viernes, 26 de abril de 2013

Adios, palas de primero


Acabo de dejar en la mesa del dormitorio las palas de primero, junto a las divisas de la Anea, de la federación de futbol portuguesa y el escudo de Austria. Todas estas irán cayendo poco a poco en mi guerrera llena de parches del ejército de tierra, mientras que las de primero se van a quedar ahí cogiendo polvo, hasta que vayan al cajón de "recuerdos militares" que tengo en Cádiz. Ahí se quedarán con la cuchara de plastico firmada por Domin, el cocinero de mi barco, mi reventadisima gorra del Malaspina, el mandril-mascota de mi sollado -que ocupa un puesto de honor ahora mismo en el CiC de mi casa en Ferrol- y tantas otras cosas. A pesar de decir ayer que confundimos los simbolos con su significado, yo soy una persona muy de gestos y señales. Me gustan, aunque tengo claro que lo importante es lo que vivimos, no la foto que nos echamos para recordarlo.
Quizás por eso, las palas de primero se van a quedar ahí sin pena ni gloria. En casa tengo tres o cuatro pares de galones de marinero. Los gané con esfuerzo y los mantuve con orgullo y honor. Cumplí con mi trabajo, no falté a mis compañeros, obedecí a mis jefes. Defendí lo jurado en la explanada de la Graña y, durante años, me sentí identificado con lo que hacía y... que demonios, voy a repetirme. Orgulloso. Para algunos colegas era "Ale el marinero" y no me parecía mal.
Las palas de primero son otra historia. Como lo serán las palas de segundo. Son una no-vida. Me las dieron casi con vergüenza y, desde que las he portado, he dejado de ser yo mismo. No me siento satisfecho, ni reconocido, ni mucho menos orgulloso. Soy uno entre muchos, pero ese "muchos" no tiene identidad. Dependiendo de con quién hables, eres casi un suboficial o eres menos que un marinero. Mientras fui aspirante de marinero tuve clarisimo que era lo menos que había en la escuela, pero eso no me suponía descredito ninguno. Saber tu lugar en el mundo, aunque sea el lugar más inferior, es una de las ventajas de la vida militar. Te permite concretar tus deberes, te permite establecer tus relaciones y marcar tus limites. La incertidumbre nunca ha sido buena compañera de las armas.
Así pues, adios palas de primero, hola palas de segundo. Y si Dios quiere, en unos meses hola palas de sargento alumno. Que tal y como va la cosa, tampoco significarán nada. Pues si que estoy emo ultimamente. Ni esperanza sentimental, ni esperanza laboral... menos mal que nos quedan los colegas y los hobbies varios. Que si no, vaya cuadro para un viernes.

P.D: ¿Me estaré galleguizando demasiado? Demonios, sueno casi como un portugués, esos españoles deprimidos.

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