gente que nos quiere nos quiere ver felz y va a trabajar para ello. Acciones, no palabras. Y esas acciones, no palabras, nos van a permitir, desde una posición de oveja, ser lobo. No hay que decir que sí a todo. De hecho no hay que decir que sí a nada que realmente no queramos decir que sí, y esto es importante.
Nuestra libertad es un privilegio. La capacidad de elegir es un privilegio. Y como tal hay que protegerlo, defenderlo, desarrollarlo. Hay que insistir en esto, tanto para nosotros como para los que nos rodean. Elegid. Pero elegid siendo conscientes, maldita sea.

P.D: Quería haber hablado de como los algoritmos condicionan nuestra opinión y como nos dejamos manipular y he acabado hablando de ni sé que. Voy a salir a que me dé el aire. Veinticuatro horas encerrado en casa y dos días sin hablar cara a cara con alguien es demasiado, hay que salir al mundo.

Empapado de pasividad

Acabo de "resucitar". Ayer, después de una semana trabajando por las noches, llegué a casa. Me hice un desayuno enorme, el primer té sin prisa en siete días y me puse a organizar cosas. Limpie, leí... descansé. Desayuné tanto y estaba tan agotado (más de veinticuatro horas sin dormir, tras una semana durmiendo 4-6 horas cada día, sin descansar apenas), que no almorcé ni cené. Ayuno intermitente, que le llaman. Vi series o lo intenté, porque me mareaba. A las cuatro-cinco de la tarde me dio un repunte de energia (la hora a la que tiraba para el trabajo) y dejé de estar cansado, tenía ganas de hacer cosas... pero a las siete decidí acostarme y recuperar. A medianoche ya no podía dormir, pero leí, hice un par de ejercicios respiratorios y a las dos me volví a dormir. Hasta las seis y algo, que es una hora bastante normal para despertarse en un ritmo de días.
Resumiendo. Que estoy reiniciando. Después de una semana muy intensa, la numero quince desde el año pasado. Y me he dado cuenta de algo curioso que ya venía observando estos días. Debido al trabajo, debido al ritmo, entro en una dinamica muy pasiva. Me despierto, hago lo que me dicen, me pongo la ropa que debo. Llevo la comida justa para sobrevivir sin que me siente mal (esta, la semana numero quince, he empezado a trabajar en mi dieta de forma más consciente y creo que eso me ha venido muy bien). En mi tiempo "libre", que es ese ratito en el trabajo en el que no tengo nada que hacer, me enzarzo en actividades que pueden ponerse en pausa. Como decía Graeber en Bullshit Jobs, mientras se supone que estás trabajando no puedes sacar un libro y ponerte a escribir o estudiar. Lo cual es absurdo. Yo cuando iba al instituto, en los huecos que me aburría en clase, escribía. Tengo una novela dedicada a mi profesor de física de cuando tenía quince años, que una vez me pilló y, al saber lo que hacía, me dijo "tu dale. Mejor eso que andar molestando".
Aquí tengo que hacer una pausa. No es que yo sea extremadamente inteligente. Es que, cualquier actividad diseñada para treinta personas, por su misma concepción es casi imposible que mantenga la implicación de todos, todo el tiempo. Va a haber huecos libres. En ocasiones, huecos grandes. En mi caso, que venía de un centro donde el nivel academico era muy alto, me estaban explicando cosa que yo ya había hecho. Así que, ¿por qué no aprovechar mi tiempo en algo productivo?
Lo que venía a decir es que, dado que el entorno de trabajo te obliga a mantener una serie de convenciones (si no tienes trabajo, buscatelo o aparenta que estás trabajando. Creo que en Bullshit Jobs le dedican un capítulo entero a esto y a los efectos psicologicos y sociales que tiene, porque no es ninguna tontería), tu capacidad de decisión y ejecución se vé muy limitada. Así que, por pura salud mental, optas por la pasividad. Te metes a leer cosas por internet o, cuando nadie mira, te pones una serie que puedas apagar en un momento. No haces planes. Y, salvo que tengas suerte y haya algún español por allí cerca, tienes conversaciones totalmente de ascensor o no hablas con nadie. Durante horas y horas, que se convierten en días.
Y de repente, se acaba. Y como llevas metido en esa dinámica unos días, sigues. Llegas a casa y te pones una serie. No tienes ganas ni energía de hacer nada, de planear nada. Vives en el momento, no entiendes que puedes planear cosas, ir a sitios, tomar decisiones. Sin darte cuenta, te has convertido en una planta.
Y reinicias. Y hoy empiezo a comentar con gente que podemos vernos, empiezo a ver minis que me gustaría pintar. Los últimos días, ya como quién no quiere la cosa, me asomo a lo que yo llamo "porno de muñequitos". No voy a jugar, pero me gusta ver partidas por internet, fantasear con que yo algún día juego. Ver ejercitos pintados, leer análisis de sistemas de juego... Al igual que el porno, está teñido de soledad y da un poco de tristeza, un poco de vergüenza y un poco de asco. En general, es bastante malsano.
Curiosamente, ser consciente de ello ayuda a enfrentarlo. Y las soluciones para el malestar "clasicas" (ejercicio físico, meditación, sol, alimentación fuerte) ayudan. Pero es una forma de subsistencia, ayuda a pasar el tiempo sumergido. Una vez se acaba, uno mira atrás y suspira. Uf. Conseguí sobrevivir otra semana. Pero no quiero vivir así. No quiero vivir sentado consumiendo contenidos audiovisuales, sin poner nada de mi parte, sin mover las manos, ni la cabeza, ni el cuerpo. No quiero engordar por pasar demasiado tiempo sentado, no quiero que mis articulaciones crujan por no moverme. No quiero que mi alma se estire como un chicle, buscando el suave regazo espiritual de que alguien, quien sea, me hable me valore me aprecie. No quiero sentir que soy un eslabón de la cadena. Como cantaba Iron Maiden, "not a prisoner, I am not a number, and my soul is my own".
Ha pasado. Semana quince. Decimo mes. Ya quedan menos. Vamos a intentar que duela lo menos posible y a seguir cuidandonos. Gracias a todos los que estáis ahí, los que me ayudáis y me queréis. Un abrazo enorme.

domingo, 15 de junio de 2025

El difícil equilibrio entre el orgullo y la amistad

Decía un psicologo que conozco a una amiga que: "A veces, tienes que elegir entre tener razón o tener pareja". Lo mismo se aplica con los amigos. A veces, uno tiene que saber cuando callarse y dejar de insistir con un tema, o cuando encogerse de hombros y decir "pues sí, claro, debe ser así". A veces, un padre tiene que dejar que su hijo se estrelle para que aprenda y, a veces, no tenemos ni puñetera idea de lo que estamos diciendo y lo mejor que podemos hacer es callarnos. Con lo que, como decía el refrán, si la palabra es plata, el silencio es oro.
Eso en cuanto a que decir y que no. Pero también en cuanto a que esperar. Hace años me hicieron dar una conferencia sobre la frase "la diferencia entre la amistad y el compañerismo es que la primera busca reciprocidad, y la segunda no". Es cierto. Uno actua como un compañero porque es lo correcto, guiado por la convención social que guia lo que un compañero debe ser, y el convencimiento personal que impulsa a uno a seguir dicha convención. A actuar correctamente, aunque nadie mire (volviendo a citar a los estoicos). En cambio, la amistad busca reciprocidad. Uno da para recibir, no en terminos lineales ni matemáticos, sino en terminos cuantitativos y emocionales. Por eso, algunas relaciones que vistas desde fuera podrían parecer abusivas, tienen una dinamica interna muy sana que hace felices a ambas partes. Bueno, sin exagerar. Que va a parecer que estoy yo aquí recomendando a la gente que se deje fustigar y tampoco es eso.
Uy. Acabo de dar en el clavo sin querer. (Je, que bien me ha salido). ¿Fustigarse? ¿Por qué?
Os voy a poner un ejemplo. Hace muchos años, cuando conocí a una persona, me molestaba que siempre era yo quién comenzaba el dialogo. Esa persona nunca me escribía, ni me llamaba, ni me proponía nada. Y hablandolo con Vicen, me dijo "a ver Ale, tu quieres quedar? Pues queda". Al fin y al cabo, era una dinámica interna de nuestra relación. Por lo que fuera, esa persona no se sentía comoda siendo la que arrancara. Bueno, pues arranco yo. No pasa nada. Claro que la percepción de maltrato, de ser siempre el que da y nunca el que recibe, es el origen de un desequilibrio que puede lastimar la relación. Y es importante entender, super importante, que nadie da lo que no tiene. Que, como me dijera Carabot en su momento, damos porque nos gusta dar. Y eso está bien y es una ventaja, hace que sea muy fácil y muy cómodo llevarse bien con gente como nosotros.
Pero abre la puerta al abuso. Al desequilibrio. La gente no valora lo que obtiene facilmente. Con lo que primero debemos cuestionarnos nuestra valía propia, recordarnos a nosotros mismos que somos importantes, que damos mucho al mundo. Y encontrar el equilibrio entre el ego y el amor propio, ese punto "sano", en el cual no nos creemos Cristiano Ronaldo, pero tampoco nos dejamos pisotear. El antiguo lema de Ira, "yo me merezco algo mejor". No porque sea increíble, sino porque quiero mejorar yo y, al igual que quiero mejorar yo, quiero que mi mundo, mi gente, mi entorno, mejore. Y en ese espacio de mejora es donde podemos disfrutar, crecer, sentirnos bien.
Yo me doy cuenta de que, a veces, me monto peliculas que no tienen que ver con la realidad. Nos pasa a muchisimos tíos, confundimos el cariño con el interes y el interes con otra cosa. Y no tiene nada que ver. La gente puede apreciarte mucho, valorarte de una forma intensa, sin comprometerse. Además, repito, cada uno da lo que tiene. Y hay gente que tiene muchos, muchos problemas personales y emocionales que le impiden comunicarse en tu idioma. Por así decirlo, es gente que vive con una vocal menos. Y claro, eso no lo percibe más que la gente que tiene una relación muy intensa, muy próxima y muy sensible con ellos. Además de que, a veces, tener una vocal menos es super atractivo, crea un acento fascinante, lo que sea.
Es importante entender los terminos en los que nos movemos. Y como digo siempre, tener muy claro nuestro dialogo interno para poder establecer un dialogo externo útil, bueno, que permita crecimiento. Vamos a mejorar el lenguaje. Vamos a ser felices.
Cuidaros mucho.

Traga y mastica

O como diría Ira, "no te quejes".
He vuelto a ver GTO, Great Teacher Onizuka, un anime de los 2000. Es una telenovela, claro. El protagonista siempre se sale con la suya y la historia siempre acaba bien. Hay enredos que se podrían evitar si la gente simplemente hablara. En general, es un estilo narrativo muy basico, que sirve como hilo conductor para tratar temas que me parecen super interesantes: el abuso, la soledad, la tristeza, el desarrollo de la identidad, la autoridad, el éxito. La serie me gusta y la recomiendo, por supuesto para gente que entienda que no está viendo una obra de arte de literatura universal (para eso yo recomendaría Evangelion o Elfen Lied). Por supuesto, solo para gente que le guste o, como mucho, no le repugne el anime. Pero me parece que, sin llegar al nivel de trauma y profundidad, es una de las inspiraciones de BoJack Horseman.
Uno de los temas que trata bastante es la cuestión de genero. Algo que en Japón, en esa época, debía ser tremendo. Imagino que todavía lo es, no sé mucho de la sociedad japonesa. El caso es que, constantemente, escuchas "sé un hombre", o "es lo que un hombre hace". Se muestra una figura de masculinidad estoica, heroica, sacrificada. Un concepto de hombre honorable, que hace lo que debe porque es lo que se espera de él. Una de las escenas que me han impactado, en ese sentido, es cuando al protagonista le hacen una encerrona y un amigo le dice ¨Sé quién es responsable de esto". Y él lo calla, muy serio, y le dice que no quiere chivatos alrededor.
Es inspirador. Es inspirador en una época en que todos tenemos agravios y sentimos la superioridad moral de ser victimas. Donde esa figura, la del indignado victimizado, se ha convertido en justificación para todo. Ayer escuchaba una entrevista a Schwarzenneger (a la edad que tiene sigue siendo una maquina. Buenísima su respuesta a si tiene una crisis de mediana edad: "he pasado de decir "I will be back" to "ow! My back!"), en la cual se negaba a apuntar que la gente "se queja mucho". Él decía que hay personas que todo les parece un sufrimiento y se quejan de todo, pero así no se consiguen cosas. Las cosas se consiguen cuando uno enfrenta una situación como si fuera un obstaculo, lo reconoce y planea como superarlo. Lo enfrenta.
Decía Pedro que, la queja que no se convierte en cambio, es un ritual. Hay rituales positivos (hago Duolingo cada día, aunque no creo que sirva para nada más allá de rascarme la frustración de no aprender), pero tenemos que entender lo que son. Si pensamos que un ritual va a producir magicamente un cambio, vamos camino de una decepción. El cambio surge de las acciones, de la evaluación de sus consecuencias y de las siguientes acciones. Es el ciclo de decisión: planeo, ejecuto, analizo, repito. Si no estamos dispuestos a hacer eso, entonces podemos quejarnos pero entendiendo que es simplemente una forma de mover aire.
Ayer pensaba en eso. Que estoy muy cansado, pero todo el mundo a mi alrededor está en una situación similar, o peor. Quizás algunos estén mejor, pero no son el público adecuado para ello. Además, cada uno tiene sus problemas y no necesita que yo venga a compartirle los míos. En el momento en que entiendo eso, dejo de pescar simpatía. Dejo de buscar que alguien me consuele, o me diga que todo va a salir bien, o me diga "pobrecito". Cierro la puerta a cubrir una necesidad interna (mi justificación de lo que hago ante mi mismo), a través de medios externos. Y me evito la frustración.
Así que, si tenéis un ratito, dadle una vuelta a vuestras quejas. Y preguntaros si lo estáis haciendo para aprender y crecer, para buscar soluciones o simplemente porque estáis enfocando la vida de forma reactiva y sois incapaces de avanzar hacía soluciones positivas. Si vuestra queja es un "¡socorro!", entonces quizás tenéis que preguntaros que os tiene tan mal y como arreglarlo. Pero de dentro hacia afuera y viceversa.
Cuidaros mucho. Un saludito.

Come tus vegetales

Estoy en una situación algo complicada. Bueno, llevo mucho tiempo en una situación bastante complicada, el cambio es que ahora soy consciente de ello. Tengo que hacer un montón de cosas, simplemente para no convertirme en una pelota de fango que es incapaz de salir de la cama y enfrentar el día. Lo curioso es que, en cierto sentido, esto ha estado ahí. Pero siempre ha habido algo que lo salvaba en el último momento, como si la cosa fuera realmente terrible pero... uy, a lo justo. Un nuevo amigo. Un concierto. Algo.
Además, también ayudaba el que el nivel de desafío era menor. Estaba pasandome el juego en nivel fácil. Como dijo Rali al conocer Cádiz, "ahora entiendo porqué tu eres tan relajado". Cuando los niveles de más abajo de la pirámide de Marslow son casi seguros, puedes agobiarte por los demás.
Lo curioso es que esto es como mi carrera educativa. He ido bajando la escala social, de empezar en una escuela casi privada (los cursos superiores), para gente de clase alta a acabar en un instituto público de delincuentes. Y esto es parecido. He pasado de "tengo una parte de mi armario dedicado a ropa de deporte y playa; he triunfado en la vida" a "mi prioridad de esta semana es intentar dormir ocho horas seguidas". Y ha sido poco a poco, pasito a pasito. Perdiendo actividades, perdiendo rutinas, perdiendo amigos...
Hasta que llegamos al momento actual. Junio de 2025. Cuando tengo que decidir si voy a cocinar algo para comer a medianoche, o me arriesgo a lo que haya en el comedor y, si no me convence, reforzar con picos y galletas. Donde calculo si poner una lavadora hoy o me hago un té. Donde tengo que hacer una lista para ver si, en las siguientes tres semanas, puedo comprarme un vaso mezclador para quizás ir al gimnasio.
Lo curioso es que la teoría de la rana hirviendo es cierta. Le quitas a alguien un poco ahora. Otro poco luego. Otro poco luego. Y cuando se da cuenta, ha perdido muchísimas cosas y lo va viendo como normal. Hasta que un día, como me ha pasado, te pasas seis semanas en tu ciudad, en tu casa y dices "un momento. Mi normalidad no es normal. Esto es normal." Como le dije a un compañero, trabajar de lunes a viernes, con fines de semana libres y sabiendo que puedo planear algo dentro de un mes, a mi me parecen vacaciones. Y todos Uds lo dais por hecho. Hay algo que no estoy haciendo bien.
Así que bueno. Asumiendo que la situación está complicada y que no va a mejorar, las opciones que se plantean pasan por minimizar daños, intentar soportarlo y escapar a la primera oportunidad. Alinear mi mundo hacia mis objetivos y hacer lo que pueda por sentirme bien. No pierdo la esperanza, existe una remota posibilidad de que las cosas mejoren y mi jefe está trabajando por ello. Pero ahora mismo, la prioridad es navegar. Así que, despertandome de mis cinco horas de sueño, sin haber descansado, me doy cuenta de que estoy triste, desmotivado, agrio. ¿Solución? Come. Cuando no duermes bastante, come. Pero no comas cualquier cosa. Lee e investiga. Porque, si bien en tu entorno sabes que comer, aquí la comida es otra trampa. En mi anterior entorno, ibas a la cantina del trabajo y la comida era buena. Estaba pensada para sostenerte; alguien había hecho un menú equilibrado y tu solo tenías que seguir los pasos.
Aquí, por el contrario, es salvese quien pueda. Con todo. Con la casa, con el coche, con el médico, con la comida. Todo está orientado para que, si no te mueves, te hundas. Así que hay que hacer el esfuerzo y comerte tus vegetales. Y tus huevos. Y tu leche. Porque los aportes de grasas saludables y proteinas no te los va a dar nadie si no te los das tu mismo. Y una vez los tienes en el cuerpo, una vez le has echado gasolina, todo es menos difícil. Se puede aguantar. Un día más, una semana más. Tachando del calendario.
Cuidate. Por dentro y por fuera. Cuida lo que comes, cuida lo que te ejercitas, cuida lo que lees, cuida con quién y como te relaciones. Porque ahora no estás solo disfrutando la comida; ahora estás garantizando tu supervivencia. Y así es como hay que enfrentarlo. Esto no es un paseo por el campo; es una marcha. Y poco a poco, quién sabe, quizás te endurezcas hasta que te duela menos.
Cuidaros mucho. Un abrazo.

viernes, 13 de junio de 2025

Comunicacion multimodal

Dado que ultimamente está de moda ponerle terminos elaborados a cualquier cosa, principalmente incrustando palabras inglesas, peguen o no, voy a meter un titulo siguiendo esa tendencia. En este caso, comunicación multimodal.
¿Qué significa este termino? En mi interpretación, es comunicarse en varios niveles, empleando diversos canales. Pero es un termino engañoso, porque realmente de lo que quiero hablar es de la capacidad de concentrar el mensaje y de entender, exactamente, que queremos decir. Estaba pensando en un amigo mío, coral negro, que sufre disonancia cognitiva. Hasta cierto punto disonancia existencial, que es algo que me he encontrado en alguna gente. Y eso genera muchísima frustración, porque obviamente la gente no reacciona como a ti te gustaría que reaccionara. ¿Por qué? Porque lo que están recibiendo no solo no se alinea con lo que tu estás emitiendo, sino es que ni siquiera tu sabes lo que estás emitiendo.
Me explico. Las dos capas de dialogo de las que siempre hablo, la interna y la externa, deberían estar alineadas. Citando precisamente a Coral Negro, cuando lo que decimos, lo que hacemos y lo que pensamos están en linea, somos felices. Correcto. Pero lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos viene del mismo origen; lo que somos. Es un ciclo. Yo pienso que quiero ir a correr, yo digo que voy a correr, yo corro. Me gusta correr. Correr es uno de los elementos de mi identidad.
Si trasladamos ese concepto a las relaciones personales, no basta con predicar con el ejemplo. Ese ejemplo tiene que estar alineado con quién somos. Y aquí viene la parte dificil; quién somos es un proceso. Es el punto intermedio entre quienes eramos y quienes queremos ser. ¿Me estoy explicando?
Por tanto, cuando intentamos establecer relaciones a través de la comunicación, tenemos que tener muy claro en primer lugar quienes somos y quien queremos ser. Y en segundo lugar, quienes son esas relaciones y que lugar queremos que ocupen en nuestra vida. La gente no es tonta y percibe lo que les transmitimos en muchísimos niveles. Si yo le digo a un amigo que es super importante para mi y que estoy deseando verlo, pero cuando me invita a su boda no puedo escaparme, entonces él está percibiendo una disonancia cognitiva. Hay que hacer un esfuerzo de atención, de tiempo, de cuidado de esa relación para que él entienda mis circunstancias. No puedo dar por hecho que, como yo tengo razón, la otra persona va a aceptarlo. No funciona así. La aceptación de las circunstancias del otro pasan por, en primer lugar, la asunción del desconocimiento de esas circunstancias. Muchos de nosotros "sabemos" como viven los demás, o creemos hacerlo. Y en segundo lugar, pasan por el proceso de dialogo y de comprensión de dicho dialogo. No basta con explicarlo, él tiene que querer y hacer el esfuerzo por entenderlo.
Eso pasa por todo. Por eso las relaciones de pareja son tan difíciles, porque en nuestra cabeza está todo clarisimo pero tenemos que entender que el otro no está en nuestra cabeza. Aunque, mediante muchísimos canales de comunicación, podamos transmitir información a tope.
Me voy al curro. Tened un dia genial, sed buenos o, si sois malos, que no os pillen.

jueves, 3 de abril de 2025

¿Se acaban las minis?

El otro día hablaba con un amigo sobre el mundo de las miniaturas y como lo ha cambiado los ordenadores. En general, creo que es una mezcla de los ordenadores y la pandemia, que nos han hecho cada vez más... ¿solitarios? El otro día en Sevilla me recomendaban jugar a miniaturas por TTS (Tabletop Simulator, un programa para jugar a juegos de mesa online). Es curioso. Para mi, uno de los motivos para jugar a miniaturas ha sido socializar. Quedar con la gente y hacer cosas. Uno de los principales problemas del TTS y de cualquier actividad por ordenador, como sabréis, es lo facil que es desconectar de lo que estás haciendo. Encoges la pantalla, cierras la pestaña... lo que sea. Y estás viendo videos, leyendo en chats o haciendo cualquier cosa en vez de lo que se supone que tienes que estar haciendo. Ese es uno de los motivos por el cual las clases online son un relativo desastre; la gente no se implica. Tenemos muy poco "lapso de atención" (no conozco esta palabra en español) y, si algo no nos interesa mucho, pasamos a otra cosa. Es otro efecto secundario de la sobreestimulación, la constante exposición a moviles e información constante, constante, constante...
Una vez más, me desvío. Quería decir que, si bien jugar por TTS es una solución para situaciones como la mía (viviendo lejos de todo, con horarios de trabajo muy raros), no sustituye al verdadero elemento. De la misma forma que los libros no han desaparecido a raíz del ebook, hay elementos de una experiencia que la tecnología no puede sustituir. Ningún libro digital se compara con pasar las manos por una cubierta de un libro, abrir las paginas, oler a nuevo y la sensación de posesión de tenerlo encima de una mesa en tu casa. Y ningun simulador con graficos y pantallitas sustituye a las risas de ver rodar el dado, mover fisicamente las miniaturas y el esfuerzo de pintar, decorar e imaginar.
Con lo que no. No creo que se acaben las minis. Pero desde luego, todo cambia y quizás, como el morse, los radioaficionados o las cartas de papel, las miniaturas se convertirán en algo muy muy muy minoritario. Ya no es que sea precisamente masivo, pero es posible que esto cambie. Y eso estará bien.

Un agujero de amor

Me he dado cuenta de que me falta algo. Me faltan los amigos, la familia, el sentido. Me falta sentirme querido. Me falta un objetivo, algo hacía lo que avanzar. Me falta una red de contactos que alivie los golpes de la vida. Pero, sobre todo, me falta esa frase que decía Victor: Encontrarnos a nosotros mismos haciendo aquello que nos gusta, con gente que nos quiere por quienes somos. Me falta esa retroalimentación que te da verte a ti mismo a través de los ojos de tu entorno y verte bien.
Uno de los mayores defectos que tenemos en general es no saber valorar lo que ya tenemos. Lo damos por hecho y, al hacerlo, pierde valor. Decían en "Malazan song of the fallen" que todo trono es una flecha. En cierto sentido la ambición nos anima a ser más, a ser mejores, a hacer más. Pero hay que pararse y ver lo que tenemos y dar gracias por ello. Por la salud por la estabilidad por... X. Siempre hay algo que agradecer.
Entonces, ¿por qué siento que me falta algo? Porque no hago cosas que me gustan. Porque me entretengo conmigo mismo, mientras en mi entorno la gente trabaja o hace cosas. Estoy fuera. Pero cuando estoy trabajando, tampoco estoy en mi entorno. Simplemente, estoy. Obligado a justificarme a mi mismo, obligado a explicar mi situación, habitualmente a gente a la que no le importa.
¿Es posible sentirse solo estando acompañado? Lo es. Sobre todo cuando lo que somos, lo que sentimos y expresamos y pensamos y queremos... hay que callarlo. Cuando te dicen "esto no le interesa a nadie" o "deja de molestarme con tu tema". Y poco a poco, uno va encerrandose en si mismo, dejando de quedar con gente, dejando de hacer lo que le gusta, dejando de ser... Hasta que un día te levantas y te preguntas como has acabado en esta situación.
Y lo más curioso es que es antinatural. Lo natural es salir a la calle, reunirse, hablar, jugar, hacer cosas. Hacer deporte, comer cosas buenas, que te dé el sol. Sentirse bien. Vivir asustado, vivir encogido, vivir reaccionando no es lo normal. Es una situación a la que te arrastran o te arrastras, fallando una y otra vez, una y otra vez. Y sin ser capaz de sacar la cabeza de ahí y volver a la luz.
Quizás esto es demasiado oscuro. Lo dejo para otro día.

miércoles, 2 de abril de 2025

Las mil caras de la envidia

Es muy curioso. Como dice el refrán, "la suerte de la fea, la guapa la desea". Todos podemos mirar a izquierda y derecha y pensar "X persona tiene esto, y yo lo quiero". Ignorando todo lo demás. El esfuerzo que le haya costado conseguirlo, los sacrificios que hace para tenerlo, el daño que le puede hacer eso. Los solteros quieren pareja, los emparejados quieren estar solteros. Los que trabajan mucho quieren tiempo y los que no trabajan quieren dinero. Todos, todos, podemos mirar a otra persona y sentir envidia.
Así que, realmente, ¿cuál es la cara original de la envidia? La cara original es la insatisfacción. Es el que nos falta y que somos incapaces de llenar. Es el no estar contento. Simplemente. Iba a poner "no estar contento con algo", pero eso sobra. Si estamos contentos no sentimos envidia. Podemos pensar que nos gustaría X, pero eso es simplemente un deseo, como cuando vemos una playa y pensamos que nos gustaría estar allí. No existe ese concepto de posesión, de ofensa que existe cuando hay envidia. "Porque X tiene esto y yo no". Y a continuación, "X no se lo merece, mientras que yo sí". Es muy curioso como eso termina envenenando nuestra felicidad con nosotros mismos, nuestra felicidad con los demás. A nosotros.
Y lo más curioso es que, en la mayoría de ocasiones, ni siquiera disfrutamos lo que envidiamos. Pero no hay como. Si tuviera que ponerle un nombre a la envidia, quizás sería ese. Infelicidad. Somos envidiosos porque somos infelices. Porque somos pobres, aunque tengamos todo lo que queremos, porque estamos más focalizados en lo que falta que en lo que hay.

Me ahogo en el silencio

Al otro lado del horizonte, la vuelta al vacío. Y a este lado del silencio (como me gustaba esa canción), nada. Las horas pasan, atiendo a clases donde no aprendo, no hablo con nadie, no hago nada. ¿Qué te apetece hacer? Nada. El reloj sigue avanzando, tic toc, y estoy atrapado entre lo que no quiero hacer y lo que me da miedo hacer. Mirando por la ventana. Los días siguen. Hace falta un punto de apoyo, un primer paso... pero todos los primeros pasos han sido fracasos. Tanto así, que ya no quiero ni empezar. Simplemente quiero volver a lo que sé que funciona, a la casilla inicial y desde ahí, ir avanzando.
Pero no depende de mí. Y hoy, ha surgido un plan. Por supuesto no un plan mío, ni siquiera un plan en el que opino. Un plan al que puedo asistir, invitado, como espectador. ¿Quizás lo disfrute? Quizás. Voy a intentarlo. Pero en estos momentos... Seguimos cerrando puertas. Se acabó el entrenar, se acabó el estudiar. Ahora, también el juego. Las miniaturas van camino del cajón, despacito, poco a poco pero acabarán ahí. Y una vez estén ahí... pues no sé. ¿Videojuegos? ¿Proyectos de pintura? Durante meses he mantenido la inercia de algo que empezó en Madrid... y murió en Madrid, aunque yo hasta este fin de semana no lo sabía.
Me ahogo en el silencio. Y em cierto sentido, entiendo porqué mi madre dice que necesita vivir en un sitio donde haya gente en la calle que haga ruido. Las puertas que se cierran cada vez me dejan más solo, más aislado, más triste. Y lo peor, más incapaz de salir.

lunes, 31 de marzo de 2025

Encontrarte a ti mismo

Este fin de semana he tenido un momento bastante duro. Llevaba semanas esperando para ir a España a un evento que me apetecía mucho. Estuve y me encontré con amigos, fue genial. Según ibamos al sitio yo sabía que mi rendimiento iba a ser bajo, pero... no me esperaba que fuera TAN bajo. Y eso me hizo abrir los ojos a una situación de mi realidad que no me gusta, pero que tengo que asumir.
Decía un gran amigo, alguien especial, ese trozo de coral negro que tengo debajo de la piel, que ser feliz consiste en "encontrarse a uno mismo haciendo lo que le gusta, con gente que te quiere por ser quién eres". Es muy interesante esa frase. Contiene dos partes. Una, hacer cosas. Hacer cosas que te gustan. Necesitas actividad, pero necesitas que esa actividad esté orientada y que permita un dialogo contigo mismo. Haces esto, porque tu eres así. Eres tu y lo expresas con esta actividad, que es una parte enorme de tu identidad. Hay que moverse. Y la segunda parte, es con gente que te quiere por ser quién eres. Haces esas cosas, con gente que quizás también le gusta y a través de esas actividades compartís algo que os enlaza, o quizás a ellos no les gusta pero te quieren, y están dispuestos a "soportarlas" porque te quieren. Lo importante es que, por un lado, estás siendo tu y por otro lado estás compartiendolo.
Estos cuatro días en España he sido yo. He estado donde me gustaba, he comido lo que quería, he estado con gente que me quiere muchísimo. Gente que, en algunos casos, ha viajado mucho para verme (entre otros motivos) y ha invertido mucho tiempo y dinero y esfuerzo para estar conmigo. Haciendo algo que soy yo, aunque lo hago fatal, pero lo hago y lo compartimos. Me he sentido super querido y eso, viniendo de un entorno en el que soy tolerado o utilizado, pero en el que pocas veces siento que sea aceptado y querido, o tan siquiera reconocido, vale muchísimo. La soledad no es solo no tener con quién compartir; muchas veces la soledad es no tener como compartir. Es decir, estás con gente pero no conectáis, o no tenéis temas en común, o simplemente no os conocéis... no es solo una soledad fisica, de presencia, sino una soledad de espacio compartido, de espiritu. De, como decia aquel idioma, "en mi mundo existes".
Así que sí. Este fin de semana me he encontrado a mi mismo. Y a la vez, me he dado cuenta de algo que me duele mucho. Mi presente situación, no me permite la primera parte. No puedo "hacer lo que me gusta". Porque muchas de las cosas que me gustan implican dedicación y, ahora mismo, no puedo. De igual forma que no puedo apuntarme a una carrera popular, porque mi ritmo de vida y de trabajo no me permite entrenar regularmente, tampoco puedo apuntarme a un torneo de muñequitos. Es una parte de mi vida, otra más, que hay que meter en un cajón y guardarla, esperando a que vengan tiempos mejores. De igual forma que mis miniaturas de histórico llevan cuatro años en una bolsa, desde que me fui de Cádiz casi, esa parte de mi vida que descubrí en Madrid y me gustaba mucho debe volver al cajón. Es una lastima. Por otro lado, es lo que hay. Una parte de mí quiere engañarse a si mismo y decir "no tiene porqué, las cosas pueden cambiar a mejor", mientras que otra parte de mi lo acepta con fatalismo y se encoge de hombros.
De una forma o de otra, ahora mismo la realidad es esta. Que, durante un tiempo, yo mismo me voy a tener que meter en el cajón. Porque puedo encontrarme a mi mismo haciendo lo que me gusta (leer, escribir, pintar...), pero lo voy a tener que hacer solo. Hasta que las cosas cambien, quizás, o esté mejor.
Espero que vosotros tengáis más suerte que yo. Un abrazo enorme, cuidaros mucho.

El poder de estar fresco

Esta semana pasada he estado con amigos en España. Y es increíble lo que nos hace, a nivel físico incluso, el poder ver a gente a la que queremos y con la que estamos bien. Como nos relajamos, como esa relajación conlleva más habilidad y más... flexibilidad mental.
Hay un motivo por el que los Sims tenían barras de comida, sueño, diversión, actividad social... son cosas que necesitamos para ser nosotros mismos. Es cierto que dependiendo de nuestro carácter y nuestra personalidad necesitaremos más o menos de ellos, y también es cierto que lo que para alguna gente llena muchísimo para otra no llena nada. Pero el hecho objetivo es que, todos, tenemos necesidades que satisfacer y dejarlas sin cubrir durante mucho tiempo afecta nuestra capacidad de funcionar.
Ahora estoy en clase. Estoy aún medio dormido, pero me siento... bien. Y es un poco sorprendente, a veces, lo poco que necesitamos para ello.
Cuidaros mucho. Javi, Nico, Rodri, Steve, Sergio, Jose, Paco, Yoli, Jose... todos los que habéis hecho que estos días me haya recordado a mi mismo que vivir es algo más que trabajar y comprar cosas. Gracias. Sois increíbles.

lunes, 24 de marzo de 2025

La historia de pueblos que, o estan arruinados o son pobres

El otro día leí una definición curiosa en inglés, que decía que la diferencia entre estar arruinado y ser pobre es que, estar arruinado es una situación en la que te encuentras, una falta temporal de dinero. Mientras que ser pobre se refiere a algo de larga duración, a una falta de recursos y baja calidad de vida.
Ampliado, viene a decir que ser pobre no es algo temporal. Que puede venir motivado por tu mentalidad, por tu gestión financiera, por tus circunstancias... pero no es algo que se vaya a ir en un ratito. Uno de los indicativos de ser pobre es el cortoplacismo. Tu ganas algo y te lo gastas sin pensar, para satisfacer necesidades que llevan mucho tiempo contigo y te provocan frustración. En ese sentido, es fácil identificar a un nuevo rico de alguien que lleva mucho tiempo con estabilidad financiera. Las extravagancias suelen ser de gente que asocia la riqueza con la satisfacción inmediata, sin mesura.
Existe una carácteristica secundaria de la pobreza de larga duración, y es esa espiral viciosa terrible en la que no tienes tiempo ni energía para generar un superavit que te permita salir de tu situación. En ese caso, eres pobre y además estás arruinado. El éxito, como el fracaso, genera su propia inercia y es terrible de contemplar, como primero algo sale mal, luego las consecuencias de ese algo te golpean, luego pierdes seguridad en ti mismo, luego dejas de arriesgarte y crecer... y poco a poco, te vas metiendo en tu esquinita, hasta que salir a la calle te asusta.
Pero, ¿donde ponemos la barrera de la pobreza? ¿Qué consideramos "baja calidad de vida"? Curiosamente, el nuevo milenio nos trae el ciclo de reclamación de la riqueza. A medida que se liberan más y más profesionales de los campos meramente orientados a la supervivencia, surgen estudios y tendencias reclamando elementos de nuestras culturas que antes se consideraban "de pobre". Recuerdo haber ido a un restaurante para gente "de bien" en Madrid y darme cuenta de que la mayoría de comida era muy "natural". Arroz, pasta, verduras... hace treinta años, comer carne era de ricos. El aumento de producción disminuyó la calidad, y ahora los pobres van a Burger King y los ricos comen ensalada. Algo similar sucede con la actividad física, con el espacio natural... en cierto sentido, vivir como "pobres" parece ser más sano de lo que pensabamos antes.

¿Y como se aplica eso a la historia de los pueblos? Hoy reflexionaba sobre que hay sitios que no tienen memoria. Y no tienen memoria porque son "nuevos ricos". Son sitios que aún no han hecho el ciclo completo y no han entendido algo básico; una sana identidad colectiva pasa por conocer nuestros origenes. Gente que, como persona de favela, cree que la felicidad pasa por tener un mercedes, piensan que la cultura consiste en tener arte que no entiende. Y así, en España en los noventa y dos mil vimos el apogeo de los museos de arte moderno, del revisionismo histórico y del nihilismo aplicado a la cultura, de las identidades en conflicto. Como nuevos urbanitas avergonzados del abuelo del pueblo, dejamos de mirar al pasado para hablar y pensar solo en el presente. Ni siquiera en el futuro, ojo. Solo en el presente. Y así nos encontramos con que, ahora, hay gente que dice que el terrorismo de ETA "es algo del pasado". Todo eso sin dejar de hacer palanca política con cosas que sucedieron hace cien años, para llamar a la gente disidente. Una vez hemos borrado el conocimiento, podemos acudir a la emoción y relacionarnos en base a memes, etiquetas, simplificaciones absolutas para simples absolutos.
Me da mucha pena ver nuestra pobreza histórica. Me da mucha pena que no entendamos el presente como un puente entre el pasado del que venimos y el futuro al que queremos ir. No existe un dialogo sobre a qué aspiramos, que queremos ser. Todos vivimos en el ahora. Y despreciamos el ayer. Y como la persona que crece sin padres, esa ausencia genera un vacío que debe ser llenado por algo, en muchas ocasiones por cosas terribles. Por un pasado romántico e idealizado que nunca existió o por una leyenda negra, terrible, absolutamente irreal que se desmonta a poco que apliquemos algo de sentido común y navaja de Ockhan a su estudio.
A cambio de eso, hay sitios que son ricos en historia, y donde la gente la vive de forma totalmente natural. Recuerdo una conversación, hace mucho, con una amiga bulgara cuando la crisis de los refugiados en Europa. Y me dijo, con total seguridad y certeza "nos costó mucho echar a los turcos de aquí, para volver a tenerlos". Me chocó muchísimo. Estaba hablando de algo que había sucedido a principios del siglo XX, un siglo antes. Pero con el tiempo y la perspectiva, me doy cuenta de que no hablaba de cambiar una bandera. De que las culturas, los pueblos, permanecen. Las identidades son mucho más que lo que pone en un carnet. Es tu idioma, tu forma de pensar, tus relaciones familiares, tu dieta, tu concepción del poder. Es tu sexualidad, tu ocio, tu convivencia. Tu religión. Todas esas cosas, que hacen que tu y una persona de tu misma cultura os entendáis en automático (no quiero hablar de "valores compartidos" porque suena político, pero lo es. Al fin y al cabo, la política es la gestión de la convivencia), no cambian tan rápido como nos gustaría. La comida de pobres (los berberechos, en tiempo de mi abuelo, no se comían) que ahora es comida de ricos, no pasa a toda velocidad. E incluso en esta epoca de comunicación acelerada y de cambios sociales salvajes, determinadas cosas siguen llevando tiempo para aposentarse y convertirse en "normales".

Así que, quizás, la diferencia entre estar arruinado y ser pobre es que algunas identidades son mucho más profundas que sus circunstancias, mientras que otras identidades son facilmente reemplazables. Y da igual cuanto tiempo llevemos viviendo en otro país, comiendo otra comida, hablando otro idioma... nunca nos llegaremos a integrar, porque podemos estar arruinados pero no ser pobres. Mientras que otros nos pasamos la vida buscando aceptación, como niños abandonados, en lugar de aceptar quién y qué somos.

miércoles, 19 de marzo de 2025

Cuando quise ser alemán

Esta es una historia un poco rara, a propósito de lo que escribí anteriormente. No es ningún secreto, y ya hace tantísimo tiempo de ello que creo que puedo tomarmela a broma.
Los que me conocéis o los que leéis esto (debe haber alguien ahí fuera), sabréis que soy descendiente de inmigrantes. En mi caso, soy tercera generación; mis abuelos vinieron de otra parte. Una parte vecina, así que tampoco tuve "problemas". Además era otra época, con muchísima menos movilidad geografica que ahora; en aquella época en España, los inmigrantes eran un hecho anecdotico. En mi colegio había dos hermanas que eran negras (supongo que seguirán siendolo, perdí el contacto hace decadas) y a todos nos resultaba super exótico y desconocido. Como nos pasa a todos que empezamos a envejecer, consideramos que eran tiempos más inocentes, porque nosotros lo eramos.
Una vez más, me voy del tema. Lo que quería decir es que, ya desde muy pequeño, conozco el conflicto de la identidad. En mi casa se hablaba otro idioma y se veía el mundo de forma diferente a como se hacía en el colegio o en la calle, con lo que siempre, desde muy pequeño, crecí comparando y evaluando todo. ¿Esto que me dicen... coincide en casa y en la calle? Y en caso de conflicto... ¿cual es la buena? Tuve la tremenda suerte de ser educado por personas que no eran dogmáticas, sino que estaban muy abiertas al dialogo. Cuando preguntaba alguna cosa importante en casa, normalmente, la respuesta que recibía era "¿y tu, qué piensas?". Se me educó en el espíritu crítico y se escuchó mi voz desde antes de que cambiara de tono. Lo que, lógicamente, me dotó de herramientas de evaluación desde muy pequeño.
Y había cosas que no veía. Como sucede con todos los adolescentes, creí que tenía la solución a todos los problemas y que entendía el mundo mejor que nadie a mi alrededor. Yo crecí en un sitio con graves problemas de desempleo y con una cuestión social muy importante. No voy a decir que fuera una ciudad pobre, que no lo era ni lo es, pero era y es un sitio con escasez de oportunidades. Es un sitio donde, hasta hace poco, no venían migrantes sino que los locales nos ibamos. Ya desde muy pequeño yo asumí que ese sería mi caso y que tendría que irme, en parte porque me habían enseñado a mirar el mundo mucho más allá de mi ventana y quería conocerlo, y en parte porque la situación laboral apuntaba en esa dirección.
Así pues, siendo muy joven, puse mi objetivo en un lugar que, pensaba, encajaba con mi naturaleza. Un sitio donde podría crecer como persona, desarrollarme y ser "yo mismo". Un sitio donde entendería la mentalidad, la cultura, la forma de vida. Por supuesto, como nos pasa cuando no tenemos ni idea de algo, lo idealizamos. Pasa también cuando no nos gusta lo que tenemos cerca; tendemos a atribuirle cualidades fascinantes a aquello que está lejos. Es un elemento más del contraste que usamos para insultar "esto es una mierda, no como... ". Eso es una trampa que nos hacemos a nosotros mismos que nos estallará en la cara, claro.
Volviendo al tema, como adolescente me apunté en la escuela de idiomas y me puse a estudiar alemán. Y en cuanto tuve oportunidad, fui con un viaje de estudios. Soy bastante viejo; cuando era adolescente, los viajes eran muchísimo más caros que ahora y no estaba todo tan conectado. Así que, mi forma de acceder a otro país, fue a través de un viaje de estudios. Lo que ví encajó parcialmente con la visión que tenía de aquello, pero por supuesto encontré obstaculos lógicos que no había querido ver. Cuando somos así de jovenes, vemos solo lo que nos gusta y no entendemos el precio que se paga por eso. Un sitio puede ser muy limpio, pero solo a través de mucho esfuerzo y disciplina. Un sitio puede ser muy alegre, pero solo mediante el caos y el desorden. Todo "muere de éxito", su propia genesis produce defectos irresolubles, naturales a su misma condición.
Podría resumirlo diciendo que me desencanté, pero no es así. En cierto sentido, yo "crecí" en torno a esa idea. Dicen que te haces adulto el día que perdonas a tus padres por no ser perfectos, tras haberlos adorado de niño y odiado de adolescente. En mi caso, encontrar mi propia voz supuso dejar de buscarme en otros sitios, muy lejos, siempre muy lejos, y entender que yo puedo ser yo en cualquier sitio. Eso le quitó bastante a la necesidad de encontrarme en un determinado sitio, y empecé a entender el mundo más en terminos de personas y relaciones, de acciones y consecuencias, que de grandes principios mitólogicos, dificilmente trasladables a la expereincia personal. No obstente, sí, yo de pibe quise irme a Alemania, vivir allí, ser alemán. Y entiendo que haya otra gente que tenga relaciones similares con otros países, cada persona en base a sus experiencias y su historia. Los seres humanos somos criaturas muy dinámicas y nuestra identidad, precisamente, es algo que varía constantemente con nuestras circunstancias. Y eso está bien, porque podemos revisar nuestras creencias y opiniones y ajustarlas al momento en que vivimos.
Por eso puedo hacer las paces con mi pasado. Porque pienso como pienso, en parte, porque antes pensé de otra manera. Probamos cosas, salen o no, y de esas lecciones aprendemos. En eso consiste crecer. En saber que, en un momento dado de mi vida, quise ser alemán. Aunque ahora esté más comodo siendo yo mismo.

Identidades atómicas

Ayer tuve una conversación interesante, medio inconsciente, con alguien que es muy especial en mi vida. Ayer hablabamos sobre como, alguna gente, al irse a vivir a otro país pretende ser más de ese país que los propios nativos. Es un tema que aparece bastante en mi vida; por ejemplo, Kamil Galeev escribía el otro día sobre como, para conocer una cultura, una buena puerta de entrada son los migrantes de primera generación. Porque hay muchos elementos de esa cultura que los nativos dan por hecho (un pez no sabe que vive en el agua), mientras que hay otros elementos que los que viven fuera son incapaces de interpretar/conocer por su falta de contexto. Es un tema muy interesante, el de los elementos culturales que constituyen una identidad.
Pero, como siempre, me desvio. Quería hablar de esos migrantes que pretenden ser más nativos que los nativos. Algo que, curiosamente, resulta ofensivo para elementos tanto nativos como extranjeros. Recuerdo una comida de trabajo a la que vino un compañero, de clarisimos rasgos indios, con un polo con la bandera de España. Y había gente que lo criticaba. Y yo comenté "Tío, no hay quién os entienda. Si reclama una identidad extranjera, porque no se adapta. Y ahora que se identifica como español, ¿eso os molesta? ¿Cual es realmente el problema?".
El problema, realmente, era y es el racismo. El que tenemos una identidad nacional con una serie de rasgos (en este caso, físicos) que niegan el acceso a la misma. Ojo, una identidad se compone de un montón de elementos y, para algunos, esos son indisociables. Y no me parece ni bien ni mal, yo aquí es más común que enuncie elementos o situaciones a que dé mi juicio sobre las mismas. Para alguna gente, para ser español hay que ser blanco. Y claro, para esa gente alguien que no es blanco no se va a integrar cien por cien nunca. En cuyo caso, lo que debería hacer esa persona, es ser totalmente honesta en ese sentido y decirlo. "No, esta persona no puede compartir mi identidad porque le falta el rasgo X/Y/Z que para mi es requisito indispensable para poseer la identidad". Aunque, como es este caso, sean elementos inalterables que, por su propia naturaleza, hacen imposible la integración de gente que no nace con ellos.
¿Parece que me he desviado? Pues no, y yo soy el primer sorprendido. Porque el titulo del tema engarza perfectamente con lo referido en el anterior parrafo. La identidad, al menos tal y como yo la entiendo, no es monolitica. No se compone de un único elemento, binario, sí o no, dentro o fuera. La identidad se compone de un montón de pequeños elementos, unidos por relaciones de una fuerza tremenda. La identidad sería, tanto esos elementos, como las relaciones que los conectan. Voy a poner un ejemplo sencillo. La identidad como heavy, metalero o como lo queramos llamar, es tribal. Se compone de un elemento básico; escuchar metal. Si escuchas metal, eres metalero. Fin.
¿Sí? ¿Es tan sencilla como esa? No, claro que no. Hay mucha gente que escucha metal y no es heavy (soy así de viejo, "metalero" es un termino anglosajon/americano - en español americano, por algún motivo, los anglicismos entran mucho más rápido - y no me gusta. Me suena a gente que recoge cobre). Entonces, ¿para ser heavy hace falta vestirse de heavy? Llevar camisetas negras, pelo largo... ponerse el "uniforme".
Para alguna gente, sí. Con lo que metemos un elemento más en la cultura. Para ser heavy tienes que representarte visualmente como heavy, de forma que quién te vea por la calle sepa que lo eres. Así pues, la identidad necesita de un reconocimiento externo; eres X si tu entorno te reconoce como X.
Pero, ¿y si eres heavy pero no llevas el uniforme? Vas a conciertos, escuchas muchisima musica y sabes de que trata... te gusta. Tienes muchos amigos metaleros, vas a sitios. Buena parte de tu vida social gira en torno al metal. Simplemente, no necesitas que todo el mundo lo vea, o te da vergüenza, o tu entorno te presiona para que no lo lleves... ¿Sigues siendo heavy? Sí claro. Uno de los elementos fundamentales de la cultura metal, la amplia, es que es muy tolerante. Heavy es quién quiera ser heavy y nadie tiene derecho a repartir "carnets de metal", aunque siempre haya algún gilipollas que lo intente. Ahí entra el elemento lingüistico de la cultura; heavy es aquel que, aunque no se vista, "habla el idioma". Conoce los grupos, comparte la emoción, participa activamente.
Fijaros. Sobre una identidad limitada, con un elemento identificativo muy claro, ya hemos sacado varios "niveles" y varias formas de identificación. Hay gente cuya principal identidad es el metal; yo soy heavy. Hay gente para la cual el metal es una identidad entre tantas; me gusta el metal, soy heavy. (ya no es el centro de su identidad). Si nos fueramos a religiones, sería la diferencia entre ser creyente activo o simplemente pertenecer a la congregación.
Ahora volvamos a la primera pregunta. Identidades nacionales. ¿Cual es el elemento central para ser nacional de un país? El elemento administrativo. En unos países la nacionalidad es por nacimiento, en otros por herencia (tus padres son nacionales de X y tu lo eres también, nazcas donde nazcas), y existe el elemento de nacionalización. Una identidad nacional se compone de una cantidad enorme de elementos; lingüisticos, religiosos, etnicos, culturales... Es muy dificil aislar alguno. "Apoyar al Barcelona FC es antiespañol" he llegado a escuchar. Y ojo, hay gente para la cual es así. Las identidades son constructos mentales, cosas que existen solo en nuestra imaginación, individual o colectiva. Y como todo constructo, comporta un elemento interno, como me veo a mi mismo, y un elemento externo, como me ven los demás. A su vez, están permanentemente sujetos a revisión desde la optica de nuestros prejuicios (el ejemplo del polo de mi compañero). Por tanto, es perfectamente posible que alguien sea "creyente de la nacionalidad X" y participe a tope y es posible que no. Muchísimas veces he escuchado "no pareces español" (por mis rasgos físicos, por mi acento, por mi enfoque X de un tema que no coincide con el prejuicio existente sobre los españoles". Sin que eso cambie para nada lo que tengo escrito en el pasaporte o como me considero a mi mismo.
Resumiendo. La identidad se compone de muchísimos elementos, sujetos a dialogo constante interno y externo, y de ese dialogo van a surgir preguntas dificiles o imposibles de resolver. De forma que considerarlo monolítico me parece que nos va a crear más problemas que soluciones.