Hay en mi interior alguien que se remueve. Alguien que calla y duerme, esperando su momento. Alguien que, a veces, se sacude con una rabia feroz. Alguien que quiere que le presten atención.
Cuando era pibe, recuerdo escuchar por todas partes "envasado al vacío". Y preguntarme que era eso. Con el tiempo entendí que es un proceso según el cual cierras algo y le quitas el aire, de forma que se conserva mejor. Se ha convertido en algo tan común que, Javi, un antiguo compañero de trabajo, tenía un aparato en su casa para hacerle eso a la comida y poder conservarlo mejor. De industrial a doméstica, la tecnología avanza sin parar.
En mi, pasa eso. Conduzco desde el sur y pienso en Ale de hace diez años, Ale que era más inseguro, más solitario, más... más "desesperado". Y veo que estoy más equilibrado, más tranquilo, más paciente. Y sin embargo, dentro de mí, a pesar de que me quiten el aire, sigue existiendo ese ansia de compartir, de crecer, de sentir. De ser. Y en cuanto pinchan un poco, sale. Sale gritando, rugiendo, luchando. Sale con la rabia acumulada de años de "eso no le interesa a nadie", de "vete a tu cuarto y juega con tus juguetes". Y te preguntan. ¿Puede ser que te pasara algo en tu infancia que te haya hecho reaccionar así? Puede ser. Puede ser.
Pero, aquí va la pregunta. ¿Donde acaba el trauma y empieza la elección consciente? Yo decía hoy que, para mí, la barrera está en cuando deja de ser sano. Una obsesión no se puede controlar. Yo puedo hacerlo. Puedo callarme y no hablar del último libro que estoy leyendo, la última serie que estoy viendo, las minis que estoy pintando. Puedo "cortar" esa parte de mi vida que, la persona que tengo delante, no quiere compartir. Lo que pasa es que, cuanto más y más corto, menos de mí hay en "nosotros". Y esa es una puerta abierta a un resentimiento muy malo.
Ahora mismo, me pregunto cuanto de mí hay en mi mismo. Y creo que tengo bastante que trabajar aún.
lunes, 25 de diciembre de 2023
jueves, 21 de diciembre de 2023
Niveles de juego
El otro día tuve una conversación muy interesante con un amigo. Hablabamos sobre aprender un juego y sobre la inversión emocional que haciamos en ello, cuando me salió una definición de "niveles de participación" en una partida. Sería algo así como esto
" En mi caso hay tres niveles. Uno es "juego". Hay partidas en las que no juego, sino que simplemente el otro juega y yo estoy ahí de espectador.
El siguiente nivel es "compito". Ese es cuando juego y además sé lo que hago. Que salga o no, pero al menos estoy en la partida.
El tercer nivel es "me divierto". Eso es cuando jugamos los dos, más o menos sabemos lo que hacemos (y si no, el otro echa un cable) y vemos la partida como el que ve una peli. Pasan cosas, hay emoción...
A veces el dado puede joderte y bajarte niveles. A veces llegas muy hecho polvo y juegas sin ganas o lo que pasa fuera de la mesa te jode el juego. Pero básicamente, si los dos estáis haciendo cosas y está guay, a mí me divierte
" Este es un tema que parece poco importante, pero no lo es. Los seres humanos necesitamos del ocio como una forma de reducir nuestros niveles de tensión, pero también como un metodo para adquirir nuevas habilidades, sean estas espaciales, matemáticas, sociales... nosotros jugamos para olvidar, pero también para aprender. Entrenamos cosas. Y el ocio debe ser algo positivo en nuestra vida, algo que no nos sume frustración sino que la reduzca. Ha habido días, semanas y meses en las que no me he divertido. Y si no me divierto, ¿para qué hago esto?
" En mi caso hay tres niveles. Uno es "juego". Hay partidas en las que no juego, sino que simplemente el otro juega y yo estoy ahí de espectador.
El siguiente nivel es "compito". Ese es cuando juego y además sé lo que hago. Que salga o no, pero al menos estoy en la partida.
El tercer nivel es "me divierto". Eso es cuando jugamos los dos, más o menos sabemos lo que hacemos (y si no, el otro echa un cable) y vemos la partida como el que ve una peli. Pasan cosas, hay emoción...
A veces el dado puede joderte y bajarte niveles. A veces llegas muy hecho polvo y juegas sin ganas o lo que pasa fuera de la mesa te jode el juego. Pero básicamente, si los dos estáis haciendo cosas y está guay, a mí me divierte
" Este es un tema que parece poco importante, pero no lo es. Los seres humanos necesitamos del ocio como una forma de reducir nuestros niveles de tensión, pero también como un metodo para adquirir nuevas habilidades, sean estas espaciales, matemáticas, sociales... nosotros jugamos para olvidar, pero también para aprender. Entrenamos cosas. Y el ocio debe ser algo positivo en nuestra vida, algo que no nos sume frustración sino que la reduzca. Ha habido días, semanas y meses en las que no me he divertido. Y si no me divierto, ¿para qué hago esto?
domingo, 17 de diciembre de 2023
Voto de clausura
Y ahora, para contradecir totalmente lo que acabo de escribir, quiero reflexionar sobre otro fenomeno muy curioso. El voto de clausura social. O la promesa de exclusividad. No sé si es tanto un efecto secundario del capitalismo, un poso de un período arcaíco o un romanticismo perverso, así que me abstendré de filosofar sobre sus origenes. Pero me resulta muy curioso, en tanto y en cuanto no creo que aporte nada positivo pero está sumamente extendido.
¿A qué me refiero con voto de clausura social? A esas personas que, una vez se echan pareja, dejan de tener amigos del sexo de su pareja. A veces por "respeto", a veces porque "no me siento cómoda", a veces porque exigen reciprocidad de la otra parte (con lo que tenemos voto de clausura multiple, dos por uno) y a veces por razones más peregrinas. Es una práctica que yo considero bastante enfermiza, porque habla de complejos, inseguridad, necesidad de control... etc. Pero mi opinión no tiene que ver con la realidad; hay muchísima gente que está comoda así. ¿Qué puedo decir? Yo no como queso, no soy quién para juzgar a nadie.
No obstante lo cual, me molesta. Me molesta porque limita un bien tan en demanda hoy en día como son las interacciones sociales pero, sobre todo, me molesta porque es un desperdicio terrible. No aporta nada positivo a cambio de perder algo muy valioso. Aquel que cree que, al no hablar con mujeres, va a permanecer fiel a la suya es como el que cree que prohibiendo el alcohol la gente dejará de beber. No funciona. Además, te priva del contraste y contexto necesario para comprender lo afortunado que eres en tu elección y, a la vez, te priva de la libertad de dicha elección. Porque una pareja no debe ser una carcel a la que nos metemos voluntariamente, sino un espacio compartido donde nos sentimos bien y crecemos. Donde aceptamos desafios que de otra manera no lo haríamos a cambio de la recompensa que supone crecer dentro de de la relación.
Y eso, queridos amigos, no tiene nada que ver con no hablar con otra gente o tener amigos. Ya bastantes pocas conexiones "reales" hay, como para encima quitarnos las que nos aportan algo.
¿A qué me refiero con voto de clausura social? A esas personas que, una vez se echan pareja, dejan de tener amigos del sexo de su pareja. A veces por "respeto", a veces porque "no me siento cómoda", a veces porque exigen reciprocidad de la otra parte (con lo que tenemos voto de clausura multiple, dos por uno) y a veces por razones más peregrinas. Es una práctica que yo considero bastante enfermiza, porque habla de complejos, inseguridad, necesidad de control... etc. Pero mi opinión no tiene que ver con la realidad; hay muchísima gente que está comoda así. ¿Qué puedo decir? Yo no como queso, no soy quién para juzgar a nadie.
No obstante lo cual, me molesta. Me molesta porque limita un bien tan en demanda hoy en día como son las interacciones sociales pero, sobre todo, me molesta porque es un desperdicio terrible. No aporta nada positivo a cambio de perder algo muy valioso. Aquel que cree que, al no hablar con mujeres, va a permanecer fiel a la suya es como el que cree que prohibiendo el alcohol la gente dejará de beber. No funciona. Además, te priva del contraste y contexto necesario para comprender lo afortunado que eres en tu elección y, a la vez, te priva de la libertad de dicha elección. Porque una pareja no debe ser una carcel a la que nos metemos voluntariamente, sino un espacio compartido donde nos sentimos bien y crecemos. Donde aceptamos desafios que de otra manera no lo haríamos a cambio de la recompensa que supone crecer dentro de de la relación.
Y eso, queridos amigos, no tiene nada que ver con no hablar con otra gente o tener amigos. Ya bastantes pocas conexiones "reales" hay, como para encima quitarnos las que nos aportan algo.
Uso utilitario de la gente
Creo que nada habla más de nuestra época y nuestro ritmo de vida, que la forma en que se enfocan las relaciones personales.
Partiendo de la base de que siempre han existido aprovechados, personas interesadas y que en cualquier grupo social siempre existen relaciones de dominación y abuso, la democratización de nuestra sociedad en teoría ha conducido a que todos seamos iguales. Es decir, partiendo de la base de que la igualdad total es un absurdo (como todo absoluto), ya NO existen estamentos sociales que limiten nuestras relaciones personales. O dicho en roman palatino, no existe impedimento legal a que te lies con la hija del señor del castillo.
Y sin embargo, el capitalismo ha traído una serie de efectos secundarios como es el del uso de las relaciones personales. Es lo mismo de siempre, pero matizado. Así que por un lado tenemos a gente que te utiliza para un fin, sea económico, social o profesional. Que es algo que también ha existido siempre. Y por otro lado, tenemos un fenomeno muy curioso de nuestra época, que es el que te utiliza para tener interacción social.
Otro signo de nuestros tiempos es ese, la soledad derivada de la hiperconectividad. Dado que tienes que estar siempre disponible, no tienes tiempo de reflexión. Al carecer de ese tiempo, vives acelerado... pero no saboreas las cosas. Por tanto, estableces una docena de interacciones sociales al día... con trabajo, con compromisos, con... con cuestiones que no te planteas si son tuyas o no. Simplemente sigues. Y un día, te paras y estas solo. ¿Como lo arreglas?
Tinder de amigos. Llamas a esa persona con la que tienes una relación totalmente superficial y quedáis para... quedar. Porque te da miedo estar solo. Porque quieres "desbloquear" puntos de actividad social. Porque necesitas justificarte a ti mismo que no todo es trabajo. Y acabas tu "actividad" y vuelves a tu rutina, satisfecho o eso crees, hasta la próxima vez. Olvidandote de que, al otro lado, hay una persona que quizás también tenga inquietudes, pensamientos, emociones y una complejidad humana más allá de la de ser un desahogo para tu soledad. Tinder.
Realmente, no debería ser tan dificil tener una vida social sana. Ahora mismo hay gurus que te explican como comer, como hacer ejercicio, como dormir... maldita sea, hay guias sobre todo. Pero nadie se para y dice "oye, que tener un rato con alguien que significa algo para ti, con quién compartís cosas, abriendo tu alma al otro y dejando que el otro se asome a la tuya... eso hace falta". Pero no. Porque eso es muy difcil de "monetizar", que es otro termino muy de nuestra época.
El uso utilitario de la gente es la consecuencia natural de nuestro egoísmo. Y estaría bastante guay que nos lo hicieramos mirar.
Decía Voltaire: "Solo entre gente de bien puede existir la amistad, ya que la gente perversa solo tiene cómplices; la gente interesada, tiene socios; la gente política, tiene partidarios; la gente de realeza tiene cortesanos; únicamente la gente buena, tiene amigos."
Partiendo de la base de que siempre han existido aprovechados, personas interesadas y que en cualquier grupo social siempre existen relaciones de dominación y abuso, la democratización de nuestra sociedad en teoría ha conducido a que todos seamos iguales. Es decir, partiendo de la base de que la igualdad total es un absurdo (como todo absoluto), ya NO existen estamentos sociales que limiten nuestras relaciones personales. O dicho en roman palatino, no existe impedimento legal a que te lies con la hija del señor del castillo.
Y sin embargo, el capitalismo ha traído una serie de efectos secundarios como es el del uso de las relaciones personales. Es lo mismo de siempre, pero matizado. Así que por un lado tenemos a gente que te utiliza para un fin, sea económico, social o profesional. Que es algo que también ha existido siempre. Y por otro lado, tenemos un fenomeno muy curioso de nuestra época, que es el que te utiliza para tener interacción social.
Otro signo de nuestros tiempos es ese, la soledad derivada de la hiperconectividad. Dado que tienes que estar siempre disponible, no tienes tiempo de reflexión. Al carecer de ese tiempo, vives acelerado... pero no saboreas las cosas. Por tanto, estableces una docena de interacciones sociales al día... con trabajo, con compromisos, con... con cuestiones que no te planteas si son tuyas o no. Simplemente sigues. Y un día, te paras y estas solo. ¿Como lo arreglas?
Tinder de amigos. Llamas a esa persona con la que tienes una relación totalmente superficial y quedáis para... quedar. Porque te da miedo estar solo. Porque quieres "desbloquear" puntos de actividad social. Porque necesitas justificarte a ti mismo que no todo es trabajo. Y acabas tu "actividad" y vuelves a tu rutina, satisfecho o eso crees, hasta la próxima vez. Olvidandote de que, al otro lado, hay una persona que quizás también tenga inquietudes, pensamientos, emociones y una complejidad humana más allá de la de ser un desahogo para tu soledad. Tinder.
Realmente, no debería ser tan dificil tener una vida social sana. Ahora mismo hay gurus que te explican como comer, como hacer ejercicio, como dormir... maldita sea, hay guias sobre todo. Pero nadie se para y dice "oye, que tener un rato con alguien que significa algo para ti, con quién compartís cosas, abriendo tu alma al otro y dejando que el otro se asome a la tuya... eso hace falta". Pero no. Porque eso es muy difcil de "monetizar", que es otro termino muy de nuestra época.
El uso utilitario de la gente es la consecuencia natural de nuestro egoísmo. Y estaría bastante guay que nos lo hicieramos mirar.
Decía Voltaire: "Solo entre gente de bien puede existir la amistad, ya que la gente perversa solo tiene cómplices; la gente interesada, tiene socios; la gente política, tiene partidarios; la gente de realeza tiene cortesanos; únicamente la gente buena, tiene amigos."
miércoles, 29 de noviembre de 2023
Memorias largas
Llevo toda la semana acordandome de mi hermano. Y acordandome bien, en parte, con un cierto orgullo. Ayer me decía un amigo que lo primero que olvidamos de la gente es su voz, pero hace más de diez años que no está con nosotros y yo aún puedo escucharlo a veces. Y eso me da alegria y un cierto calor interno, me da orgullo. Sé quién era. También recuerdo la enorme mano de mi abuelo, grande, que dejaba abierta para que yo jugara a recorrerla con la mía. Me fascinaba. Mi abuelo había sido pescador toda la vida y tenía unas manos que eran como una pala de madera y yo, niño sin padre, pensaba que eran algo único en el mundo.
Una parte de lo que somos es lo que recordamos. Y eso es una cosa que, como español, me molesta mucho. Nuestra poca memoria. Hace muchos años, en plena crisis migratoria, Rali, que es como una hermana para mí, me dijo que en Bulgaria no querían sirios "porque ya nos costó bastante echar a los turcos". Hace un siglo de eso. Pero para ellos, sigue vivo. Igual que, en Polonia, me dijo Lita cuando estuvimos allí "nosotros estamos haciendo lo que el mundo debería haber hecho por nosotros en el 40. Les estamos enseñando". Son sitios donde la historia no es algo que está en los libros, porque la forma de respetar quién somos es conocer quienes fuimos. Y respetarlo. Porque estará bien o mal, pero fue lo que había y en base a eso debemos actuar.
Yo le echo la culpa a la parte gallega de mi familia. Tiene que ver con el clima, claro. Cuando el suelo es fertil y el sol brilla, es muy fácil pensar que hoy ha sido un buen día y mañana también lo será. Y que no hace falta recordar donde escondí las patatas hace seis meses, para tener algo que comer por si acaso empieza a llover y no para, o el hielo mata todo. Es el privilegio del sol.
Aún así, siendo coherente con lo que decía hace un rato, no creo que sea algo malo. Y lo que hacemos con nuestra historia es una decisión consciente nuestra, que depende de nuestro carácter y cultura. Estuvimos en Irlanda hace dos semanas y me impresionó la mezcla de humor y dureza. Me gustó. Igual que me impresionó Zelensky, cuando el referendum en Bielorusia sobre la guerra, cuando dijo "tened cuidado con lo que hacéis, porque las fronteras se mueven, pero la historia permanece".
Tengo la suerte y el privilegio, del que pocas veces somos conscientes, de vivir en un sitio donde no hay hambrunas, donde no desaparecen los bancos con los ahorros de la gente y donde no viene nadie a echarme de mi casa a una calle donde hace diez bajo cero en invierno. Pero conozco la existencia de ese otro mundo y recuerdo, en mis huesos, cuando mi familia no tuvo la suerte que tengo yo ahora. Cuando la mano de mi abuelo se endureció porque a los seis años estaba cargando cajas de pescado en un puerto para que su familia pudiera comer. Y esa memoria, junto con la voz de mi hermano, me acompaña y me dice quién soy.
Tened un buen día.
Una parte de lo que somos es lo que recordamos. Y eso es una cosa que, como español, me molesta mucho. Nuestra poca memoria. Hace muchos años, en plena crisis migratoria, Rali, que es como una hermana para mí, me dijo que en Bulgaria no querían sirios "porque ya nos costó bastante echar a los turcos". Hace un siglo de eso. Pero para ellos, sigue vivo. Igual que, en Polonia, me dijo Lita cuando estuvimos allí "nosotros estamos haciendo lo que el mundo debería haber hecho por nosotros en el 40. Les estamos enseñando". Son sitios donde la historia no es algo que está en los libros, porque la forma de respetar quién somos es conocer quienes fuimos. Y respetarlo. Porque estará bien o mal, pero fue lo que había y en base a eso debemos actuar.
Yo le echo la culpa a la parte gallega de mi familia. Tiene que ver con el clima, claro. Cuando el suelo es fertil y el sol brilla, es muy fácil pensar que hoy ha sido un buen día y mañana también lo será. Y que no hace falta recordar donde escondí las patatas hace seis meses, para tener algo que comer por si acaso empieza a llover y no para, o el hielo mata todo. Es el privilegio del sol.
Aún así, siendo coherente con lo que decía hace un rato, no creo que sea algo malo. Y lo que hacemos con nuestra historia es una decisión consciente nuestra, que depende de nuestro carácter y cultura. Estuvimos en Irlanda hace dos semanas y me impresionó la mezcla de humor y dureza. Me gustó. Igual que me impresionó Zelensky, cuando el referendum en Bielorusia sobre la guerra, cuando dijo "tened cuidado con lo que hacéis, porque las fronteras se mueven, pero la historia permanece".
Tengo la suerte y el privilegio, del que pocas veces somos conscientes, de vivir en un sitio donde no hay hambrunas, donde no desaparecen los bancos con los ahorros de la gente y donde no viene nadie a echarme de mi casa a una calle donde hace diez bajo cero en invierno. Pero conozco la existencia de ese otro mundo y recuerdo, en mis huesos, cuando mi familia no tuvo la suerte que tengo yo ahora. Cuando la mano de mi abuelo se endureció porque a los seis años estaba cargando cajas de pescado en un puerto para que su familia pudiera comer. Y esa memoria, junto con la voz de mi hermano, me acompaña y me dice quién soy.
Tened un buen día.
Donde la geopolítica y la vida se cruzan
Hoy me he levantado pensando sobre el uso legítimo de la violencia y sobre porqué Max Cavalera apoya el derecho de Rusia a Crimea. Otra gente se despierta pensando en Scarlett Johanson o el nuevo fichaje del Madrid, no sé. No intento entenderme a mí mismo.
El caso de Cavalera, que para mí es un músico que todo lo que hace está bien hecho, no sería el primer caso de alguien con un gran talento para una cosa con cuyas opiniones discrepo. Mi madre, por ejemplo. Pero volviendo al Sr Cavalera, su postura ideológica no es única. Está entroncado con otra gente que defiende a Hamas, por ejemplo (cuando dice defender a los palestinos contra Israel en el presente conflicto, lo que defiende es a Hamas). Max Cavalera está casado con una productora serbia y, en parte debido a la intervención de la OTAN contra dicho país en los 90, su anti-otanismo supera su capacidad objetiva de defender al débil. Como leí ayer, "a la hora de votar, piensa en la persona más débil que conozcas y vota por sus intereses. Son los tuyos". Un pensamiento muy cristiano, pero ya empiezo a desvariar.
Y ya que empiezo, desvarío del todo. El rey Massinisa de Numidia primero fue aliado de los romanos y luego intentó enfrentarse a ellos. Roma entonces no era un imperio sino una republica, y era una republica distante, que solo exigía dos cosas; libertad comercial y respeto a sus subditos. Massinisa no quería eso. Quería ser un rey absoluto y ejercer la violencia sobre quién quisiera, sin limitaciones. Al igual que Mítridates del Ponto y otros reyes, pronto se daría cuenta de que, si bien Roma era una sociedad relativamente liberal para su época, podía ejercer la violencia con mucha más crueldad que cualquiera de ellos. ¿Como era posible esa paradoja? Por una cuestión motivacional, ideológica pero, sobre todo, cultural.
Me explico. En sociedades donde la violencia se ejerce de modo cotidiano, la capacidad de cooperación de sus miembros se vé limitada por ese mismo código de violencia. Si es habitual que el más fuerte le robe al más débil, es muy complicado establecer relaciones de confianza donde te dicen "protege a tus compañeros". No. Tu funcioas por el método de Pavlov; estímulo, respuesta. Automático y mecanizado. Pero eso tiene limitaciones. La gran ventaja operacional alemana de la segunda guerra mundial eran sus mandos intermedios y oficiales de primer nivel, por su autonomía. Esa autonomía surge, principalmente, de la confianza en uno mismo, de la formación y el conocimiento y del liderazgo comprensivo. De la idea de que, este tío que me está diciendo cosas, no las dice porque es el orco más grande, sino porque sabe de lo que habla y haciéndole caso me va a ir mejor.
El señor Cavalera, que lleva toda la vida viviendo en sociedades cooperativas (Brasil, por mucho segundo mundo que sea, sigue firmemente encajado en la cultura occidental. Y no olvidemos que Max lleva casi toda su vida viviendo en USA). En sociedades donde los periodistas o directivos no se caen de ventanas o donde el presidente del país no se ríe de su consejo de seguridad o hay golpes de estado de milicianos estatales. En esas condiciones, como buena parte de nosotros, puede permitirse el lujo de defender ideologias y culturas que lo matarían. Es como si yo defendiera el aire de Venus, que seguro es magnífico y debemos protegerlo. Pero desde mi casa en la Tierra, por favor.
Es una tontería peligrosa, pero es una tontería. En cuanto a como esto se cruza con la vida, pues lo entendéis y es aplicable a cualquier cosa. El nivel de violencia que ejercemos limita nuestra capacidad de cooperación, y dentro de esa violencia incluyo las interacciones de liderazgo. Ayer me decía un amigo que determinadas conductas rompen la confianza y, una vez esa confianza está rota, ya no tiene remedio. Es trágico pero cierto. Y está en nosotros el hacer que, como decían las reales ordenanzas de las FAS, "generemos un entorno donde prime la justicia, de forma que nada deba esperar del favor ni temer de la arbitrariedad". Justicia. Que empieza con la existencia de unas normas conocidas por todos y de obligado cumplimiento por todos. Una vez tenemos eso, podemos vivir tranquilos. O intentarlo.
El caso de Cavalera, que para mí es un músico que todo lo que hace está bien hecho, no sería el primer caso de alguien con un gran talento para una cosa con cuyas opiniones discrepo. Mi madre, por ejemplo. Pero volviendo al Sr Cavalera, su postura ideológica no es única. Está entroncado con otra gente que defiende a Hamas, por ejemplo (cuando dice defender a los palestinos contra Israel en el presente conflicto, lo que defiende es a Hamas). Max Cavalera está casado con una productora serbia y, en parte debido a la intervención de la OTAN contra dicho país en los 90, su anti-otanismo supera su capacidad objetiva de defender al débil. Como leí ayer, "a la hora de votar, piensa en la persona más débil que conozcas y vota por sus intereses. Son los tuyos". Un pensamiento muy cristiano, pero ya empiezo a desvariar.
Y ya que empiezo, desvarío del todo. El rey Massinisa de Numidia primero fue aliado de los romanos y luego intentó enfrentarse a ellos. Roma entonces no era un imperio sino una republica, y era una republica distante, que solo exigía dos cosas; libertad comercial y respeto a sus subditos. Massinisa no quería eso. Quería ser un rey absoluto y ejercer la violencia sobre quién quisiera, sin limitaciones. Al igual que Mítridates del Ponto y otros reyes, pronto se daría cuenta de que, si bien Roma era una sociedad relativamente liberal para su época, podía ejercer la violencia con mucha más crueldad que cualquiera de ellos. ¿Como era posible esa paradoja? Por una cuestión motivacional, ideológica pero, sobre todo, cultural.
Me explico. En sociedades donde la violencia se ejerce de modo cotidiano, la capacidad de cooperación de sus miembros se vé limitada por ese mismo código de violencia. Si es habitual que el más fuerte le robe al más débil, es muy complicado establecer relaciones de confianza donde te dicen "protege a tus compañeros". No. Tu funcioas por el método de Pavlov; estímulo, respuesta. Automático y mecanizado. Pero eso tiene limitaciones. La gran ventaja operacional alemana de la segunda guerra mundial eran sus mandos intermedios y oficiales de primer nivel, por su autonomía. Esa autonomía surge, principalmente, de la confianza en uno mismo, de la formación y el conocimiento y del liderazgo comprensivo. De la idea de que, este tío que me está diciendo cosas, no las dice porque es el orco más grande, sino porque sabe de lo que habla y haciéndole caso me va a ir mejor.
El señor Cavalera, que lleva toda la vida viviendo en sociedades cooperativas (Brasil, por mucho segundo mundo que sea, sigue firmemente encajado en la cultura occidental. Y no olvidemos que Max lleva casi toda su vida viviendo en USA). En sociedades donde los periodistas o directivos no se caen de ventanas o donde el presidente del país no se ríe de su consejo de seguridad o hay golpes de estado de milicianos estatales. En esas condiciones, como buena parte de nosotros, puede permitirse el lujo de defender ideologias y culturas que lo matarían. Es como si yo defendiera el aire de Venus, que seguro es magnífico y debemos protegerlo. Pero desde mi casa en la Tierra, por favor.
Es una tontería peligrosa, pero es una tontería. En cuanto a como esto se cruza con la vida, pues lo entendéis y es aplicable a cualquier cosa. El nivel de violencia que ejercemos limita nuestra capacidad de cooperación, y dentro de esa violencia incluyo las interacciones de liderazgo. Ayer me decía un amigo que determinadas conductas rompen la confianza y, una vez esa confianza está rota, ya no tiene remedio. Es trágico pero cierto. Y está en nosotros el hacer que, como decían las reales ordenanzas de las FAS, "generemos un entorno donde prime la justicia, de forma que nada deba esperar del favor ni temer de la arbitrariedad". Justicia. Que empieza con la existencia de unas normas conocidas por todos y de obligado cumplimiento por todos. Una vez tenemos eso, podemos vivir tranquilos. O intentarlo.
domingo, 12 de noviembre de 2023
Que veinte años son nada
El otro día, como me sucede en muchas ocasiones, pensaba en mi hermano y lo extrañaba. Y pensaba, cosa curiosa, que ya hace más de diez años que no está con nosotros. La última vez que lo abracé yo aún no había vivido en otra ciudad más de tres meses, no había convivido con otra persona. No había conducido mil kilometros. Hay muchísimas personas que son super importantes en mi vida a las que entonces no conocía. Otras, que en ese momento eran fundamentales para mí, apenas las recuerdo. Y en cierto sentido, esos recuerdos, esas experiencias, yo las comparto con él. Cuando me pasa algo increíble o más a menudo cuando después de algo tengo un momento de reflexión, me siento a contarselo. Es una forma de oración (seguro que los creyentes lo entendéis). Es ese momento en que te sientas y reflexionas y dejas que esa experiencia no sea solo tuya, sino compartida.
Pero me desvío. Lo que quería decir es que, el tiempo, es una percepción muy subjetiva. Vamos acumulando experiencias, vidas, días, meses... como he escrito muchas veces en este blog, es relativo. Para aquellos que viven en una rutina perpetua, pasa muy despacito y hay pocos cambios. Para aquellos que vivimos con una percepción distinta (yo no me creo mi edad, por ejemplo. Estoy demasiado ocupado haciendo cosas para intentar asumir el rol que alguien ajeno a mí me quiera imponer), el tiempo pasa muy rápido. Y así, un día miras atrás y te preguntas... eso que hicimos, ¿fue cuando?
Tengo algunos trucos para eso. Este blog. Albumes de fotos en Facebook. En general, intento coleccionar momentos como otra gente colecciona monedas, sellos o ex novias. Y me encanta. Me encanta a veces, como ahora, mirar este album y recordar aquel examen que me agobió, aquel viaje que hice porque no podía dormir, aquella chica con la que hablamos a la salida del bar. Ese concierto, ese viaje, ese tren, esa torre, esa iglesia, esos compañeros. Ese tío con el que hablé de todo y nada en un tren de Sofia a Estambul, esa noche sin dormir en la guardia, esa carrera porque perdiamos el tren. Esos momentos.
Y luego, miras atrás y es una foto enorme, hecha de otro montón de fotos. Y a veces, la vida te para un momento y te dice que hoy es el día tal, del año tal. Y como el otro día, hago un reconocimiento médico y nos sorprendemos (yo el primero), de que estoy tan sano. No tengo nada. Y no tengo nada porque he conseguido, a lo largo de mucho tiempo, construirme una rutina de buen ejercicio, buen sueño, buena comida, buenos amigos. Buena vida. Y esa buena vida, que se da por hecha, no es trabajo de un día.
A veces, miras atrás y veinte años no son nada. Porque sigues en lo que empezaste y el momento es ahora. Y dentro de veinte años, si estamos por aquí, quién sabe, pues quizás también pensemos lo mismo. O no. Pero esto no trata de superar records. Esto trata de estar bien y de seguir estandolo y de compartir. Y de dar cosas buenas y dejar que lleguen cosas buenas y disfrutar. Ayer fue un buen día, de coger el coche y recorrer Soria y ver sitios guays y comer bien y pasear por el bosque y sentirse bien. ¿Mañana? Mañana Dios dirá. Pero en este momento, uno puede mirar atrás y sonreír y mirar adelante y pensar, ¿quien sabe? Que algo bueno vendrá.
Así que a por ello.
Pero me desvío. Lo que quería decir es que, el tiempo, es una percepción muy subjetiva. Vamos acumulando experiencias, vidas, días, meses... como he escrito muchas veces en este blog, es relativo. Para aquellos que viven en una rutina perpetua, pasa muy despacito y hay pocos cambios. Para aquellos que vivimos con una percepción distinta (yo no me creo mi edad, por ejemplo. Estoy demasiado ocupado haciendo cosas para intentar asumir el rol que alguien ajeno a mí me quiera imponer), el tiempo pasa muy rápido. Y así, un día miras atrás y te preguntas... eso que hicimos, ¿fue cuando?
Tengo algunos trucos para eso. Este blog. Albumes de fotos en Facebook. En general, intento coleccionar momentos como otra gente colecciona monedas, sellos o ex novias. Y me encanta. Me encanta a veces, como ahora, mirar este album y recordar aquel examen que me agobió, aquel viaje que hice porque no podía dormir, aquella chica con la que hablamos a la salida del bar. Ese concierto, ese viaje, ese tren, esa torre, esa iglesia, esos compañeros. Ese tío con el que hablé de todo y nada en un tren de Sofia a Estambul, esa noche sin dormir en la guardia, esa carrera porque perdiamos el tren. Esos momentos.
Y luego, miras atrás y es una foto enorme, hecha de otro montón de fotos. Y a veces, la vida te para un momento y te dice que hoy es el día tal, del año tal. Y como el otro día, hago un reconocimiento médico y nos sorprendemos (yo el primero), de que estoy tan sano. No tengo nada. Y no tengo nada porque he conseguido, a lo largo de mucho tiempo, construirme una rutina de buen ejercicio, buen sueño, buena comida, buenos amigos. Buena vida. Y esa buena vida, que se da por hecha, no es trabajo de un día.
A veces, miras atrás y veinte años no son nada. Porque sigues en lo que empezaste y el momento es ahora. Y dentro de veinte años, si estamos por aquí, quién sabe, pues quizás también pensemos lo mismo. O no. Pero esto no trata de superar records. Esto trata de estar bien y de seguir estandolo y de compartir. Y de dar cosas buenas y dejar que lleguen cosas buenas y disfrutar. Ayer fue un buen día, de coger el coche y recorrer Soria y ver sitios guays y comer bien y pasear por el bosque y sentirse bien. ¿Mañana? Mañana Dios dirá. Pero en este momento, uno puede mirar atrás y sonreír y mirar adelante y pensar, ¿quien sabe? Que algo bueno vendrá.
Así que a por ello.
El deseo está en nuestra mente
"Mirar es gratis" es una frase que se emplea para eliminar el sentimiento de culpa del deseo. Relativiza la atracción, al reducirla a un potencial. No ha sucedido, salvo en nuestra mente. Y de esa forma, reducimos la presión del autocontrol y la perfección.
Es correcto. El codigo penal dictamina que lo punible son las acciones, no las intenciones. Y sin embargo... todos vivimos en una realidad subjetiva. Nuestra percepción del mundo está alterada, por el mero hecho de no existir una percepción objetiva. Existen acuerdos comunes que nos dan ese marco de referencia absoluto en el que nos movemos (todos sentimos cuando llueve, por tanto la lluvia es un hecho objetivo). Sin embargo, fuera de esos acuerdos comunes, todos vivimos en nuestra propia realidad unica e indivisible. Nadie sabe lo que pasa dentro de mi cabeza, ni yo sé lo que pasa dentro de la de nadie.
Y eso está bien. En ese espacio de libertad, podemos dibujar lo que queramos. Es una puerta abierta al más abyecto horror, pero también a las más nobles intenciones. Y de esa fuente de energia intelectual surgen muchos de nuestros impulsos, algunos positivos y otros no.
Una de las claves de las relaciones personales son los acuerdos de confidencialidad. Las confidencias, como su propio nombre indica, son cosas que compartimos bajo la certeza de que no van a difundirse. Y eso está bien, porque toda convivencia humana se basa en esos acuerdos comunes, algunos de ellos sistemáticos y otros grupales, sobre los que construimos certezas y dialogos. Pero todo esto, como dije anteriormente, existe solo en nuestras mentes. Y del acuerdo de ese dialogo, de lo que estamos dispuestos a decirnos y permitirnos, surge el espacio común en el que nos relacionamos. Hay relaciones que contienen una parte enorme de verdades y otras que contienen una gran parte de cosas supuestas. Hay relaciones que se corrompen y destruyen por malentendidos, por prejuicios, por percepciones que se convierten en hechos sin fase de comprobación. Hay momentos en que el deseo se convierte en tragedia. A veces se acusa a una perdida de autocontrol, cuando yo más bien lo atribuyo a una perdida de comunicación. De respeto, entendido como respeto hacia uno mismo y hacia la verdad, más que hacia la otra persona y su conjunto de ideas preconcebidas. Si uno sabe que al otro le ofende algo, existe por un lado la presunción de respeto y por otra el refuerzo de los principios propios, siendo fundamental la defensa de lo que uno piensa, más que la exigencia de que el otro lo conozca y respete.
En todo caso, me temo que he perdido el hilo. Una vez más. Uno viene aquí con una idea a lanzar pero termina discutiendo consigo mismo, preguntandose lo que quiere decir. Y la conclusión, si llega a haber una, es la siguiente.
Cada relación, cada diálogo, cada momento, es único. Existe en continuidad con los que lo precedieron y los que lo sucederán, pero es único en sí mismo y existe por su propia identidad.
Es correcto. El codigo penal dictamina que lo punible son las acciones, no las intenciones. Y sin embargo... todos vivimos en una realidad subjetiva. Nuestra percepción del mundo está alterada, por el mero hecho de no existir una percepción objetiva. Existen acuerdos comunes que nos dan ese marco de referencia absoluto en el que nos movemos (todos sentimos cuando llueve, por tanto la lluvia es un hecho objetivo). Sin embargo, fuera de esos acuerdos comunes, todos vivimos en nuestra propia realidad unica e indivisible. Nadie sabe lo que pasa dentro de mi cabeza, ni yo sé lo que pasa dentro de la de nadie.
Y eso está bien. En ese espacio de libertad, podemos dibujar lo que queramos. Es una puerta abierta al más abyecto horror, pero también a las más nobles intenciones. Y de esa fuente de energia intelectual surgen muchos de nuestros impulsos, algunos positivos y otros no.
Una de las claves de las relaciones personales son los acuerdos de confidencialidad. Las confidencias, como su propio nombre indica, son cosas que compartimos bajo la certeza de que no van a difundirse. Y eso está bien, porque toda convivencia humana se basa en esos acuerdos comunes, algunos de ellos sistemáticos y otros grupales, sobre los que construimos certezas y dialogos. Pero todo esto, como dije anteriormente, existe solo en nuestras mentes. Y del acuerdo de ese dialogo, de lo que estamos dispuestos a decirnos y permitirnos, surge el espacio común en el que nos relacionamos. Hay relaciones que contienen una parte enorme de verdades y otras que contienen una gran parte de cosas supuestas. Hay relaciones que se corrompen y destruyen por malentendidos, por prejuicios, por percepciones que se convierten en hechos sin fase de comprobación. Hay momentos en que el deseo se convierte en tragedia. A veces se acusa a una perdida de autocontrol, cuando yo más bien lo atribuyo a una perdida de comunicación. De respeto, entendido como respeto hacia uno mismo y hacia la verdad, más que hacia la otra persona y su conjunto de ideas preconcebidas. Si uno sabe que al otro le ofende algo, existe por un lado la presunción de respeto y por otra el refuerzo de los principios propios, siendo fundamental la defensa de lo que uno piensa, más que la exigencia de que el otro lo conozca y respete.
En todo caso, me temo que he perdido el hilo. Una vez más. Uno viene aquí con una idea a lanzar pero termina discutiendo consigo mismo, preguntandose lo que quiere decir. Y la conclusión, si llega a haber una, es la siguiente.
Cada relación, cada diálogo, cada momento, es único. Existe en continuidad con los que lo precedieron y los que lo sucederán, pero es único en sí mismo y existe por su propia identidad.
lunes, 16 de octubre de 2023
Conocete a ti mismo. Porqué jugamos
Este fin de semana me ha venido muy bien para dar un paso atrás, coger perspectiva y empezar a darme cuenta de algunas cosas que en otros momentos se me escapan. Una de ellas es el porqué juego. Durante mucho tiempo, pensaba que jugaba como una forma de conocer gente y salir de mi zona de confort. Pero me doy cuenta de que, en cierto sentido, jugar para mí es parte de reafirmar mi identidad tribal. Lo que de pibe hacía yendo a conciertos heavys, ahora lo hago jugando a juegos. Pero no lo hago por el juego en sí. Tampoco por el grupo. Lo hago por un poco una mezcla de ambas.
Me gusta ser parte de una experiencia de juego compartida. Me gusta que tengamos un idioma común, unas anécdotas y unos objetivos. Me gusta que acabe la partida y nos vayamos a tomar algo y a comentar cosas que han pasado. Pero a la vez, también me gusta sentirme cómodo en la partida. Me gusta construir enlaces, aprender solo y traer esas cosas que aprendo al grupo. Me gusta ser una el bajista del grupo, alguien que está ahí impulsando cosas pero que no necesita brillar.
Es un rasgo de personalidad. Pero para ser bajista de un grupo uno necesita un grupo. Y necesita que ese grupo quede regularmente, que tenga un objetivo, que quiera hacer cosas. A veces, simplemente, estás en un sitio o un momento de tu vida donde lo que tu entiendes como música es distinto. Donde la gente quiere otras cosas, tiene otras prioridades. Y no pasa nada. En ese caso, tienes que adaptarte.
Yo me he dado cuenta de que, aquí, no puedo tocar el bajo. Como mucho, puedo ser esos tíos de los Chanclas, que estaban al fondo bailando. También es buena cosa, si estás con la gente adecuada. Así que me voy a quedar con eso. Y a sentirme bien. No hace falta tirar el bajo. A veces, simplemente, no es el momento.
Me gusta ser parte de una experiencia de juego compartida. Me gusta que tengamos un idioma común, unas anécdotas y unos objetivos. Me gusta que acabe la partida y nos vayamos a tomar algo y a comentar cosas que han pasado. Pero a la vez, también me gusta sentirme cómodo en la partida. Me gusta construir enlaces, aprender solo y traer esas cosas que aprendo al grupo. Me gusta ser una el bajista del grupo, alguien que está ahí impulsando cosas pero que no necesita brillar.
Es un rasgo de personalidad. Pero para ser bajista de un grupo uno necesita un grupo. Y necesita que ese grupo quede regularmente, que tenga un objetivo, que quiera hacer cosas. A veces, simplemente, estás en un sitio o un momento de tu vida donde lo que tu entiendes como música es distinto. Donde la gente quiere otras cosas, tiene otras prioridades. Y no pasa nada. En ese caso, tienes que adaptarte.
Yo me he dado cuenta de que, aquí, no puedo tocar el bajo. Como mucho, puedo ser esos tíos de los Chanclas, que estaban al fondo bailando. También es buena cosa, si estás con la gente adecuada. Así que me voy a quedar con eso. Y a sentirme bien. No hace falta tirar el bajo. A veces, simplemente, no es el momento.
lunes, 9 de octubre de 2023
A veces tiras, a veces te empujan
La vida es una cosa muy curiosa. Hay personalidades que están hechas para dirigir, para liderar. Hay otras personalidades que están hechas para seguir, para que les indiquen que hacer. Pero, como sucede con casi todo en la vida, pocos casos hay de "100% algo". Casi todo es mezcla, un poco de esto y de lo otro, como Lao Tse escribió fantásticamente hace siglos.
Si yo tuviera que definir mi carácter, no sabría ni por donde empezar. Pero respecto a lo que hablaba anteriormente, yo tengo periodos expansivos y periodos menguantes. Epocas de mi vida en las que, por lo que sea, no tengo fuerzas ni energía ni ganas de proyectar cosas. En esos momentos, si las cosas van bien, otra gente u otros proyectos "tiran" de mi. Es lo interesante, que como las ardillas que sin querer plantan árboles tirando los frutos que no se van a comer, nosotros vamos plantando alegria futura sin darnos cuenta. Y eso está genial, porque es señal de que estamos viviendo una vida sana en la que damos y recibimos.
A veces, parece que el mundo es oscuro, triste y que todo está mal. Que hemos fracasado. Que ninguna de las cosas que intentamos ha salido y que, por tanto, es mejor dejar de intentar nada. Pero es solo una nube, luego sale el sol. Hace falta darse cuenta de que, lo que es para nosotros, lo va a ser. Hagamos lo que hagamos. En eso consiste tener fé. No en creer en causa y efecto y que si hoy llueve mañana volverá a llover. No. La vida no funciona así. Todo el metodo cientifico está plagado de incertidumbre, escepticismo y cosas que desconocemos. Y eso está genial, porque nos da espacio para seguir descubriendo, para seguir investigando. Para progresar. Pero asumir con humildad que no conocemos todo y que existe un amplio margen en el que se mueve el optimismo no está mal.
Lo que quería decir en el parrafo anterior, que como siempre me he despistado, es que ese día en el que todo parece ir mal, sin que tu lo sepas, tu hermana te escribirá y te dirá que está bien. O un amigo te mandará un meme divertido. O algo, lo que sea, saldrá bien. Y tienes que agarrarte a esa cosa buena, a esa brizna de luz, para que te ayude a salir del pozo. Porque esa luz la plantaste tu y es tuya y, igual que otras veces tu ayudas a los demás, a veces los demás te ayudan a ti. Y esa es la forma natural, como debe ser. Como decía aquel sermón que escuché una vez en la iglesia, Dios nos hizo imperfectos para que necesitaramos los unos de los otros. Y en ese necesitar los unos de los otros, en ese ayudarnos, crecemos.
Y en un plano totalmente individual, yo creo que, incluso cuando nos equivocamos, damos pie a aprender y a intentar cosas nuevas que irán mejor. Y que tener fé en ese "mañana será mejor" es lo que nos va a permitir seguir adelante. Incluso aunque ahora no veamos salida. Pero cuando salga el sol, hayas comido algo y tengas gente cerca, el día estará mejor. Seguro.
Y si no, pues a seguir intentandolo.
Si yo tuviera que definir mi carácter, no sabría ni por donde empezar. Pero respecto a lo que hablaba anteriormente, yo tengo periodos expansivos y periodos menguantes. Epocas de mi vida en las que, por lo que sea, no tengo fuerzas ni energía ni ganas de proyectar cosas. En esos momentos, si las cosas van bien, otra gente u otros proyectos "tiran" de mi. Es lo interesante, que como las ardillas que sin querer plantan árboles tirando los frutos que no se van a comer, nosotros vamos plantando alegria futura sin darnos cuenta. Y eso está genial, porque es señal de que estamos viviendo una vida sana en la que damos y recibimos.
A veces, parece que el mundo es oscuro, triste y que todo está mal. Que hemos fracasado. Que ninguna de las cosas que intentamos ha salido y que, por tanto, es mejor dejar de intentar nada. Pero es solo una nube, luego sale el sol. Hace falta darse cuenta de que, lo que es para nosotros, lo va a ser. Hagamos lo que hagamos. En eso consiste tener fé. No en creer en causa y efecto y que si hoy llueve mañana volverá a llover. No. La vida no funciona así. Todo el metodo cientifico está plagado de incertidumbre, escepticismo y cosas que desconocemos. Y eso está genial, porque nos da espacio para seguir descubriendo, para seguir investigando. Para progresar. Pero asumir con humildad que no conocemos todo y que existe un amplio margen en el que se mueve el optimismo no está mal.
Lo que quería decir en el parrafo anterior, que como siempre me he despistado, es que ese día en el que todo parece ir mal, sin que tu lo sepas, tu hermana te escribirá y te dirá que está bien. O un amigo te mandará un meme divertido. O algo, lo que sea, saldrá bien. Y tienes que agarrarte a esa cosa buena, a esa brizna de luz, para que te ayude a salir del pozo. Porque esa luz la plantaste tu y es tuya y, igual que otras veces tu ayudas a los demás, a veces los demás te ayudan a ti. Y esa es la forma natural, como debe ser. Como decía aquel sermón que escuché una vez en la iglesia, Dios nos hizo imperfectos para que necesitaramos los unos de los otros. Y en ese necesitar los unos de los otros, en ese ayudarnos, crecemos.
Y en un plano totalmente individual, yo creo que, incluso cuando nos equivocamos, damos pie a aprender y a intentar cosas nuevas que irán mejor. Y que tener fé en ese "mañana será mejor" es lo que nos va a permitir seguir adelante. Incluso aunque ahora no veamos salida. Pero cuando salga el sol, hayas comido algo y tengas gente cerca, el día estará mejor. Seguro.
Y si no, pues a seguir intentandolo.
domingo, 1 de octubre de 2023
The God is not willing
Justo ayer me terminé "The God is not willing" de Steven Eriksson. Ultimamente ando muy reflexivo con Malaz, en parte porque en un viaje en coche de siete horas estuvimos escuchando entrevistas y podcasts sobre como introducir a gente a la serie. The God is not willing ha sido premio de New York Times y tiene unas reseñas brutales; es un librazo. No solo para los seguidores de la fantasía épica (que gracias a Dios, ya empezamos a ser más adultos y buscar temas más profundos), sino para cualquiera que quiera aproximarse a literatura "grande".
El tema principal de la Saga de los Caídos de Malaz, la obra cumbre de Eriksson hasta ahora, es la compasión. Quién dice que la fantasía o la ciencia ficción no son políticas es porque nunca ha dedicado un momento a reflexionar sobre esas obras; todas contienen fuertes cargas ideológicas. Basicamente, es el motor que impulsa a la reflexión. ¿Qué echo en falta en mi mundo o qué creo que podría pasar en un mundo en que se desarrollase esto de esta manera? Y a partir de ahí, empezamos a construir. Pero me disperso. Quería hablar de que, el tema central de Malaz, es la compasión y la empatía. La capacidad de ponerte en el lugar del otro más allá de diferencias físicas, culturales, ideológicas... Y a veces, en situaciones MUY extremas. Para mostrar la importancia de la compasión y de la empatía también recurre a la crueldad, con ejemplos muy extremos. Steven Erikson no es un escritor para gente a quién le guste evitar escenas desagradables.
Algo así sucede en "The God is not willing", que curiosamente sería una buena introducción a la obra de este autor. No obstante lo cual, la novela es un poco más... "burda" que en otros casos. Aquí uno de los temas fundamentales es como los desastres naturales nos igualan a todos y como, ante una determinada situación, la única acción decente que se puede hacer es la que todos sabemos y vamos posponiendo o excusandonos. Como sucede en otras novelas de él, el final resulta un poco forzado e intenso. Como con Alex de la Iglesia, parece que cuando llega ochocientas páginas le entra la prisa y descubre que tiene que acabar, así que aprieta. Y el final es magnifico, como todos los suyos, dejando un montón de cabos sueltos para poder seguir si quiere pero también cerrando temas muy importantes.
Me ha encantado el libro. Me pareció fascinante, demasiado divertido a veces, demasiado oscuro otras y siempre me mantuvo en vilo. Estoy deseando leer los demás que saque de esta saga y creo que voy a volver a releerme la Saga de los Caídos. Y si no conocéis los libros, ya estáis tardando. Yo creo que, en cierto sentido, esas novelas me han hecho mejor persona. Y me alegro de haber aprendido inglés traduciendolas.
Tened un buen día y que os cunda. Un abrazo.
El tema principal de la Saga de los Caídos de Malaz, la obra cumbre de Eriksson hasta ahora, es la compasión. Quién dice que la fantasía o la ciencia ficción no son políticas es porque nunca ha dedicado un momento a reflexionar sobre esas obras; todas contienen fuertes cargas ideológicas. Basicamente, es el motor que impulsa a la reflexión. ¿Qué echo en falta en mi mundo o qué creo que podría pasar en un mundo en que se desarrollase esto de esta manera? Y a partir de ahí, empezamos a construir. Pero me disperso. Quería hablar de que, el tema central de Malaz, es la compasión y la empatía. La capacidad de ponerte en el lugar del otro más allá de diferencias físicas, culturales, ideológicas... Y a veces, en situaciones MUY extremas. Para mostrar la importancia de la compasión y de la empatía también recurre a la crueldad, con ejemplos muy extremos. Steven Erikson no es un escritor para gente a quién le guste evitar escenas desagradables.
Algo así sucede en "The God is not willing", que curiosamente sería una buena introducción a la obra de este autor. No obstante lo cual, la novela es un poco más... "burda" que en otros casos. Aquí uno de los temas fundamentales es como los desastres naturales nos igualan a todos y como, ante una determinada situación, la única acción decente que se puede hacer es la que todos sabemos y vamos posponiendo o excusandonos. Como sucede en otras novelas de él, el final resulta un poco forzado e intenso. Como con Alex de la Iglesia, parece que cuando llega ochocientas páginas le entra la prisa y descubre que tiene que acabar, así que aprieta. Y el final es magnifico, como todos los suyos, dejando un montón de cabos sueltos para poder seguir si quiere pero también cerrando temas muy importantes.
Me ha encantado el libro. Me pareció fascinante, demasiado divertido a veces, demasiado oscuro otras y siempre me mantuvo en vilo. Estoy deseando leer los demás que saque de esta saga y creo que voy a volver a releerme la Saga de los Caídos. Y si no conocéis los libros, ya estáis tardando. Yo creo que, en cierto sentido, esas novelas me han hecho mejor persona. Y me alegro de haber aprendido inglés traduciendolas.
Tened un buen día y que os cunda. Un abrazo.
sábado, 16 de septiembre de 2023
¿Cómo se reinicia el espíritu?
Últimamente parece que estoy en un momento como muy oscuro. Es mentira. Es como las fotos, uno capta solo un momento pero para tener la historia completa necesita contexto, mucho de lo que no entra en la imagen. A veces vemos un momento y pensamos "esto es la vida". Es mentira. Es solo un instante, como un puntito en un mapa. La vida es todo lo que hay alrededor.
Llevo bastante tiempo muy cansado. Duermo mal. No disfruto la comida. Y estoy perdiendo las ganas de hacer ejercicio. Son cosas ciclicas. Para motivarse, uno necesita un objetivo. Y para que sea efectivo, ese objetivo debe ser algo que deseamos. Entrenamos para vernos en forma, para correr una carrera, para superar una marca. Una vez lo hacemos, podemos empezar a plantearnos el siguiente objetivo. Tachar cosas de la lista.
Pero eso es trabajo. La vida no es trabajo. La vida es disfrutar, es estar con gente que nos hace feliz, hablar de lo que nos gusta, animarnos. La vida es ver un paisaje bonito, aunque llegar hasta allí sea complicado. Es escuchar una canción y, que demonios, cantarla. Es compartir lo bueno, los que tenemos esa disposición y no somos seres solitarios que vivimos aislados, sino vampiros sociales buscando una conexión en el eter. Click. De repente pasa y estás compartiendo risas, historias y te sientes super bien. Y no necesitas hablar, porque puedes solo escuchar a la otra persona y ese sonido te calma, te relaja. No estás a la defensiva, no esperas problemas... te da igual. Simplemente, confías y fluyes.
A veces, hay que desconectar. De todo. Y así se reinicia el espíritu. A veces sucede con una canción, con un sitio. A veces, te sientas en la playa a oír las olas y el mar te habla. O en medio de la noche, con un té y un libro, la noche te habla. Viene de uno y va hacia uno. Es encontrar quienes somos. Es asomarse a este blog, demonios, y ver quién era y quién quiero ser.
A veces, es mucho más sencillo de lo que pensamos. Lo que nuestro espírito busca no es tener dinero o éxito o admiración o sexo. En determinadas edades, en determinados momentos, nuestro espíritu lo que busca es sentirse confortado, un abrazo del alma. Y eso nos lo podemos dar a nosotros mismos. De hecho, voy a hacerlo. Tened un buen día y cuidaros mucho. Os quiero.
P.D: No seais egoistas con la energía. A veces, la tratamos como un bien finito, como si tuviera cinco manzanas de alegria que tienes que cuidar y administrar. Eso es una gilipollez y es propia de un enfoque capitalista muy loco, donde hasta el tiempo de mear tiene que ser calculado. La alegria, la felicidad... es como la lluvia. Tiene su propio ritmo y nosotros no la controlamos. Por eso tampoco hay que intentarlo, sino soltar el volante y confiar. Tened fé, maldita sea.
Llevo bastante tiempo muy cansado. Duermo mal. No disfruto la comida. Y estoy perdiendo las ganas de hacer ejercicio. Son cosas ciclicas. Para motivarse, uno necesita un objetivo. Y para que sea efectivo, ese objetivo debe ser algo que deseamos. Entrenamos para vernos en forma, para correr una carrera, para superar una marca. Una vez lo hacemos, podemos empezar a plantearnos el siguiente objetivo. Tachar cosas de la lista.
Pero eso es trabajo. La vida no es trabajo. La vida es disfrutar, es estar con gente que nos hace feliz, hablar de lo que nos gusta, animarnos. La vida es ver un paisaje bonito, aunque llegar hasta allí sea complicado. Es escuchar una canción y, que demonios, cantarla. Es compartir lo bueno, los que tenemos esa disposición y no somos seres solitarios que vivimos aislados, sino vampiros sociales buscando una conexión en el eter. Click. De repente pasa y estás compartiendo risas, historias y te sientes super bien. Y no necesitas hablar, porque puedes solo escuchar a la otra persona y ese sonido te calma, te relaja. No estás a la defensiva, no esperas problemas... te da igual. Simplemente, confías y fluyes.
A veces, hay que desconectar. De todo. Y así se reinicia el espíritu. A veces sucede con una canción, con un sitio. A veces, te sientas en la playa a oír las olas y el mar te habla. O en medio de la noche, con un té y un libro, la noche te habla. Viene de uno y va hacia uno. Es encontrar quienes somos. Es asomarse a este blog, demonios, y ver quién era y quién quiero ser.
A veces, es mucho más sencillo de lo que pensamos. Lo que nuestro espírito busca no es tener dinero o éxito o admiración o sexo. En determinadas edades, en determinados momentos, nuestro espíritu lo que busca es sentirse confortado, un abrazo del alma. Y eso nos lo podemos dar a nosotros mismos. De hecho, voy a hacerlo. Tened un buen día y cuidaros mucho. Os quiero.
P.D: No seais egoistas con la energía. A veces, la tratamos como un bien finito, como si tuviera cinco manzanas de alegria que tienes que cuidar y administrar. Eso es una gilipollez y es propia de un enfoque capitalista muy loco, donde hasta el tiempo de mear tiene que ser calculado. La alegria, la felicidad... es como la lluvia. Tiene su propio ritmo y nosotros no la controlamos. Por eso tampoco hay que intentarlo, sino soltar el volante y confiar. Tened fé, maldita sea.
Nadie quiere tus sobras
Ayer me pasó una cosa curiosa. Después de una semana de curro bastante intensa, en un mes de curro bastante intenso (y en el que, aparte de curro, poco más ha pasado), unos amigos vinieron desde el fin del mundo para vernos. Fue super bonito. Son una pareja increíble, super inteligentes, viajados... gente genial, con una actitud y una forma de ver el mundo maravillosa. Hablar con ellos hace que el día sea mejor. Y en un momento dado, mi novia dijo "nadie hace esto por nosotros".
Y no sé, eso me duele. Porque es mentira. Si hay gente que hace eso por nosotros. Una amiga suya vino desde Qatar para pasar un finde con ella. Tenemos amigos en Cantabria que hacen tres horas de coche para vernos. Y en ocasiones, yo he hecho eso por otra gente. Voy a ir a Polonia para ver a un amigo mío, igual que en otra ocasión fui a Bulgaria. Hay gente que merece la pena que cojas un avión, un tren, un algo y te hagas un montón de horas para verlos y compartir con ellos, porque son gente que hacen tus días mejores.
Pero el problema es no verlo. El problema es estar tan focalizado en lo negativo, que cuando vienen cosas buenas te niegas a creerlo. Eso es un problema. Y es un problema que genera una dinámica terrible, un "hueco" que debe ser llenado con muñequitos, con planes, con otras cosas. Con lo que sea que me distraiga del presente, donde solo hay trabajo y soledad. Drogueme, por favor. Saqueme de mi realidad.
Pero cuando te acercas a los demás, pidiendoles que te ayuden, ellos ya tienen sus propios problemas. Hace falta un carácter muy especial para acoger a un cachorrito minusvalido; la mayoría de la gente quiere uno sano. Porque es lo que ven en la tele y es lo que quiere todo el mundo, porque es lo "normal". Así que, incluso cuando das con gente que no son "normales" (y gracias a Dios, de esos hay unos pocos), el acuerdo suele ser dar mucho para recibir mucho. Y eso está bien. Pero tu no tienes mucho. Tu tienes algo que no acaba de funcionar, algo que te duele a veces y otras veces te deja a medias, pero no quieres perderlo porque crees en ello. Porque a veces, está muy bien. Porque cuando funciona, funciona mejor que nada que hayas conocido. Pero tu entorno, tu trabajo, tus amigos, tu puñetero medio ambiente, no te deja acabar de arrancar. Estás pulsando el botón de encendido y la mitad de los días sale chispas, el motor intenta arrancar y no puede. Hay días que solo quieres tirarte en la cama y que deje de doler.
Y nadie te va a salvar.
Y no sé, eso me duele. Porque es mentira. Si hay gente que hace eso por nosotros. Una amiga suya vino desde Qatar para pasar un finde con ella. Tenemos amigos en Cantabria que hacen tres horas de coche para vernos. Y en ocasiones, yo he hecho eso por otra gente. Voy a ir a Polonia para ver a un amigo mío, igual que en otra ocasión fui a Bulgaria. Hay gente que merece la pena que cojas un avión, un tren, un algo y te hagas un montón de horas para verlos y compartir con ellos, porque son gente que hacen tus días mejores.
Pero el problema es no verlo. El problema es estar tan focalizado en lo negativo, que cuando vienen cosas buenas te niegas a creerlo. Eso es un problema. Y es un problema que genera una dinámica terrible, un "hueco" que debe ser llenado con muñequitos, con planes, con otras cosas. Con lo que sea que me distraiga del presente, donde solo hay trabajo y soledad. Drogueme, por favor. Saqueme de mi realidad.
Pero cuando te acercas a los demás, pidiendoles que te ayuden, ellos ya tienen sus propios problemas. Hace falta un carácter muy especial para acoger a un cachorrito minusvalido; la mayoría de la gente quiere uno sano. Porque es lo que ven en la tele y es lo que quiere todo el mundo, porque es lo "normal". Así que, incluso cuando das con gente que no son "normales" (y gracias a Dios, de esos hay unos pocos), el acuerdo suele ser dar mucho para recibir mucho. Y eso está bien. Pero tu no tienes mucho. Tu tienes algo que no acaba de funcionar, algo que te duele a veces y otras veces te deja a medias, pero no quieres perderlo porque crees en ello. Porque a veces, está muy bien. Porque cuando funciona, funciona mejor que nada que hayas conocido. Pero tu entorno, tu trabajo, tus amigos, tu puñetero medio ambiente, no te deja acabar de arrancar. Estás pulsando el botón de encendido y la mitad de los días sale chispas, el motor intenta arrancar y no puede. Hay días que solo quieres tirarte en la cama y que deje de doler.
Y nadie te va a salvar.
martes, 25 de julio de 2023
Lo que es "normal"
Una de las cosas que he aprendido esta semana es que, si queremos saber porqué hacemos las cosas o las percibimos de una determinada manera, es importante entender cual es el origen de dicha conducta o pensamiento. El ejemplo que voy a contar es uno que me sucedió este fin de semana. Mi novia tiene una importante necesidad de intimidad que yo no entiendo, hasta uqe me paré a darme cuenta de que, durante un periodo muy importante de mi vida, yo he sido privado de mi intimidad. Y lo he naturalizado, hasta el punto de que no consigo entender esa necesidad en otra gente. Es el prejuicio convertido en norma, o "lo que es normal para mí, es normal". Pero no tiene porqué serlo. No es algo "natural". Es un rasgo adquirido en unas condiciones muy duras y un puntito artificiales, las cuales para la mayoría de la gente serían un problema.
El camino de la comprensión pasa por la supresión del ego. Esta frase, muy de Paulo Coelho, lo que viene a decir es que tenemos que ponernos en el papel del otro y entender porqué él no es yo. Y porqué, lo que para mí es normal, para él no lo es. Para eso hay que entender, en primer lugar, porqué para nosotros algo es normal y luego preguntarnos si, para esa persona, que no ha tenido las mismas experiencias e historia que nosotros, podría serlo. Es otro mundo. Es otro mundo distinto ahí fuera y no sabemos muy bien como afrontarlo, salvo que seamos capaces de "salir de nuestra piel".
Yo el otro día aprendí algo sobre mi mismo y sobre mi entorno. ¿Qué aprendéis vosotros?
El camino de la comprensión pasa por la supresión del ego. Esta frase, muy de Paulo Coelho, lo que viene a decir es que tenemos que ponernos en el papel del otro y entender porqué él no es yo. Y porqué, lo que para mí es normal, para él no lo es. Para eso hay que entender, en primer lugar, porqué para nosotros algo es normal y luego preguntarnos si, para esa persona, que no ha tenido las mismas experiencias e historia que nosotros, podría serlo. Es otro mundo. Es otro mundo distinto ahí fuera y no sabemos muy bien como afrontarlo, salvo que seamos capaces de "salir de nuestra piel".
Yo el otro día aprendí algo sobre mi mismo y sobre mi entorno. ¿Qué aprendéis vosotros?
viernes, 21 de julio de 2023
Mira lo que traes a la mesa
Hay que tener mucho cuidado con el sesgo de confirmación. Porque a veces, lo que quieres, está delante mismo de tus ojos. Y a veces, lo que está delante mismo de tus ojos, NO es lo que quieres. La escena del Gom Jabbar de Dune es fascinante en ese sentido. Un animal herido, hará cualquier cosa para detener su dolor. Pero un ser superior, que entiende, comprenderá que el dolor es parte del proceso. Que no nos define el dolor, sino el avance, y que ese dolor puede ser la puerta que nos permita avanzar más allá.
A veces, la solución más fácil no lo es. Porque arregla el problema de ahora, pero abre otro montón nuevo de problemas diferentes. Y quizás, lo que uno necesita, es saber quién es, qué quiere y donde quiere estar. En qué momento se torcieron las cosas y si realmente merece la pena seguir o hace falta cambiar. Y si ese ruido que está sonando en nuestro interior es algo que se ha estropeado o, simplemente, cansancio. Que se arregla estando mejor... y haciendo cosas para estar mejor.
No sé. A veces, uno pide una cosa y recibe otra. Y es mejor tener cuidado con eso y, sobre todo, controlarse uno mismo y ver que dice y qué quiere decir.
A veces, la solución más fácil no lo es. Porque arregla el problema de ahora, pero abre otro montón nuevo de problemas diferentes. Y quizás, lo que uno necesita, es saber quién es, qué quiere y donde quiere estar. En qué momento se torcieron las cosas y si realmente merece la pena seguir o hace falta cambiar. Y si ese ruido que está sonando en nuestro interior es algo que se ha estropeado o, simplemente, cansancio. Que se arregla estando mejor... y haciendo cosas para estar mejor.
No sé. A veces, uno pide una cosa y recibe otra. Y es mejor tener cuidado con eso y, sobre todo, controlarse uno mismo y ver que dice y qué quiere decir.
martes, 18 de julio de 2023
All you need is love
Y un poco de paz y espacio. Y playa. Y amigos. ¡Al final va a resultar que necesitas un montón de cosas!
He tenido unas vacaciones maravillosas. He encontrado amigos, he estado en mi sitio, he hecho cosas que me gustaban. Me he conectado con una parte de mí que consideraba bastante enterrada y, saliendo de ahí, he podido comunicarme y crecer. He enfrentado problemas que llevaban demasiado enterrados y he tomado decisiones que, espero, me lleven a donde quiero estar. He crecido.
Curiosamente, ahora estoy en esa pausa, ese hiato que se produce entre una situación y otra. Transiciones. Y se siente bien. Aprovecho el espacio que he obtenido para quitarme peso de cosas y emociones que no me hacen falta, que no me ayudan, y dejar el sitio para otras que sí me vienen bien, que si me ayudan a ser quién soy y a construirme en el sentido que quiero.
Continuo en lucha. Por un lado, entre hacer lo que todos quieren y encajar y hacer lo que yo quiero y ser feliz. Entre seguir y dirigir. Y por otro lado, entre mi impulso de relajarme y dejarme llevar y mi natural inquietud que hace que, una vez acabo un proyecto, empiece otro. La busqueda como motor de vida, que es lo que en cierto sentido soy.
La diferencia fundamental es que ahora estoy calmado. El elemento fundamental en el que parecen coincidir la mayoría de filosofos clásicos es en la calma como estado mental virtuoso. Una vez uno entiende que lo que puede controlar es X, y lo que no puede controlar es todo menos X, de repente es más fácil dejar de sentir miedo. Simplemente, entender que el destino te llevará a donde él quiera y que lo único que puedo hacer es estar de buen humor, mostrarme animoso, cuidarme. Hacer lo que es mejor para mí y para los míos y dejar que el Universo haga el resto.
Suena fácil, pero no lo es. Vamos a intentarlo.
He tenido unas vacaciones maravillosas. He encontrado amigos, he estado en mi sitio, he hecho cosas que me gustaban. Me he conectado con una parte de mí que consideraba bastante enterrada y, saliendo de ahí, he podido comunicarme y crecer. He enfrentado problemas que llevaban demasiado enterrados y he tomado decisiones que, espero, me lleven a donde quiero estar. He crecido.
Curiosamente, ahora estoy en esa pausa, ese hiato que se produce entre una situación y otra. Transiciones. Y se siente bien. Aprovecho el espacio que he obtenido para quitarme peso de cosas y emociones que no me hacen falta, que no me ayudan, y dejar el sitio para otras que sí me vienen bien, que si me ayudan a ser quién soy y a construirme en el sentido que quiero.
Continuo en lucha. Por un lado, entre hacer lo que todos quieren y encajar y hacer lo que yo quiero y ser feliz. Entre seguir y dirigir. Y por otro lado, entre mi impulso de relajarme y dejarme llevar y mi natural inquietud que hace que, una vez acabo un proyecto, empiece otro. La busqueda como motor de vida, que es lo que en cierto sentido soy.
La diferencia fundamental es que ahora estoy calmado. El elemento fundamental en el que parecen coincidir la mayoría de filosofos clásicos es en la calma como estado mental virtuoso. Una vez uno entiende que lo que puede controlar es X, y lo que no puede controlar es todo menos X, de repente es más fácil dejar de sentir miedo. Simplemente, entender que el destino te llevará a donde él quiera y que lo único que puedo hacer es estar de buen humor, mostrarme animoso, cuidarme. Hacer lo que es mejor para mí y para los míos y dejar que el Universo haga el resto.
Suena fácil, pero no lo es. Vamos a intentarlo.
viernes, 7 de julio de 2023
Tu edad no te identifica
De repente, me han empezado a aparecer un montón de post en redes sociales sobre edad, nacionalidad... y me sorprende. Quizás por mi carácter, o por mis experiencias vitales, pero siempre he estado muy lejos de "vivir mi edad". Tampoco considero que la nacionalidad o cualquier otro rasgo externo me defina más allá de mis propias elecciones. Yo elijo como soy.
Algunas cosas, obviamente, vienen condicionadas por mi origen o mis experiencias. pero incluso ahí yo tengo algo que decir. Asi que lo siento, pero no quiero que me encajen en un perfil de una APP. prefiero dsr yo, gracias
miércoles, 5 de julio de 2023
A veces, me canso
Esto parece obvio, pero hay que decirlo. A veces, soy humano. Y cuando no tengo ningún refuerzo positivo en mi entorno sino solo problemas, pegas, quejas... a veces, no puedo más. En mi trabajo, problemas. En mi familia, problemas. En mi casa, problemas. Todo el mundo tiene frustraciones, cosas que quiere y no puede tener, sarcasmo y maldad...
Y no hay tregua. No hay un buen rato, no hay un cariño, no hay un abrazo. No hay un "no te preocupes, yo me encargo". Nada. Todo son pegas. Todo son quejas.
Dejadme un poco en paz. Ya está bien.
Siempre empiezo yo. ¿O no?
Mañana, en teoría, recojo un nuevo móvil. Y estaba pensando en algo que me dijo hace unas semanas mi chica, hablando de una colega. ¿Empezó ella la conversación? Porque hasta cierto punto, eso es un indicativo muy fuerte de interés. Entre hombres no tanto, pero si hablamos de chicos, una chavala que habla contigo me da la impresión de que:
A) Quiere algo contigo o
B) Realmente tiene una amistad muy profunda contigo.
En estos tiempos de redes sociales, tiempos acelerados y estrés, el contacto espóradico, el siemple "hola, ¿como estás?" tiene un sentido más profundo. Y cuando es gente que está fuera o con la que no coincides frecuentemente, pueden pasar meses o años hasta que volváis a contactar. Y es muy triste, porque es gente que es importante para ti y cuyo contacto supone una diferencia. Especialmente cuando te sientes solo o triste o quieres hablar con alguien. Pero todos tenemos prisa, todos queremos lo que queremos y no aceptamos negociaciones (¿Cuando vas a venir a verme? Como si no pudiera ir en dos direcciones) y, en general, el intercambio de energia acaba siendo en un solo sentido. Lo que resulta muy decepcionante.
Como decía al principio, pronto recojo un nuevo móvil. Y estoy convencido de que voy a perder una barbaridad de contactos. Y bueno... tampoco creo que pase nada. Pero es curioso. Y da para una reflexión interesante.
A) Quiere algo contigo o
B) Realmente tiene una amistad muy profunda contigo.
En estos tiempos de redes sociales, tiempos acelerados y estrés, el contacto espóradico, el siemple "hola, ¿como estás?" tiene un sentido más profundo. Y cuando es gente que está fuera o con la que no coincides frecuentemente, pueden pasar meses o años hasta que volváis a contactar. Y es muy triste, porque es gente que es importante para ti y cuyo contacto supone una diferencia. Especialmente cuando te sientes solo o triste o quieres hablar con alguien. Pero todos tenemos prisa, todos queremos lo que queremos y no aceptamos negociaciones (¿Cuando vas a venir a verme? Como si no pudiera ir en dos direcciones) y, en general, el intercambio de energia acaba siendo en un solo sentido. Lo que resulta muy decepcionante.
Como decía al principio, pronto recojo un nuevo móvil. Y estoy convencido de que voy a perder una barbaridad de contactos. Y bueno... tampoco creo que pase nada. Pero es curioso. Y da para una reflexión interesante.
sábado, 1 de julio de 2023
Cuando el miedo es el motor
Cuando el miedo es el motor, no hay nadie al volante. Cuando el miedo es el motor, el futuro no existe, solo se le teme. No se proyecta, no se hacen ilusiones.
Cuando el miedo es el motor, todo son "peros". Cuando el miedo es el motor nos convertimos en el "Dr NO", porque queremos controlar y, si no lo hacemos, el miedo aumenta.
Cuando el miedo es el motor, cedemos la iniciativa. Dejamos de actuar y reaccionamos, intentando adelantarnos a escenarios que imaginamos, suponemos, pensamos. Cuando el miedo es el motor, dejamos de decir y ser lo que queremos y creemos, y pasamos a hacerlo para encajar, prevenir, minimizar.
Cuando el miedo es el motor, se apagan las luces. No hay ganas, no hay ilusión, no hay humor, no hay cariño. Solo hay una sucesión de días, uno detrás de otro, en el que la oscuridad subyace. A veces se apaga y no molesta, pero nunca es sustituida por la luz. El miedo apaga el humor, apaga la curiosidad, apaga el interes. Y se suceden días de andar de puntillas para no ofender, no molestar, no incomodar. El miedo te hace perder el partido antes de haberlo empezado, porque te paraliza y anula tu ansia de victoria, tu fuego.
Cuando el miedo es el motor, perdemos todos.
Cuando el miedo es el motor, todo son "peros". Cuando el miedo es el motor nos convertimos en el "Dr NO", porque queremos controlar y, si no lo hacemos, el miedo aumenta.
Cuando el miedo es el motor, cedemos la iniciativa. Dejamos de actuar y reaccionamos, intentando adelantarnos a escenarios que imaginamos, suponemos, pensamos. Cuando el miedo es el motor, dejamos de decir y ser lo que queremos y creemos, y pasamos a hacerlo para encajar, prevenir, minimizar.
Cuando el miedo es el motor, se apagan las luces. No hay ganas, no hay ilusión, no hay humor, no hay cariño. Solo hay una sucesión de días, uno detrás de otro, en el que la oscuridad subyace. A veces se apaga y no molesta, pero nunca es sustituida por la luz. El miedo apaga el humor, apaga la curiosidad, apaga el interes. Y se suceden días de andar de puntillas para no ofender, no molestar, no incomodar. El miedo te hace perder el partido antes de haberlo empezado, porque te paraliza y anula tu ansia de victoria, tu fuego.
Cuando el miedo es el motor, perdemos todos.
lunes, 26 de junio de 2023
Algo que pasó hace un año. Algo sobre "política". Algo sobre Polonia.
Este fin de semana he revisitado una historia de algo que pasó hace un año y pico, algo que conoce bastante gente de mi círculo pero que creo que nunca he escrito aquí sobre ello. Y creo que ya ha pasado el tiempo suficiente como para poder revisarlo, sin que se me salten las lágrimas.
Esta es la historia de una persona que conozco. Llamemosle, no sé, "Javi". Javi tiene una novia ucraniana. Y Javi, cuando empezó la guerra el año pasado, lo pasó fatal. Lógico. Porque no solo tiene a su novia; tiene amigos allí, conocidos, familia política... ha estado varias veces en el país. Para Javi, no es algo que sale por la tele y, cuando se pasaba horas por la noche intentando que su novia durmiera, comiera, con miedo a hacer ruido... para Javi, según me contó, era como tener a un familiar muy enfermo y no poder hacer nada para que estuviera mejor.
Después de una semana de guerra, la suegra de Javi sobrevivió a un bombardeo en el que podía haberse quedado allí. Era la segunda vez en una semana que se despedía de la novia de Javi, porque no sabía si iba a seguir viva. Incapaz de soportarlo más, la novia de Javi presionó a su madre hasta que esta aceptó coger el primer tren que hubiera e irse a España.
Javi se enteró por la tarde. Le llamaron al trabajo y le dijeron "coge tus cosas, necesito que vengas conmigo a Polonia". Javi le dijo a su jefe lo que había y su jefe le dijo "haz lo que debas. Si podemos ayudarte en algo, te ayudamos. Pero tu vé y haz lo que tengas que hacer". Javi me dijo que nunca olvidará eso y que, lo que hizo su jefe y sus compañeros por él, no es cualquier cosa.
Así que Javi se fue a casa. Compraron billetes, planearon la ruta, sacaron certificados COVID (era Marzo del 22, aún había limitaciones a los viajes). Al día siguiente, se fueron a Polonia. Para no hacer esta historia eterna, os diré que Javi y su novia viajaron durante veinte horas, tuvieron discusiones pero llegaron a la frontera. Gracias a un amigo de Javi y mío, Luichi, que vive en Polonia y les echó un cable del carajo para que tuvieran donde dormir. Otro favor que Javi no olvidará.
El caso es, según me contó, hacía dos bajo cero en la frontera. Llegaron a las 19. La suegra de Javi cruzó a la 01. Y durante todo ese tiempo, Javi estuvo ahí, de pie, animando y tranquilizando a su novia, meintras veía pasar ancianos, niños, mujeres. Gente con mascotas o con una mochila, con su vida encima. Gente con miedo, que no había hecho daño a nadie y que no tendría que estar allí. Y tuvo que decirle a su novia que se tragara las lagrimas, porque cuando su madre pasara, lo que debía ver era una sonrisa. Que ya lloraría cuando pudiera. Javi tampoco olvidará eso.
Y fueron a un hotel y encontraron un chip para el gato y buscaron donde quedarse y no encontraron aviones de vuelta... cuando Javi comentó en un grupo de Whatsapp donde estamos unos cuantos, que los billetes eran muy caros, la gente empezó a hacerle bizums. Sin venir a cuento. Simplemente queriendo ayudar. Y Javi tampoco olvidará eso, porque se fundió todos sus ahorros en este viaje pero la gente le dio lo que tenía, sin que él lo pidiera. Y finalmente, después de un fin de semana en Polonia, el lunes por la noche consiguieron regresar a España, gracias también a amigos que recogieron a su suegra y a amigos que los ayudaron a buscar vuelos. Y el martes, Javi estaba en el trabajo como un campeón, porque se la debía a su jefe y a sus compañeros, aunque le dijeron que se quedara en casa y descansara.
Para Javi, la guerra no es política. Cuando le dije a Javi que qué huevos lo que había hecho, me miró con cara de palo y me dijo que, si alguien se viera en su situación, eso es lo mínimo que podría hacer. Y me dejó pensando. Primero, en que hay muchas cosas que damos por hecho, hasta que pasa algo que te pone la vida patas arriba y te toca hacer algo, decidir, ser. Cuando suena la corneta y se vé de qué estamos hechos cada uno. Y demonios, ojalá si algún día me pasa, lo haga la mitad de bien que lo hizo Javi. Que seguro que alguna cagada metería (me dijo que su novia y él se pasaron medio viaje peleandose y que, en un momento, le pegó un grito y su suegra lo miró acojonada. Y que se siente super culpable de haberle hecho pasar ese susto a la pobre mujer), pero que hizo lo que tenía que hacer, como le dijo su jefe.
Segundo, que gracias a Dios que tenemos la distancia suficiente para no haber visto ni vivido lo que le tocó a él. Y que, gracias a esa distancia que hace que no seamos víctimas ni verdugos, podamos hablar de esto como algo que sale en la tele. Algo que, por suerte, no nos toca.
Y tercero, que hace falta tener una sensibilidad especial para saber como hablarle a gente como Javi. Lo que ha pasado él, lo sabe él y nadie más. Y dado que, como dije antes, a nosotros no nos toca, desde luego que no hablamos el mismo idioma. Hace muchos años, hablando con Ronald, salió el tema de los niños con sindrome de Down. Y le dije que, si no le importaba, tuviera mucho cuidado con lo que decía. Que yo era (soy) muy sensible a ese tema y, determinadas opiniones, me las tomo mal. MUY mal. Tan mal, como que puedo dejar de hablarle a alguien y sacarlo de mi vida en automático si se cruzan determinadas lineas rojas. Así que mejor tener cuidado. Lo hablamos y no hubo problema, pensabamos parecido y para él fue una experiencia de crecimiento. Pero podría haber ido muy mal. Supongo que, con Javi, pasa parecido. "Mi libertad acaba donde empieza la tuya" significa que, si bien todas las opiniones son válidas, las reacciones que provocan esas opiniones pueden no ser las que esperamos. Y que, un acuerdo básico en toda forma de comunicación, debe ser donde ponemos las barreras.
Por ejemplo, el otro día en el debate sobre las recreaciones históricas. No pasa nada por acordar todo el mundo que "esto es lo que todos entendemos como ofensivo". Y sabiendo eso, es fácil no ofender. Simplemente basta con fijarse.
Siento si esta historia os ha resultado algo rara. No sé ni porqué la escribo, pero este fin de semana la he contado varias veces y me ha extrañado no haberla guardado aquí nunca. Al fin y al cabo, creo que es algo que dentro de un montón de años seguiré contandole a la gente. Porque me impresionó mucho y, a veces, la historia afecta a personas que conocemos. Espero que a Javi y a su novia les vaya bien y les deseo la mejor de las suertes. Si habéis leido hasta aquí, gracias. Un saludo
Esta es la historia de una persona que conozco. Llamemosle, no sé, "Javi". Javi tiene una novia ucraniana. Y Javi, cuando empezó la guerra el año pasado, lo pasó fatal. Lógico. Porque no solo tiene a su novia; tiene amigos allí, conocidos, familia política... ha estado varias veces en el país. Para Javi, no es algo que sale por la tele y, cuando se pasaba horas por la noche intentando que su novia durmiera, comiera, con miedo a hacer ruido... para Javi, según me contó, era como tener a un familiar muy enfermo y no poder hacer nada para que estuviera mejor.
Después de una semana de guerra, la suegra de Javi sobrevivió a un bombardeo en el que podía haberse quedado allí. Era la segunda vez en una semana que se despedía de la novia de Javi, porque no sabía si iba a seguir viva. Incapaz de soportarlo más, la novia de Javi presionó a su madre hasta que esta aceptó coger el primer tren que hubiera e irse a España.
Javi se enteró por la tarde. Le llamaron al trabajo y le dijeron "coge tus cosas, necesito que vengas conmigo a Polonia". Javi le dijo a su jefe lo que había y su jefe le dijo "haz lo que debas. Si podemos ayudarte en algo, te ayudamos. Pero tu vé y haz lo que tengas que hacer". Javi me dijo que nunca olvidará eso y que, lo que hizo su jefe y sus compañeros por él, no es cualquier cosa.
Así que Javi se fue a casa. Compraron billetes, planearon la ruta, sacaron certificados COVID (era Marzo del 22, aún había limitaciones a los viajes). Al día siguiente, se fueron a Polonia. Para no hacer esta historia eterna, os diré que Javi y su novia viajaron durante veinte horas, tuvieron discusiones pero llegaron a la frontera. Gracias a un amigo de Javi y mío, Luichi, que vive en Polonia y les echó un cable del carajo para que tuvieran donde dormir. Otro favor que Javi no olvidará.
El caso es, según me contó, hacía dos bajo cero en la frontera. Llegaron a las 19. La suegra de Javi cruzó a la 01. Y durante todo ese tiempo, Javi estuvo ahí, de pie, animando y tranquilizando a su novia, meintras veía pasar ancianos, niños, mujeres. Gente con mascotas o con una mochila, con su vida encima. Gente con miedo, que no había hecho daño a nadie y que no tendría que estar allí. Y tuvo que decirle a su novia que se tragara las lagrimas, porque cuando su madre pasara, lo que debía ver era una sonrisa. Que ya lloraría cuando pudiera. Javi tampoco olvidará eso.
Y fueron a un hotel y encontraron un chip para el gato y buscaron donde quedarse y no encontraron aviones de vuelta... cuando Javi comentó en un grupo de Whatsapp donde estamos unos cuantos, que los billetes eran muy caros, la gente empezó a hacerle bizums. Sin venir a cuento. Simplemente queriendo ayudar. Y Javi tampoco olvidará eso, porque se fundió todos sus ahorros en este viaje pero la gente le dio lo que tenía, sin que él lo pidiera. Y finalmente, después de un fin de semana en Polonia, el lunes por la noche consiguieron regresar a España, gracias también a amigos que recogieron a su suegra y a amigos que los ayudaron a buscar vuelos. Y el martes, Javi estaba en el trabajo como un campeón, porque se la debía a su jefe y a sus compañeros, aunque le dijeron que se quedara en casa y descansara.
Para Javi, la guerra no es política. Cuando le dije a Javi que qué huevos lo que había hecho, me miró con cara de palo y me dijo que, si alguien se viera en su situación, eso es lo mínimo que podría hacer. Y me dejó pensando. Primero, en que hay muchas cosas que damos por hecho, hasta que pasa algo que te pone la vida patas arriba y te toca hacer algo, decidir, ser. Cuando suena la corneta y se vé de qué estamos hechos cada uno. Y demonios, ojalá si algún día me pasa, lo haga la mitad de bien que lo hizo Javi. Que seguro que alguna cagada metería (me dijo que su novia y él se pasaron medio viaje peleandose y que, en un momento, le pegó un grito y su suegra lo miró acojonada. Y que se siente super culpable de haberle hecho pasar ese susto a la pobre mujer), pero que hizo lo que tenía que hacer, como le dijo su jefe.
Segundo, que gracias a Dios que tenemos la distancia suficiente para no haber visto ni vivido lo que le tocó a él. Y que, gracias a esa distancia que hace que no seamos víctimas ni verdugos, podamos hablar de esto como algo que sale en la tele. Algo que, por suerte, no nos toca.
Y tercero, que hace falta tener una sensibilidad especial para saber como hablarle a gente como Javi. Lo que ha pasado él, lo sabe él y nadie más. Y dado que, como dije antes, a nosotros no nos toca, desde luego que no hablamos el mismo idioma. Hace muchos años, hablando con Ronald, salió el tema de los niños con sindrome de Down. Y le dije que, si no le importaba, tuviera mucho cuidado con lo que decía. Que yo era (soy) muy sensible a ese tema y, determinadas opiniones, me las tomo mal. MUY mal. Tan mal, como que puedo dejar de hablarle a alguien y sacarlo de mi vida en automático si se cruzan determinadas lineas rojas. Así que mejor tener cuidado. Lo hablamos y no hubo problema, pensabamos parecido y para él fue una experiencia de crecimiento. Pero podría haber ido muy mal. Supongo que, con Javi, pasa parecido. "Mi libertad acaba donde empieza la tuya" significa que, si bien todas las opiniones son válidas, las reacciones que provocan esas opiniones pueden no ser las que esperamos. Y que, un acuerdo básico en toda forma de comunicación, debe ser donde ponemos las barreras.
Por ejemplo, el otro día en el debate sobre las recreaciones históricas. No pasa nada por acordar todo el mundo que "esto es lo que todos entendemos como ofensivo". Y sabiendo eso, es fácil no ofender. Simplemente basta con fijarse.
Siento si esta historia os ha resultado algo rara. No sé ni porqué la escribo, pero este fin de semana la he contado varias veces y me ha extrañado no haberla guardado aquí nunca. Al fin y al cabo, creo que es algo que dentro de un montón de años seguiré contandole a la gente. Porque me impresionó mucho y, a veces, la historia afecta a personas que conocemos. Espero que a Javi y a su novia les vaya bien y les deseo la mejor de las suertes. Si habéis leido hasta aquí, gracias. Un saludo
Hace más quién quiere
Este fin de semana he tenido contactos sociales hasta salir por las orejas. Buenísimo. Me he reafirmado en una serie de dudas que tenía, importantes, sobre mi futuro y mi identidad. Sobre quién soy y como afronto el mundo. Hoy me ha dicho una amiga que "te veo super bien, mejor que nunca" y le dije que, como me dijo en una ocasión Rali "tu estado natural es la felicidad. Mientras no salgas de ahí, mientras te escuches a ti mismo... todo irá bien". También le he dicho a una amiga, el sábado, que la clave para mantener un buen dialogo con uno mismo es ser amable. Cuidarse. Perdonarse y darse espacio y ser siempre muy honesto, no tener miedo a decir verdades desagradables. Todo eso y muchos gestos que he visto este fin de semana, me han hecho darme cuenta del valor que me da alguna gente y de la suerte que tengo. Hay quién pone su vida en pausa para verme. Mucha gente realmente y eso es asombroso, supongo que porque les doy algo que hace que ese sacrificio no sea tal. Yo cuido a la gente que quiero. Y en verdad, esa gente también lo hace conmigo.
Como he dicho un montón de veces este finde, tengo mucha suerte.
Como he dicho un montón de veces este finde, tengo mucha suerte.
Yo no vivo en Madrid
He tenido un fin de semana absolutamente maravilloso. He tenido amigos, buena comida, cervezas... me he reencontrado con gente a la que quiero mucho y que me quiere mucho. He paseado. Me he sentido incluso guapo. He hecho cosas nuevas (he estado en un festival chino, he ido a una exhibición de ballet de un colegio, he cenado con una familia que no conocía). En general, ha habido muchísimas experiencias y todas muy buenas, en un sitio donde estaba a gusto, cómodo. Como le dije hoy a una amiga "yo no necesito Cádiz. Yo necesito hacer cosas como las que hago en Cádiz". Solo eso. Y tanto como eso.
Después de ese fin de semana tan bueno, me he bajado del avión y ya he tenido el primer choque cultural. Gritos. Acentos desagradables. Gente quejandose. Bienvenido. Después te montas en el metro, corriendo y apretado, y hay alguien que canta y que pide dinero. Al final, te bajas del metro para tener algo de espacio mientras la seguridad va a hablar con el tío. Y te preguntas, porqué.
Y en ese momento, te das cuenta de que tu aquí no vives. No sales a desayunar sin prisa a un bar que es "tu" bar. No tienes un grupo de amigos. Te pasas semanas y, a veces, hasta meses sin ver a nadie que no sea del trabajo. No, yo aquí no vivo. Yo aquí trabajo. Vivir, vivir lo hago en otros sitios.
Después de ese fin de semana tan bueno, me he bajado del avión y ya he tenido el primer choque cultural. Gritos. Acentos desagradables. Gente quejandose. Bienvenido. Después te montas en el metro, corriendo y apretado, y hay alguien que canta y que pide dinero. Al final, te bajas del metro para tener algo de espacio mientras la seguridad va a hablar con el tío. Y te preguntas, porqué.
Y en ese momento, te das cuenta de que tu aquí no vives. No sales a desayunar sin prisa a un bar que es "tu" bar. No tienes un grupo de amigos. Te pasas semanas y, a veces, hasta meses sin ver a nadie que no sea del trabajo. No, yo aquí no vivo. Yo aquí trabajo. Vivir, vivir lo hago en otros sitios.
viernes, 23 de junio de 2023
De vuelta a la infancia
Hace un momento estaba comentando algo de miniaturas con un colega, y me daba cuenta de que manejamos estandares románticos distintos. Mi inicio fue con un determinado tipo de juego y un determinado tipo de grupo, mientras que el suyo fue distinto. Eso hace que nuestros puntos de referencia difieran.
Pasa con la música, la ropa, las miniaturas, los paisajes, los grupos sociales... hay un momento en tu vida en que te sientes abrumado y quieres volver a tu "lugar feliz". Y el lugar feliz, para muchos de nosotros, fue la adolescencia inicial. Cuando eliminas toda la soledad, caos hormonal, ansiedad, depresión y estrés, la adolescencia parece una especie de paraíso. Sin trabajo, sin facturas, sin divorcios, con las rodillas y la espalda aún sin dolores... Todo eso, que a mí realmente tampoco me afecta tanto (creo que aún tengo que asumir que soy un adulto), conjura una especie de "espacio feliz". Realmente, es una cuestión biologica: una época en la que aún todo está por descubrir y aún empieza. Por eso en esa época los juegos de rol son de aventuras y conquista, mientras que ahora son de profundos traumas emocionales. Pixar, te estoy mirando a ti.
Me voy por las ramas. Como siempre. Lo único que quería comentar, como reflexión, es que muchas veces el tiempo pasado no fue mejor. Como nos damos cuenta cuando volvemos a sacar ese juego que nos parecía la bomba hace veinte años y ahora... eeehh... no, gracias. Lo que queremos no es el juego; queremos el momento. Queremos el grupo de amigos, queremos el tiempo compartido, queremos ser felices como en ese momento. Pero ese momento pasó y no volverá. Ahora hay que construir nuevos momentos. Y esa es la clave, no perder de vista la carretera.
Pasa con la música, la ropa, las miniaturas, los paisajes, los grupos sociales... hay un momento en tu vida en que te sientes abrumado y quieres volver a tu "lugar feliz". Y el lugar feliz, para muchos de nosotros, fue la adolescencia inicial. Cuando eliminas toda la soledad, caos hormonal, ansiedad, depresión y estrés, la adolescencia parece una especie de paraíso. Sin trabajo, sin facturas, sin divorcios, con las rodillas y la espalda aún sin dolores... Todo eso, que a mí realmente tampoco me afecta tanto (creo que aún tengo que asumir que soy un adulto), conjura una especie de "espacio feliz". Realmente, es una cuestión biologica: una época en la que aún todo está por descubrir y aún empieza. Por eso en esa época los juegos de rol son de aventuras y conquista, mientras que ahora son de profundos traumas emocionales. Pixar, te estoy mirando a ti.
Me voy por las ramas. Como siempre. Lo único que quería comentar, como reflexión, es que muchas veces el tiempo pasado no fue mejor. Como nos damos cuenta cuando volvemos a sacar ese juego que nos parecía la bomba hace veinte años y ahora... eeehh... no, gracias. Lo que queremos no es el juego; queremos el momento. Queremos el grupo de amigos, queremos el tiempo compartido, queremos ser felices como en ese momento. Pero ese momento pasó y no volverá. Ahora hay que construir nuevos momentos. Y esa es la clave, no perder de vista la carretera.
miércoles, 14 de junio de 2023
Excusas
Hoy venía para casa pensando en que, si algo me enseñó la vida militar es a no poner excusas. Uno localiza un problema, lo soluciona y luego busca como evitar que vuelva a pasar. ¿Culpables? A veces sí, pero más bien desde un punto de vista educativo. Quién fue responsable es importante para entender porqué se ha producido el problema y donde se originó.
Es algo curioso. Después del tiempo suficiente, uno lo tiene tan interiorizado que termina siendo parte de nuestra personalidad. Las cazas de brujas me parecen un desperdicio de energia; no le veo el sentido. Tampoco entiendo a quién ayuda distraer o tirar cortinas de humo, ni la afición a "crucificar" a gente. No sé, es simplemente algo que no se hace.
Y hoy, pensaba en los militares que están en la guerra de Ucrania. No quiero pensar en los mercenarios, los delincuentes, los criminales de todo tipo... quiero pensar en la gente buena. En la gente que pelea por aquello en lo que cree, por su gente, por lo que considera importante. Y mucha de esa gente va a morir o está muriendo. Cada persona que muere es una historia que se apaga. Alguien que no volverá a ver a sus amigos ni a su familia. Como leí el otro día, "Natalia preferiría abrazar a su padre que a su chaqueta, pero su padre pagó el precio". Dejando de lado textos lacrimosos y emocionantes, quiero pensar que aquellos que mueren y murieron lo hicieron con dignidad. Con orgullo. Que, al igual que no pusieron excusas en vida, no las pondrán cuando les piquen el billete. Y que, esa frase que tanto me molestaba antes y tan humilde me hace sentir ahora "slava ukraina, geroiam slava", es cierta. Porque a veces, para poder seguir adelante, tenemos que decirnos a nosotros mismos que hay cosas que son más grandes que uno mismo. Que hay algo en lo que creer. No porque realmente tengamos pruebas... sino porque nuestra identidad, en parte, se construye sobre esos mitos y certezas.
Quiero incluir una nota, que sé que si la lee alguien me costará muchos problemas, que no creo que absolutamente todas y cada una de las personas de un bando sean buenas y todas y cada una de las del otro malas. Aunque en mi cabeza (cada uno lleva ahí lo que elige llevar), solo hay un bando que merece mi respeto, apoyo y admiración. Y el otro... delenda est.
En todo caso, no quiero cerrar este artículo sin una nota de optimismo. Va a haber un día que podamos celebrar la memoria de los que ya no están. Sin excusas.
Es algo curioso. Después del tiempo suficiente, uno lo tiene tan interiorizado que termina siendo parte de nuestra personalidad. Las cazas de brujas me parecen un desperdicio de energia; no le veo el sentido. Tampoco entiendo a quién ayuda distraer o tirar cortinas de humo, ni la afición a "crucificar" a gente. No sé, es simplemente algo que no se hace.
Y hoy, pensaba en los militares que están en la guerra de Ucrania. No quiero pensar en los mercenarios, los delincuentes, los criminales de todo tipo... quiero pensar en la gente buena. En la gente que pelea por aquello en lo que cree, por su gente, por lo que considera importante. Y mucha de esa gente va a morir o está muriendo. Cada persona que muere es una historia que se apaga. Alguien que no volverá a ver a sus amigos ni a su familia. Como leí el otro día, "Natalia preferiría abrazar a su padre que a su chaqueta, pero su padre pagó el precio". Dejando de lado textos lacrimosos y emocionantes, quiero pensar que aquellos que mueren y murieron lo hicieron con dignidad. Con orgullo. Que, al igual que no pusieron excusas en vida, no las pondrán cuando les piquen el billete. Y que, esa frase que tanto me molestaba antes y tan humilde me hace sentir ahora "slava ukraina, geroiam slava", es cierta. Porque a veces, para poder seguir adelante, tenemos que decirnos a nosotros mismos que hay cosas que son más grandes que uno mismo. Que hay algo en lo que creer. No porque realmente tengamos pruebas... sino porque nuestra identidad, en parte, se construye sobre esos mitos y certezas.
Quiero incluir una nota, que sé que si la lee alguien me costará muchos problemas, que no creo que absolutamente todas y cada una de las personas de un bando sean buenas y todas y cada una de las del otro malas. Aunque en mi cabeza (cada uno lleva ahí lo que elige llevar), solo hay un bando que merece mi respeto, apoyo y admiración. Y el otro... delenda est.
En todo caso, no quiero cerrar este artículo sin una nota de optimismo. Va a haber un día que podamos celebrar la memoria de los que ya no están. Sin excusas.
martes, 13 de junio de 2023
Sobre el criterio de decisión
Ayer llegué a casa y no tenía ganas de pintar miniaturas. Cosas que pasan. Tengo que reiniciar una rutina que me guste y, ahora mismo, mi prioridad es el crecimiento. Entrenar y estudiar. Quiero formarme, desarrollarme, sentir que avanzo. Incluso en pequeñas cosas. Leer un libro, pasear por un sitio que me guste, planear un viaje. Tomar la iniciativa. Llevo demasiado tiempo sentado, dejando que “la vida pase”, sin que mi propio honor y espíritu aporte cosa alguna. Eso está mal. Pero era necesario. Igual que cuando uno está enfermo debe pasar tiempo en cama recuperándome, yo necesitaba recuperarme. He pasado un proceso de duelo interno bastante largo y difícil y, si lo pienso fríamente, creo que todavía estoy en ello. No es fácil perder una vida que te has construido con mucho esfuerzo y cariño y tener que reiniciarla… pero divago. Vuelvo al tema.
Como decía anteriormente, llegué a casa y no tenía ganas de pintar miniaturas, que es un entretenimiento que forma bastante parte de mi personalidad pero, a su vez, me limita. Hay que entender la difícil barrera entre la afición y la obsesión. En ciudades grandes o sometidos a periodos de mucho estrés, llega un momento en que, como cantaran Heroes del Silencio “el placer es un alivio, el orgasmo un abismo”. Caemos en la búsqueda de más y más de lo que sea, hasta que dejamos de entender porqué lo hacemos. Como el que empieza a hacer deporte para ponerse en forma y acaba obsesionado con lo que come, lo que duerme, lo que hace, y deja de hacerlo para vivir y empieza a vivir para hacerlo. Algo parecido me ha sucedido en varias ocasiones con mis aficiones, dado que mi personalidad tiende a la obsesión. En este caso, me daba respeto ponerme a pintar miniaturas y volver a entrar en una dinámica en la que dedicaba dos-tres horas diarias a eso. Así que lo mire de reojo y lo evité, hasta que a una determinada hora dije “bueno, no tengo nada que hacer… voy a darle una horita”. Y fue eso, una horita.
Y esta mañana, pensando sobre las miniaturas (llevo una introducción más larga que un día sin pan, perdón), me daba cuenta de que en mí compiten dos impulsos, motivados por el exceso de oferta de ocio. Por un lado, el impulso de socializar y ser parte del grupo, de hacer lo que hacen todos para no estar tan solo. Por otro lado, mi individualidad feroz, que exige satisfacción y me impulsa a jugar a lo que a mí me gusta, aunque no tenga con quién. Es un difícil equilibrio entre salir de mi aislamiento, que produce efectos secundarios muy malos (no cuestionarme cosas, exagerar otras, dudar de mí mismo, magnificar emociones…) y “renunciar” a mis deseos, convirtiéndome en una oveja, en una sombra más, en otra parte del engranaje que poco a poco se va disolviendo. ¿Veis lo que os decía sobre el excesivo drama?
Ayer hablaba sobre la identidad cultural. Y sobre como, cuando uno tiene dos orígenes o perspectivas en conflicto, es importante no obsesionarse con ello e ir tomando las decisiones una a una. “Yo nunca como arroz”. A ver, si te apetece no pasa nada. No vas a dejar de ser tu mismo por ello. De hecho, “dejar de ser uno mismo” es bastante difícil, es un proceso largo al que se llega tras demasiadas decisiones consecutivas.
Resumiendo. Me encuentro en un momento de duda, en el que no sé que camino escoger. Y como suelo hacer en esos momentos, creo que voy a concentrarme en ser feliz y dejar que la decisión se tome por si sola. Creo que la vida me mostrará en que dirección debo ir, si estoy lo suficientemente atento para percibir sus señales y procesarlas adecuadamente.
Como decía anteriormente, llegué a casa y no tenía ganas de pintar miniaturas, que es un entretenimiento que forma bastante parte de mi personalidad pero, a su vez, me limita. Hay que entender la difícil barrera entre la afición y la obsesión. En ciudades grandes o sometidos a periodos de mucho estrés, llega un momento en que, como cantaran Heroes del Silencio “el placer es un alivio, el orgasmo un abismo”. Caemos en la búsqueda de más y más de lo que sea, hasta que dejamos de entender porqué lo hacemos. Como el que empieza a hacer deporte para ponerse en forma y acaba obsesionado con lo que come, lo que duerme, lo que hace, y deja de hacerlo para vivir y empieza a vivir para hacerlo. Algo parecido me ha sucedido en varias ocasiones con mis aficiones, dado que mi personalidad tiende a la obsesión. En este caso, me daba respeto ponerme a pintar miniaturas y volver a entrar en una dinámica en la que dedicaba dos-tres horas diarias a eso. Así que lo mire de reojo y lo evité, hasta que a una determinada hora dije “bueno, no tengo nada que hacer… voy a darle una horita”. Y fue eso, una horita.
Y esta mañana, pensando sobre las miniaturas (llevo una introducción más larga que un día sin pan, perdón), me daba cuenta de que en mí compiten dos impulsos, motivados por el exceso de oferta de ocio. Por un lado, el impulso de socializar y ser parte del grupo, de hacer lo que hacen todos para no estar tan solo. Por otro lado, mi individualidad feroz, que exige satisfacción y me impulsa a jugar a lo que a mí me gusta, aunque no tenga con quién. Es un difícil equilibrio entre salir de mi aislamiento, que produce efectos secundarios muy malos (no cuestionarme cosas, exagerar otras, dudar de mí mismo, magnificar emociones…) y “renunciar” a mis deseos, convirtiéndome en una oveja, en una sombra más, en otra parte del engranaje que poco a poco se va disolviendo. ¿Veis lo que os decía sobre el excesivo drama?
Ayer hablaba sobre la identidad cultural. Y sobre como, cuando uno tiene dos orígenes o perspectivas en conflicto, es importante no obsesionarse con ello e ir tomando las decisiones una a una. “Yo nunca como arroz”. A ver, si te apetece no pasa nada. No vas a dejar de ser tu mismo por ello. De hecho, “dejar de ser uno mismo” es bastante difícil, es un proceso largo al que se llega tras demasiadas decisiones consecutivas.
Resumiendo. Me encuentro en un momento de duda, en el que no sé que camino escoger. Y como suelo hacer en esos momentos, creo que voy a concentrarme en ser feliz y dejar que la decisión se tome por si sola. Creo que la vida me mostrará en que dirección debo ir, si estoy lo suficientemente atento para percibir sus señales y procesarlas adecuadamente.
Sobre las decisiones estandarizadas
El otro día leí algo que me sorprendió. Resulta que, hasta mitad del siglo XIX, los zapatos se hacían iguales para ambos pies. Una diferencia tan obvia que ahora nos resulta inconcebible, en aquella época no existía. La gente compraba los zapatos y estos se iban deformando por el uso, hasta tomar la forma del pie. Algo que podría haberse hecho antes, pero supongo que a la gente le parecía un trabajo excesivo. Supongo que como con el tema de las tallas.
Hoy en día, vivimos atrapados en la idea de la estandarización. Todos tenemos que comer lo mismo, vestir lo mismo, pensar lo mismo. Te metes en cualquier red social y hay una presión violenta hacia estandarizarte. Y a la vez, esa presión incide sobre nuestra pereza, un rasgo sumamente desarrollado mediante una doble pinza de agotamiento físico, emocional e intelectual ante una vida de sobreestimulos y expectativas por un lado y, por el otro, un hedonismo cultural que defiende la búsqueda del placer y la omisión del displacer/sufrimiento como las mayores virtudes.
Es absurdo. Siglos de filosofía, religión, cultura, socialización nos enseñan que ese no es el camino de la felicidad. Que todo proceso que se lleva a buen término es uno que puede iniciarse en términos generales pero debe adaptarse a la situación y las circunstancias. Y eso se aplica a todo. Por eso la gente rica va a sastres; porque una camisa “standard” es el primer paso, pero si queremos la excelencia esa camisa debe ser adaptada a mí.
Pero este es un proceso de iluminación. Para llegar a esta idea, primero tenemos que haber intentado otras y equivocarnos. Y aprender de nuestros errores. El proceso de aprendizaje, en su aspecto de “prueba y error” incluye un paso siguiente, el análisis. Si nos equivocamos pero no nos preguntamos porqué… entonces estamos siempre en la casilla de salida, condenados a equivocarnos siempre de la misma manera sin sacar en ningún momento una conclusión positiva.
Aplicado al termino de las relaciones, todo se vuelve muchísimo más complicado, claro. Hay que coordinar a dos personas. Y el problema de dicha coordinación es que, para poder hablar el mismo idioma, deben encontrarse en un punto parecido de desarrollo. Eso es difícil. Y quizás, sea el campo sobre el que más debo trabajar en este momento presente.
Hoy en día, vivimos atrapados en la idea de la estandarización. Todos tenemos que comer lo mismo, vestir lo mismo, pensar lo mismo. Te metes en cualquier red social y hay una presión violenta hacia estandarizarte. Y a la vez, esa presión incide sobre nuestra pereza, un rasgo sumamente desarrollado mediante una doble pinza de agotamiento físico, emocional e intelectual ante una vida de sobreestimulos y expectativas por un lado y, por el otro, un hedonismo cultural que defiende la búsqueda del placer y la omisión del displacer/sufrimiento como las mayores virtudes.
Es absurdo. Siglos de filosofía, religión, cultura, socialización nos enseñan que ese no es el camino de la felicidad. Que todo proceso que se lleva a buen término es uno que puede iniciarse en términos generales pero debe adaptarse a la situación y las circunstancias. Y eso se aplica a todo. Por eso la gente rica va a sastres; porque una camisa “standard” es el primer paso, pero si queremos la excelencia esa camisa debe ser adaptada a mí.
Pero este es un proceso de iluminación. Para llegar a esta idea, primero tenemos que haber intentado otras y equivocarnos. Y aprender de nuestros errores. El proceso de aprendizaje, en su aspecto de “prueba y error” incluye un paso siguiente, el análisis. Si nos equivocamos pero no nos preguntamos porqué… entonces estamos siempre en la casilla de salida, condenados a equivocarnos siempre de la misma manera sin sacar en ningún momento una conclusión positiva.
Aplicado al termino de las relaciones, todo se vuelve muchísimo más complicado, claro. Hay que coordinar a dos personas. Y el problema de dicha coordinación es que, para poder hablar el mismo idioma, deben encontrarse en un punto parecido de desarrollo. Eso es difícil. Y quizás, sea el campo sobre el que más debo trabajar en este momento presente.
lunes, 12 de junio de 2023
Entre la iniciativa y la inercia
Hace un momento venía para casa y pensaba en una frase muy buena, motivada por una queja que escuché esta mañana "ya no saben que hacer para quitarnos el dinero". Y venía pensando que, en el momento en que dejas de empujar a la vida, la vida te empieza a tirar. Y dejas de ser tú quién dirige, quién impulsa, quién organiza y empiezas a ser quién reacciona, quién se defiende... quién está sentado viendo como le pasan cosas, cuando lo único que quiere es que todo siga "como siempre".
No existe un "como siempre". Las cosas son como son ahora. Y seguirán siendo así, hasta que algo o alguien las haga cambiar. Y entonces, serán diferentes. Pensar que tenemos control sobre todo nuestro entorno es absurdo. De repente, llueve mucho. O hace frío. O calor. Las cosas se rompen o se estropean. La gente toma decisiones que no esperamos. Simplemente, el cambio es la única constante de la vida. Pero cuando dejamos de aceptar eso y nos resistimos, hasta el punto del absurdo, pues perdemos el ritmo y el tempo. Y cada vez pasamos a estar más acorralados, más... más lentos.
Envejecer no consiste en cumplir años. Envejecer consiste en dejar de pedalear. Y dejar que los pedales, que llevan inercia, nos sigan empujando un poco más.
No existe un "como siempre". Las cosas son como son ahora. Y seguirán siendo así, hasta que algo o alguien las haga cambiar. Y entonces, serán diferentes. Pensar que tenemos control sobre todo nuestro entorno es absurdo. De repente, llueve mucho. O hace frío. O calor. Las cosas se rompen o se estropean. La gente toma decisiones que no esperamos. Simplemente, el cambio es la única constante de la vida. Pero cuando dejamos de aceptar eso y nos resistimos, hasta el punto del absurdo, pues perdemos el ritmo y el tempo. Y cada vez pasamos a estar más acorralados, más... más lentos.
Envejecer no consiste en cumplir años. Envejecer consiste en dejar de pedalear. Y dejar que los pedales, que llevan inercia, nos sigan empujando un poco más.
sábado, 13 de mayo de 2023
La trampa del orgullo
Nada como sentirse herido y limitado, para darse cuenta de lo absurdas que son nuestras pretensiones y nuestras importancias. El otro día leía que, enfrentados a una enfermedad, la mayoría de la gente altera su percepción de la felicidad. O por decirlo de otra manera, cuando estás en cama con fiebre resulta que no poder comprarte ese teléfono deja de parecerte una tragedía.
En mi dinámica de relaciones, yo suelo ser una persona independiente y autonoma. Suelo ser el que lídera, el que resuelve problemas. No suelo ser el que pide ayuda ni el que se siente dependiente. Pero a veces, pasa. A veces, necesito que me ayuden, que me comprendan, que me apoyen. Y me siento mal cuando estoy en ese momento y reacciono de malas maneras.
Hay que darse espacio. Hay que perdonarse. Y hay que dejar de darle importancia a cosas que no la tienen. Y en ese perdonarse, aceptarse, darse espacio y admitir que tenemos miedo es donde existe el crecimiento. Quiero hacerlo bien, pero no sé hacerlo. Así que voy a seguir el consejo de gente que sabe más que yo y dejarme ayudar.
Voy, sobre todo, a valorar a quién me quiere y me cuida. Que ya sabes quién es, ardilla.
En mi dinámica de relaciones, yo suelo ser una persona independiente y autonoma. Suelo ser el que lídera, el que resuelve problemas. No suelo ser el que pide ayuda ni el que se siente dependiente. Pero a veces, pasa. A veces, necesito que me ayuden, que me comprendan, que me apoyen. Y me siento mal cuando estoy en ese momento y reacciono de malas maneras.
Hay que darse espacio. Hay que perdonarse. Y hay que dejar de darle importancia a cosas que no la tienen. Y en ese perdonarse, aceptarse, darse espacio y admitir que tenemos miedo es donde existe el crecimiento. Quiero hacerlo bien, pero no sé hacerlo. Así que voy a seguir el consejo de gente que sabe más que yo y dejarme ayudar.
Voy, sobre todo, a valorar a quién me quiere y me cuida. Que ya sabes quién es, ardilla.
domingo, 7 de mayo de 2023
Percepción de movimiento
Hace una semana, de vacaciones en Cádiz, pensaba que la vida era maravillosa. Cada día era una aventura y, el que no lo era, era el periodo de descanso. Estaba bien, contento. Me sentía rodeado de gente querida que me quería y, simplemente salir a la calle, hacía que me sintiera bien.
¿Qué ha cambiado en una semana? Principalmente, la perspectiva del presente y el futuro. La idea de que no decido, sino que soy impulsado. El "estrecharse el campo", que hace que cualquier plan se me plantee como demasiado difícil, como demasiado complicado. La constante negativa, que hace que ya casi desista uno de intentarlo, porque no tiene sentido seguir esforzandose.
La percepción de movimiento.
El futuro es ese gran desconocido que tenemos delante. Es lo que hay detrás de la colina y no podemos ni imaginar. Pero si miramos a nuestro alrededor, podemos ver pistas de como será ese futuro. Vemos si la colina tiene bosque o es desertica, si es muy empinada o suave. No podemos dirigir la nave, pero si entender un poco de nuestro entorno. Cuando pensamos en el futuro no como algo que estamos construyendo, sino como algo que nos viene impuesto empiezan los problemas. Que se aumentan cuando, eso que nos viene impuesto, no nos hace felices. Dando por satisfecho los níveles mínimos de la pirámide de Marslow, la felicidad humana se determina en base a su capacidad de decisión. Esa capacidad de decisión tiene una serie de limitadores claros, obvios. Y esos limitadores pueden producir frustración si no se procesan adecuadamente. Cuando nosotros tenemos un poco de idea de adonde vamos, la percepción de movimiento es suave y agradable. No tenemos prisa, porque disfrutamos del viaje. Pero cuando vamos a un sitio que no nos gusta o no vemos a donde vamos, el viaje se puede volver mucho más hostil.
Es necesario trabajar eso. Tenemos que encontrar una forma de procesar nuestras frustraciones que hagan que no renunciemos a la felicidad para ser nosotros mismos, que nos permitan crecer, explorar, sentir. Ser. En ese espacio de crecimiento, donde somos más y no tenemos miedo del futuro, es donde podemos ser felices.
Hay que entender que el futuro es lo que hay ahora y mejor. Y que lo será porque nosotros lo vamos a hacer.
¿Qué ha cambiado en una semana? Principalmente, la perspectiva del presente y el futuro. La idea de que no decido, sino que soy impulsado. El "estrecharse el campo", que hace que cualquier plan se me plantee como demasiado difícil, como demasiado complicado. La constante negativa, que hace que ya casi desista uno de intentarlo, porque no tiene sentido seguir esforzandose.
La percepción de movimiento.
El futuro es ese gran desconocido que tenemos delante. Es lo que hay detrás de la colina y no podemos ni imaginar. Pero si miramos a nuestro alrededor, podemos ver pistas de como será ese futuro. Vemos si la colina tiene bosque o es desertica, si es muy empinada o suave. No podemos dirigir la nave, pero si entender un poco de nuestro entorno. Cuando pensamos en el futuro no como algo que estamos construyendo, sino como algo que nos viene impuesto empiezan los problemas. Que se aumentan cuando, eso que nos viene impuesto, no nos hace felices. Dando por satisfecho los níveles mínimos de la pirámide de Marslow, la felicidad humana se determina en base a su capacidad de decisión. Esa capacidad de decisión tiene una serie de limitadores claros, obvios. Y esos limitadores pueden producir frustración si no se procesan adecuadamente. Cuando nosotros tenemos un poco de idea de adonde vamos, la percepción de movimiento es suave y agradable. No tenemos prisa, porque disfrutamos del viaje. Pero cuando vamos a un sitio que no nos gusta o no vemos a donde vamos, el viaje se puede volver mucho más hostil.
Es necesario trabajar eso. Tenemos que encontrar una forma de procesar nuestras frustraciones que hagan que no renunciemos a la felicidad para ser nosotros mismos, que nos permitan crecer, explorar, sentir. Ser. En ese espacio de crecimiento, donde somos más y no tenemos miedo del futuro, es donde podemos ser felices.
Hay que entender que el futuro es lo que hay ahora y mejor. Y que lo será porque nosotros lo vamos a hacer.
martes, 2 de mayo de 2023
No es ciudad para reyes
El otro día, en Cádiz, tuve una revelación. Una revelación que se convirtió en un audio bastante absurdo que no les molestaré contandole. Basicamente, en el audio, yo venía a decir que la falta de espacio de Cádiz, junto con esa curiosa tradición que es el Carnaval, ha afectado de forma terrible a la estructura social de la ciudad. En el momento en que, por más dinero que tengas, tienes que llevar a tu hijo al mismo colegio que lo lleva el resto de la gente - más que nada, porque no hay otro -, que la plaza donde llevas a tus niños a que jueguen es la misma -porque o coges el coche y sales de la ciudad, o es la que hay -, y la vida común de la ciudad te persigue, no tienes más remedio que participar de ella y ser parte de la ciudad. El espacio compartido, en una forma que me imagino debe ser más similar a las sociedades antiguas que a las actuales, "restringe" las diferencias de clase. De forma que las interacciones sociales son obligatorias y uno no puede "deshumanizar" al otro, por el constante roce. Así mismo, las clases "inferiores" son de natural rebelde, pues le ven las costuras al poder. Es muy difícil considerar como "más grande que la vida" a un alcalde, cuando el alcalde vive en la calle de al lado y, si su equipo pierde, maldice como cualquier hijo de vecino.
Así mismo, si hablamos del Carnaval, es una festividad centrada en la creatividad, la subversión y la relajación del orden. Lo que hace que, sin ningún tipo de problema, un directivo de un centro de salud pueda cantar con un reponedor de un supermercado y luego irse de cervezas. Lo que, como decía anteriormente, "encoge el campo" y hace que las interacciones sociales derriben prejuicios en un espacio tan pequeño y concentrado.
Eso hace que la cultura gaditana sea un tanto incomóda y es, probablemente, el orígen de tanta creatividad en la ciudad. También el escaso poder adquisitivo ha limitado su acceso a la cultura, ojo. Este texto no es una adoración de Cádiz. Pero si me resulta curioso que, la disposición geográfica, haya condicionado de esa forma la cultura y me parece un tema interesante para reflexión.
Así mismo, si hablamos del Carnaval, es una festividad centrada en la creatividad, la subversión y la relajación del orden. Lo que hace que, sin ningún tipo de problema, un directivo de un centro de salud pueda cantar con un reponedor de un supermercado y luego irse de cervezas. Lo que, como decía anteriormente, "encoge el campo" y hace que las interacciones sociales derriben prejuicios en un espacio tan pequeño y concentrado.
Eso hace que la cultura gaditana sea un tanto incomóda y es, probablemente, el orígen de tanta creatividad en la ciudad. También el escaso poder adquisitivo ha limitado su acceso a la cultura, ojo. Este texto no es una adoración de Cádiz. Pero si me resulta curioso que, la disposición geográfica, haya condicionado de esa forma la cultura y me parece un tema interesante para reflexión.
Cartas radioactivas
Hace un par de meses, en mi trabajo, hubo una situación muy desagradable que "explotó" con un email. Ese email lo imprimí y lo tengo en mi mesa, como recordatorio del carácter de determinadas personas. Por si se me olvida. Es una forma de advertencia, pero es una forma de advertencia dolorosa.
Hoy, repasando carpetas de fotos y recuerdos me he encontrado algo similar. Un email, muy ofensivo, que me mandó una persona a la que apreciaba mucho. Y en cierto sentido, ese email tiene el mismo carácter que el que está sobre mi mesa. Esos emails son escarificaciones, cicatrices, marcas de dolor que te recuerdan que algo pasó, para que nunca llegues a confiar del todo. Es algo parecido a un arnés; algo antinatural e incomódo, que condiciona tu comportamiento y tu postura, de forma que nunca te llegues a poner del todo derecho.
Lo entiendo. Tiene sentido. Pero la gente, las dinamicas y las situaciones, cambian. Y mantener esa desconfianza, ese... "dolor embotellado", no creo que sea bueno. Aprender a exponerse demasiado, a evitar situaciones en las que los puedan lastimar a uno... eso es importante. Conocer el carácter de la gente. Pero no creo que sea necesario esa forma de castigo. No quiero convertirme en una persona que, un día cualquiera, diga "claro, no puedo confiar en esta persona, porque hace dos años y tres meses me dijo...". Eso es venenoso. Te deforma por dentro.
miércoles, 12 de abril de 2023
La iniciativa de la soledad
Estaba pensando que, si yo no pongo un pie delante de otro, nadie me anima. En cierto sentido, he creado una dinámica en la cual yo soy el que hace que pasen cosas. Para todo. Yo busco una solución a este problema, yo hablo con gente sobre como hacer esto, yo empiezo... e incluso cuando me apunto a un proyecto conjunto, el proyecto acaba yendo a una velocidad que me atasca.
Y finalmente, me quedo solo. Me quedo solo, porque en un momento dado me canso de empujar y no recibir, de estar al margen, de verlo desde la barrera. Y en ese momento, me doy cuenta de que yo soy culpable de esta situación. Yo he permitido que me acorrale, yo he dejado que se me escape.
Y tengo que reiniciar. Y ni siquiera sé como.
Y finalmente, me quedo solo. Me quedo solo, porque en un momento dado me canso de empujar y no recibir, de estar al margen, de verlo desde la barrera. Y en ese momento, me doy cuenta de que yo soy culpable de esta situación. Yo he permitido que me acorrale, yo he dejado que se me escape.
Y tengo que reiniciar. Y ni siquiera sé como.
viernes, 31 de marzo de 2023
El difícil equilibrio entre la individualidad y la responsabilidad
Cada vez que establecemos una nueva relación con alguien, establecemos compromisos. Todo encuentro social conlleva un cierto "contrato", basado en una serie de premisas sociales y de nuestra personalidad. Si quedamos para cenar, se espera que seamos puntuales, que se acuerde un sitio... etc. Si organizamos una quedada con amigos, se entiende que se pasará la lista de invitados a todos los participantes.
Eso se aplica a cada ámbito de la vida. En el trabajo, debemos realizar nuestra tarea pero también colaborar en las tareas de los demás. Con nuestra familia, somos responsables de su desarrollo además del nuestro. En cada relación que establecemos existe ese intercambio, en el que damos y recibimos. Y a veces, se producen desequilibrios, dependiendo del carácter de cada uno de nosotros.
En mi caso, ese desequilibrio suele venir por una sobreestimación de mis capacidades o por una generosidad mal entendida. Suelo entender que puedo dar más de lo que realmente soy capaz de dar, o qué tengo la "obligación" de dar más. En algunos casos surge de complejos e inseguridades (si no doy mi 100%, fracasaré), en otros casos de un concepto equivocado de liderazgo o de compañerismo o de lealtad.
La conclusión, siempre es la misma. Cuando queremos dar más de lo que podemos, nos equivocamos. Nos lastimamos a nosotros mismos y lastimamos a otra gente en el proceso. No es malo reservarse, no es malo priorizarse, no es malo establecer límites y compromisos. No es malo entender que, la felicidad de los demás, también pasa por nuestra felicidad. El exceso de empatía es tan malo como su deficit.
En estos días he tenido que reflexionar bastante sobre esto. Sobre qué quiero y qué espero. Sobre que doy y que recibo. Sobre que quiero recibir. Y he llegado a algunas conclusiones interesantes. La primera, es que no es necesario establecer objetivos y límites. Es necesario entender quién marca el camino a seguir y quién sigue, cual es el flujo de la autoridad y la iniciativa en toda relación. Quién lidera y como se puede producir un relevo de liderazgo. La segunda que he sacado, es que existe una auditoria moral constante conmigo mismo. ¿Estoy haciendo lo que creo que debo hacer para mí mismo y para los demás? Aunque pueda dar más... ¿debo hacerlo? ¿A quién beneficia esto, a mi ego o a la relación? La tercera, y esta es importante, es que se considera un exceso y como se reajusta en caso de que se produzca.
Realmente, el equilibrio entre individualidad y responsabilidad no es tan difícil. Consiste en entendernos a nosotros mismos y donde están nuestros límites. Y una vez lo entendemos, "quitarle una vuelta". De forma que no solo estemos trabajando dentro de nuestras capacidades, sino que lo estemos haciendo comodos. Una vez entendemos eso, todo es más fácil.
Eso se aplica a cada ámbito de la vida. En el trabajo, debemos realizar nuestra tarea pero también colaborar en las tareas de los demás. Con nuestra familia, somos responsables de su desarrollo además del nuestro. En cada relación que establecemos existe ese intercambio, en el que damos y recibimos. Y a veces, se producen desequilibrios, dependiendo del carácter de cada uno de nosotros.
En mi caso, ese desequilibrio suele venir por una sobreestimación de mis capacidades o por una generosidad mal entendida. Suelo entender que puedo dar más de lo que realmente soy capaz de dar, o qué tengo la "obligación" de dar más. En algunos casos surge de complejos e inseguridades (si no doy mi 100%, fracasaré), en otros casos de un concepto equivocado de liderazgo o de compañerismo o de lealtad.
La conclusión, siempre es la misma. Cuando queremos dar más de lo que podemos, nos equivocamos. Nos lastimamos a nosotros mismos y lastimamos a otra gente en el proceso. No es malo reservarse, no es malo priorizarse, no es malo establecer límites y compromisos. No es malo entender que, la felicidad de los demás, también pasa por nuestra felicidad. El exceso de empatía es tan malo como su deficit.
En estos días he tenido que reflexionar bastante sobre esto. Sobre qué quiero y qué espero. Sobre que doy y que recibo. Sobre que quiero recibir. Y he llegado a algunas conclusiones interesantes. La primera, es que no es necesario establecer objetivos y límites. Es necesario entender quién marca el camino a seguir y quién sigue, cual es el flujo de la autoridad y la iniciativa en toda relación. Quién lidera y como se puede producir un relevo de liderazgo. La segunda que he sacado, es que existe una auditoria moral constante conmigo mismo. ¿Estoy haciendo lo que creo que debo hacer para mí mismo y para los demás? Aunque pueda dar más... ¿debo hacerlo? ¿A quién beneficia esto, a mi ego o a la relación? La tercera, y esta es importante, es que se considera un exceso y como se reajusta en caso de que se produzca.
Realmente, el equilibrio entre individualidad y responsabilidad no es tan difícil. Consiste en entendernos a nosotros mismos y donde están nuestros límites. Y una vez lo entendemos, "quitarle una vuelta". De forma que no solo estemos trabajando dentro de nuestras capacidades, sino que lo estemos haciendo comodos. Una vez entendemos eso, todo es más fácil.
viernes, 24 de marzo de 2023
Sobre grandes hombres y hombres grandes
Hace un rato empezamos a hablar un amigo y yo sobre Marco Aurelio. Y sobre la virtud moral de los gobernantes. Es un tema habitual, casi recurrente, en mis conversaciones con gente sobre política sobre donde reside el poder y la voluntad del mismo. Por regla general los españoles, herederos de un sistema autoritario y con muy pocos ejemplos de participación real de la toma de decisiones en nuestra historia, tendemos a pensar que el poder viene de arriba y se ejecuta abajo. Como sociedad aristocrática, tendemos a dividir a las personas en virtuosas y nocivas y establecer una relación directa entre la vida personal y la profesional, considerando que la moral es un requisito imprescindible del rendimiento. Esto puede tener su origen en la religión, un elemento fundamental de nuestra cultura durante siglos, que vincula la virtud a determinadas conductas y la censura a otras. En nuestro ideario colectivo, ser y estar se solapan, de forma que una persona que actua de forma despistada ES despistada y por tanto nociva.
Eso no es así en todas las sociedades. Y dado que la ética tampoco es una constante histórica, lo que ahora se considera virtuoso en otro momento será un defecto. Este requisito de "aparentar" virtud, limita mucho la capacidad para efectivamente ejercer virtud, de tal forma que nos vemos obligados a hacer un esfuerzo extra. Citando a los clásicos, "la mujer de Cesar no solo debe ser virtuosa, sino también parecerlo".
No obstante lo cual, el riesgo de la hipocresía siempre se encuentra presente a la hora de encontrar una definición de virtud. Llendonos a un ejemplo extremo, si durante el período victoriano la moral reproductiva hubiera sido de aplicación, la sociedad se habría extinguido por falta de sexo. Consideramos que nuestros líderes deben ser ajenos a la corrupción, cuando nosotros no lo somos. E incluso aunque lo fueramos, la naturaleza humana contiene en si misma las semillas de su caída. El ser humano falla. Y un sistema bueno es aquel que contiene redundancias y soluciones, "sistemas" para que cuando se produzca el fallo, este sea remediable. Al hilo de mi anterior artículo, ignorar la naturaleza humana forzando a la gente a dejar de serlo solo puede acabar mal.
Una de las grandes ventajas de la República estadounidense es su cinismo. La primera constitución de EEUU se construye tomando como base la república romana y lo hace estableciendo sistemas de control y grupos opuestos, obligados a enfrentarse para poder ejecutar sus funciones. Este enfoque es uno que no espera que sus líderes sean virtuosos, sino todo lo contrario. Espera que sus líderes sean corruptos y perversos, pero los obliga a comportarse como líderes virtuosos bajo la supervisión de sus supervisados.
Porque ese es el siguiente elemento. La autoridad o el poder son ficciones. Un hombre que le dice a otro "sientate" será obedecido si el otro entiende que debe hacerlo. El principio de autoridad es un principio social; surge como respuesta a una violencia presente o futura. La forma y configuración de esa violencia es el elemento fundamental del sistema, siendo así que las dictaduras son aquellos sistemas en que la violencia es más evidente y los sistemas "liberales" aquellos en que esta es más sútil o indirecta. Pero, citando a los Monty Python en aquella maravillosa escena del campesino anarquista "¡ La violencia inherente al sistema ! ".
Pero divago. Lo que quería decir en este último parrafo es que, siendo la autoridad un principio social, este debe educarse y aceptarse. El contrato social de Rosseau se construye sobre ese elemento; yo cedo mi capacidad de decisión a cambio de ventajas. Un ejemplo buenísimo es el estado feudal; el campesino cede su libertad económica a cambio de protección militar. En nuestras sociedades actuales, aquel que ejerce la autoridad de gobierno lo hace con un poder "prestado". Los ciudadanos ceden la capacidad de tomar decisiones a determinados individuos. Y estos individuos son elegidos, no en base a virtudes personales, sino a principios generales y acuerdos amplios. Por así decirlo, yo no estoy contratando a alguien con quién me gustaría que se casara mi hija, sino a un albañil del que tengo buenas referencias.
Vamos con el siguiente elemento. Esto sería así en entornos de decisión directa, donde efectivamente elegimos un dirigente. La relación sería la siguiente: el dirigente presenta sus referencias (sus "antecedentes" o su "Curriculum"), así como un programa (un plan de obra). De ambos podemos inferir una posible evolución ante los imprevistos. Así mismo, en caso de graves incongruencias o fallos críticos, el sistema debe poseer metodos para reemplazar un dirigente incompetente. Moción de censura, denuncia judicial... etc. Pero el sistema tiene que protegerse a sí mismo.
Esto puede ser así en sistemas de representación donde se elige a un representante y existe correlación directa entre la población y la economía. Pongamos un ejemplo extremo, un país productor de alimentos poco industrializado. O un país escasamente poblado con amplitud de recursos naturales. En un país así, el dirigente será responsable directo del bienestar ciudadano, dependerá de su aprobación para seguir ejerciendo y una disrupción grave de la estabilidad o la confianza tendrá consecuencias directas muy obvias. Ese es un sistema en el cual la supervisión ciudadana del gobernante es casi automática, de una forma orgánica. Pero ese es un caso idealizado. En las sociedades modernas la economía es multidisciplinar, la población suele ser superior a los recursos naturales disponibles y la acumulación de capital produce una estratificación de la sociedad en capas. Lo que nos lleva al ejemplo contrario. Pongamos una sociedad dictatorial, en la cual la economía depende de la extracción de recursos naturales, en un lugar con una población amplia. Esta población deberá ser manipulada por la élite económica, que no depende de ella para mantener su status. En ese caso, el dirigente es una figura de papel, colocada por las élites para mantener el control (recordemos que el elemento fundamental de las dictadoras es la estabilidad; nacen y mueren por ella y miden su éxito en base a su capacidad para mantenerla). En una sociedad así, el valor del dirigente está más relacionado con las relaciones públicas que con el ejercicio del poder, pues este se encuentra en manos de las élites económicas, que no necesitan de la población.
Resumiendo. Las virtudes personales que podemos atribuir a alguien en el día a día no son necesariamente aplicables a aquellos que ejercen labor de gobierno. Y la labor de gobierno, como tal, es el resultado de una serie de procesos sociales que terminan influyendo en el individuo. El gobernante, por regla general, no es más que el producto de su sociedad, si bien dicha sociedad es inconsciente de dicha evolución hasta que cristaliza. Decía el general McChrystal que el buen lider es como un jardinero, que permite que los procesos evolucionen orgánicamente en la dirección que el pretende. Pero esto es así solo en entornos que lo permiten. Al ser tan variada la experiencia humana, podemos entender que grandes hombres y hombres grandes son elementos totalmente distintos, forjados por su entorno y su carácter, en contraste con la idea que dice que se hacen a si mismos.
Eso no es así en todas las sociedades. Y dado que la ética tampoco es una constante histórica, lo que ahora se considera virtuoso en otro momento será un defecto. Este requisito de "aparentar" virtud, limita mucho la capacidad para efectivamente ejercer virtud, de tal forma que nos vemos obligados a hacer un esfuerzo extra. Citando a los clásicos, "la mujer de Cesar no solo debe ser virtuosa, sino también parecerlo".
No obstante lo cual, el riesgo de la hipocresía siempre se encuentra presente a la hora de encontrar una definición de virtud. Llendonos a un ejemplo extremo, si durante el período victoriano la moral reproductiva hubiera sido de aplicación, la sociedad se habría extinguido por falta de sexo. Consideramos que nuestros líderes deben ser ajenos a la corrupción, cuando nosotros no lo somos. E incluso aunque lo fueramos, la naturaleza humana contiene en si misma las semillas de su caída. El ser humano falla. Y un sistema bueno es aquel que contiene redundancias y soluciones, "sistemas" para que cuando se produzca el fallo, este sea remediable. Al hilo de mi anterior artículo, ignorar la naturaleza humana forzando a la gente a dejar de serlo solo puede acabar mal.
Una de las grandes ventajas de la República estadounidense es su cinismo. La primera constitución de EEUU se construye tomando como base la república romana y lo hace estableciendo sistemas de control y grupos opuestos, obligados a enfrentarse para poder ejecutar sus funciones. Este enfoque es uno que no espera que sus líderes sean virtuosos, sino todo lo contrario. Espera que sus líderes sean corruptos y perversos, pero los obliga a comportarse como líderes virtuosos bajo la supervisión de sus supervisados.
Porque ese es el siguiente elemento. La autoridad o el poder son ficciones. Un hombre que le dice a otro "sientate" será obedecido si el otro entiende que debe hacerlo. El principio de autoridad es un principio social; surge como respuesta a una violencia presente o futura. La forma y configuración de esa violencia es el elemento fundamental del sistema, siendo así que las dictaduras son aquellos sistemas en que la violencia es más evidente y los sistemas "liberales" aquellos en que esta es más sútil o indirecta. Pero, citando a los Monty Python en aquella maravillosa escena del campesino anarquista "¡ La violencia inherente al sistema ! ".
Pero divago. Lo que quería decir en este último parrafo es que, siendo la autoridad un principio social, este debe educarse y aceptarse. El contrato social de Rosseau se construye sobre ese elemento; yo cedo mi capacidad de decisión a cambio de ventajas. Un ejemplo buenísimo es el estado feudal; el campesino cede su libertad económica a cambio de protección militar. En nuestras sociedades actuales, aquel que ejerce la autoridad de gobierno lo hace con un poder "prestado". Los ciudadanos ceden la capacidad de tomar decisiones a determinados individuos. Y estos individuos son elegidos, no en base a virtudes personales, sino a principios generales y acuerdos amplios. Por así decirlo, yo no estoy contratando a alguien con quién me gustaría que se casara mi hija, sino a un albañil del que tengo buenas referencias.
Vamos con el siguiente elemento. Esto sería así en entornos de decisión directa, donde efectivamente elegimos un dirigente. La relación sería la siguiente: el dirigente presenta sus referencias (sus "antecedentes" o su "Curriculum"), así como un programa (un plan de obra). De ambos podemos inferir una posible evolución ante los imprevistos. Así mismo, en caso de graves incongruencias o fallos críticos, el sistema debe poseer metodos para reemplazar un dirigente incompetente. Moción de censura, denuncia judicial... etc. Pero el sistema tiene que protegerse a sí mismo.
Esto puede ser así en sistemas de representación donde se elige a un representante y existe correlación directa entre la población y la economía. Pongamos un ejemplo extremo, un país productor de alimentos poco industrializado. O un país escasamente poblado con amplitud de recursos naturales. En un país así, el dirigente será responsable directo del bienestar ciudadano, dependerá de su aprobación para seguir ejerciendo y una disrupción grave de la estabilidad o la confianza tendrá consecuencias directas muy obvias. Ese es un sistema en el cual la supervisión ciudadana del gobernante es casi automática, de una forma orgánica. Pero ese es un caso idealizado. En las sociedades modernas la economía es multidisciplinar, la población suele ser superior a los recursos naturales disponibles y la acumulación de capital produce una estratificación de la sociedad en capas. Lo que nos lleva al ejemplo contrario. Pongamos una sociedad dictatorial, en la cual la economía depende de la extracción de recursos naturales, en un lugar con una población amplia. Esta población deberá ser manipulada por la élite económica, que no depende de ella para mantener su status. En ese caso, el dirigente es una figura de papel, colocada por las élites para mantener el control (recordemos que el elemento fundamental de las dictadoras es la estabilidad; nacen y mueren por ella y miden su éxito en base a su capacidad para mantenerla). En una sociedad así, el valor del dirigente está más relacionado con las relaciones públicas que con el ejercicio del poder, pues este se encuentra en manos de las élites económicas, que no necesitan de la población.
Resumiendo. Las virtudes personales que podemos atribuir a alguien en el día a día no son necesariamente aplicables a aquellos que ejercen labor de gobierno. Y la labor de gobierno, como tal, es el resultado de una serie de procesos sociales que terminan influyendo en el individuo. El gobernante, por regla general, no es más que el producto de su sociedad, si bien dicha sociedad es inconsciente de dicha evolución hasta que cristaliza. Decía el general McChrystal que el buen lider es como un jardinero, que permite que los procesos evolucionen orgánicamente en la dirección que el pretende. Pero esto es así solo en entornos que lo permiten. Al ser tan variada la experiencia humana, podemos entender que grandes hombres y hombres grandes son elementos totalmente distintos, forjados por su entorno y su carácter, en contraste con la idea que dice que se hacen a si mismos.
Ayn Rand y Marx
Hace un momento estaba comentando con un amigo una cita de Asimov. Aquella que dice "... nutrida por la falsa noción de que la democracia significa: mi ignorancia es tan buena como tu conocimiento". El caso es que he pensado en Asimov y en Ayn Rand, elementos surgidos "a pesar de" la Revolución de Octubre en la Unión Soviética. Herederos de una cultura enorme, de una minoria intelectual formada en unos valores muy concretos en un entorno salvaje que, de repente, dejó de existir. Como hijos de pianistas de élite criados en un entorno donde a los malos músicos los sacrificaban, a los que de repente trasladan a un bosque, Rand y Asimov tuvieron que reinventarse y adaptarse. Ambos son genios, creadores de obras fantásticas en un entorno muy hostil a su carácter y su forma de vida.
Pero este artículo no trata sobre eso. Quería reflexionar sobre "El Manantial", esa obra de Rand que es un libro de culto en Ucrania y otros países, antaño comunistas. "El Manantial" es un culto al individuo contra la sociedad y uno de los hitos fundamentales en la ideología de Rand, que es el estandarte del liberalismo. Rand defendía la fortaleza del genio individual contra el deseo de satisfacer de la masa, ese monstruo horrible. Así mismo, Rand condenaba al Estado, considerandolo una herramienta uniformadora que destruía el talento humano.
En su tercera edad, Rand contrajo una grave enfermedad y se vio obligada a solicitar ayuda social. El Estado, que tanto despreciaba, le proporcionó cuidados y apoyo durante años hasta que finalmente falleció.
¿Por qué menciono a Marx en este artículo? Karl Marx pertenecía al mismo grupo que Asimov y Rand, si bien los separaba un siglo. Al igual que Rand, Marx desarrolló una intensisima labor intelectual y elaboró obras literarias de gran calidad. Al contrario que Rand, Marx defendía al Estado como limitador de abusos y denunciaba la maldad del individuo. De igual forma que Hobbes y Rosseau se enfrentan por la cuestión del origen de la bondad humana (uno dice que la socialización es el origen de la bondad, siendo el ser humano por naturaleza perverso y otro dice lo contrario), Rand y Marx aportan signos antagonistas al conflicto inherente a la interacción social humana. Marx dice que dicha relación consiste en dominados y dominadores y Rand la sitúa en terminos similares al superhombre nihilista contra el sacerdote. Si bien en el caso de Rand el monstruo es el Estado, en el de Marx el monstruo es una clase capitalista explotadora, que no produce sino solo posee, y que expolia el trabajo de hombres mejores que ellos.
Marx vivió toda su vida pensionado por diferentes amigos capitalistas. No realizó ningún trabajo manual en su vida.
Tanto Marx como Rand, comparten un elemento que me resulta fascinante y es el motivo de este artículo. Ambos fueron profetas de religiones que no pudieron llegar a conocer y que, de haberlo hecho, probablemente les habrían horrorizados. Ambos pregonaban formas de socialización que ignoraban aspectos fundamentales de la naturaleza humana (como la codicia, el egoísmo, el nepotismo o la senilidad), pero que en su radicalidad, en su absoluto, resultan extremandamente atractivas. Esa simplificación, que tanto fascina a personas que no están dispuestas a profundizar en una línea de pensamiento (hay una Ley de Murphy que dice "Todo hombre está dispuesto a morir por una idea, siempre y cuando no la tenga demasiado clara") es el elemento fundamental de las religiones (y las guerras de religión) que posteriormente surgirían de estos dos profetas.
Voy a hacer un apunte curioso. Es el entorno, siempre, el que condiciona las formas de organización humana. Los primeros estados que surgen en Mesopotamia lo hacen en torno a un elemento fundamental para la supervivencia; el regadío. Un ser humano no se agrupa con otros seres humanos por un sentimiento o una idea... sino por algo que está inserto en nuestro codigo genético; la necesidad de cooperar para multiplicar esfuerzos. Un tema recurrente en este blog, la Globalización, surge por una mera cuestión de eficiencia. Detrás de cada cambio tecnológico hay un deseo de mejorar, un deseo ajeno a consideraciones éticas y morales, que, al igual que las religiones, deben pasar por el crisol de su aplicación práctica.
No quiero terminar este artículo sin hacer una reflexión que creo es interesante. La filosofía (que es la rama de Marx y de Rand, por mucho que algunos quieran considerar que lo son las Ciencias Políticas), es un entorno eminentemente teórico. Es el suelo en el que se siembran las ídeas. La política, por el contrario, es un entorno eminentemente práctico. Al igual que el Derecho, la política consiste en el arte de establecer compromisos, delimitado por las realidades, el lenguaje y la voluntad. Es decir, que la política es eminentemente práctica. Ambas deberían existir en convivencia, pero constamentemente fiscalizadas y puestas en duda. Si no, como dijera Goya, nos encontraremos con que el sueño de la razón produce monstruos.
Pero este artículo no trata sobre eso. Quería reflexionar sobre "El Manantial", esa obra de Rand que es un libro de culto en Ucrania y otros países, antaño comunistas. "El Manantial" es un culto al individuo contra la sociedad y uno de los hitos fundamentales en la ideología de Rand, que es el estandarte del liberalismo. Rand defendía la fortaleza del genio individual contra el deseo de satisfacer de la masa, ese monstruo horrible. Así mismo, Rand condenaba al Estado, considerandolo una herramienta uniformadora que destruía el talento humano.
En su tercera edad, Rand contrajo una grave enfermedad y se vio obligada a solicitar ayuda social. El Estado, que tanto despreciaba, le proporcionó cuidados y apoyo durante años hasta que finalmente falleció.
¿Por qué menciono a Marx en este artículo? Karl Marx pertenecía al mismo grupo que Asimov y Rand, si bien los separaba un siglo. Al igual que Rand, Marx desarrolló una intensisima labor intelectual y elaboró obras literarias de gran calidad. Al contrario que Rand, Marx defendía al Estado como limitador de abusos y denunciaba la maldad del individuo. De igual forma que Hobbes y Rosseau se enfrentan por la cuestión del origen de la bondad humana (uno dice que la socialización es el origen de la bondad, siendo el ser humano por naturaleza perverso y otro dice lo contrario), Rand y Marx aportan signos antagonistas al conflicto inherente a la interacción social humana. Marx dice que dicha relación consiste en dominados y dominadores y Rand la sitúa en terminos similares al superhombre nihilista contra el sacerdote. Si bien en el caso de Rand el monstruo es el Estado, en el de Marx el monstruo es una clase capitalista explotadora, que no produce sino solo posee, y que expolia el trabajo de hombres mejores que ellos.
Marx vivió toda su vida pensionado por diferentes amigos capitalistas. No realizó ningún trabajo manual en su vida.
Tanto Marx como Rand, comparten un elemento que me resulta fascinante y es el motivo de este artículo. Ambos fueron profetas de religiones que no pudieron llegar a conocer y que, de haberlo hecho, probablemente les habrían horrorizados. Ambos pregonaban formas de socialización que ignoraban aspectos fundamentales de la naturaleza humana (como la codicia, el egoísmo, el nepotismo o la senilidad), pero que en su radicalidad, en su absoluto, resultan extremandamente atractivas. Esa simplificación, que tanto fascina a personas que no están dispuestas a profundizar en una línea de pensamiento (hay una Ley de Murphy que dice "Todo hombre está dispuesto a morir por una idea, siempre y cuando no la tenga demasiado clara") es el elemento fundamental de las religiones (y las guerras de religión) que posteriormente surgirían de estos dos profetas.
Voy a hacer un apunte curioso. Es el entorno, siempre, el que condiciona las formas de organización humana. Los primeros estados que surgen en Mesopotamia lo hacen en torno a un elemento fundamental para la supervivencia; el regadío. Un ser humano no se agrupa con otros seres humanos por un sentimiento o una idea... sino por algo que está inserto en nuestro codigo genético; la necesidad de cooperar para multiplicar esfuerzos. Un tema recurrente en este blog, la Globalización, surge por una mera cuestión de eficiencia. Detrás de cada cambio tecnológico hay un deseo de mejorar, un deseo ajeno a consideraciones éticas y morales, que, al igual que las religiones, deben pasar por el crisol de su aplicación práctica.
No quiero terminar este artículo sin hacer una reflexión que creo es interesante. La filosofía (que es la rama de Marx y de Rand, por mucho que algunos quieran considerar que lo son las Ciencias Políticas), es un entorno eminentemente teórico. Es el suelo en el que se siembran las ídeas. La política, por el contrario, es un entorno eminentemente práctico. Al igual que el Derecho, la política consiste en el arte de establecer compromisos, delimitado por las realidades, el lenguaje y la voluntad. Es decir, que la política es eminentemente práctica. Ambas deberían existir en convivencia, pero constamentemente fiscalizadas y puestas en duda. Si no, como dijera Goya, nos encontraremos con que el sueño de la razón produce monstruos.
sábado, 25 de febrero de 2023
Ya hace un año
Ya hace un año que empezó la guerra de Ucrania. Para algunos de nosotros, es algo que nos cambió la vida. Para otro, solo son noticias. Otra guerra en nuestro Limes, que podemos permitir dejar de ver mientras cambiamos de canal, elegimos a donde iremos a cenar o planeamos nuestras vacaciones. Otro aspecto de fondo de nuestra vida.
Para otros, no es así. El 24 de Febrero es el día que cambió todo. A partir de ese momento, nuestros planes y nuestra iniciativa dejaron de ser nuestros. Empezamos a reaccionar, a defendernos. La vida dejó de mirar hacia delante y empezó a enroscarse sobre sí misma. En cierto sentido, el 24 de Febrero se apagaron las luces.
No sé lo que vendrá más adelante. Estoy en ese punto en el que deciamos, no sé que quiero, no sé a donde voy, no sé que hay después. Y creo que me he acomodado a ello. Por primera vez en meses, no tengo nada que hacer. Ni juegos, ni libros, ni miniaturas... nada. Y tampoco está mal. Aunque no debería ser así, pero esto también me lo quitaron hace un año.
Cuidaros. Estad bien, quereros mucho, apoyaros. Ojalá vengan tiempos mejores.
Para otros, no es así. El 24 de Febrero es el día que cambió todo. A partir de ese momento, nuestros planes y nuestra iniciativa dejaron de ser nuestros. Empezamos a reaccionar, a defendernos. La vida dejó de mirar hacia delante y empezó a enroscarse sobre sí misma. En cierto sentido, el 24 de Febrero se apagaron las luces.
No sé lo que vendrá más adelante. Estoy en ese punto en el que deciamos, no sé que quiero, no sé a donde voy, no sé que hay después. Y creo que me he acomodado a ello. Por primera vez en meses, no tengo nada que hacer. Ni juegos, ni libros, ni miniaturas... nada. Y tampoco está mal. Aunque no debería ser así, pero esto también me lo quitaron hace un año.
Cuidaros. Estad bien, quereros mucho, apoyaros. Ojalá vengan tiempos mejores.
domingo, 12 de febrero de 2023
Gente que suma
Llevo un par de días plantenadome la diferencia que supone el entorno en nuestra vida. Igual que el hecho de que haga mucho frio o no haya luz nos deprime y oscurece, el tener conflictos constantes en nuestro entorno (sea de trabajo, familiar, social... ) también nos "roba" la energía. Nos quita fuerza y nos echa abajo. Y al igual que sucede con determinados elementos que pueden cambiar totalmente una situación (una determinada canción, una planta que nos encontramos cuando no esperamos verla, "algo"), existe gente que es capaz de modificar su entorno totalmente.
Ojo, no hablo de gente "espectacular". En un curso que me dieron sobre redes sociales nos explicaron que, en todo entorno, existe esa persona que parece que no está, pero cuando se va todo se descontrola. Seguro que todos conocéis a alguien así. Y en mi entorno, están empezando a desaparecer. Y se nota. Se nota muchísimo cuando piensas que, cuando el tornillo apriete, no vas a poder acudir a ellos para que te echen un cable, te cuenten un chiste, te hagan reír o te den una solución. O simplemente compartan contigo el mal rato.
Valorados. Porque cuando no estén, lo haréis.
Ojo, no hablo de gente "espectacular". En un curso que me dieron sobre redes sociales nos explicaron que, en todo entorno, existe esa persona que parece que no está, pero cuando se va todo se descontrola. Seguro que todos conocéis a alguien así. Y en mi entorno, están empezando a desaparecer. Y se nota. Se nota muchísimo cuando piensas que, cuando el tornillo apriete, no vas a poder acudir a ellos para que te echen un cable, te cuenten un chiste, te hagan reír o te den una solución. O simplemente compartan contigo el mal rato.
Valorados. Porque cuando no estén, lo haréis.
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